Diccionario 1, 2 Ts


        TESALONICENSES, CARTAS A LOS Dos libros del NT, escritos en forma de epístolas a los hermanos de la ciudad de •Tesalónica.

Autor y fecha. Universalmente se atribuyen las cartas al apóstol Pablo, que las escribió en compañía de “Silvano y Timoteo” (1 Ts. 1:1; 2 Ts. 1:1). Aunque estos dos últimos hermanos aparecen como coautores, en rea-lidad el lenguaje y la teología de ambas epístolas es eminentemente paulino. Fueron escritas probablemente entre los años 52 al 54 d.C. Algunos eruditos han propuesto que quizás el orden de las cartas fue diferente, siendo 2 Ts. la primera que se escribió y 1 Ts. la segunda, pero no hay mucho apoyo para esa tesis.

Circunstancias. Pablo visitó Tesalónica en su segundo viaje misionero. Durante “tres días de reposo” predicó en la sinagoga. Creyeron unos pocos judíos “y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas” (Hch. 17:1–4). Pero “los judíos que no creían” formaron una turba y armaron un tumulto (“Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá” [Hch. 17:5–6]). Es importante notar la acusación que hicieron a los apóstoles (“... contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús” [Hch. 17:7]), porque parece indicar que el mensaje de Pablo hizo énfasis en el reino de Cristo. Pablo y Silas tuvieron que salir hacia Berea, pero aun allí les persiguieron los judíos de Tesalónica. Los apóstoles tuvieron que seguir viaje hacia Atenas. Desde esta ciudad, Pablo envió a Timoteo para saber de los hermanos que habían quedado en Tesalónica (“... acordamos quedarnos solos en Atenas, y enviamos a Timoteo nuestro hermano...” [1 Ts. 3:1–2]). Cuando Timoteo regresa con el reporte positivo sobre los creyentes, Pablo ya está en Corinto, desde donde les escribe, satisfecho por las noticias recibidas y dando algunas recomendaciones.

La relación con la iglesia en Tesalónica se mantuvo por buen tiempo. En Hch. 19:22 leemos que Pablo volvió a enviar a Timoteo, esta vez con Erasto, a Macedonia. El mismo apóstol volvió a esa región más tarde (“... salió para ir a Macedonia. Y después de recorrer aquellas regiones ... llegó a Grecia” [Hch. 20:1–2]). Varios hermanos de Tesalónica se convirtieron en compañeros de viaje de Pablo, entre ellos •Aristarco y •Segundo.

Poco tiempo después de la primera carta, volvió a escribirles, al parecer por informes que había recibido en el sentido de posibles malas interpretaciones de su enseñanza sobre la venida del Señor.

Características. En las cartas se retrata Pablo de cuerpo entero como misionero y pastor. Las excelentes noticias que trajo Timoteo alentaron mucho al apóstol, pero parece que tenía que enfrentar acusaciones contra su carácter, como si algunos dijeran que había trabajado entre los tesalonicenses para beneficio material propio. El apóstol les menciona la experiencia inicial de persecución en Tesalónica, que aparentemente había seguido incluso después de su salida y les incita a permanecer fieles. Algunos hermanos habían muerto, y los creyentes no sabían qué pensar sobre el futuro de los difuntos. También existían algunos problemas de obediencia hacia los que dirigían la obra. Todas estas cosas mueven el corazón de Pablo a escribir a los tesalonicenses con mucho cariño, haciéndoles varias advertencias, aclaraciones y recomendaciones.

La segunda carta tiene por propósito corregir el error en el cual habían caído algunos, que interpretaban la inminencia de la venida de Cristo como razón para no preocuparse por las cosas del mundo y hasta dejaban de trabajar. Es posible que la confusión se hubiera presentado en la forma de una carta falsa, que utilizó el nombre de Pablo. Se hizo necesario, entonces, darles más enseñanza sobre escatología, además de ciertas orientaciones sobre el trato que debía darse a los que anduvieran desordenadamente.

Primera a los Tesalonicenses. Desarrollo. Los apóstoles dan “gracias a Dios” por los hermanos de Tesalónica. Ellos han sido “ejemplo a todos los de Macedonia”. Les recuerdan el comportamiento que Pablo y sus compañeros habían tenido y cómo los tesalonicenses se habían convertido “de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Ts. 1:1–10).

Reiteran a los hermanos que su “exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño”. Que no buscaron la “gloria de los hombres”. Que trabajaron “de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno”. Reconocen que los tesalonicenses recibieron el mensaje “no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios”, y que se convirtieron en imitadores de “las iglesias ... que están en Judea”, puesto que padecían de su propia nación “las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos”. Pablo les dice que varias veces ha tratado de visitarles, pero ha sido estorbado por Satanás (1 Ts. 2:1–20).

Por esa razón había decidido enviarles a Timoteo (“... para informarme de vuestra fe”). Cuando éste regresó, trajo “buenas noticias”, hablando bien de la “fe y amor” de los hermanos y de que recordaban siempre “con cariño” a los apóstoles. Eso les produjo consolación. Dan gracias a Dios y piden que él “haga crecer y abundar en amor” a los tesalonicenses, unos con otros (1 Ts. 3:1–13).

Les exhortan a permanecer siguiendo el ejemplo que ellos les habían dado, apartándose de fornicación, sin agraviar en nada a nadie. Que procuraran “tener tranquilidad”, ocupándose de sus propios negocios y trabajando con sus manos. Pasan entonces a tratar el tema de los cristianos difuntos (“los que duermen”). Dios traerá “con Jesús a los que durmieron en él”. Cuando el Señor venga “con voz de arcángel, y con trompeta de Dios ... los muertos en Cristo resucitarán primero”. Ellos debían alentarse “con estas palabras” (1 Ts. 4:1–18).

El Señor vendrá “como ladrón en la noche”. Cuando las naciones digan: “Paz y seguridad”, les vendrá “destrucción repentina”. Pero los creyentes no serán sorprendidos, porque son hijos del día. Dios no los ha puesto “para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Por eso deben edificarse unos a otros, reconocer a “los que trabajan” entre ellos y los presidían “en el Señor”, mantener la paz, amonestar a los ociosos, etcétera. Siguen con una serie de consejos espirituales, una salutación y una solicitud de oración. Terminan pidiendo que la carta sea leída “a todos los santos hermanos” (1 Ts. 5:1–28).

Segunda a los Tesalonicenses. Desarrollo. Tras la introducción, los apóstoles dan gracias a Dios por el testimonio de los tesalonicenses, por el cual ellos se glorían “en las iglesias de Dios”. Saben de sus tribulaciones, las cuales sirven para que sean “tenidos por dignos del reino de Dios”. Pero Dios pagará “con tribulación a los que” atribulan a los creyentes, “cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos” (2 Ts. 1:1–12).

Pero desean aclararles “con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo”, que no debían dejarse conturbar, “ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta” que se presentara como de los apóstoles “en el sentido de que el día del Señor está cerca.... porque no vendrá sin que antes venga la apostasía”. Les hablan del •anticristo, “el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto”. Ese “misterio de iniquidad” ya estaba actuando en el mundo, pero se manifestaría en la forma de un “inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos”. Dios enviará “un poder engañoso, para que crean a la mentira”. Pero a los creyentes Dios los había “escogido desde el principio para salvación”. Por lo tanto, debían estar firmes (2 Ts. 2:1–17).

Mientras tanto, los apóstoles piden oración por ellos. Ordenan que se aparten de “todo hermano que ande desordenadamente”. Les recuerdan que ellos no comieron “de balde el pan de nadie”, por lo cual les habían ordenado que “si alguno no quiere trabajar, tampoco coma”. Eso lo dicen porque habían sabido que algunos andaban “desordenadamente, no trabajando en nada”. A esos ordenan “que trabajando sosegadamente, coman su propio pan”. La desobediencia a estas instrucciones debía motivar la separación del hermano culpable, pero sin tenerle como enemigo, sino más bien amonestándole “como a hermano”. Alguien sirvió de amanuense para la carta, por lo cual Pablo pone su firma al final, autenticándola (1 Ts. 3:1–18).

Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia. (1010). Miami: Editorial Unilit.