Arqueología Juan







AUTOR, LUGAR Y FECHA DE ESCRITURA

        El autor de este libro alegaba haber sido un discípulo de Jesús y un testigo fidedigno de las cosas que describió (21:24). La mayoría de los lectores dan por sentado su identificación con el "discípulo a quien Dios amaba" (21:20), un epíteto aplicado a Juan, hijo de Zebedeo, desde las más antiguas tradiciones de la iglesia.


    El evangelio de Juan siempre se fecha a una época posterior, hacia finales del primer siglo, pero hay razones para creer que en realidad se escribió mucho tiempo antes. El papiro John Rylands (p.52) sugiere que el libro de Juan ya circulaba ampliamente durante el siglo II d.C. Algunos hasta han propuesto una fecha previa a la destrucción del templo en 70 d.C. Se ha sugerido que Juan pudo haber sido escrito desde Éfeso.  



AUDITORIO

El evangelio de Juan se escribió para los creyentes no judíos y para no creyentes inquisitivos que luchaban con filosofías griegas populares que alegaban que Jesús era divino, pero no verdaderamente humano (Los gnóstico). Juan expresó su propósito principal para escribir en 20:31: «para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios».



HECHOS CULTURALES Y RELEVANTES

Aquellos que apoyan una fecha temprana para el evangelio de Juan no ven implicación alguna, en ninguna parte del libro, de que Jerusalén y el templo ya habían sido destruidos. De hecho, la presentación que hace Juan de la limpieza del templo por parte de Jesús, y su alegación de que el cuerpo de Jesús es el verdadero templo (cap 2), hubiera sido sorprendente si ya hubiera estado destruido el edificio. Por el contrario, nada hubiera servido como mejor reivindicación de la condena que Jesús hizo de la corrupción en el templo y de su alegación de haberlo suplantado en su propia persona. Aún más que eso, en 2:21, inmediatamente después de haber reportado que Jesús habló de la destrucción de «este templo», Juan, si hubiera estado escribiendo después de 70 d.C., habría ignorado una oportunidad perfecta de señalar la desolación del templo en Jerusalén cuando él en realidad clarificó que Jesús estaba hablando de su propio cuerpo.



AL LEER

Busque «señales» en el evangelio de Juan que apuntan a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios. Observe en este evangelio los varios auditorios a los se dirigió Jesús. ¿A quién le estaba hablando? ¿Cómo se relacionaba con ellos? ¿Cambiaba su estilo dependiendo de su auditorio?



¿SABÍA USTED QUE?

  • Los maestros religiosos judíos rara vez hablaban con mujeres en público (4:27).

  • Muchos judíos creían que el alma permanecía cerca del cuerpo durante tres días después de la muerte de un individuo con esperanzas de regresar a él (11:17).

  • La costumbre judía estipulaba tres días de luto muy intenso, luego cuatro días de luto intenso, seguidos por luto más leve por el resto de los treinta días (11:19).

  • Los «temerosos de Dios» se sentían atraídos al judaísmo por su monoteísmo y moralidad, pero les repugnaba su nacionalismo y requisitos tales como la circuncisión. Ellos adoraban en las sinagogas, pero no se convirtieron en prosélitos-conversos (12:20).



TEMAS

El evangelio de Juan incluye los siguientes temas:


  1. Jesús es Dios. Juan identificó a Jesús como la Palabra quien estaba con Dios en el principio (1:1-2), el «unigénito del Padre» (1:14) que «nos lo ha dado a conocer» (1:18). Jesús es «igual a Dios» (5:18) y se identificaba a sí mismo como Dios (8:58; 9:35-37; 10:36; 14:9).


  1. Jesús es el Mesías. Los milagros documentados en Juan funcionan principalmente como «señales» que apuntan a la identidad mesiánica de Jesús, señales de la presencia de Dios en las obras y las palabras de Jesús, cada una pidiendo un compromiso: ¿Quién es realmente este Jesús?


  1. Elija entre creer o no creer. Los milagros de Jesús fomentaron la creencia en algunos (2:11; 9:1-39;11:1-44), pero solo endurecieron la oposición de otros (11:46-57). Comúnmente afirmamos que «ver es creer», pero en Juan «creer es ver».




SINOPSIS 
     I. Prólogo (1:1-18)
   II. Comienzo del ministerio de Jesús (1:19-51)
  III. Ministerio de Jesús (2-11) 
  IV. La semana de la Pasión (12-19)
       A. María unge los pies de Dios (12:1-11)
       B. La entrada triunfal (12:12-19)
       C. Los griegos buscan a Jesús (12:20-36)
       D. Rechazo por los judíos (12:37-50)
       E. Discursos de despedida (13-17)
       F. Traición, arresto y juicio de Jesús (18:1-19:15)
       G. La crucifixión y la sepultura  (19:16-42)
   V. La resurrección (20:1-29)
  VI. Declaración del propósito (20:30-31)
VIII. Epílogo (21)





NOTAS CULTURALES E HISTÓRICAS


Juan 1. “El Logos en la literatura griega y judía”


La teología de Juan del Verbo (griego logos) está arraigada en el Antiguo Testamento, pero también trata con preocupaciones filosóficas en el mundo griego. La frase «En el principio ya existía el Verbo» (Jn 1:1) obviamente hace eco de Génesis 1, el cual hace constar que Dios creó plemente hablando (p.ej., «iQué exista la luz!” en v. 3). Es decir, Dios creó por medio de su palabra. Existe poca duda de que este es el origen principal del uso de logos en Juan 1: La palabra de Dios trajo al universo a la existencia ordenada. Los Targumes judíos hacen eco de este entendimiento de la Palabra divina. Frecuentemente utilizan el término memra (derivado de la palabra aramea para «hablar») para describir la actividad creativa de Dios, y esto pudo haber contribuido al lenguaje que encontramos en Juan 1.


La palabra logos, sin embargo, también tenía una tradición rica en el pensamiento griego. Mientras que logos puede ser un término muy general, significando simplemente «palabra, relato, explicación o cosa», el filósofo Heráclito (aprox. 535-475 a.C.) hizo uso de él en el sentido de un principio ordenador para el universo. Por lo tanto, el logos es la lógica divina que le da orden al universo. Heráclito parece haberlo asociado con el fuego y haberlo vinculado con la razón dentro de los seres humanos. Este sentido de logos fue desarrollado por completo por los estoicos, quienes enseñaban que el universo estaba impregnado por el logos que daba orden y racionalidad a todas las cosas. En el estoicismo tardío este logos podía ser igualado con pneuma, «espíritu», un compuesto de fuego y aire, impregnado por la razón. Existía un logos dentro de cada persona individual (i.e., la razón humana) y un logos que dominaba al universo (i.e., la racionalidad que gobierna al mundo). En consecuencia, el dentro de los seres humanos les permitía moverse en armonía con el logos del universo. Se pensaba que aquellos que eran gobernados por pasiones y emociones, sin embargo, se habían alejado del logos del universo y se comportaban como bestias. Este concepto proveyó la base para el sistema ético de los estoicos.


¿Qué quería decir Juan cuando describió a Jesús como el logos? Como se mencionó arriba, el vínculo con Génesis 1 es primordial., el logos es a través del cual «todas las cosas fueron creadas» (v. 3), es decir, Cristo. Pero allí puede haber una segunda aplicación del término dirigido al lector griego educado. Cristo en su persona es el Logos. La verdad, el principio guiador del universo y el alma de cada persona, no es solo una simple abstracción de «racionalidad» teórica, sino una persona. A través de esta persona, el Logos, el individuo puede obtener armonía con Dios y su creación.







SITIOS ARQUEOLÓGICOS  


Juan 2. “Caná de Galilea”


Juan es el único escritor del Nuevo Testamento que menciona a Caná de Galilea, y el solo alude a su ubicación. El hecho de que la familia de Jesús tenía amigos o familiares ahí y fueron capaces de asistir un matrimonio ahí, sugiere que Caná no estaba muy lejos de Nazaret. Además, Juan 4:46-54 implica que el viaje de Cana a Capernaúm requería un poco más de medio día de viaje.


Durante mucho tiempo, los peregrinos cristianos han asociado a Caná con el pueblo de Kefar Kana, ubicado 6,5 km al noreste de Nazaret. Esto es probablemente incorrecto, a pesar de la presencia ahí de iglesias que alegan preservar la tradición del milagro de la boda. Hoy día, la mayoría de los eruditos están de acuerdo en que Khirbet Qana, ubicado 14,5 km al norte de Nazaret y justo al norte del Valle de Bet Netofa, es el candidato más probable (aunque ambos Kefar Kana y Khirbet Qana cumplen con los requisitos del evangelio de Juan).


La excavación en Khirbet Qana comenzó en 1998. Se han encontrado restos del periodo neolítico hasta el periodo moderno, pero la mayoría de la evidencia física (cerámica, monedas y restos de hogares) se remonta desde el periodo romano hasta el bizantino. También se han encontrado restos de lo que pudo haber sido una sinagoga del primer siglo (aunque esto aún no se ha establecido firmemente), junto con una miqveh (una piscina para la limpieza ritual judía). Las cisternas contenían agua para el pueblo ya que parece que no había ningún acueducto. Juan 2:6 menciona que se almacenaba agua en tinajas de piedra. No es probable que la arqueología provea evidencia decisiva de que Khirbet Qana era Caná de Galilea, no obstante la sola posibilidad de descubrir allí artefactos que existieron cuando Jesús hizo su primer milagro es profundamente emocionante.





SITIOS ARQUEOLÓGICOS


Juan 4. “El Templo Samaritano en el Monte Guerizín”


El distanciamiento entre los samaritanos y el pueblo de Judea se remonta a un periodo antiguo. Según 2 Reyes 17, los samaritanos eran los descendientes de los pueblos mesopotámicos quienes habían sido establecidos a la fuerza en las tierras del norte de Israel por el rey de Asiria debido al exilio de 722 a.C. Ellos combinaron la adoración a Yahveh con prácticas idólatras. La construcción de un templo samaritano para Yahveh en el monte Guerizín y el establecimiento de un sacerdocio hereditario rival data del siglo IV a.C. Josefo reportó que el sumo sacerdote, Manasés, fue amenazado con la expulsión de Jerusalén debido a su esposa extranjera, Nikaso, la hija del samaritano Sanbalat. Sanbalat por su parte prometió preservar el sacerdocio para Manasés, nombrarlo gobernador sobre sus tierras y construir un templo similar al de Jerusalén en el monte Guerizín siempre que Manasés se quedara con su hija (Josefo, Antigüedades, 11.8.2).


Los samaritanos, sin embargo, se consideraban a sí mismos como los fieles descendientes de Israel y veían al pueblo de Judea como apóstata. Ellos solamente aceptaban al Pentateuco como la Escritura; en su versión, el monte Guerizín se describe como el lugar elegido para el santuario (Dt 11:29-30; cf. Jn 4:20).


La historia del sitio del templo en el monte Guerizín está llena de confusión:


  • Desde la época de la construcción del templo samaritano (frecuentemente fechado a 388 a.C.), Samaria funcionó como un estado-templo bajo el liderazgo de su propia aristocracia sacerdotal. .


  • Durante un periodo de dominio griego, el templo samaritano fue renombrado como el templo a Zeus Hospitalario (2Mc 6:2).

  • Después del éxito macabeo, el templo samaritano fue atacado y destruido por el sacerdote rey hasmoneo Juan Hircano en 128 a.C. (Antigüedades. 13). Este hecho selló una ruptura permanente entre las dos comunidades y en clan parte subyace la hostilidad entre los judíos y los samaritanos reflejada en el Nuevo Testamento (4. 9).


  • El emperador Adriana construyó ct,o templo para Zeus ahí (siglo II d.C.).


  • El emperador cristiano Justiniano construyó una iglesia en este sitio (siglo VI), la cual fue destruida después por los árabes (siglo VII).


Los arqueólogos han descubierto restos de la iglesia de Justiniano, del templo de Adriano y del templo que destruyó Juan Hircano. Las palabras de la mujer en el pozo reflejan la devoción samaritana a este sitio.


Los samaritanos, como los judíos, esperaban que llegara un Mesías. Ellos reverenciaban a Moisés como el verdadero profeta y, basándose en Deuteronomio 18, conservaban esperanzas de que un profeta como Moisés algún día los restauraría a ellos y a su santuario. Describieron esta figura mesiánica como el Restaurador. Un documento samaritano llamado Memar  Marqah, aunque escrito en el siglo IV d.C., contiene tradiciones samaritanas antiguas. Declara, «Que llegue salvo el Restaurador y sacrifique una ofrenda verdadera. El Restaurador vendrá en paz y revelará la verdad y purificará al mundo y establecerá las cabezas de las personas como lo estaban antes» (Memar Marqah, 2:33,70,180). La mujer samaritana reflejó esta expectativa cuando declaró, «Sé que viene el Mesías...Cuando él venga nos explicará todas las cosas» (v. 25). La respuesta de Jesús fue, como era su costumbre, modesta: «Ése soy yo, el que habla contigo» (v. 26).




SITIOS ARQUEOLÓGICOS


Juan 5. “El estanque de Betesda en Jerusalén”


El estanque en Betesda era un lugar familiar entre los judíos de Jerusalén. Se menciona por ejemplo en el Rollo de Cobre de Qumrán como un «lugar para verter agua». Estaba ubicado cerca de lo que son ahora las ruinas de la basílica de Santa Ana al norte del monte del templo. El «estanque» en realidad consistía de dos estanques rodeados por cuatro pórticos, con un quinto pórtico situado entre ellos. El área de la superficie del agua en los estanques era de más de 5 km cuadrados. Junto con los elegantes pórticos, los estanques debieron haber sido una vista impresionante. Mientras que el complejo espléndido de la época de Juan probablemente se remontaba al reinado de Herodes el Grande, los estanques probablemente estuvieron en uso desde antes y pudieron haber sido el sitio de un manantial intermitente. La conexión entre el estanque y el proceso de curación se atestigua no solo por el cuarto Evangelio, sino también por los restos arqueológicos que indican que los romanos también buscaron la curación allí después de apoderarse de Jerusalén en aproximadamente 135 d.C.


Existe una controversia por la traducción de «la puerta de las Ovejas» en Juan 5:2. La tradición cristiana antigua entiende que esto se refiere al «estanque de las Ovejas» en vez de a «la puerta de las Ovejas»; ambas traducciones son posibles, pero la evidencia histórica para la segunda no es tan fuerte. Eusebio observó que las aguas en el estanque se veían rojizas y que algunos suponían que esto era debido a que las vísceras de los animales que se sacrificaban eran lavadas ahí. Es muy probable que el color rojizo era un simple factor geológico y que los estanques se habían construido para proveerles una oportunidad de limpieza ritual a los visitantes al templo.




SITIOS ARQUEOLÓGICOS


Juan 6. “Tiberias”

Herodes Antipas, el hijo de Herodes el Grande y tetrarca de Galilea (Mt 14:1, Lc 3:19), fundó la ciudad de Tiberias alrededor de 20 d.C. La ciudad se nombró en honor al emperador romano Tiberio, quien gobernó desde 14 hasta 37 d.C. La antigua Tiberias estaba ubicada en la orilla occidental del mar de Galilea 3,2 km al sur de Magdala y 1,6 km al norte de las fuentes termales en Jamot Dor. El sitio es comúnmente identificado con un lugar llamado Khirbet Qunaytirah, el cual en realidad está al norte de la actual Tiberias.

Una gran cantidad de tumbas descubiertas allí durante las primeras etapas de su construcción fueron quitadas y un nuevo edificio se erigió sobre ellas, pero este hecho hizo que la ciudad se volviera impura para los judíos piadosos (cf. Nm 19:16). Como resultado, Herodes se vio forzado a poblar el pueblo con una mezcla de galileos, extranjeros y esclavos liberados. Según Josefo, un establecimiento continuo de la ciudad fue asegurado a través del otorgamiento de tierras y alojamientos, al igual que a través de la emancipación de un gran número de esclavos quienes se liberaron con la obligación de que tenían que vivir ahí (Josefo, Antigüedades, 18.2.3)."


Antipas construyó la ciudad en acuerdo con las convenciones helenísticas-romanas de su época, incluyendo dentro de ella un estadio, un foro, baños públicos y un lujoso palacio real adornado con un estatuario animal, el cual era ofensivo para los judíos. Tiberias por lo tanto fue una ciudad perfectamente gentil en ambiente. Pero Antipas también construyó una sinagoga grande para tomar en cuenta a sus habitantes judíos. Según Tiberias crecía en importancia como un centro urbano y administrativo, el mar de Galilea llegó a ser conocido como el Mar de Tiberias (in 6:1; 21:1).6




PUEBLOS, TERRITORIOS Y GOBERNANTES ANTIGUOS


Juan 8. “Los samaritanos”


Los samaritanos se creían los descendientes de las tribus del norte, las que habían sido exiliadas en 722 a.C. por Asiria. En 2 Reyes 17, sin embargo, los samaritanos se describen como un grupo mixto, compuesto por lo menos en parte de paganos quienes el rey de Asiria había traído al territorio desde otras naciones. En Esdras 4, los samaritanos aparecen como alborotadores para los judíos que buscaban la manera de restablecerse a sí mismos y a su templo en la tierra después de su regreso del exilio.


Este grupo no se identificaba con Samaria tanto como con el monte Guerizín, cerca de Siquén, el cual sus miembros alegaban era el lugar que Dios había elegido como su santuario (véase Dt 12:5,11,21,26; 14:24-25; 16:6; 17:8; 18:6; 26:2).2 Ellos creían que Israel se había hecho apóstata justo en el momento en que el santuario se Los samaritanos había movido de Siquén , durante la época de Elí, el sacerdote. Los samaritanos rechazaron la posición especial de Jerusalén en los planes de Dios, y la tensión continua con respecto al lugar apropiado para el santuario de Dios es evidente en Juan 4:20. Los samaritanos creían en el Dios de Israel, reconocían a Moisés como su profeta y al Pentateuco como su revelación, y anhelaban el día cuando Dios mandaría el «profeta como Moisés», como lo había prometido (Dt 18:18). Más allá del Pentateuco, ellos no aceptaban ni reconocían ninguna escritura como canónica.


El sumo sacerdote y gobernador judío Juan Hircano, destruyó el santuario samaritano en el monte Guerizín en 128 a.C., y las tensiones entre los judíos y los samaritanos se mantuvieron elevadas a través del siglo I d.C. Los samaritanos esparcieron huesos en el templo de Jerusalén durante la Pascua en 6-7 d.C. y en 52 d.C. masacraron un grupo de peregrinos galileos que iban camino a Jerusalén (Josefo, Antigüedades, 20.6.1 y Guerras, 2.12.3). Generalmente los judíos evitaban pasar a través de Samaria cuando viajaban entre Judea y Galilea. La acusación judía contra Jesús de que era una samaritano y por lo tanto poseído por un demonio, es consecuente con la fuerte actitud anti-samaritana que motivó la destrucción de su santuario; escrituras judías de esta época (tales como Eclesiástico 50:25-26, Jubileos 30:5-6 y el Testamento de Leví 7:2)1 atestiguan esta hostilidad (véase también Jn 4:7-9). Los samaritanos eran considerados apóstatas e idólatras (basado en parte en Gn 35:4) y eran vistos como más susceptibles a ser poseídos por los demonios que los judíos. Jesús, sin embargo, aparentemente consideraba a los samaritanos como un genuino, aunque equivocado, subgrupo del pueblo del pacto.




SITIOS ARQUEOLÓGICOS


Juan 9. “El Estanque de Siloé”


El agua del estanque de Siloé en Jerusalén se consideraba sagrada. Según la tradición rabínica, durante la celebración de la fiesta de las Enramadas se sacaba agua del estanque, se colocaba en una vasija dorada y esta se cargaba en procesión al templo (cf, Jn 7). Jesús le instruyó al hombre ciego que se bañara en este mismo estanque (9:1-7), aunque fue Jesús, la fuente de «agua viva» (7:38), quien ejecutó la sanidad.


La pregunta de dónde estaba ubicado el estanque de Siloé se ha examinado en base a los repones de la Biblia, a Josefo, a los peregrinos antiguos y a la evidencia arqueológica. En realidad habían dos estanques. El primero, el «inferior» o el más antiguo .«Estanque de Siloé» (cf. Is 8:6; 22:9-11) recibía agua del río Guijón, al este de la ciudad, mediante un canal corto. El segundo, o estanque «superior», también recibía agua del río Guijón pero esta venía a través de un túnel subterráneo, excavado a través de la roca, construido por el rey Ezequías alrededor de 701 a.C. Ezequías estratégicamente situó el estanque superior dentro de los muros para que sirviera como un suministro de agua seguro. El estanque inferior debió haber estado ubicado fuera de la ciudad de la época. Existe cierta disputa acerca de cuál estanque, el superior o el inferior, era el estanque de Siloé durante la época de Jesús, aunque probablemente fue el estanque superior. Hoy día el estanque superior se conoce como el estanque de Siloé mientras que el estanque inferior está seco.




SITIOS ARQUEOLÓGICOS


Juan 10. “Betania al otro lado del Jordán”


Después de un particularmente difícil intercambio con los judíos, Jesús escapó al área oriental del río Jordán, «al lugar donde Juan había estado bautizando» (in 10:40). El nombre de este sitio se da en,1:28 como «Betania, al otro lado del río Jordán». Los primeros peregrinos alegaban que un lugar llamado Safsafas, al norte del Mar Muerto y al este del río Jordán, era el sitio donde fue bautizado jesús y donde una iglesia allí fue dedicada a Juan el Bautista. Interesantemente, los peregrinos también identificaban una colina en los alrededores como el punto de donde subió Elías al cielo en un carro de fuego (2R 2:1-14), tal vez erróneamente asociando al primer Elías con Juan el Bautista, quien era comúnmente llamado el segundo Elías (Mt 11:14; 17:11-13; 1c 1:17). Un lugar llamado Betabara (una posible variación para Betania) está incluido en el mapa Madaba, un mosaico del siglo VI, donde está etiquetado como «Ainon (manantial) donde está ahora Safsafas».


El antiguo Safsafas ha sido identificado como Wadi el-Kharrar, un pequeño lecho de río con poco más de 1,6 km de largo, 8 km al norte del Mar Muerto. Investigaciones hechas, allí, han localizado «la colina de Elías» en Telt el-Kharrar al principio del wadi, como a 1,6 km del río Jordán. Excavaciones en la colina han descubierto tres iglesias, tres cuevas y tres estanques de bautismo de los periodos romano y bizantino. Aproximadamente a 302 m del río Jordán hay en efecto una iglesia, identificada por los excavadores como la Iglesia del Santo Juan el Bautista que fue mencionada por peregrinos antiguos: el sitio tradicional del bautismo de Jesús (Jn 1:29-34).


Otros eruditos han sugerido que el término «Betania» debe ser más bien identificado con la región de Batanea en el norte de Transjordania. Esto sugiere que Betania («Betania más allá de Jordán» ) «al otro lado del río Jordán» era una región, no un pueblo. Algunas escrituras judías dan fe de posibles vínculos lingüísticos entre los nombre Betania y Betanea. En las generaciones que inmediatamente precedieron el nacimiento de Jesús, sectas de judíos piadosos se trasladaron a esta región, muchas de las cuales anticipaban la llegada del ungido de Dios desde el norte. No es irrazonable que Juan el Bautista pudiera haber comenzado su ministerio en medio de estos grupos o hubiera estado asociado con uno o más de ellos.





SITIOS ARQUEOLÓGICOS


Juan 10. “Peldaños para la enseñanza rabínica en las excavaciones de la Pared Sur”


Aquellos que venían a adorar al templo de Herodes llegaban a través de la zona sur de Jerusalén. Varias rutas convergían en una plaza grande pavimentada con piedras bajo la sombra de un imponente muro de contención que estaba coronado con agujas del pórtico real (Lc 4:9; Josefo, Antigüedades, 15.11.5). La plaza contenía un gran número de baños rituales y servía como un centro importante para la vida pública y a la vez como un lugar de reunión para la multitud que caminaba hacia Jerusalén durante las fiestas de peregrinaje. Escaleras masivas se elevaban de la plaza hacia dos puertas en forma de arco construidas en el muro del sur.


La más grande de estas escaleras monumentales se descubrió en 1968 y ha sido restaurada casi a su esplendor original. Mide 157 m de ancho y tiene una elevación de 6,7 m con 30 escalones de bloques de piedra cortados y alisados. El ancho y el espaciado de los escalones ha conducido a algunos a conjeturar que las escaleras fueron construidas para corresponder a los patrones rítmicos que caracterizan al Canto de ascenso gradual (i.e., Sal 120-134). Desde estos escalones los maestros podían dirigirse a aquellos que se habían reunido en la plaza; es probable que Jesús enseñó desde esta posición ventajosa, aunque los Evangelios explícitamente se refieren solamente a su enseñanza desde los pórticos parado sobre el propio monte del templo.




SITIOS ARQUEOLÓGICOS


Juan 11. “Betania y la tumba de Lázaro”.


El hogar de Lázaro y de sus hermanas, María y Marta, estaba en Betania, como a 3,2 km de Jerusalén en la pendiente oriental del Monte de los Olivos (Jn 11:1,18; según 1:19-28, había otra Betania «al otro lado del río Jordán», donde ministraba Juan el Bautista). La Betania de Lázaro hoy día es llamada el-Azariyeh, un nombre que preserva su asociación con Lázaro. Debido a la relación cercana entre Jesús y la familia de Lázaro, Jesús convirtió a Betania en la base de su ministerio en Jerusalén durante la semana de Pascua (Mr 11:11).


Excavaciones llevadas a cabo por los franciscanos en Betania han descubierto los restos de iglesias cristianas que se remontan al siglo IV d.C. La tumba de Lázaro es de interés particular. Eusebio observó que la tumba de Lázaro fue un sitio de peregrinaje durante su época, y el supuesto sitio se mantiene así hoy día. La tumba se ha modificado: su entrada original estaba al este, pero ahora se entra por el norte.  Aunque es imposible verificar que esta es en realidad la tumba de Lázaro, la tradición de este sitio es bastante antigua y no debería de considerarse sospechosa.





NOTAS CULTURALES E HISTÓRICAS


Juan 12. “Perfumes y aceites para la unción”


Las personas del mundo antiguo dedicaban gran atención al uso de las fragancias, los perfumes y los aceites por varias razones:


  • Ellos estaban intensamente conscientes de la presencia y los poderes provocativos de los olores. Los perfumes tenían una función cosmética y servían como un afrodisíaco (p.ej., Cnt 1:12-13), pero también había una fórmula para el perfume sagrado que debía de ser usado solo por los sacerdotes de Israel y en los objetos del santuario (Éx 30:22-33).


  • Los aceites tenían un propósito higiénico antes de la creación del jabón y del champú (p.ej., ungirse la cabeza con aceite mataba piojos).


  • Los aceites se usaban con fines medicinales. Los médicos griegos regularmente masajeaban a los pacientes y a los atletas con aceite, y Santiago 5:14 recomienda ungir a los enfermos con aceite.


  • Los perfumes y las especias se usaban para propósitos especiales, tal como para embalsamar a los muertos (Jn 19:39-40).


La mayoría de los perfumes provenían de plantas. Ejemplos incluyen el incienso, la mirra, el nardo, el azafrán, los áloes y el cálamo. Ya que ninguna de estas especies y fragancias eran autóctonas de la región de la Tierra Santa, tenían que ser importadas de Arabia, Irán, India y otras partes, y por lo tanto estos perfumes eran excesivamente caros, como lo sugiere Juan 12:3-5.


La fuente principal de aceite era el olivo, que se cultivaba extensamente a través del mundo mediterráneo. En épocas greco-romanas los aceites se perfumaban con las fragancias de narciso, canela, azafrán y otras plantas, y las personas se ungían regularmente después de bañarse. Las fragancias se obtenían de maneras diferentes dependiendo de la parte de la planta (fuera raíz, flor, secreción de corteza, etc.), pero a menudo la materia prima era destilada o de alguna manera apretada o aplastada. la atención que le da el Nuevo Testamento a estos ungüentos refleja algo de los valores de la cultura durante esa época.




SITIOS ARQUEOLÓGICOS


Juan 13. “Triclinia”


El triclinium (plural triclinio) era el comedor de las casas romanas. Algunos de los mejores ejemplos de triclinio se han excavado en Pompeya en las casas identificadas con Menandro, Pansa, Castor y Pólux y los cupidos dorados. En hogares más adinerados, las paredes de las triclinio frecuentemente se adornaban con pinturas al fresco de escenas mitológicas o pastorales. El aposento típicamente se organizaba de tal manera que presentará una vista al jardín, lo que creaba un ambiente escénico para la experiencia en el comedor. El comedor tenía forma rectangular y ofrecía sillones largos colocados junto a tres de sus paredes; de ahí su nombre. Los bastidores de los sillones usualmente se hacían de madera con adornos de bronce. Correas de cuero se cruzaban por debajo de los marcos y estas sostenían los almohadones. Los invitados se reclinaban sobre sus costados izquierdos, dejando libre sus manos derechas para tomar comida de la mesa baja en el centro de la habitación.


La cena romana tradicional (convivium) consistía de nueve invitados, con tres personas en cada uno de los tres sillones. El entretenimiento se llevaba a cabo en el centro del aposento. Ya que varios invitados ocupaban cada sillón, cada persona acercaba su cabeza a la mesa mientra que alejaban el resto de su cuerpo en ángulo. Los cuerpos de los invitados, entonces, se traslapaban, con la cabeza de un invitado situada a la par del pecho del invitado adyacente (sus pies en ángulo y alejados de la mesa). Por esta razón, según el historiador Plinio, se decía que un invitado se recostaba sobre «el pecho» del otro. El historiador Livio documentó que un tipo de jerarquía se desarrolló en este sistema de reclinarse. La cabeza de la persona inferior se reclinaba cerca del torso de la superior.


Ya para la época del Nuevo Testamento muchos judíos habían adoptado el estilo romano de cenar. El relato de la Última Cena en Juan 13, sugiere que Jesús y los discípulos estaba siguiendo esta costumbre de manera modificada. La Última Cena no fue una cena convivium, sino una Pascua, y tenía que haber espacio para todos los 12 miembros del círculo íntimo de Jesús. No hubo, por supuesto, entretenimiento, y pudo haber sido el caso entonces que cuatro sillones fueron colocados alrededor de una mesa central. Los 13 comensales se reclinaron mientras comieron, y se dice que Juan se reclinó contra el pecho de Jesús, quien estaba naturalmente en la posición superior. La posición de Juan a la par de Jesús sugiere que él era el amigo más cercano de Jesús, lo cual efectivamente se implica en la narración (v. 23).




LA VERACIDAD DE LA BIBLIA


Juan 15. “Fuentes extra bíblicas del Jesús histórico


Los lectores cristianos se preguntan con frecuencia si existen referencias a Jesús fuera del Nuevo Testamento. Aunque algunos oponentes del cristianismo, descartando el Nuevo Testamento, arguyen que existe poca o ninguna evidencia verdadera de que Jesús vivió, existe de hecho alguna verificación tanto de fuentes romanas como judías. Unos cuantos textos rabínicos han sobrevivido, así como un pasaje importante del antiguo historiador judío Josefo.


Un texto rabínico del Talmud babilónico es especialmente importante. Este pasaje, llamado b. Sanedrín 43a, afirma que Jesús fue «ahorcado» en la víspera de la Pascua por ser un hechicero y un seductora la apostasía, pero que antes de su ejecución los oficiales judíos habían esperado 40 días por alguien que trajera evidencia en su defensa. Esto contradice el relato del Nuevo Testamento pero sí afirma la existencia de Jesús, su condena por los oficiales judíos y su ejecución durante la Pascua.


Un texto de Josefo conocido como el «Testimonium Flavianum» se encuentra en Antigüedades, 18.63-64. (Antigüedades se completó en 93 d.C., menos de 60 años después de la crucifixión de Jesús). Describiendo los días de Poncio Pilato, declara:


Por ese tiempo vivió Jesús, un hombre sabio, si en verdad uno debe llamarlo hombre. Porque realizó hechos extraordinarios y fue maestro de quienes aceptaron felizmente la verdad. Se ganó a muchos judíos y griegos. Era el Mesías. Y cuando Pilatos lo ejecutó ante la instigación de los líderes de nuestro pueblo, aquellos que originalmente habían llegado a amarlo no se dieron por vencidos porque se les apareció al tercer día, vivo de nuevo, camo los profetas de la Deidad habían predicho esta y otras incontables maravillas acerca de él. Y la tribu de los cristianos, así llamados en honor a él, no ha desaparecido hasta nuestros días.


Hay controversia alrededor del testimonian debido a su tono confesional, con algunos eruditos que argumentan que fue una interpolación por un escriba cristiano posterior. Sin embargo, en Antigüedades, 20.200 Josefo describe el martirio de Santiago, a quien identifica simplemente como «el hermano de Jesús, llamado Cristo». Tal referencia de pasada a Jesús sugiere que sentía que Jesús no necesitaba ninguna introducción o que el mismo Josefo ya lo había presentado al lector.


Hay varias referencias a los cristianos e indirectamente a Jesús en la literatura romana. Dos son particularmente importantes:


  • Suetonio, en Claudio 25.4 de Las vidas de los doce césares (aprox. 120 d.C.), describe disturbios entre los judíos en Roma durante el reinado de Claudio en 49 d.C. Él declaró que estos disturbios habían sido instigados por «Cresto», el cual muchos académicos sugieren es una versión confusa de «Cristo». Las autoridades romanas en el año 49 fácilmente pudieron haber mal entendido la causa de las agitaciones judías en su ciudad. Si los judíos habían causado disturbios por la presencia de los cristianos entre ellos, los romanos, tratando de entender los problemas, pudieron haber llegado a la conclusión que alguien llamado «Cresto» era la causa principal. Las autoridades locales en Roma durante esta muy temprana etapa de la historia cristiana hubieran poseído poco conocimiento de esta religión nueva o del grado de discordia que ya se había creado entre los judíos. Vale la pena observar que esta expulsión de los judíos de Roma también se menciona en Hechos 18:2.


  • El historiador romano Tácito, escribiendo en aproximadamente 115 d.C., mencionó a los cristianos en Anales, 15.44. Aunque él veía al cristianismo como una superstición, dejó claro, sin embargo, que Nerón había incorrectamente implicado a los cristianos como chivos expiatorios de los incendios en Roma en 64 d.C. Del término «cristiano», él declaró, «El fundador de esta secta, Cristo, fue ejecutado por el gobernador de Judea, Poncio Pilato, cuando Tiberio era emperador». También está indicado en el Nuevo Testamento que Jesús fue crucificado durante el reinado de Tiberio (14-37 d.C.).


Para poner la cuestión en perspectiva, es importante estar conscientes en general de lo insuficiente que es la evidencia de cualquier tipo en el mundo antiguo. Desconoceríamos de muchas personas y episodios de la historia antigua sino fuera por su mención en un único documento o inscripción histórica, y existen varias lagunas en nuestro conocimiento. Considerando todas las cosas, la evidencia para el Jesús histórico en fuentes antiguas, sin mencionar el Nuevo Testamento y la iglesia cristiana, es abundante.





TEXTOS Y ARTEFACTOS ANTIGUOS


Juan 18. “El papiro John Rylands (p52)”

El papiro John Rylands (p52) es la más antigua copia descubierta de cualquier porción del Nuevo Testamento, remontándose a la primera mitad del siglo II d.C. Un pequeño fragmento de un códice (un texto foliado, como un libro moderno, en contraste con un rollo) del evangelio de Juan, contiene partes de Juan 18:31-33 en un lado y los versículos 37-38 en el otro. Se adquirió en Egipto en 1920 y ahora permanece en la John Rylands Library en Manchester, Inglaterra.


A pesar de su tamaño minúsculo (menos de 9 cm desde arriba hasta abajo), este fragmento  de papiro es sumamente importante. Testifica que para la primera mitad del siglo II, el evangelio de Juan ya se estaba leyendo en Egipto, lejos de Éfeso en Asia Menor, el lugar más probable de su composición. Parece improbable que el evangelio de Juan se pudiera haber compuesto mucho después del final del primer siglo ya que hubiera tomado bastante tiempo para que éste fuera aceptado y diseminado tan lejos de su lugar de origen. El manuscrito del cual p52 es un fragmento, pudo haber sido copiado menos de 30 o 25 años después de la composición del propio Evangelio. Si tomamos en cuenta que en algunas partes de la literatura griega o latina, el manuscrito más antiguo remonta a más de mil años después de la composición del texto original, eso es en realidad un periodo de tiempo extremamente corto. Existe un gran número de textos del Nuevo Testamento en griego y nos dan buena razón para estar seguros de que el Nuevo Testamento que leemos hoy día refleja con precisión lo que estaba en los manuscritos originales.




NOTAS CULTURALES E HISTÓRICAS


Juan 19. “La Crucifixión”



En el mundo antiguo la crucifixión era vista como una forma de ejecución vergonzosa y penosa. Relieves de batallas asirias representan un antecedente de la crucifixión, que consistía en atravesar a las víctimas con estacas, fuera de los muros de las ciudades conquistadas. Los persas generalizaron el uso de la crucifixión, aunque a veces la crucifixión se llevaba a cabo solo después de que la víctima había sido ejecutada por otros medios (Heródoto, Historias, 3.125.2-3). También hay reportes que la crucifixión se usaba por pueblos tan diversos como los asirios, los escitas, los celtas, los alemanes, los britanos y habitantes de India, aunque la veracidad de algunos de estos relatos es cuestionable. Común a muchas de estas culturas era la perspectiva de que la crucifixión era una forma de ejecución reservada para los peores delincuentes, así como para los esclavos.


La práctica de la crucifixión se extendió bajo Alejandro el Grande (356-323 a.C.). Se convirtió en la forma más común de ejecución para los traidores, los ejércitos derrotados y los esclavos rebeldes. Tiempo después, bajo el imperio romano, solo los romanos no ciudadanos de la clase baja y los delincuentes violentos podían ser crucificados! Las únicas excepciones posibles eran en casos de alta traición o deserción durante tiempo de guerra. Los esclavos eran particularmente vulnerables a la imposición de la crucifixión. La literatura latina refleja el terror que sentían los esclavos por la posibilidad de este destino. Fue oficialmente aceptada como la pena de muerte más dolorosa y vergonzosa, más aún que la decapitación, que ser arrojado a animales salvajes o hasta ser quemado vivo. Por estas razones esta penalidad atroz frecuentemente se le imponía a los extranjeros que eran vistos como amenazas para el gobierno romano.


También hay relatos de práctica de la crucifixión por parte de los judíos. Josefo escribió que el sumo sacerdote saduceo Alejandro Janneo (en cargo de 103 a 76 a.C.) cometió la siguiente atrocidad contra sus enemigos, los fariseos: «Mientras festejaba con sus concubinas, a la vista de toda la ciudad, ordenó que alrededor de ochocientos de ellos fueran crucificados, y mientras estos aún vivían, ordenó que fueran cortadas las gargantas de los hijos y las esposas de estos enfrente de ellos» (Josefo, Antigüedades, 13.14.2).


Las víctimas eran a menudo azotadas o torturadas antes de la crucifixión. Las crucifixiones se llevaban a cabo en una sola estaca vertical o en una estaca vertical con una viga transversal cerca o en la parte de arriba. A veces se pegaban bloques a la estaca como asiento, reposapiés o ambos. Dependiendo de la presencia de estos bloques, la víctima podía aguantar, viva, hasta tres días. Los bloques le permitían a la víctima descansar parte de su peso, aumentando la posibilidad para la respiración y para la circulación. Sin los bloques, el peso de una víctima descansaría por completo en sus brazos, los cuales estaban sujetos a la viga transversal con cuerdas, clavos o ambos. Esto impedía la respiración, la circulación y conducía tanto al fallo cardíaco como cerebral. Para terminar la tortura, se podían quebrar las piernas de la víctima, después de lo cual no duraba mucho en llegar la muerte. Frecuentemente el cargo contra el culpable se escribía y se clavaba en la cruz sobre su cabeza. Para disuadir a los rebeldes y a los criminales, las crucifixiones casi siempre se llevaban a cabo en lugares sumamente visibles.


Durante la vida de Jesús, los romanos usaban la crucifixión para ejercitar y espantosamente exponer su autoridad sobre otros. Los judíos consideraban esta ejecución torturante como una forma maldita de muerte. Deuteronomio 21:23 declara que «cualquiera que es colgado de un árbol está bajo la maldición de Dios». Documentos descubiertos en Qumrán revelan que muchos judíos de la época de Jesús aplicaron este texto a la crucifixión romana. Esta perspectiva de la crucifixión demuestra porqué el apóstol Pablo escribió que la cruz de Cristo era «de tropiezo para los judíos, y es locura para los gentiles» (1 Co 1:23). ¿Quién se hubiera imaginado que el Unigénito de Dios voluntariamente asumiría la maldición que debió haber sido nuestra? Este emblema de vergüenza se ha convertido de esta manera en el símbolo de nuestra salvación.






NOTAS CULTURALES E HISTÓRICAS


Juan 19. “El papel de la reina Elena y Constantino en la preservación de los lugares santos”


El camino del peregrinaje cristiano y sus sitios designados tomó una forma distintiva durante el siglo IV d.C. (el periodo bizantino temprano) a través de la influencia y participación directa de la reina Elena y su hijo Constantino el Grande. Flavia lulia Elena nació en 248 d.C. en Bitinia. Se casó con Constando Cloro y dio a luz al futuro emperador, Constantino el Grande, en 273 d.C.


Después de la conversión de Constantino al cristianismo, él emprendió un ambicioso programa de construcción para adornar los sitios sagrados. Su logro más significativo fue el descubrimiento y la excavación del sitio (probable) del entierro de Jesús. Según Eusebio, el área entera se había cubierto con escombros y convertido en un santuario pagano. Constantino ordenó que se limpiara y se purificara el área. Él entonces patrocinó la construcción de la Iglesia del Santo Sepulcro en 326 d.C. para marcar el sitio del sufrimiento de Jesús. Eusebio reportó que el objetivo de Constantino era construir la estructura más bella del imperio entero (La vida de Constantino, 3.31).


Durante este mismo año, Elena viajó a las provincias del este y pasó bastante tiempo recorriendo la Tierra Santa. Bajo el patrocinio imperial ella dedicó dos iglesias importantes: la Basílica de la Natividad en Belén, para marcar la cueva donde se creía que había nacido Cristo, y la Iglesia de la Ascensión en el monte de los Olivos para indicar el sitio de su ascensión (La vida de Constantino, 3.42). Sobre si estos son o no los lugares donde Jesús nació y fue enterrado, ello aún está expuesto a debate. Legendarios relatos posteriores también atribuyen a Elena el descubrimiento de la verdadera cruz en que se crucificó a Jesús y del titulus, la placa anunciando el cargo contra él: «JESÚS DE NAZARET, REY DE LOS JUDÍOS» (Jn 19:19).




LA VERACIDAD DE LA BIBLIA


Juan 20. “¿Es confiable el evangelio de Juan?



Hay diferencias obvias y llamativas entre el evangelio de Juan y los evangelios sinópticos (Mt, Mr y Lc). Estas incluyen:


  • Juan no contiene parábolas narrativas, ningún relato de la transfiguración, ninguna documentación de la Última Cena, ninguna mención de la tentación de Jesús y ningún reporte de la expulsión de demonios por Jesús.


  • Juan incluye una gran cantidad de material no encontrado en la tradición sinóptica, tales como la documentación de largas conversaciones con Nicodemo, la mujer samaritana y los discípulos, así como de milagros significativos (p.ej., transformar agua en vino y la resurrección de Lázaro).


  • Juan relata un ministerio extenso de Jesús en Judea, incluyendo varias visitas a Jerusalén, mientras que los evangelios sinópticos se enfocan en su ministerio galileo.


  • Ciertos rasgos de la presentación de Juan también provocan dificultades cronológicas para entender la acción de Jesús en el templo (Jn 2) y la secuencia precisa de acontecimientos durante la semana de la Pasión.


  • Tal vez más importante, las diferencias estilísticas notables surgen entre el Jesús de Juan, quien diserta poéticamente sobre temas de luz, vida, testimonio y verdad, y el Jesús sinóptico, quien argumenta fuerte y consistentemente sobre el tema del reino de Dios.


La acumulación de estas diferencias ha generado especulación acerca de la veracidad histórica de este documento como un testimonio de Jesús (20:31). Hay, sin embargo, razones importantes para creer que Juan es históricamente preciso:


  • En cualquier intento de evaluar la veracidad de Juan, la posición más importante y alta se le debe dar al propio testimonio que da Juan acerca de la naturaleza de su esfuerzo literario. Entre los evangelios, solo Juan provee una declaración explícita de propósito (véase vv. 30-31). Esta declaración de propósito refleja la intención del escritor de presentar relatos selectivos del ministerio de Jesús, con el objetivo de persuadir al lector de que Jesús de Nazaret verdaderamente es el Mesías prometido. El apóstol estaba consciente de que Jesús hizo muchas otras cosas, comentando al final del relato de su evangelio de que si «se escribieran cada una de ellas, pienso que los libros escritos no cabrían en el mundo entero» (21:25). Muchas de las aparentes omisiones de Juan son de esta manera reconocidas por Juan y, por lo tanto, no deben ser consideradas como evidencia contra la historicidad.


  • Ningún otro Evangelio discute el tema de la verdad tan frecuentemente como el de Juan. Él usa una serie de señales y un desfile de testigos para reforzar la tesis principal de su obra. La fiabilidad de estos testigos, incluyendo la propia alegación explícita de Juan de haber sido un testigo ocular (19:35), es integral para su propósito y debería recordarle al lector que la precisión era sumamente importante para este apóstol y autor.


  • Esta preocupación por reportes precisos se refleja en la documentación exacta de los números (2:20; 21:11); la traducción de términos extranjeros (1:38,41; 20:16); y la descripción precisa de personas, lugares y costumbres (2:6; 4:20; 5:2; 19:40).


  • Un lectura minuciosa de Juan revela varios acuerdos con los evangelios sinópticos tanto en términos de los temas generales como en los detalles específicos.


Los lectores modernos de Juan son prudentes en abstenerse de exagerar las contradicciones aparentes y de esforzarse excesivamente para armonizar el evangelio de Juan con los otros evangelios. Juan alcanzó con éxito su propósito declarado: presentar un testimonio elocuente, preciso y convincente de que Jesús es en efecto el Mesías, el Hijo de Dios (20:31).



(Biblia de Estudio Arqueológica. Vida. p. 1762)