Diccionario Abd


        ABDÍAS, LIBRO DE Es el cuarto de los profetas menores y el libro más corto del AT, con sólo veintiún versículos. Se desconocen detalles sobre la vida de este profeta, y de su escrito tampoco se deduce ningún dato personal. No se sabe, pues, si está relacionado con alguna de las personas que llevan este nombre en el AT. Existe una tradición rabínica que lo identifica con el A., mayordomo del rey •Acab, que escondió a los profetas de Jehová en tiempos de la persecución de •Jezabel. Esto, sin embargo, presenta serias dificultades cronológicas.

El oráculo está dirigido a los habitantes de •Edom, descendientes de •Esaú y, por tanto, parientes de los israelitas, aunque siempre en rivalidad con ellos, como sucedió cuando Israel quiso pasar por su territorio y los edomitas se negaron (Nm. 20:14–21). La mayoría de los expertos piensan que la época de este escrito profético fue cuando los caldeos avanzaban hacia el S. Los edomitas se rindieron y luego se aliaron a los invasores para combatir contra Jerusalén (587 a.C.). Pero como existieron muchos conflictos con Edom, algunos expertos fijan otros eventos y fechas para este libro, pensando en la invasión de “los filisteos y los árabes que estaban junto a los etíopes”, en tiempos de •Joram (2 Cr. 21:16–17), o cuando los edomitas habían venido y atacado a los de Judá, y habían llevado cautivos", en días de •Acaz (2 Cr. 28:17). Pero A. dice: “El día que estando tú delante, llevaban extraños cautivo su ejército, y extraños entraban por sus puertas, y echaban suertes sobre Jerusalén, tú también eras como uno de ellos” (v. 11). Por otra parte, menciona que “en el monte de Sion habrá un remanente que se salve ... y la casa de Jacob recuperará sus posesiones” (Abd. 17). Esas expresiones son las que más sugieren la toma de Jerusalén por los caldeos, por lo cual se piensa que A. fue un profeta posexílico. También algunos plantean que A. es una recopilación de varios oráculos, pero la mayoría está de acuerdo en que es una sola composición.

A. se sitúa dentro del tenor general de los oráculos contra Edom en varios libros del AT, que siempre pronosticaban su desaparición como nación, lo cual efectivamente aconteció. Pronunciamientos similares a los de A. fueron hechos por otros profetas (Isa. 21:11–12; Ez. 25:12–14; Am. 1:11–12). Como un ejemplo del paralelismo entre A. y otras profecías hay que señalar el parecido de su texto con otros del AT, especialmente Jer. 49:7–22. Así, Jeremías dice: “¿No hay más sabiduría en Temán? ¿Se ha acabado el consejo de los sabios?” (Jer. 49:7), mientras que A. pronuncia: “¿No haré que perezcan en aquel día, dice Jehová, los sabios de Edom, y la prudencia del monte de Esaú? Y tus valientes, oh Temán, serán amedrentados” (Abd. 8–9). Dice Jeremías: “Si vendimiadores hubieran venido contra ti, ¿no habrían dejado rebuscos? Si ladrones de noche, ¿no habrían tomado lo que les bastase?” (Jer. 49:9). Exclama A.: “Si ladrones vinieran a ti, o robadores de noche ... ¿no hurtarían lo que les bastase? Si entraran a ti vendimiadores, ¿no dejarían algún rebusco?” (Abd. 5). Es difícil determinar quién copia de quién, pero si A. fue un profeta posexílico no habría que pensar que el texto original fue suyo.

Es indudable que este profeta vivió en tiempos de mucha turbulencia y problemas para Jerusalén. Anuncia a Edom que será destruida por haberse aliado con los enemigos de Sion. Las fortalezas en lugares casi inaccesibles que tenían los edomitas y que eran su orgullo no servirían de nada en el Día del Señor, esto es, en el momento en que Dios traiga su juicio. Israel, en cambio, volverá a ser bendecido. Siete veces A. dice a Edom “no debiste” (vv. 12–14), señalando las graves faltas cometidas al participar alegremente en la destrucción de Jerusalén. “Pues no debiste tú haber estado mirando en el día de tu hermano, en el día de su infortunio” “... no debiste haberte alegrado de los hijos de Judá en el día en que se perdieron” “... ni debiste haberte jactado en el día de la angustia” “No debiste haber entrado por la puerta de mi pueblo en el día de su quebrantamiento” “... no, no debiste haber mirado su mal en el día de su quebranto, ni haber echado mano a sus bienes en el día de su calamidad” “Tampoco debiste haberte parado en las encrucijadas para matar a los que de ellos escapasen” “... ni debiste haber entregado a los que quedaban en el día de angustia”.

El hecho de tomar a Edom como coprotagonista con Jerusalén o el monte de Sion, no significa que la enseñanza de A. esté restringida a esa nación. En realidad, el mensaje lo que anuncia es que “cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones” (Abd. 15). Se trata, por tanto, de una apelación universal que toma a Edom para personalizar en él las fuerzas del mal que combaten contra el pueblo de Dios. De manera que el libro enseña la soberanía de Dios y su control de la historia. Los resultados del “día de Jehová” serán que “todas las naciones” (Abd. 16) beberán de su ira y “serán como si no hubieran sido” (Abd. 16). “Ni aun un resto quedará de la casa de Esaú” (Abd. 18). Se producirá una recomposición de las posesiones geográficas de los pueblos, saliendo beneficiados “los cautivos de este ejército de los hijos de Israel” y “los cautivos de Jerusalén” (Abd. 20). Y el fin de todas las cosas se establecerá cuando “el reino será de Jehová” (Abd. 21).
Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia. (24). Miami: Editorial Unilit.