Contexto de Apocalipsis

    El Apocalipsis es un tipo específico de profecía. Debido a su especial importancia y al interés que genera, he dedicado toda una sección para su debate. El Apocalipsis es una mezcla de lo profético y lo apocalíptico (un tipo especial de profecía que aparece en Daniel, partes de Isaías, Ezequiel, y Zacarías), presentado en forma de carta. 

    En cualquier libro como Apocalipsis habrá serias diferencias de opinión, y debemos ser benévolos en nuestros desacuerdos. No obstante, vale la pena explorar para ver qué pueden enseñarnos los métodos que hemos presentados anteriormente, y cómo nos pueden llevar más allá de muchos de los puntos de vista que han circulado de manera considerable. Leer Apocalipsis como un todo (prestando atención al contexto del libro completo) y a la luz de su trasfondo (del Antiguo Testamento y otros trasfondos) nos ayudará a evitar o corregir muchos de los errores comunes que hemos heredado de parte de otras personas. 

    El Apocalipsis no tiene la intención de ser un libro oscuro. Puede que tampoco tenga la intención de satisfacer nuestra curiosidad respecto al fin de los tiempos, pero ciertamente es un libro muy práctico que presenta las exigencias de Dios sobre nuestras vidas. Es por eso que comienza prometiendo bendiciones a quienes cumplen y obedecen su mensaje (Ap. 1:3) —los cual presume que por lo menos podamos entenderlo lo suficiente para poder obedecerlo. Un ángel le dijo a Daniel que el libro de Daniel sería sellado y entendido solamente al final de los tiempos (Dn. 12:9); por el contrario, el ángel le dijo a Juan que no sellara su libro, porque el fin de los tiempos se acercaba (Ap. 22:10). 

    El Apocalipsis puede estar “escondido” para aquellos que piensan que necesitan una llave especial para abrirlo; está oscuro para aquellos que la interpretan solamente a la luz de las noticias que salen en el diario —lo cual requiere de nosotros que reajustemos nuestras interpretaciones cada uno o dos años. Pero para aquellos que leen Apocalipsis desde el principio hasta el final, y lo interpretan en el contexto del libro completo, no está tan oculto. Toda la Escritura LA BIBLIA EN SU CONTEXTO 200 debe ser útil para enseñar e instruir en justicia desde el tiempo en que fue escrita (2 Timoteo 3:16-17) –así que cualquier otra cosa que esto quiera decir, por lo menos Apocalipsis debe querer decir algo relevante para nuestras vidas en el presente. 



Un historial de mal interpretaciones 


    En demasiadas ocasiones, en los dos últimos dos siglos, la gente ha usado la “hermenéutica del periódico” para entender Apocalipsis –es decir, lo han interpretado a la luz de los titulares de los diarios. Es por eso que muchos maestros de la profecía tienen que cambiar tan a menudo sus interpretaciones de este libro. El hecho que reconozcan que Jesús podría venir pronto, y que por lo tanto la profecía está siendo cumplida ahora, es algo loable, pero las afirmaciones que de que ciertos acontecimientos actuales cumplen definitivamente un pasaje bíblico sólo conlleva a la desilusión cuando los titulares de hoy terminen en el basurero de mañana. 

    Un ejemplo de hermenéutica del periódico tiene en cuenta interpretaciones de los “reyes del oriente” en Apocalipsis 16:12. A principios del siglo XX, muchos intérpretes estadounidenses pensaron que los “reyes del oriente” se referían al Imperio Otomano, con su base central en Turquía. Por supuesto, las siete iglesias del Asia Menor occidental nunca podrían concebir los reyes del “oriente” como Turquía, ¡pues Asia Menor es la Turquía moderna! 

    Pero para los intérpretes occidentales de hace más de un siglo atrás, los turcos le parecían el imperio “oriental” más amenazador en el horizonte. Después que el Imperio Otomano se fue desmembrado a finales de la Primera Guerra Mundial, la nueva amenaza de imperio “oriental” fue el Japón imperial (un imperio que también amenazaba a Corea, China, Las Filipinas y el resto de Asia). Después de que Japón fue derrotado a finales de la Segunda Guerra Mundial, los intérpretes occidentales le pusieron el título a China. 

    El único factor común de aquellas interpretaciones era que aquellos reyes hostiles estaban al “oriente” de aquellos que interpretaban el pasaje. A veces, las interpretaciones pueden revelar también algunos sentimientos anti asiáticos, los cuales no tienen respaldo bíblico y 8. Apocalipsis 201 no son del agrado de Dios. ¿Cómo habrían entendido los primeros lectores de Juan “reyes del oriente”? Para todos en el Imperio Romano, en especial en Asia Menor, la amenaza militar más grande era el Imperio de los Partos. El rey parto montaba un caballo blanco y decía ser “rey de reyes y señor de señores”. La frontera definitiva entre el Imperio Romano y el Imperio Parto era el río Éufrates (cf. 9:14; 16:12). 

    Aunque gobernaban en la región de Irán e Iraq, la geografía importa menos que la imagen: los enemigos más temidos del Imperio los invadirían. Al final, fueron los bárbaros del norte y no un imperio del oriente los que vencieron al Imperio Romano, pero Roma sí fue aniquilada por una invasión. De todos modos, la conquista sigue siendo una advertencia aterradora de juicio en cualquier generación y de cualquier lugar (6:1-4). 

    También abundan muchos otros errores de interpretación profética. Los testigos de Jehová, una secta, predijeron erradamente el regreso de Cristo y otros sucesos del final de los tiempos para 1874, 1878, 1881, 1910, 1914, 1918, 1925, 1975 y 1984. Incluso hasta cristianos que aman la Biblia han cometido errores al determinar fechas, algo contrario a las enseñanzas de Cristo (Mr. 13:32). Hipólito, uno de los padres de la iglesia, llegó a la conclusión de que el Señor vendría para el año 500. San Martín de Tours creía que el Anticristo ya vivía en su tiempo. Martín murió en el 397, por lo que si el Anticristo todavía está vivo, ¡tiene una gran longevidad! 

    Otros, sin poner cuidado alguno, han ofrecido interpretaciones “proféticas” de las noticias. En la década de 1920 algunos maestros de la profecía acogieron una obra titulada The Protocols of the Elders of Zion [los protocolos de los ancianos de Sión], la cual confirmaba sus enseñanzas. Ahora se sabe que este libro fue una falsificación usada por los nazis. En la década de los años 70’, muchos cristianos se preocuparon al escuchar que una computadora que se encontraba en Bélgica le llamaban “la bestia” —¡sin saber que esa computadora sólo existía en una novela! 

    Cerca del año 1980 escuché a uno de estos maestros explicar que, en el siguiente año o dos años después, la Unión Soviética invadiría a Irán, tomaría el control del suministro petrolero del mundo y  provocaría una guerra mundial. Está de más decir que su predicción está, cuando menos, desacreditada por el tiempo. 

    Varios libros, (incluyendo The Last Days Are Here Again [los últimos días están aquí otra vez] [Baker, 1998], de Richard Kyle; Armageddon Now! The Premillenarian Response to Russia and Israel Since 1917 [¡el armagedón ahora! la respuesta premilenaria a Rusia e Israel desde 1917] [Grand Rapids: Baker, 1977], de Dwight Wilson) han documentado un sinnúmero de alegaciones hechas a lo largo de la historia por los maestros de profecía, principalmente en los últimos 150 años, acerca de varios sucesos contemporáneos. Estos maestros en ocasiones estaban en lo cierto (parecido a los aciertos de los astrólogos), pero en la inmensa mayoría de las ocasiones estaban errados. 

    A continuación presentamos unos ejemplos breves de errores cometidos en la historia. Estos ejemplos los he tomado de la introducción a mi propio comentario sobre Apocalipsis (Revelation, NIV Application Commentary [Apocalipsis, comentario de aplicación de la NVI] [Grand Rapids: Zondervan, 2000]): 
    □ Cristóbal Colón viajó al Nuevo Mundo con la esperanza de acelerar el cielo nuevo y la tierra nueva. 

    □ Durante la Reforma, Melchior Hoffman se dejó arrestar en Strassburg por su convicción de que ésta estaba a punto de convertirse en la Nueva Jerusalén. 

    □ También durante la Reforma, Thomas Müntzer colaboró con la Sublevación de los Campesinos de 1524, creyendo que ésta aceleraría el juicio final; los campesinos fracasaron, y Müntzer fue ejecutado. En aquellos días las especulaciones acercan del fin de los tiempos morían violentamente —a veces literalmente. 

    □ Cuando en Inglaterra el Rey Santiago I (King James I) persiguió a los primeros líderes bautistas, ellos temían que estaban pasando por la tribulación final. 

    □ Muchos estadounidenses creyeron que el rey Jorge III (King George III) (probablemente uno de los gobernantes más 8. Apocalipsis 203 consagrados de Inglaterra, tal y como lo reconociera John Wesley) era el anticristo final. 
    
    □ Muchos ministros del norte esperaban que la guerra civil de Estados Unidos estableciese el reino de Dios a su favor, algunos de ellos esperaban que Dios fuese severo con los del bando opuesto. 
    □ William Booth, líder apostólico de finales del siglo XIX, cuyo Ejército de Salvación estaba haciendo grandes obras para Dios, creía que el Ejército de Salvación que había fundado “había sido escogido por Dios como la agencia principal para establecer final y totalmente” el reino de Dios. 

    Un caso más reciente fue en E.U.A. donde muchos cristianos compraron más de tres millones de copias del libro de Edgar Whisenat titulado 88 Reasons Why the Rapture Could Be in 1988, [88 razones por las que el rapto pudiera ser en el 1988]. Una amiga mía trabajaba en una librería cristiana para ese entonces; el dueño de la librería le pidió que vendiera tantas copias del libro como pudiese hasta finales de 1988, pues le advirtió que nadie compraría el libro en el 1989. Seguramente los cristianos no comprarían el siguiente año muchas copias de su versión actualizada, a la que le cambiaría la fecha del regreso de Cristo para el 1989. 

    Que no se diga que los cristianos estadounidenses son engañados tan fácilmente –por lo menos dos veces consecutivas por el mismo autor al año siguiente. Sin embargo, el mundo estaba mirando; el periódico de la universidad en la que estaba haciendo mi doctorado se burló de las predicciones fracasadas. Otros predecían el regreso del Señor para varias fechas en los 90’ o para el año 2000. Como lo ha señalado uno que otro autor, todos los que predicen los tiempos y las sazones tienen una sola cosa en común: que todos han estado errados. 

    En ocasiones los intérpretes han procedido sobre la base de dos suposiciones: la primera, que somos la última generación, y la segunda, que todas las profecías se aplican a la última generación. La primera suposición siempre es posible, pero no podemos afirmarla de manera dogmática; cada generación, observando las “señales” potenciales a su alrededor, ha esperado que quizás ella sea la última. (Bíblicamente, la última generación tiene que hacer algo más que esperar: necesitamos terminar la tarea de la evangelización del mundo, cualquiera que sea el costo). La segunda suposición sencillamente está errada; ya muchas profecías de la Biblia se han cumplido, y otras esperan el regreso de Jesús. No todas pertenecen específicamente a la última generación antes de Su venida.



Perspectivas respecto a Apocalipsis 


    Los lectores han tomado de manera tradicional uno de los siguientes enfoques para interpretar Apocalipsis: 

    1. Preterista: aquellos que creen que todo fue cumplido en el primer siglo. 

    2. Historicista: aquellos que creen que Apocalipsis predecía los detalles de la historia continua, los cuales ahora podemos reconocer en los libros de Historia. 

    3. Idealista: aquellos que creen que Apocalipsis contiene principios eternos. 

    4. Futurista: aquellos que creen que Apocalipsis habla del futuro. 

    La interpretación historicista ha sido desechada en gran manera pues la historia no encaja muy bien con el bosquejo de Apocalipsis. (Esto es cierto hasta para las cartas a las siete iglesias, las cuales en cierta ocasión fueron leídas como las siete etapas de la historia de la iglesia; pocos eruditos aceptan esta perspectiva en el presente, ni siquiera en la tradición “dispensacional”, en donde solía ser muy común por un tiempo). El dispensacionalismo también ha cambiado muchísimo desde que fue fundado. 

    De los otros puntos se puede decir que hay algo legítimo en cada uno de ellos, siempre y cuando no usemos uno para excluir los otros puntos. Es cierto que Apocalipsis, al igual que muchos libros de la Biblia, fue escrito a una antigua audiencia (el punto preterista); el libro habla explícitamente de las siete iglesias en Asia Menor, de la 8. Apocalipsis 205 misma manera que Pablo habla a las iglesias en sus cartas (Ap. 1:4), y Apocalipsis está escrito en griego y usa símbolos que los lectores del primer siglo entenderían. Sin embargo, esto no necesariamente tiene que significar que no está hablando del futuro o (como el resto de la Biblia) articula principios útiles para las siguientes generaciones. 

    Apocalipsis contiene principios eternos que son relevantes para la Iglesia en cada generación. También habla acerca del futuro, además del presente y el pasado. Los lectores pueden discrepar en cuanto de Apocalipsis se refiere al futuro, pero casi todos están de acuerdo en que por lo menos Ap. 19-22 es futuro. De la misma manera, algo de él se refiere directamente al pasado: el arrebatamiento del niño en Apocalipsis 12 (quien la mayoría piensa sea Jesús) ya sucedió. 

    Sin embargo, más allá de estos puntos, los lectores han llegado a conclusiones sorprendentemente diferentes respecto a la enseñanza de Apocalipsis a lo largo de la historia. Podemos ilustrar esta divergencia por medio de un comentario acerca del “milenio”, el período de mil años mencionado en Apocalipsis 20. Muchos lectores formados bajo una tradición específica pueden quedar sorprendidos al conocer cuántas personas que ellas respetan dentro de la historia de la iglesia sostenían interpretaciones diferentes. Esa sorpresa nos ofrece algunas lecciones: Dios no usa a Sus siervos sólo y nada más sobre la base de sus interpretaciones acerca del fin de los tiempos, y siempre debemos recurrir a la Biblia para ver lo que ella nos enseña. Solamente porque todos los que conozcamos posean cierto punto de vista, no lo hace ser el correcto. Hace 150 años, casi todos los cristianos nacidos de nuevos sostenían un punto de vista diferente, y los de 100 años antes que ellos, también otro diferente. 

    Después de que fue terminado el libro de Apocalipsis, los primeros padres de la iglesia (líderes de la iglesia primitiva de los dos primeros siglos) eran premilenialistas; es decir, creían que Jesús vendría antes de los 1000 años de los que habla Apocalipsis. También eran postribulacionistas; es decir, creían que ya estaban en la gran tribulación o que era algo que estaba por venir, pero que Jesús no regresaría por Su Iglesia sino hasta después de ella. Pero unos siglos después, para el tiempo de Agustín, la mayoría de los cristianos eran amilenialistas. Muchos creían que cuando Constantino terminara de perseguir a los cristianos, comenzarían los 1000 años, y muchos fueron los que esperaron el regreso de Jesús 1000 años después de Constantino. 

    Otra perspectiva amilenialista, más común en nuestros días y más fácil de defender por las Escrituras, es que el milenio es algo simbólico para el período entre la primera y la segunda venida de Jesús, reinando éste hasta que Sus enemigos sean puestos bajo Sus pies. No sólo la mayoría de los cristianos medievales eran amilenialistas, sino que también lo eran la mayoría de los reformadores (incluyendo a Lutero y a Calvino). La mayoría de las denominaciones fundadas en los tiempos en los que predominaban los amilenialistas, son hoy en día amilenialistas. Lo mismo sucede con iglesias fundadas en diferentes partes del mundo por misioneros amilenialistas. Por otra parte, las iglesias fundadas por misioneros premilenialistas son en su mayoría premilenialistas. Juan Wesley creía en dos milenios separados en Apocalipsis 20, uno en el cielo y otro en la tierra. 

    La mayoría de los líderes de los grandes avivamientos de Estados Unidos en el siglo XVIII y en especial el XIX eran postmilenialistas, incluyendo a Jonathan Edwards y a Carlos Finney. Durante los avivamientos que trajeron a la fe en Cristo un gran porciento de personas en Estados Unidos de principios del siglo XIX, se ejercía una fe que creía que “el evangelio del reino” sería “predicado a las naciones, y entonces vendría el fn” (Mt. 24:14). Carlos Finney, quien quizás llevó a los pies de Cristo cerca de medio millón de personas y ayudó a guiar el movimiento en contra de la esclavitud, era postmilenialista. 

    Los postmilenialistas creían que establecerían, por medio del Espíritu de Dios, el reino de Dios en la tierra, y entonces Jesús regresaría a tomar Su trono. En el presente, la mayoría de los cristianos ven el postmilenialismo como un optimismo ingenuo, pero esta era el punto de vista predominante de los cristianos del siglo XIX en Estados Unidos. 

    En el siglo XIX se evidenció otro punto de vista, que luego se popularizó en el siglo XX. Este punto de vista se llama premilenialismo dispensacional. En 1830 o cerca de este año, John Nelson Darby se apareció con un sistema de interpretación que dividía las Escrituras entre lo que se aplicaba a Israel (el Antiguo Testamento, los 8. Apocalipsis 207 evangelios, Apocalipsis, y gran parte de Hechos) y lo que se aplicaba directamente a la Iglesia (especialmente las epístolas). Por medio de este sistema él argumentaba que los dones espirituales no eran para la era de la iglesia, y que habría otra venida para la iglesia (antes de la tribulación) y para Israel (después de la tribulación). 

    Una vez introducido, el punto de vista se popularizó por medio de la Biblia de Referencia Scofield, principalmente a principios del siglo XX. El fracaso del optimismo postmilenial en el siglo XIX y la desintegración del antiguo consenso evangélico de Estados Unidos hicieron que este punto de vista pareciera atractivo. Después de todo, ¿quién se disgustaría con ser arrebatado antes de la tribulación, y no después de ella? 

    No podemos darnos el lujo de utilizar mucho espacio para debatir a favor o en contra de este punto de vista, sino tan solo señalar sencillamente que la mayoría de las personas que sostienen esta perspectiva desconocen que nadie en la historia de la iglesia pensaba así antes de 1830. Algunos piensan que esta concepción es clara, pero los cristianos leen la Biblia desde hace más de 1700 años sin que nadie, que hasta ahora sepamos, ¡se percatara de ella! (Y eso, aunque la mayoría de los cristianos a lo largo de la historia creyeron que ya estaban en los últimos tiempos, y muchos, al igual que muchos cristianos de las generaciones pasadas, que ellos eran la última generación). 

    Cada punto de vista cita versículos para defender su posición, pero cada uno de estos versículos debe ser examinado en su contexto para estar seguros de su significado. Eso incluye algunos puntos de vista de la actualidad, como el dispensacionalismo, y a la vez, no podemos olvidar que tales perspectivas tan esparcidas en el presente eran muy raras o (en este caso) sin precedentes en la historia. Por si sirve de algo, la mayoría de los eruditos de hoy que se encuentran consagrados al estudio de las Escrituras son, ya sea, amilenialistas o premilienialistas no dispensacionalistas (generalmente postribulacionistas), aunque hay buenos eruditos con otros puntos de vista. 

    En mi opinión, a los premilenialistas se les hace más fácil explicar Apocalipsis 20, pero a los amilenialistas, otros pasajes que tienen que ver con el fin de los tiempos (para muchos, entonces, el debate se torna a si se interpreta el pasaje más explícito, pero único, a la luz de muchos que son menos explícitos, o viceversa). Debido a que todos sabremos cuál opinión es la correcta para el tiempo en que suceda, veo que no tiene mucho sentido discutir al respecto. Ciertamente es no es sabio romper la comunión con otros cristianos por asuntos como éste. ¿Por qué entonces saqué a relucir el asunto? Solamente para ayudarnos a ser más benévolos con aquellos que sostienen interpretaciones diferentes a las que tenemos respecto a Apocalipsis. 

    Si vamos a pelearnos con nuestros hermanos por cada pasaje que interpretamos de manera diferente, entonces no vamos a poder tener ningún tipo de comunión con la mayoría del cuerpo de Cristo. La verdadera Iglesia se encuentra unida por los asuntos esencialmente necesarios para seguir a Jesús, pero más allá de eso, es nuestra unidad y nuestro amor lo que le muestra al mundo el carácter de Dios (Juan 13:34-35; 17:20-23). 

    Los verdaderos propósitos que perseguimos con esto deben ser los prácticos que nuestros métodos anteriormente mencionados nos ayuden a deducir. Algunos asuntos son muy prácticos, y ningún cristiano verdadero los discute: por ejemplo, todos sabemos que debemos estar preparados para la venida de nuestro Señor. Pero otros asuntos son prácticos y a veces son pasados por alto por intérpretes que no tienen acceso al trasfondo cultural o a los métodos del contexto del libro completo. De éstos doy una muestra a continuación.



¿El uso de simbolismos? 


    Algunas personas argumentan que debemos tomar de manera literal todo lo que Apocalipsis nos dice. Pero este libro está lleno de imágenes que no podemos interpretar literalmente. ¿Estaba la mujer vestida literalmente con el sol en el 12:1 (con la luna y las estrellas literalmente bajo sus pies y doce estrellas sobre su cabeza)? ¿Es Babilonia literalmente la madre genética de cada prostituta en el mundo (17:5)? Apocalipsis inclusive nos dice lo que algunos de sus símbolos representan, dejando claro que el libro incluye muchos 8. Apocalipsis 209 símbolos (1:20). Dios puede crear los tipos de monstruo descritos en Apocalipsis 9, pero estos se asemejan a la langosta en la profecía de Joel, en donde son sencillamente una descripción poética, ya sea de una invasión de langostas o de un ejército invasor (o una combinación de ambos). 

    Se dice entonces: “Tome literalmente tanto como sea posible”. Pero, ¿por qué debe ser este el caso? ¿No es mejor ser coherente con cómo interpretamos el resto de Apocalipsis, el cual claramente tiene muchos símbolos? La manera apropiada de leer las narrativas es normalmente leyéndolas literalmente, pero, como ya lo hemos dicho antes, esa no es la mejor manera de leer la poesía hebrea, ni las profecías del Antiguo Testamento dadas en forma poética. Ni tampoco esa es la manera de leer las profecías del Nuevo Testamento que usan el mismo modo de comunicación simbólica como en las profecías del Antiguo Testamento. 

    Algunas declaraciones pueden ser literales (por ejemplo, nosotros decimos que las siete iglesias eran siete iglesias literales), pero otras (como la mujer vestida con el sol) no lo son, muchas más veces que en la narrativa. Algunos eruditos, señalando una palabra griega usada para “declaró” o “dio a conocer” en Apocalipsis 1:1, hasta sugieren que uno de los mismos términos usados para revelar el mensaje a Juan sugiere que le fue dado en símbolos. (Un término relacionado para “señal” puede llevar este sentido en 12:1, 3; 15:1). 

    Escritores judíos en los días de Juan quienes imitaban el estilo de escritura de los profetas del Antiguo Testamento (escribiendo una forma de escritura llamada más tarde apocalíptica), también usaban el simbolismo frecuentemente (por ejemplo, 1 Enoc describe ángeles fecundando a mujeres como a estrellas fecundando vacas). Así como los maestros judíos a veces usaban acertijos para despertar el pensamiento, los escritos apocalípticos usaban profecías enigmáticas para desafiar a la audiencia. Sin embargo, si sólo tuviéramos al Antiguo Testamento como trasfondo para Apocalipsis, esperaríamos una abundancia de simbolismo profético (por ejemplo, vea especialmente a Zacarías, Ezequiel y muchas profecías en Daniel e Isaías).



Contexto integral del libro 



    Apocalipsis ofrece un continuo contraste entre dos ciudades: Babilonia y la Nueva Jerusalén. Babilonia es una prostituta (17:5); la Nueva Jerusalén, una novia (21:2). Babilonia está adornada con oro y perlas (17:4), como la prostituta que trata de atraer con su oferta de placer pecaminoso y temporal. La Nueva Jerusalén está hecha de oro, y sus puertas son perlas (21:18,21). Nadie en sus cabales preferiría Babilonia y no a la Nueva Jerusalén, pero sólo los que confían en la promesa de Dios esperan por la ciudad celestial y resisten la tentación del presente. 

    En los días de Agustín (teólogo de África del Norte, 354-430 d.C.), Roma cayó en manos de invasores bárbaros del norte, y los cristianos se desanimaron. Agustín hizo un contraste entre Roma y la Ciudad de Dios; las ciudades y los imperios terrenales adornados de esplendor perecerán, pero la ciudad de Dios es eterna, y la promesa que Él nos hizo se cumplirá. El mundo exige ponerse la marca de la bestia si uno quiere comprar o vender (13:17), pero a los que se niegan a negociar con el tipo de alimento que ofrece el mundo (2:14,20), Dios les ofrece una promesa de alimento eterno (2:7,17) y maná, aún cuando el mundo los persiga (12:6). Los que se creen ricos puede que sean pobres en lo verdaderamente importante (3:17), al igual que los que parecen pobres, puede que sean ricos en lo que de veras importa (2:9). Jesús ofrece el oro puro de la Nueva Jerusalén a los confían en Él, y no en las riquezas terrenales que posean (3:18). 

    ¿Qué podemos aprender de la Nueva Jerusalén? Algunas traducciones explican que la Nueva Jerusalén mide 1,500 millas (2,414 kilómetros) en todas las direcciones, inclusive de alto (21:16); lo cual la haría 1,495 millas (2,406 kilómetros) más alta que la montaña más elevada de nuestro planeta, donde el aire es escaso, de ahí que se haga difícil respirar. Hay que reconocer que Dios podría cambiar las leyes de la Física si así lo quisiera, pero encontramos otro indicio que demuestra que la medida específica de la Nueva Jerusalén ofrece un dato simbólico: en una ciudad de 1,500 millas (más de 2,400 km), los muros son de 72 yardas (de unos 65 metros). 

    La respuesta a la magnitud de estas medidas aparentemente 8. Apocalipsis 211 desproporcionadas la encontramos cuando leemos el versículo en griego, en una traducción muy literal o en la nota al pie en la mayoría de las traducciones: la Nueva Jerusalén mide 12,000 estadios cúbicos, con muros de 144 codos. Cuando el lector de Apocalipsis llega al capítulo 21, ya habrá visto estos números. Apocalipsis 7:4-8 y 14:1-5 hablan de 144,000 varones judíos castos, 12,000 de cada tribu. Como “Jerusalén” en la Biblia se refiere tanto a la gente que vivía en esa ciudad como a la ciudad, tiene sentido esta relación: aquí tenemos a los habitantes de la Nueva Jerusalén que están de pie sobre el Monte Sión (14:1), ¡los que vivirán en la Nueva Jerusalén! La ciudad pertenece a los que perseveraron por ella, aquellos que (14:4) eran castos y no se acostaron con la prostituta de Babilonia. ¿Significa esto que los que vivirán en la Nueva Jerusalén tan solo son judíos varones? (Si los números fueran literales, cada uno de ellos ocuparía más de 15 millas [24 km] del suelo de la ciudad) ¿Los cristianos gentiles no tienen cabida allí? ¡Todo lo contrario! 

    El listado de las tribus en el 7:4-8 se asemeja a los listados de los censos militares en el Antiguo Testamento; en este caso, sugiriendo un ejército para el fin de los tiempos. Los ejércitos de los judíos estaban compuestos por hombres solamente, y muchos judíos esperaban un ejército para el fin de los tiempos; algunos también esperaban que este ejército fuera casto antes de la batalla. Entonces no es sorpresa que Apocalipsis habla de este grupo habiendo “vencido” o “triunfado” (15:2-4; cf. 14:3). La bestia puede vencer a los siervos de Dios al nivel humano (11:7; 13:7), pero ellos vencieron porque no quisieron desobedecer al Señor que tiene la victoria final (12:11). ¿Pero se está refiriendo Apocalipsis literalmente a un ejército de 144,000 judíos? Se puede interpretar de esta manera, y tendría sentido; después de todo la Biblia habla que para el final de los tiempos, el pueblo judío se volverá al Señor (Ro. 11:26). Pero en el contexto de Apocalipsis, me parece que encaja mejor otra interpretación. 

    Apocalipsis habla en otras partes de aquellos que son judíos espiritualmente (2:9; 3:9). Del mismo modo, en el mundo antiguo los candeleros (símbolo de Juan para las iglesias en el 1:20) eran símbolo de la fe judía. En ocasiones una segunda visión o un segundo sueño repetía el sentido del primero (ej.: Génesis 37:7, 9; 40:1-7), y puede que aquí ocurra lo mismo: en el párrafo siguiente,  este ejército triunfante de 144,000 israelitas viene a ser una multitud incontable de todas las naciones (7:9-17). Las promesas que se le da a esta multitud en el 7:15-17 son promesas de Dios hechas a Israel en el Antiguo Testamento; pero al seguir al rey de Israel, estos gentiles han sido injertados en la herencia y las promesas de Israel, de ahí que sean judíos espiritualmente. 

    El contexto integral del libro aclara la conexión entre esos dos párrafos. Dos capítulos anteriores, Juan “escucha” acerca del león de la tribu de Judá, un símbolo que el Judaísmo usó para el Mesías guerrero. Pero cuando Juan se vuelve, lo que “ve” es un cordero inmolado —que venció por Su propia muerte (5:5-6). Entonces vemos que ahora Juan “escucha” acerca de 144,000 (7:4), pero cuando se vuelve, lo que “ve” es una multitud incontable (7:9), posiblemente de mártires que han compartido los sufrimientos de Cristo. 

    Esto encaja con lo que el mismo texto dice. Los 144,000 son “los siervos de Dios” (7:3) –un título que en otras partes de Apocalipsis se refiere a todos los creyentes en Cristo (1:1; 22:3). ¿Existen solamente 144,000 siervos de Dios? ¿Son todos ellos judíos étnicamente? ¿Son todos varones? Es cierto que solamente los siervos de Dios habitarán la Nueva Jerusalén, pero los siervos de Dios incluyen tanto a judíos como a gentiles seguidores de Jesús. La Nueva Jerusalén es para todos aquellos que confían en Cristo (21:7-8, 14, 27), y ofrece la misma promesa que este pasaje sugiere para los gentiles cristianos (21:4 y 7:17). 

    Los Testigos de Jehová han tomado erradamente el número 144,000 de manera literal, pero la parte de los varones judíos, de manera figurada; muchos cristianos toman ambos elementos literalmente. Sin embargo, en el contexto de Apocalipsis, ambos elementos son probablemente simbólicos, con un mensaje más profundo para la Iglesia que el que la mayoría de los cristianos pueden reconocer. 

    El contexto integral del libro también ofrece información en cuanto a lo que Apocalipsis quiere decir cuando menciona la marca de la bestia. ¿Deberíamos predicar acerca de esto para que la gente lo evite en el futuro? ¿O tendrá algo que enseñarnos en el presente? Contrario a lo que se nos ha enseñado a la mayoría de nosotros, si hacemos una lectura sistemática de todo este libro, ésta nos 8. Apocalipsis 213 sugerirá que dicha marca puede que no sea visible para las personas. Tengamos en cuenta las otras marcas escritas sobre las personas de las que habla Apocalipsis. Por ejemplo, los creyentes se convertirán en pilares en el templo de Dios y, al igual que los pilares antiguos tenían nombres escritos sobre ellos, entonces tendremos el nombre de Dios y el nombre de la Nueva Jerusalén inscritos sobre nosotros (3:12; cf. 2:17). 

    Sobre nuestras frentes estarán escritos para siempre el nombre de Dios y el nombre del Cordero (22:4), quizás como la marca que tiene un esclavo u otro tipo de marca que muestre a quién pertenecemos. Jesús regresa con un nombre escrito en su muslo (19:12-13, 16), quizás para que en la visión Juan pudiera leer su título calificativo. Babilonia la grande tiene un nombre escrito en su frente (17:5), pero así como Babilonia no es una mujer literal, reconocemos que la inscripción es parte de la visión, y no una inscripción literal en la cabeza de la mujer. 

    Así como Dios colocó una marca sobre los justos en Ezequiel 9:4- 6, así Dios sella a los 144,000 para protegerlos durante Sus juicios (Ap. 7:3). Al igual que en Ezequiel, esta marca es una marca que tan solo Dios la puede ver. Debido a que en la Biblia original no había divisiones por capítulos, los primeros lectores se habrían percatado del contraste entre los 144,000 y el resto del mundo (13:16-14:5). Los que siguen a la bestia, llevan su nombre (13:17); los que siguen al Cordero, llevan el Suyo (14:1). La bestia, progenie de su amo, el dragón, tiene siete cabezas y diez cuernos (12:3; 13:1; 17:3, 7). 

    Pero una segunda bestia es una falsificación deliberada del Cordero (compare 5:6): tiene dos cuernos como un cordero, pero habla el mensaje del dragón (13:11). Un pequeño ejército de 144,000 sigue al Cordero verdadero; el resto del mundo (un ejército de por lo menos 200 millones, 9:16) sigue a la bestia. Cada seguidor tiene una marca que identifica a quién rinde lealtad, ya sea al cordero o a la bestia. Ya sea que aquellos del mundo necesiten ver una marca literal que muestre quién pertenece a ellos, o sencillamente señales de quién es aliado, el punto a predicar es claro: debemos ser leales al lado de Dios, no al del mundo, sin importar el precio.



Trasfondo 


    Probablemente Juan escribiese este libro cuando se encontraba en el exilio (1:9), durante el tiempo en que gobernaba el emperador romano Domiciano. Este emperador exigía que todos adoraran su estatua como si él fuera un dios, y los primeros cristianos se rehusaban a hacerlo. Este asunto era más fehaciente en el Asia Menor oriental, en donde se encontraban las siete iglesias. Ya algunas de estas iglesias estaban enfrentando persecución (2:9-10, 13; 3:9). La primera audiencia de Apocalipsis debió haber encontrado relevante para su tiempo la advertencia en contra de adorar a la imagen de la bestia (13:15). Sin embargo, algunas de las otras iglesias se mostraban transigentes con el sistema del mundo que asesinaba a sus hermanos por doquier (2:14, 20; 3:2, 15-18). 

    Las siete iglesias de Asia Menor (1:4) eran una audiencia tan real como cualquiera de las iglesias a las que Pablo escribió. Las iglesias se localizan en las siete ciudades más prominentes de la provincia romana de Asia, y están ubicadas precisamente en la secuencia en que un mensajero proveniente de Patmos entregaría las cartas. Muchos de los asuntos mencionados (tales como la riqueza y las aguas desagradables de Laodicea) van dirigidos precisamente a asuntos que sabemos son relevantes en esas iglesias en particular. Esto no quiere decir que el mensaje es relevante solamente para la iglesia a la cual va dirigida; Jesús invita a que todos oigan Su mensaje para cada una de ellas (2:7), sino que más bien de su ejemplo aprendemos, de la misma manera que aprendimos de las iglesias a las que Pablo escribió: aprendemos el trasfondo, para que de esta manera podamos entender a cuáles asuntos el autor inspirado se estaba refiriendo en verdad. 

    Hablamos anteriormente acerca de Babilonia. Esto no tiene que ser necesariamente más que un nombre literal que los padres de los falsos profetas les dieron, llamándolos literalmente “Balaam” o “Jezabel” en el 2:14, 20. Como la mayoría de los cristianos han reconocido a través de la historia, la Babilonia de los días de Juan es Roma. Todo el mundo sabía que Roma era una ciudad asentada sobre siete colinas (17:9). Roma inclusive celebraba un festival anual llamado “Siete montañas”, en el que celebraban su fundación. 8. Apocalipsis 215 Las importaciones mencionadas en el 18:12-13 son precisamente las que conocemos como las más prominentes en Roma. En los días de Juan, Roma era el único imperio mercantil que gobernaba por mar a los reyes de la tierra (17:18; 18:15-19). Más importante aún, las fuentes judías (y probablemente 1 Pedro 5:13) ya llamaban a Roma, “Babilonia”. Esto era porque Roma, al igual que Babilonia, había esclavizado al pueblo de Dios y había destruido el templo. 

    Son dramáticas las implicaciones de asociar la Babilonia de Apocalipsis con Roma. En el 18:2-3, Juan escucha un canto fúnebre por Babilonia (tal y como el canto fúnebre sobre la Babilonia literal en Isaías 21:9). Roma, el imperio más poderoso que había conocido el mundo hasta entonces, parecía presto a aplastar la diminuta Iglesia de Jesucristo. Roma había exiliado en la isla de Patmos al ya anciano profeta Juan (1:9). 

    Sin embargo, Juan escucha el canto fúnebre de este poderoso imperio. ¡Cuánta fe habrán necesitado los primeros cristianos para creer esta promesa de que su opresor sucumbiría! Sin embargo, Juan se apoyaba en los hombros de los antiguos profetas que habían profetizado contra Asiria, la Babilonia literal y así sucesivamente, y sus profecías se habían cumplido. Asiria, Babilonia, Roma y todos los otros imperios de la historia yacen ahora en cenizas. Pero la Iglesia de Jesucristo, a la cual los imperios del pasado amenazaron con exterminarla, ¡se encuentra ahora más propagada que nunca! En un tiempo cuando la iglesia se encontraba solamente establecida principalmente en algunas ciudades del Imperio Romano, Juan profetizó una iglesia de cada tribu, pueblo y nación (5:9; 7:9) —¡y así ha venido a ser! 

    Pero aunque para los primeros lectores de Juan, “Babilonia” es Roma, eso es sencillamente porque Roma encajaba con el papel en ese tiempo. Si Roma pudo ser una nueva Babilonia, podría haber otras nuevas Babilonias o nuevas Romas, otros imperios malvados que usurpen el papel que le pertenece al futuro reino de Dios. Estas no tienen que estar necesariamente ubicadas geográfcamente en Italia, como no lo estaba Roma en el Medio Oriente como nueva Babilonia. En otras palabras, Babilonia es la ciudad del mundo, como la ciudad llamada “Sodoma” y “Egipto” en el 11:8. El sistema del mundo, en su rebelión contra Dios, es la alternativa de la Nueva  Jerusalén. Pero al igual que cayó la primera Babilonia, al igual que cayó Roma, caerán las otras Babilonias y Romas de la historia. Los últimos imperios colapsará el día cuando el reino de este mundo se convierta en el reino de nuestro Dios y de Cristo (11:15). 

    El trasfondo romano puede que sea relevante a la hora de entender el malvado rey del que habla Ap. 13:1-3 y 17:10-11. El primer emperador en perseguir la Iglesia oficialmente fue Nerón, que quemaba vivos a los cristianos para que le alumbrasen cual antorchas sus jardines por las noches. Sin embargo, cuando Nerón fue asesinado, la creencia de que regresaría otra vez se propagó de tal manera que hubo impostores que se levantaron diciendo que eran Nerón. Unos años antes de que se escribiera el Apocalipsis, hubo un falso Nerón que hasta llegó a persuadir a los partos para que le siguiesen cruzando el Éufrates para invadir Asia Menor. Por eso muchos eruditos sugieren que la cabeza herida de muerte que regresa a la vida de la que se habla en el 13:3 es un “nuevo Nerón”. 

    Esto no significa que es un Nerón literal que regresa (como no lo son las figuras en el 11:3-6 de Moisés o de Elías); significa sencillamente que viene “en el espíritu y poder” de Nerón (cf. Lc. 1:17), se le compara con Nerón, el terrible perseguidor. Es decir, Apocalipsis usa el lenguaje de su tiempo para decir: “El futuro dictador será como el Cesar Nerón, muy malvado y perseguidor de los cristianos”. Una invasión parta proveniente de más allá del Éufrates era una imagen horrenda en los días de Juan, y un nuevo Nerón era un aviso del sufrimiento futuro. 

    Dos factores más apoyan esta asociación con Nerón. Apocalipsis habla de un rey antiguo que no reina en esos momentos, pero que regresaría (17:10-11). Nerón era definitivamente uno de los pocos reyes antes del que había cuando Apocalipsis fue escrito. Además, si su nombre se deletrea en las letras hebreas, tenemos como resultado el número 666. Muchos de los primeros cristianos pensaron que Nerón regresaría como el anticristo final. Por supuesto, existen otras posibles interpretaciones; “bestia” en hebreo también arroja el 666, y esto no es algo menos relevante. Sea Nerón o no, ¡el último gobernador del mundo será malvado! Y el carácter de ese gobernador maligno ya está obrando en otros que hacen maldad (2 Ts. 2:7; 1 Jn. 2:18). Nunca subestimemos el mal—ni tampoco 8. Apocalipsis 217 olvidemos que, al fnal de todo, el Dios justo todavía tendrá el control (Ap. 17:17).



Otras aplicaciones de imágenes del Antiguo Testamento 

    Anteriormente indicábamos que el león resultaba ser el cordero. También pudimos percatarnos de la aplicación una vez más de las plagas de Éxodo en los juicios de Apocalipsis (cap. 8, 9 y 16), o de la ciudad llamada “Sodoma” y “Egipto”. Apocalipsis no pretende “predecir” las plagas de los días de Moisés, ni la ciudad de la cual habla es la Sodoma o el Egipto literal (¡como si pudiesen ser ambas!). 

    En Apocalipsis 21:16, el alto de la Nueva Jerusalén es igual al largo y al ancho —es decir, tiene forma de cubo. Esto probablemente evoque al lugar santísimo del Antiguo Testamento, al cual solo podía entrar el sumo sacerdote una vez al año. Sin embargo, en la Nueva Jerusalén, todos los que creemos en el Señor Jesucristo estaremos en la misma presencia de Dios como si fuese ese el lugar santísimo, sin ningún tipo de barrera (una gloria que nuestros cuerpos mortales no podrían soportar, ¡pero para entonces tendremos cuerpos glorificados!). El tabernáculo de Dios estará entre nosotros, Él habitará con nosotros, y seremos Su pueblo (21:3). 

    Ezequiel profetizó un nuevo templo glorioso, con un río cuyas aguas fluyen desde el templo y en donde hay árboles frutales a ambos lados del río (Ez. 47). Sin embargo, Apocalipsis declara que no hay templo alguno en la Nueva Jerusalén (Ap. 21:22). Esto no quiere decir que Apocalipsis contradiga lo que dice Ezequiel; en cambio, Apocalipsis habla de una realidad mucho mayor de la que apuntaba el simbolismo de Ezequiel. Ezequiel estaba mostrando que el futuro templo sería más glorioso que el antiguo. La promesa de Apocalipsis no es menor que la de Ezequiel, sino que es mayor aún: Dios y el Cordero son el templo (21:22), y el río fluye desde Su trono (22:1). El río es el río de vida (22:1), y los árboles de Ezequiel son el árbol de la vida (22:2). Estos nuevos detalles apuntan a una mayor promesa que la de Ezequiel porque hace alusiones que se remontan hasta el mismo Génesis. El Edén original tenía un río y un árbol de vida, pero fue estropeado por una maldición. La Nueva Jerusalén tiene un río y un árbol de vida, pero ya no más maldición (22:3). El paraíso será en la presencia de Dios por siempre y para siempre. 

    La presencia de Dios no es tan solo una promesa para la futura Nueva Jerusalén, sino también para los creyentes en el cielo. Examinemos el mobiliario del cielo en las escenas que da Apocalipsis del mismo: por ejemplo, el arca (11:19); un altar del sacrificio (6:9); un altar del incienso (8:3-5; 9:13; 14:18); las lámparas (4:5); un mar (15:2), y las arpas (5:8; 14:2; 15:2). ¿Cómo se describe al cielo? Aparece como un templo (el templo del Antiguo Testamento poseía todo el mobiliario anteriormente mencionado). 

    Por esa razón, no hemos de sorprendemos si encontramos personas adorando en el cielo. Apocalipsis lo describe simbólicamente como un templo para recordarnos nuestra principal actividad en aquel lugar. Nunca estamos tan cerca del cielo en esta tierra que como cuando estamos adorando a Dios, una actividad que se seguirá haciendo eternamente en Su presencia de una manera más pura y más completa. 

    En el 6:9-11 leemos acerca de almas “bajo el altar”, los mártires que murieron para propagar el mensaje de Jesús. ¿Por qué se encuentran ellos “bajo el altar”? En el Antiguo Testamento se derramaba en la base del altar la sangre de algunos sacrificios (Lv. 4:7). Estos siervos de Dios, al morir por el evangelio, comparten los sufrimientos de Cristo. Así como el Cordero fue sacrificado en el 5:5-6, así mismo estos siervos de Cristo se han convertido en sacrificios vivos junto con Él. 

      Tomemos otro ejemplo más, quizás el más controversial posible, dígase, la extensión del período de la tribulación de la que habla Apocalipsis. ¿Son los 1260 días (11:2-3; 12:6, 14; 13:5) literales o simbólicos? Lo sean o no, varios factores nos advierten que no debemos suponer, antes de investigar, que Apocalipsis debe usarlos literalmente. Apocalipsis toma este período de tiempo de cifras similares en Daniel (ej.: Dn. 7:25; 12:7, 11), pero puede referirse a un asunto diferente al que lo hace Daniel. En Daniel, este período 8. Apocalipsis 219 incluye una abominación desoladora (Dn. 11:31; 12:11); Jesús enseña que al menos uno de estos períodos sucedió antes que Apocalipsis se escribiera, dentro de la generación en que Jesús habló de ella (Mt. 24:15, 34; Mr. 13:14, 30). (Aquellos que dicen que “generación” significa “raza”, le están dando su propio significado a las palabras en griego; en los evangelios, el término siempre quiere decir “generación”). 

    La abominación literal de la que habla Daniel ya se había cumplido antes que se escribiese Apocalipsis (¡Apocalipsis se escribió dos décadas después de la destrucción del templo!). Además, la cronología de Daniel descansa sobre una aplicación de la profecía de Jeremías de los “70 años”, después que los 70 años estaban casi cumplidos (Dan 9:2-3, 24). Si Daniel pudo volver a aplicar simbólicamente un número que se encuentra en Jeremías, ¿por qué no lo podría hacer Apocalipsis con un número de los de Daniel? Muchos de los judíos contemporáneos con Juan también aplicaban simbólicamente el período de tiempo de Daniel, así que muchos hubieran entendido este método si Apocalipsis lo siguió. 

    Esto no quiere decir que Daniel no fue literal en este punto (como ya hemos dicho, según Jesús, por lo menos una de las abominaciones desoladoras de Juan se cumplió literalmente antes que Apocalipsis se escribiera); solamente que Apocalipsis aplica el número de manera diferente. Debido a que Apocalipsis a veces usa números (como 12,000 y 144) de manera simbólica, es posible que tome el número de Daniel para decirnos menos acerca del período de tiempo que del tipo de tiempo. Pero hasta ahora sólo hemos argumentado que es posible, y no que Apocalipsis realmente use el período simbólicamente. ¿Cómo podemos saber si lo emplea simbólica o literalmente? 

    En Apocalipsis 12:1-6, el dragón (el diablo) se opone a una mujer y al hijo nacido de ella. Cuando el hijo es tomado para que gobierne a las naciones con vara de hierro, la mujer huye al desierto por 1260 días. Casi todos concuerdan en que el hijo se refiere a Jesús (cf. 12:17; 19:15); si es así, los 1260 días parecen comenzar cuando Jesús fue exaltado al cielo (más de sesenta años antes que Apocalipsis fuese escrito). Comienza con la primera venida y termina con la segunda. Para el Judaísmo, la tribulación final es el período directamente antes del fin (a veces de tres y medio, siete, cuarenta o hasta cuatrocientos años), pero nosotros los cristianos reconocemos que ya estamos en los tiempos finales. 

    El Mesías ya vino una vez, y todos aquellos que vivimos entre la primera y la segunda venida nos encontramos en los tiempos finales, esperando siempre el regreso de nuestro Señor. Así como el león es el cordero, la ida y la venida de Cristo enmarcan la tribulación. Todas las expectativas judías cobran nuevo sentido a la luz de la venida de Cristo. 

    Es muy probable que de hecho haya mayor intensificación de la tribulación justamente antes del fin, pero el sentido de Apocalipsis, por lo menos en este pasaje, nos es de mayor relevancia que eso. Nuestro tiempo presente en el mundo es un tiempo de tribulación, pero podemos cobrar ánimo porque Jesús ha vencido al mundo (Juan 16:33). La mujer y sus otros hijos estuvieron en el desierto (12:6,17), lo cual nos dice acerca de la naturaleza del tiempo intermedio. Israel vivió en el desierto entre su redención de Egipto y su herencia en la tierra prometida. Por la exaltación de Cristo, nosotros también hemos comenzado a experimentar la salvación. Satanás ya no puede acusarnos (12:10), pero debemos permanecer en este mundo hasta el regreso de Cristo (12:11-12). 

    No tenemos espacio suficiente en este material para referirnos a si este es el único sentido del período de la tribulación en Apocalipsis (hablo del tema en mayor medida en pasajes relevantes en mi comentario de Apocalipsis). Pero el “tiempo final” presente sí parece ser el sentido en el capítulo 12, y el Nuevo Testamento en ocasiones ve la era presente como el período del tiempo final. Desde los mismos primeros apóstoles, hemos estado en los “últimos días” (Hch. 2:17; 1 Ti. 4:1; 2 Ti. 3:1; Stg. 5:3; 1 P. 1:20; 2 P. 3:3). El pueblo judío se refería al final de los tiempos como “los dolores de parto del Mesías”, pero Jesús enseñó que los dolores de parto ya han comenzado, por lo que el final vendrá solamente cuando hayamos terminado nuestra misión de predicar el evangelio a todas las naciones (Mt. 24:6-8,14). 

    Pablo declaraba que la misma creación ya está experimentando dolores de parto con nosotros para dar a luz un nuevo mundo (Ro. 8:22-23). El saber que estamos viviendo en los últimos tiempos debe 8. Apocalipsis 221 afectar la manera en que vivimos. Desde el Pentecostés hemos vivido en una era de derramamiento del Espíritu Santo. Vivimos en una era comenzada por Jesús, y que ha de ser terminada por Jesús. Por lo tanto, debemos mantenernos enfocados en quién nos envió, en cuál es nuestra misión, y qué y a quién debemos realmente estar buscando.



Conclusión 

    Un principio general para interpretar cualquier texto es tratar de entenderlo a la luz de todo su contexto —el libro completo en el cual ocurre (sus temas y el argumento o trama) y su trasfondo histórico. 

    Otro principio es el de tener en cuenta el tipo escrito que es un libro; de esta manera, por ejemplo, leemos a Marcos como una biografía antigua; a Hechos, como una obra de historia antigua; a Isaías, como un libro de profecías (mayormente poético en forma), y los Salmos, como una colección de cánticos de alabanza y oración. De la misma manera, leemos Apocalipsis como profético o apocalíptico (el cual incluiría muchos símbolos). Cada tipo de literatura tiene sus características especiales (por ejemplo, debemos interpretar literalmente la mayoría de la narrativa, pero reconocemos que en la poesía y en la profecía hay recursos literarios simbólicos). 

    Una vez que hayamos dominado las habilidades que hemos mencionado, se necesitan otros recursos solamente para que nos ayuden con el trasfondo (como The IVP Bible Background Commentary: New Testament [Comentario sobre Trasfondo Bíblico del Nuevo Testamento]. 

     Para obtener muchos más detalles, recomiendo la nueva International Standard Bible Encyclopedia [Enciclopedia bíblica internacional estándar]), y con las palabras y frases en griego y en hebreo que nos puedan ayudar a aclarar las traducciones. Pero esta asignatura se ha enfocado principalmente en desarrollar las habilidades que necesita el intérprete antes de seguir avanzando. Estas habilidades se pueden resumir en contexto literario, contexto cultural y contexto de género (tipo de escrito)