Arqueología de Números





AUTOR, LUGAR Y FECHA DE ESCRITURA

Al igual que los libros de Éxodo y Levítico, Números repetidamente afirma que Dios le dio leyes y órdenes específicas a Moisés (p.ej., 1:1; 3:44; 15:1). Al combinar declaraciones acerca de los escritos de Moisés (p.ej., 33:1-2; cf. Éx 17:14; 24:3-4; 34:27) con la suposición de que un solo autor compuso los primeros cinco libros de la Biblia, se considera tradicionalmente a Moisés, por eruditos evangélicos conservadores, como el escritor o recopilador principal de Números. Es posible que los escribas o editores, más tarde añadieran partes del libro (véase, p.ej., 12:3).


Es muy probable que Moisés escribió o recopiló Números después del periodo del éxodo, alrededor de 1440 a 1400 a.C.






AUDITORIO

Los israelitas que sobrevivieron al periodo del viaje por el desierto, así como las generaciones posteriores, leyeron Números. Sin duda que usaron este libro para estimular sus recuerdos acerca de los pecados y fracasos de Israel, y también para recordar la fidelidad continua de Dios hacia su desobediente pueblo.






HECHOS CULTURALES Y RELEVANTES

Números, que en hebreo significa «en el desierto», documenta el viaje de Israel desde el monte Sinaí hasta las planicies de Moab, en la frontera de la tierra prometida. En el proceso leemos relatos, listas de censos, listas de ofrendas, las profecías de un profeta paga-no, más leyes, una genealogía, un registro de lugares visitados, detalles acerca de las fronteras de Canaán: una verdadera mezcolanza de temas. Aún así, varias características se destacan:

  • La buena disposición de Dios de vivir no solo con ios israelitas, sino también de hablar directamente con Moisés (7:89).

  • La orientación cuidadosa de Dios mientras su pueblo viajaba: cuando acampar y cuando y donde ir (9:15-23).

  • El rechazo rebelde de Israel de confiar en Dios y de entrar a la tierra prometida (cap 14).

  • La buena voluntad de Dios a escuchar y hasta reconsiderar sus decisiones (16:20-22).

  • La paciencia de Dios con su pueblo continuamente rebelde, combinada con varios castigos.  

  • La desobediencia de Moisés que le impidió entrar a Canaán (cap 20).

  • El amor de Dios por la santidad y su odio a pecados tales como la adoración de ídolos y la inmoralidad sexual (cap 25).






AL LEER

A pesar de la desobediencia continua de los israelitas, Dios le había prometido a Abraham que sus descendientes se establecerían en Canaán. El compromiso de Dios de cumplir con esa promesa vincula las narraciones en Números. Observe la respuestas de Dios a la desobediencia del pueblo, y sus métodos para prepararlos para las batallas porvenir. Tenga presente también que los pasajes relacionados con la ley continúan enfatizando la relación del pueblo con Dios.


Ponga especial atención a todas las desgracias de los israelitas y trate de imaginarse lo cansado que pudo haberse sentido Moisés escuchando sus quejas y calmando rebeliones. Una y otra vez desobedecieron a Dios, retaron a Moisés y les dieron a generaciones de lectores ejemplos memorables de lo que no se debe hacer. Sin embargo, Números provee detalles clave acerca del viaje de los israelitas hacia Canaán y establece el escenario para su conquista venidera de la tierra prometida.






¿SABÍA USTED QUE?

  • La prueba decretada por Dios para una esposa infiel era una manera de proteger a las mujeres inocentes de acusaciones falsas por esposos celosos dentro de un sistema de tribunal dominado por hombres (5:21-22).

  • Las trompetas, tubos de metal largos, rectos y delgados con extremos acampanados, se tocaban para demandar orden y disciplina (10:1-10).

  • Dios renunció al derecho de recibir cumplimiento de la promesa de una mujer dependiente, para preservar algo mucho más valioso para él: la armonía en el hogar (30:3-15).






TEMAS

El libro de Números incluye los siguientes temas:

1. La misericordia y fidelidad de Dios. Números presenta a Dios que va guiando (9:17) y consolando a su pueblo mientras les ofrece el perdón, la reconciliación y la esperanza. Su rebelión e infidelidad se contrasta con el amor fiel de Dios hacia ellos (14:18).

2. La justicia de Dios. Números describe el descontento, las quejas y la rebelión del pueblo (11:1,4-6; 13:1-14:45) y de sus líderes (12:1-2; 16:1-11; 20:1-13) contra Dios y sus provisiones. Aunque Dios es misericordioso, el juicio sigue a la rebelión continua (11:1, 33; 12:4-10; 14:11-37; 16:25-49; 20:12-13,24) y la falta de fe (14:1-38; Heb 3:16-19).

3. Esperanza. La desobediencia trae el juicio y el dolor (11:1,33; 14:39-45; 16:31-35), pero el arrepentimiento (11:2; 12:13-15; 16:22,46-48) y la obediencia (13:30; 14:24) resultan en el perdón y la esperanza (14:20; 15:25-26). Incluso después de sus repetidos fracasos, Dios no abandonó a los israelitas para que murieran en el desierto. A través de este y otros acontecimientos significativos. Números presenta las verdades de que Dios es soberano y que su plan será cumplido.






NOTAS CULTURALES E HISTÓRICAS


Número 1. “Los números y su significado”

De acuerdo con Números 1, existían en la generación del éxodo, 603.550 hombres, de veinte años de edad o más, listos para el combate. Esta cifra sugiere una población total enorme, tal vez de unos 2 millones de personas. La pregunta obvia es cómo tanta gente pudo sobrevivir en el desierto.


¿Cuáles otras indicaciones ofrece la Biblia acerca de la población israelita durante la época del éxodo?

  • Cuando se suman todas las estadísticas del censo de Números 1, el total es efectivamente 603.550, lo que sugiere que la cuenta se puede tomar en serio.

  • Éxodo 1:7-9, declara que los israelitas se habían multiplicado a tal grado, que el faraón se quejó de que ya eran «más fuertes y numerosos que nosotros». Pero el faraón pudo haber estado describiendo la manera en que él percibía a los israelitas, basándose en su temor y odio contra los extranjeros.

  • Por otra parte, Deuteronomio 7:7 afirma que Israel «no era el pueblo más numeroso» (cf. Éx 23:29-30).

  • Es difícil imaginarse un ejército de más de 600.000 hombres entrando en pánico debido a la expectativa de ser perseguidos por solo 600 carros de guerra (Éx 14:5-12).

  • Es curiosa la implicación de que todo Israel utilizó solamente dos comadronas (Éx 1:15). Algunos teorizan que estas mujeres eran en realidad líderes representativas de un gran gremio de partería.

  • Números 3:43, reporta 22.273 varones primogénitos en Israel. Esto sugeriría que solo 22.273 madres habían dado a luz hijos. Tomando en cuenta los muchos hijos menores de veinte años de edad, tendrían que haber existido por lo menos un millón de varones en total. La implicación, por más absurda que pueda ser, es que cada madre tuvo, por lo menos, ¡44 hijos!

  • Analizando los datos desde otro punto de vista, si habían 22.273 varones primogénitos, cada uno de ellos tenía un promedio de cinco hermanos, el número total de hombres hubiera sido alrededor de 133.638, una cifra aún demasiado baja para ser conciliada con los resultados del censo en Números 1.

  • Si habían 603.550 hombres aptos para la guerra, la mayoría de ellos probablemente hubieran estado casados, ¿cómo es posible que solo existían 22.273 varones primogénitos?


Podríamos intentar ajustar el estimado número total de nacimientos por madre asumiendo que muchos hogares eran polígamos, resultando en más madres que varones primogénitos. Sin embargo, la poligamia no era ampliamente practicada entre los plebeyos, y pocos esclavos tenían el presupuesto para tener más de una esposa.


Los eruditos han argumentado que la palabra(eleph) traducida como «mil» también puede significar algo como «escuadrón» y que los datos representan a ambos: al número de escuadrones y al número de hombres en ellos. La cifra para Rubén, usando esta hipótesis, sería reducida de 46.500 a «46 escuadrones: 500 hombres». Si sumamos todos los números de esta manera, la cuenta final de soldados en Números 1 es 5.550 (i.e., 5 eleph, que significa aquí «miles», más 550). Esto podría explicar los 603.550 en Números 1:46: El número final («603 eleph 550») podría igualar a «598 eleph [escuadrones]: 5 eleph [miles] más 550 hombres». Si es así, la población total hubiera sido más o menos de 20.000.


Pero esta teoría también tiene problemas:


  • Los números para los levitas (cap 3) parecen haber sido calculados de una manera diferente. Por ejemplo, Guersón se calcula en 7.500 (3:22), lo que significaría «7 escuadrones: 500 hombres». Pero, ¿por qué sería aquí, mucho más alto el número de hombres en cada «escuadrón» (más de 71) que en Números 1 (aproximadamente 10)? Puede ser que los grupos sacerdotales tenían más hombres en cada «escuadrón» porque la estructura de organización de los sacerdotes y los levitas era diferente que la estructura usada para los soldados.

  • Si la población total de Israel era solo de 20.000 personas, ¿cómo entendemos entonces a los 22.273 varones primogénitos mencionados en 3:43? No podemos aceptar el número total de varones primogénitos como solo 273 ya que el texto dice que habían 273 primogénitos más de los que tenían los levitas.


Sin importar la forma como entendamos todas las dificultades descritas previamente, está claro que los israelitas antiguos tenían maneras de tratar con los números, que son confusas para nosotros. La Biblia es un libro antiguo de una cultura antigua, y no podemos asumir que manipula datos de la misma manera en que se hace en los censos modernos. Es importante darse cuenta de que el relato bíblico no es erróneo ni engañador a propósito. Nosotros simplemente no entendemos de qué manera los israelitas llevaron a cabo y reportaron tanto un censo militar como uno levítico.





TEXTOS Y ARTEFACTOS ANTIGUOS


Números 6. “Los amuletos de Ketef Hinnom”


Los arqueólogos excavaron en 1979 un sitio de entierro en Ketef Hinnom, justo al sur de Jerusalén, en el suroeste de Gehena, cerca de la frontera bíblica entre las tribus de Judá y Benjamín (Jos 18:16). Al excavar dentro de una tumba, encontraron dos placas pequeñas enrolladas, hechas de plata fina y flexible, cada una como del tamaño de una tarjeta de crédito. Cuando se desarrollaron, revelaron inscripciones delicadamente grabadas que incluían una versión corta de la bendición sacerdotal documentada en Números 6:24-26. Una sección ha sido traducida de la siguiente manera:


El Señor te bendiga y te guarde;

El Señor te mire con agrado y te de paz.

Hinnom


La evidencia arqueológica y paleográfica data estas placas como de los finales del siglo VII a.C., de este modo las convierte en las citas escritas más antiguas de la Escritura. Pueden relacionarse a rituales de alabanza, durante los cuales los sacerdotes habrían recitado esta bendición sacerdotal (cf. Lv 9:22). Tal vez usadas como amuletos (los cuales son inscritos con conjuros o símbolos para ayudar a su portador o para protegerlo contra el mal), las placas revelan que esta bendición se usaba en la práctica religiosa popular, tal vez para asegurar bendiciones para el dueño. Debido a que las tradiciones judías posteriores también citaron Números 6:24-26 en el contexto de ritos funerarios, el descubrimiento de las placas en sitio de la tumba, sugiere que servían para bendecir el viaje del difunto al Seol, el mundo de las tinieblas o morada de los muertos.






TEXTOS Y ARTEFACTOS ANTIGUOS


Números 8. “Instrucciones hititas para los sacerdotes”


Varias copias de un texto hitita que resumen las instrucciones para los sacerdotes y el personal del templo se guardan actualmente en colecciones turcas. Datan desde antes de la época del rey hitita Suppiluliumas I (aprox. 1350-1325 a.C.), el texto detalla la apariencia y la conducta apropiadas para es-tos oficiales del templo mientras efectuaban sus deberes. Unas cuantas instrucciones son casi similares a las reglas bíblicas para los sacerdotes y los levitas:


  • Los sirvientes hititas de la cocina del templo debían cortarse el cabello y las uñas y vestirse con ropa limpia. La casa en la que el pan sagrado se horneaba debía de estar limpia, y ningún cerdo ni ningún perro (animales que se consi-deraban asquerosos en la antigüedad) podían entrar en la casa. Igualmente, el ritual bíblico de la consagración para los levitas requería que estos se afeitaran el cuerpo entero y lavarán sus prendas para simbolizar su pureza ritual absoluta ante Dios (Nm 8:7).? Además, el sumo sacerdote israelita debía mantener su cabello limpio y bien peinado y abstenerse de rasgarse la ropa durante el luto porque él habla sido dedicado, con el aceite de unción del Señor (lv 21:10-12).

  • Aunque los sirvientes hititas del templo recibían una asignación diaria de comestibles para ellos y sus familias, si un sirviente sacaba vino extra o robaba una porción de cualquier artículo previsto para el sacrificio, debía ser ejecutado. De igual manera, si tal sirviente hurtaba un tesoro del templo o cualquier articulo designado para el uso de los dioses, él y su familia entera debían ser ejecutados.


En Israel, los levitas también recibían retribuciones diarias por los sacrificios, de sus congregaciones (lv 28-36; Nm 18:8-19; Dt 18:1-5). Aún los malvados hijos de Elí eligieron las mejores porciones de carne antes de que el sacrificio fuera dividido justamente, de tal modo, provocaron la ira de Dios (15 2:12-11,27-34). Y, justo como habían sido advertidos los hititas (bajo pena de muerte) de no robarle a los dioses, Acán y su familia fueron lapidados hasta morir porque él se apoderó de un botín que debió haber sido dedicado al Se ñor (los 1:1,16-26


  • Los sacerdotes hititas deberían los banquetes en su tiempo adecuado, usando el número requerido de animales o de otras comidas. De modo parecido, Dios le dió órdenes a Moisés acerca del cumplimiento de banquetes específicos durante tiempos particulares, a través del año (Lv 23; Nm 9:1-14; Dt 16:1-17).

  • Los agricultores y pastores hititas debían traer las primicias de sus cultivos y sus rebaños al templo. Si trataban de engañar a los dioses reteniendo los mejores productos o los animales de más alta calidad para sí mismos, eran severamente castigados, con frecuencia con la muerte de no solo de ellos, sino de todas sus familias. Asimismo, los israelitas debían donar las primicias de sus cosechas al Señor. El primogénito del hombre y del animal debía ser redimido, en cierto sentido “comprado de nuevo” a través de sacrificios, en reconocimiento de que Dios había proveído por ellos y los había sostenido (Lv 23:9-14; Nm 18:13; Dt 18:4; Neh 10:35-36).


El hechos de que las estipulaciones sacerdotes en efecto durante la época de Moisés, Elí y Samuel tenían paralelos contemporáneos entre los hititas, es importante porque tal hecho común socava la ampliamente aceptada teoría de que el código sacerdotal bíblico es una obra posterior que no pudo haberse originado durante el tiempo de Moisés       






SITIOS ARQUEOLÓGICOS


Números 13. “Cades Barnea”


Referido a veces como Cades (Nm 13:26; 20:1) o Cedes (Jos 15:23), el yacimiento bíblico de Cades Barnea es un lugar importante en la historia israelita. Miriam, la hermana de Moisés, murió allí (Nm 20:1), y Moisés, doblegado por la ira, de modo desobediente, golpeó la roca que trajo agua a este lugar (20:11). Los doce espías también volvieron allí después de su incursión en la tierra prometida (13:26). Aunque el nombre Cades probablemente está relacionado con la palabra hebrea qadesh, la cual significa «santidad», el origen de «Bar-nea» es desconocido.


Desde 1905, el moderno Ain el-Qudeirat en el Wadi el-Ain del Sinaí norteño, ha sido extensamente aceptado como la ubicación del Cades Barnea bíblico. Varias fortalezas de la Edad de Hierro' han sido excavadas allí. La más antigua, una estructura elíptica y peque-ña, data al siglo X a.C. pero quedó por mucho tiempo evidentemente abandonada después su destrucción, como primera fortaleza. Una segunda fortaleza construida durante el siglo VIII a.C. (probablemente durante el reinado de Uzías) fue destruida durante el siglo VII a.C., muy probablemente durante el reinado de Manasés. Esta fortaleza era un poco más grande y de forma rectangular, y ha sido descubierta una gran cantidad de alfarería asociada con esta estructura. Tiene mayor relevancia el hecho que dos óstracas (fragmentos de cerámica con escrituras) grabadas en hebreo han sido recuperadas allí, lo que sugiere que los israelitas efectivamente ocuparon ese sitio.


En 586 a.C., los babilonios pudieron haber destruido una última fortaleza, la cual parece haber sido construida durante el reinado de Josías. Algunas óstracas conteniendo inventarios de bienes también han sido desenterradas; sus textos están en hebreo, pero las cifras están en hierático (una forma cursiva de los jeroglíficos egipcios común durante la monarquía de Judá).


En Ain eI-Qudeirat, no se ha descubierto ningún depósito de cerámica que fecha de los periodos de Bronce Tardío o de Hierro I. Este intervalo arqueológico le ha causado problemas a los historiadores que han buscado evidencia de una presencia israelita allí, como se indica en Números. Los escépticos han sugerido que esta interrupción da razón para cuestionar veracidad de los relatos bíblicos del éxodo y subsiguiente conquista de Canaán.


Otros han interpretado esta interrupción de manera diferente, cuestionando la identificación de Ain el-Qudeirat con el Cades Barnea bíblico y sugieren sitios alternativos en Ain Qedeis y Ain Qeseimeh. Pero existen problemas con estos lugares también. El Cades Barnea mencionado en Números (caps 20 y 33) probablemente era más una región que un sitio específico (véase 33:36), y la Biblia no insinúa que un asentamiento significativo existiera allí cuando pasaron los israelitas.


Ya que la labor arqueológica en Ain el-Qu-deirat no se ha completado, aún existe la posibilidad de que se encuentre evidencia del periodo Bronce Tardío o Hierro I. Excavaciones futuras allí y en partes pudieran ayudar a contestar preguntas persistentes acerca de la ubicación bíblica.






NOTAS CULTURALES E HISTÓRICAS


Números 13. “¿Quienes eran los gigantes?  


Solo hay dos referencias bíblicas a esta raza de gigantes (Gn 6:4; Nm 13:33), hombres «enormes» (v. 32) de quienes se dice descendieron los anaquitas. Al ver a estos impresionantes habitantes de Canaán, diez de los doce espías se aterrorizaron y desmoralizaron. Estos gigantes pudieron haberse parecido físicamente a los refaítas, una raza de hombres altos y fuertes con quienes se comparan los anaquitas en Deuteronomio 2:21.


Se describe a los gigantes en Génesis 6:4 como hombres poderosos que vivieron antes del gran diluvio. El autor de Génesis los vinculó a «los hijos de Dios» (otras traducciones los presentan como «los hijos de los dioses»), ya sea en términos de ser idénticos a este grupo o de ser sus descendientes. Se han propuesto tres teorías acerca del origen de estos gigantes (estas hipótesis no tratan con el problema de cómo los gigantes pudieron haber sobrevivido el diluvio para aparecer en Canaán durante la época de la expedición de los espías):


  • Algunos historiadores bíblicos argumentan que «los hijos de Dios» fueron hombres rectos (descendientes de Set) que se casaron con mujeres mundanas, descendientes de Caín, Y por eso se hicieron corruptos. Su progenie aumentó en pecado hasta que Dios rectificó la situación con el diluvio. Sin embargo, esta teoría no explica porque la palabra traducida como «seres humanos» en Génesis 6:1 describe a toda la humanidad mientras que la misma palabra en el versículo 2 designa sólo al linaje de Caín.

  • Otros eruditos argumentan que «los hijos de Dios» (Gn 6:2) fueron reyes que se casaron con muchas mujeres para poder crear dinastías de sus numerosos descendientes. En algunos casos, documentos del antiguo Cercano Oriente se refieren a los reyes como si fueran hijos de dioses particulares. También, textos acadios indican que la palabra hebrea traducida como «seres humanos» en Génesis 6:4 podría significar «plebeyos» en algunos contextos. Esto sugeriría que los gigantes fueron reyes quienes adquirieron harenes, usaron a las hijas de los plebeyos, y formaron familias grandes con ellas. Pero ningún otro pasaje bíblico se refiere a los reyes en general como »hijos de Dios», y los reyes posteriores (como Salomón) que tenían muchas esposas no son identificados como parte de los gigantes.

  • Aún otros eruditos creen que «los hijos de Dios» fueron ángeles que preñaron mujeres y engendraron semidioses (seres con más poderes que los humanos, pero con menos que los dioses) que eran capaces de hacer lo que quisieran en la Tierra (muy parecido a los Titanes griegos), lo que provocó la determinación de Dios de destruir a la especie humana para erradicar el mal. Jesús especificó, sin embargo, que los ángeles no se casan (Mt 22:30), y de esto se puede argumentar que no engendran. Sin embargo, la reproducción de estos ángeles podría considerarse un comportamiento aberrante (véase Jud 6). Podría ser útil observar que la frase «hi-jos de Dios», de la manera en que se usa en otras partes del Antiguo Testamento y en otros antiguos idiomas semíticos, siempre se refiere a seres divinos (p.ej., Job 1:6, donde la misma palabra hebrea se traduce como «ángeles»). Los antiguos intérpretes judíos por unanimidad creían que «los hijos de Dios» eran seres angélicos, un punto de vista posiblemente reflejado en 1 Pedro 3:20 y 2 Pedro 2:4-5. Pero, si «los hijos de Dios» mencionados en Génesis 6 fueron efectivamente ángeles, y los gigantes fueron sus descendientes, ¿cómo se relaciona este hecho con los gigantes mencionados en Números 13? Lo más seguro es que la palabra «gigante» en este contexto posterior significa algo como «Titanes» (i.e. el término fue usado literalmente en Gn 6, pero metafóricamente en Nm 13).






NOTAS CULTURALES E HISTÓRICAS


Números 15. “Flecos en las vestiduras”


La orden de Dios de atar flecos, o sea borlas, a los dobladillos de las prendas israelitas cargaba un simbolismo rico en el mundo antiguo. Las personas percibían el dobladillo de una prenda como una extensión de la persona y el estatus de quien lo llevaba puesto (cf. Rt 3:9;15 24:11,20; Mt 9:21; 23:5; observe que los judíos o hebreos antiguos hubieran entendido la conexión entre la mayoría de estas referencias, aunque no esté explícitamente indicado). El dobladillo representaba tan fuertemente la identidad de la persona, que los contratos legales eran sellados estampando, como una «firma», el dobladillo sobre una tablilla de arcilla mojada de un contrato escrito.


En Israel, dobladillos con flecos de cordones azules retorcidos indicaban, a la comunidad, que la persona que los cargaba estaba consagrada al Señor (Nm 15:37-40). El señalado color azul de las borlas guardaba semejanza con los tejidos «sagrados» azules usados para hacer las cubiertas del tabernáculo y las prendas del sumo sacerdocio (Éx 26:31; 28:31). Los israelitas ataban estas borlas a sus prendas para refrescar sus memorias de los mandamientos, el cumplimiento de los cuales los haría santos. El pueblo de Dios debía diferenciarse, por sus prendas y su cumplimiento de las leyes, como «un reino de sacerdotes y una nación santa» (Éx 19:6).





NOTAS CULTURALES E HISTÓRICAS


Números 19. “La vaca rojiza”


El ritual de la vaca rojiza era un rito de purificación que pretendía limpiar a los israelitas manchados por el contacto con los muertos) Cualquier persona que tocaba un cadáver se volvía ritualmente impura por siete días con una impureza contagiosa que podía profanar a otras personas, recipientes y, en el peor de los casos, al santuario del Señor (Nm 19:20). La joven vaca rojiza debía estar sin ningún defecto o imperfección y no podía haber cargado un yugo (i.e., no haber sido usada para servicio secular; véase v. 2). Como la vaca iba a ser completamente incinerada, el sacerdote debía agregar madera de cedro, hisopo y lana escarlata al fuego (v. 6). Estos materiales también se asociaban con otros rituales de purificación (cf. Lv 14:4-7; Sal 51:7).


El sacerdote entonces mezclaba las cenizas de la vaca con agua de manantial para producir una solución de limpieza con la cual la persona impura era rociada en el tercer y séptimo día, después de lo cual era considerada ritualmente limpia (Nm 19:12).


El ritual de la vaca rojiza era único entre las tradiciones ceremoniales judías por las siguientes razones:

  • El animal era quemado fuera del campamento en vez de ser sacrificado en el altar (v. 3). La sangre y el estiércol eran quemados junto al cadáver; un proceso prohibido en la ley de sacrificio (v. 5; véase Lv 4:11-12). La sangre no se derramaba ya que constituía un ingrediente de limpieza necesario, junto con las cenizas.

  • Los mismos oficiales de la ceremonia contrajeron la impureza mientras llevaban a cabo este sacrificio y ellos mismos tenían que ser purificados, aunque no usando el mismo procedimiento (Nm 19:7-10).


La eficacia de este ritual se hallaba en el traslado de la impureza desde la persona contaminada hasta la vaca. El animal corrupto se quemaba fuera del campamento para que no contaminara la congregación de la misma manera en que había contaminado a aquellos que habían tenido contacto con ella. Irónicamente, mientras la vaca y su impureza asociada eran completamente destruidas, las cenizas que resultaban eran capaces de purificar a aquellos que se habían contaminado ritualmente.


El Nuevo Testamento refuerza el significado de la vaca rojiza en relación a la obra de sacrificio de Cristo. Justo como la vaca era sacrificada fuera del campamento para obtener la purificación para los contaminados, de igual manera Jesús, que cargó los pecados y las impurezas de toda la humanidad, fue crucificado fuera de Jerusalén para poder alcanzar la redención para todos los pecadores a través de su sangre (Heb 13:11-12; cf. Heb 9:13-14).






LA VERACIDAD DE LA BIBLIA


Números 20. “Una cronología del viaje por el desierto”

Debido a que fracasaron en confiar en Dios después de haber escuchado el reporte negativo que presentaron los diez espías acerca de Canaán (Nm 13), Dios les ordenó a los israelitas peregrinar por 40 años hasta que cada persona incrédula de veinte años de edad o mayor, hubiera fallecido (14:26-35). Este periodo de cuarenta años comenzó de manera retroactiva, desde el día en que Israel salió de Egipto, el decimoquinto día del primer mes del primer año, según el calendario hebreo (33:3), al igual a que el día después de la primera Pascua, hasta la primera Pascua en la tierra prometida, el día catorce del primer mes del cuadragésimo primer año (Jos 5:10).  


La documentación de la peregrinación preservada en la Escritura cubre aproximadamente el primer año y ocho meses de este extenso periodo de estadía (Éx 12:31-40:38; todo el libro de Levítico; Nm 1:1-19:22; 33:1-36; Dt 1:6-46), así como también el último año de su estadía (Nm 20:1-32:42; 33:37-36:13; Dt 2— 34; Jos 1:1-5:10; Jue 11:14-22). Los 37 años y cuatro meses de intervalo constituyen un periodo de silencio (entre Nm 19 y 20; 33:36 y 37; y Dt 1 y 2). Se incluyen las fechas de acontecimientos importantes, así que una cronología bastante completa ha sido calculada para el principio y el final del peregrinaje por el desierto.


Durante el primer mes los israelitas viajaron desde Ramsés hacia el desierto de Sin (Éx 12:31-16:1).2 Ellos pasaron un mes adicional caminando hacia al monte Sinaí, donde permanecieron por once meses (Éx 16:2—Nm 10:11).3 Desde ahí, recorrieron por un poco más de un mes hasta que llegaron a Cades Barnea, donde estuvieron por seis meses más o menos (10:12-19:22).4 Después de su partida de Cades Barnea (Dt 2:14), se desconoce el paradero de los israelitas durante los próximos 37 años y cuatro meses. Después de este periodo de silencio, regresaron a Cades Barnea y durante el siguiente año continuaron hacia Canaán por la ruta de Transjordania.






TEXTOS Y ARTEFACTOS ANTIGUOS


Números 21. “La liturgia de Ugarit contra las serpientes venenosas

Las serpientes venenosas presentaban una amenaza seria y continua para las personas en el mundo antiguo. Tres textos de Ugarit, todos los cuales tratan con este problema, sugieren que la típica solución pagana era buscar una fórmula mágica para contrarrestar los resultados del veneno. Uno de estos textos es solo un fragmento, otro una narrativa mítica y el tercero un conjuro mágico.


En el mito (segundo texto), se les pide a doce deidades diferentes un remedio para una mordedura de serpiente. Once responden con la habilidad de hechizar a la serpiente, pero solo una dei-dad, Horanu, exitosamente neutraliza el veneno. logra contrarrestar el veneno lanzando árboles en el río Tigris, ritualmente representaba la manera en que él debilitaría el veneno, como si lo estuviera diluyendo en agua.


El tercer texto, escrito para el beneficio de un oficial superior, es un conjuro que utiliza un ritual similar al de Horanu para proteger tanto de las serpientes como de los hechiceros que las usaban.


Los israelitas, como los habitantes de Ugarit, temían a las serpientes letales que eran abundantes en el desierto y en la tierra de Canaán. El castigo de Dios relacionado con serpientes que se documenta en Números 21:6-9 demostró que sólo el Señor tiene el poder máximo por sobre las serpientes (y, realmente, por sobre todo el mal), No solo mandó serpientes venenosas para castigar a los israelitas por su ingratitud, sino que también proveyó el remedio (i.e., la serpiente de bronce) cuando su pueblo se arrepintió y buscó su misericordia. Es digno de mención que, aunque los israelitas tenían que mirar fijamente a la serpiente de bronce para recibir restauración, el texto bíblico no menciona ningún ritual mágico o conjuro.






TEXTOS Y ARTEFACTOS ANTIGUOS


Números 22. “Balán, el hijo de Beor”


«Las desgracias del libro de Balán, el hijo de Beor. Un vidente divino era él». Estas son las primeras palabras de una extraordinaria inscripción fragmentaria descubierta en 1967 en Deir Alla, Jordania, como a 40 km norte de las planicies de Moab,i donde acamparon los israelitas. Escrita con tinta negra y roja sobre una pared de yeso, esta inscripción fragmentaria data de entre 800 y 700 a.C.


El profeta Balán estuvo activo al lado este del río Jordán durante la época en que los israelitas entraron a Canaán.2 A él se refirieron cientos de años después no sólo el autor de la inscripción en Deir Alla, sino también, durante un periodo extenso, varios escritores bíblicos (véase Neh 13:2; Mi 6:5; 2P 2:15; Ap 2:14).


No hay duda de que este es el mismo Balán mencionado en Números. El nombre distintivo «Balán, el hijo de Beor» se presenta idénticamente en ambos contextos. Además, la inscripción se encontró en la misma área general, como lo describen los acontecimientos descritos en Números 22-24. Al reflejar las actividades del Balan bíblico y usar un lenguaje similar al del relato en Números, la inscripción de Deir Alla habla de visitas divinas y de visiones, señales, admoniciones, destrucción y muerte.


No obstante, a excepción de la inclusión del nombre Balán y su descripción como un «vidente», la inscripción de Deir Alla no menciona ninguno de los detalles que se encuentran en Números 22-24. Tampoco habla de Yahveh, aunque si se refiere a dioses corno shaddayyin, una palabra similar a la palabra hebrea el shaddai, casi siempre traducida como «Dios Todopoderoso»: Así que no es probable que cualquiera de los dos autores copiara del otro. Ambos parecen haberse inspirado en tradiciones independientes.






SITIOS ARQUEOLÓGICOS


Números 25. “Sitín”


Sitín, derivado de Abel Shitt-tim («arroyo de acacia»), fue el último campamento israelita en el desierto, antes de que cruzaran el río Jordán. Desde esta ubicación en las planicies de Moab, Moisés ascendió el monte Nebo para ver la tierra prometida y Josué mandó espías a Jericó. En Sitín, Israel también cayó en la inmortalidad asociada con la alabanza de Baal, sufriendo pérdidas severas como resultado del enojo de Dios (Nm 25:1-9).


Sitín probablemente puede ser identificado con el presente yacimiento arqueológico de Tell el-Hammam, 13.7 km al este del río Jordán, al otro lado de la antigua ciudad de Jericó. Este sitio de excavación está cubierto con las ruinas de casas; así como de una fortaleza del periodo de Hierro I, con torres en ambos lados. Las paredes de la fortaleza eran de 1.2 m de grosor y estaban rodeadas por un masivo terraplén (un declive desde una fortificación). Este sitio estaba estratégicamente ubicado 30.5 m por sobre las planicies de Moab, lo que sin duda permitía a los habitantes antiguos controlar el acceso desde las montañas. Un arroyo permanente que estaba cerca, el wadi el-Kefrein, pudo haber provisto un suministro de agua adecuado para los israelitas en el campamento.


El significado del nombre Sitín sugiere que árboles de acacia crecían allí, regados por el arroyo cercano, aunque se conoce que el árbol de acacia puede sobrevivir en regiones áridas. Su madera, liviana pero dura y resistente a la humedad, había sido utilizada para construir tanto el tabernáculo como sus muebles (Ex 25-38).






NOTAS CULTURALES E HISTÓRICAS


Números 27. “El itinerario en Números”


El viaje de los israelitas desde Egipto hacia el Mar Rojo y después hacia el monte Sinaí, Cades Barnea y Moab está documentado de dos formas en el libro de Números. Primero, referencias aisladas de los capítulos 1 al 32 forman parte de la narrativa (p.ej., 27:14). Segundo, un itinerario explícito de este viaje está detallado en 33:1-49.


Números 33 identifica 42 sitios, 16 de los cuales no aparecen en ningún otro texto bíblico. Muchos de estos lugares ya no pueden ser identificados, probablemente porque eran paradas de escaso desarrollo para las caravanas, las cuales eran importantes sólo por su disponibilidad de agua. No obstante, textos coadyuvantes de Egipto, Moab y Mesopotamia arrojan luz sobre ambos aspectos: la forma de la lista y su interpretación, lo cual ayuda a confirmar la veracidad y la antigüedad del relato bíblico y sugiere de que el itinerario documentado en Números 33 debería ser interpretado como el relato de una campaña militar prolongada. Tales registros podrían haber sido conservados como el recuerdo continuo de la protección que Dios le había proveído a su pueblo mientras los guiaba a través del desierto.


Los textos extra bíblicos que arrojan luz sobre este itinerario son los siguientes:

  • Tres listas de Egipto mencionan lugares que también aparecen en el registro de Números 33. Uno es una inscripción de Tutmosis III en el templo de Amón de Karnak. Los otros dos son de Amenhotep III; ambos están inscritos en un templo en Soleb. Una comparación de los tres textos provee la serie de nombres de lugares en el orden idéntico en que aparecen en el texto bíblico (33:44-49): iyyin equivale a lyé, Dibón corresponde con Gad, y Abel es una referencia a ambos Abel Sitín y al Jordán.  

  • Los anales de Tutmosis III de Egipto revelan que sus campañas militares fueron documentadas en un rollo de cuero depositado en el templo de Amón, un testimonio de que la documentación militar era practicada antes del periodo mosaico (véase 33:2).

  • Aunque no se ha encontrado ninguna evidencia de la Edad del Bronce tardío en Dibón (hoy Dhiban), la aparición de este nombre en estos textos egipcios confirma su existencia durante este periodo antiguo. La piedra Mesá (moabita), una inscripción del siglo IX a.C. de Mesá, rey de Moab, menciona a Dibón y a Al-món Diblatayin, los cuales también están enumerados en el itinerario bíblico (33:46).

  • Textos de Mesopotamia demuestran que el género del itinerario israelita (el tipo de literatura, no el itinerario en sí) era ampliamente certificado en el mundo antiguo. Se han encontrado otros ejemplos en dos textos militares que datan de la época de los reyes asirios Tukulti-Ninurta II y Ashurnasirpal II (siglo IX a.C.). Tales textos siguen un patrón repetitivo: «Partí de [ciudad A]; pasé la noche en [ciudad B]». En esta fórmula el nombre de cada lugar se menciona dos veces: primero como un destino («B») y después como un punto de partida («A»). Esto sigue el formato visto en Números 33.


Los itinerarios extra bíblicos comentan de manera muy breve sobre el cruce de aguas, lugares de campamento, enfrentamientos militares, problemas asociados con el suministro de agua y otras actividades, como aquellos comentarios que encontramos distribuidos a lo largo de Números 33.






NOTAS CULTURALES E HISTÓRICAS


Números 29. “El calendario Judío”


La mayoría de los pueblos del mundo antiguo calculaban los meses por los ciclos de la luna; cada luna nueva marcaba el principio de un nuevo mes. Sin embargo, la luna completa una revolución alrededor de la Tierra en solo 29.5 días más o menos. Así que, el año lunar de 12 meses lunares es de solo 354 días, algo más corto que el año solar de 365.25 días. Durante un periodo de sólo unos pocos años, los meses comenzarían a desalinearse con sus asociadas estaciones en un calendario lunar. Este fenómeno sin duda causó gran confusión y consternación en cuestiones tales como establecer un cronograma para las fiestas anuales o crear un calendario agrícola.


Los babilonios periódicamente añadieron días intercalados (días insertados a un calendario) al año para poder alinear de nuevo los años solares y lunares. Los asirios, sin embargo, permitieron que los meses lunares fueran quedando rezagados del año solar hasta que finalmente tuvieron que adoptar el sistema babilónico durante el reinado de Tiglat Piléser Los egipcios no seguían un año lunar sino que dividían el año en 12 meses iguales, cada uno con 30 días, y agregaban 5 días extra al final de cada año. El calendario judío, el cual era Parecido a su homólogo babilónico, obtuvo los nombres de los meses de los nombres babilónicos


El primer mes del calendario judío, Nisán, corresponde al cananeo Abib. Estos nombres algunas veces aparecen en la Biblia (p.ej., Neh 2:1; Est 8:9; Zac 1:7), aunque la mayoría de los meses mencionados ahí se designan simplemente por número (p.ej., «el mes undécimo»).


Existe alguna confusión acerca de si los israelitas comenzaron su año natural en la primavera o en el otoño. El primer día del séptimo mes (Tishri) está designado para la Fiesta de las Trompetas (Nm 29:1),2 y esa misma fecha finalmente quedó fija como el día del año nuevo judío (Rosh Hashaná). Esto sugiere un año nuevo de otoño. Sin embargo, la mayoría de la evidencia apunta a la primavera cómo la estación del año nuevo. Más significativo aún, Nisán, el cual comienza en marzo y termina en abril, es normalmente llamado el «primer mes» en la Biblia. De esta manera, parece que los israelitas comenzaron su año natural en la primavera, pero era seguido de un año agrícola que iba de otoño a otoño. El calendario de Guézer, por ejemplo, refleja el año agrícola. Para explicar esta diferencia usando una analogía moderna, nuestro año natural comienza el calendario fiscal que comienza y termina en fechas diferentes.


Los eruditos también tienen opiniones diferentes acerca de si los israelitas consideraban el anochecer o el amanecer como principio de un día nuevo. La mayoría de la evidencia implica que su día comenzaba por la tarde (cf. Lv 23:32). Los israelitas cumplían con una semana de siete días (Éx 34:21; cf. el relato de la creación en Gn 1:1-2:3), y el imperio Romano oficialmente adoptó la semana de siete días durante el reinado de Constantino en 321 d.C.


La cuestión de enumerar años durante los tiempos antiguos a veces causaba gran confusión porque no había un punto universalmente aceptado para el inicio del año uno. Los romanos contaban sus años desde la fecha, comúnmente aceptada, de la fundación de Roma; pero la antigua Israel, como la mayoría de las otras naciones del Cercano Oriente, enumeraban los años de acuerdo a los reinados de los re-yes (p.ej., «durante el segundo año del rey X»), los cuales, por supuesto, se podían traslapar y variaban en términos de duración. Las dificultades con tal sistema se empeoraban por el hecho de que el «primer año» de un rey podía ser el año durante el cual él se convirtió en rey o el primer año completo de su reinado después del «día de Año Nuevo».






NOTAS CULTURALES E HISTÓRICAS


Números 31. “Nombres teóforos y su significado”

En el mundo antiguo las personas, y a veces los lugares, recibían nombres «teóforos»: nombres propios que incluían el nombre de una deidad. Esta práctica ocurría en tierras paganas al igual que en Israel, y tales nombres les pueden suministrar información importante a los eruditos de hoy en día. Por ejemplo, el nombre Senaquerib (un muy conocido rey asirio) significa «(el dios) Sin [el dios de la luna] ha sustituido (por) los hermanos muertos». Esto sugiere que Senaquerib nació en una familia que alababa al dios de la luna Sin y que por 10 menos dos hermanos nacidos antes que él, murieron antes de alcanzar la edad adulta


El Dios de Israel, sabemos„ era llamado por el nombre Yahveh. No es sorprendente que después de que Dios había establecido su pacto con Israel en Sinaí, muchos israelitas dieran a sus hijos nombres que incluían algún elemento de Yahveh. A veces la parte del nombre correspondiente a Yahveh estaba al principio en la forma de yeho o yo; a veces se colocaba al final del nombre en la forma de yahu o ya. Por ejemplo, Jonatán podía ser escrito como yehonathan, lo cual significa «Yahveh ha dado». Miqueas surge de mi-k-ya o mi-k-yahu, que significa «¿Quién como Yahveh?»


Los nombres propios israelitas dados antes del pacto de Sinaí, generalmente no contenían un elemento de Yahveh. Por ejemplo, el nombre Eleazar se deriva de el-azar, significando «Dios [el más genérico el, no Yahveh] ha ayudado».






PUEBLOS, TERRITORIOS Y GOBERNANTES ANTIGUOS


Números 32. “Los reinos de Sijón y Og”


Moisés les dio a las tribus de Gad, Rubén y a la media tribu de Manasés los territorios de Sijón y Og, dos reyes que habían sido derrotados por los israelitas antes de cruzar el Jordán hacia la tierra prometida (Nm 32:33). Debido a que no existe ninguna referencia extra bíblica de cualquiera de estos dos nombres, todo lo que se sabe de ellos proviene del Antiguo Testamento.


En la Biblia, las referencias a Og casi siempre son «Og [rey] de Basán», la región geográfica al este del Mar de Galilea (véase el mapa en la p. 261). Og también era un miembro de los gigantes (Dt 3:11), una designación sin explicación que también aparece en textos de Ugarit. De acuerdo a este mismo versículo, Og tenía una cama o sillón de hierro de proporciones legendarias (de más de 4 m de largo y 1.8 m de ancho). Josué 12:4, vincula también a Og con los refaítas y más aún, lo conecta a dos ciudades específicas, Astarot y Edrey.


Se dice que Sijón fue un amorreo, un grupo semítico occidental del que ha sido bien documentada su presencia en el Cercano Oriente, durante la Edad de Bronce. Es frecuentemente asociado con Hesbón, un reino cuyas fronteras se extendían al norte hasta el río Jaboc, al oeste hasta el río Jordán y al sur hasta el río Arnón (Jue 11:22).


Estos reinos de Transjordania se ubicaban entre los israelitas y el río Jordán, el cual constituía la entrada de Israel hacia la tierra de Canaán. La derrota de los habitantes de Transjordania a manos de Israel precipitó el reasentamiento en el área de las tribus de Rubén, Gad y la mitad de Manasés. Tan fundamentales fueron estas victorias que su recuerdo fue atestiguado en Israel incluso durante los días de Nehemías (Neh 9:22).






SITIOS ARQUEOLÓGICOS


Números 33. “Arad”


La antigua ciudad israelita de Arad estaba localizada en la moderna Tell Arad, en el Néguev' al sur de Jerusalén (véase «Mapa 7»). Una excavación arqueológica del sitio ha descubierto una ciudad grande y bien preservada de la Edad de bronce temprana' que servía como un puesto importante para las rutas de comercio. También se ha encontrado óstraca hebrea (fragmentos de cerámica que contienen escrituras) portando el nombre Arad, al igual que una gran cantidad de óstraca con otras inscripciones hebreas o arameas.


También se han encontrado una serie de ocupaciones fortificadas en Tell Arad que datan desde el reinado de Salomón hasta el de Sede-guías. El sitio parece haber estado básicamente abandonado durante las Edades de Bronce Medio y Tardío, pero durante la Edad de Hierro los israelitas construyeron una fortaleza en la cima de Tell Arad para cuidar la cuenca occidental del Néguev de los pueblos nómadas y de los enemigos Transjordanos, especialmente Edom. Las estructuras que pertenecían al último nivel de la ocupación israelita de Arad, fueron destruidas durante la conquista babilónica de Judá en 586 a.C.5 Un impresionante templo israelita también ha sido desenterrado en Arad. El único templo israelita recuperado por arqueólogos hasta la fecha, pudo haber sido construido tomando como ejemplo al templo de Salomón; y al igual que éste, estaba orientado hacia el este.° Esta estructura tenía un altar de sacrificio en el patio central, así como dos altares incienso y dos megalitos en su Lugar Santisimo.


Los arqueólogos han determinado que este templo en particular se dejó de usar a propósito. Esto probablemente ocurrió durante las reformas de Ezequías o Josías, cuando templos locales ubicados fuera del control del rey y del sacerdocio de Jerusalén fueron desmantelados porque tendían a convertirse en puntos centrales para el desarrollo de movimientos religiosos paganos o aberrantes.


La ubicación de Arad, sin embargo, presenta un problema relacionado con la narrativa de la conquista. El rey de Arad atacó a los israelitas, quienes viajaban cerca de la frontera sur de Canaán. Después de sufrir una pérdida inicial, Israel derrotó a este rey y destruyó sus ciudades (Nm 21:1-3). Sin embargo, Tell Arad carece de vestigios que fechan de la época de Moisés. Una posible solución existe en el relato de la campaña del faraón Sisac, cuya lista del siglo X a.f. menciona la conquista de dos Arads: Arad la Grande y Arad de Yrhm. Los israelitas pudieron haber destruido la segunda Arad, la ubicación de la cual aún permanece desconocida. Otra posibilidad es que la Arad mencionada en Números 21 se refiera en efecto, a la región en general y que el rey de Arad (21:1) vigía en la ciudad de Jormá (21:3).






NOTAS CULTURALES E HISTÓRICAS


La herencia en el antiguo Cercano Oriente


Las leyes acerca de la herencia en el antiguo Cercano Oriente jugaban un papel crítico en conservar un linaje y en mantener las tierras del mismo. El estatus social y la riqueza estaban vinculados a la propiedad de terreno, y reglas monárquicas regulaban la división de tierra. La ley tradicional decretaba que sólo los hijos varones tenían derecho a la herencia, y el primogénito recibía el doble de las posesiones (Dt 21:15-17).


En ausencia de varones herederos, sin embargo, las hijas podían heredar. El antiguo cód: go de ley Sumerio de Lipit-lshtar (aprox. 1930 a.C) explícitamente declaraba que si un hombre moría sin dejar un varón heredero, su hija soltera sería su heredera. Además, archivos familiares de Nuzi demuestran que cuando un hombre no tenía hijos, él podía transferir legalmente sus bienes a su hija como heredera principal o, lo que era más común, como heredera junto con su esposo, quien se decía era «adoptado» por la familia.


El código de ley Hammurabi (aprox. 1750 a.C.) documentó casos en los cuales las hijas eran tratadas como coherederas con sus hermanos. La dote de una hija, que consistía principalmente de propiedades movibles (sirvientes personales, vasijas, joyas, etc.): se decía que era su porción de la herencia.


También se otorgaban privilegios de herencia especiales a sacerdotisas del templo sin hijos. Se les concedía cierta porción de los bienes de sus padres para asegurar su seguridad económica, aunque después de sus muertes la porción de la herencia debía revertirse a sus hermanos.


El caso de las cinco hijas de Zelofejad explora las implicaciones de hijas israelitas que hereda-ban las tierras de sus padres. Este otorgamiento de poderes a estas hijas en particular, fue un acuerdo especial hecho por circunstancias inusuales. La preocupación era que una vez casadas no habría forma de evitar que ellas trasladaran sus tierras de la manera usual a sus hijos y de tal ma-nera al patrimonio de otra tribu (Nm 27:1-11).


La solución era sencilla: Estas mujeres deberían casarse dentro de su propia tribu para no perturbar el equilibrio de la asignación de tierra de la misma (36:1-9; cf. 1Cr 23:22). Al final, los derechos de herencia de estas hijas existieron con el propósito de retener los bienes para sus futuros hijos. Esto era similar a la institución del matrimonio por levirato que buscaba producir un heredero a quien la propiedad de un marido fallecido podía ser legada (Dt 25:5-6).