Diccionario Col


        COLOSENSES, EPÍSTOLA A LOS Carta escrita a los hermanos de la iglesia de •Colosas. No se tienen noticias de que el apóstol visitara personalmente esa ciudad, pero durante su larga estancia en •Éfeso “todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús” (Hch. 19:10). Colosas quedaba en Frigia, al E de Éfeso, muy cerca de •Hierápolis y •Laodicea. Muchos de los convertidos y luego compañeros de Pablo, tales como •Epafras, •Tíquico, •Onésimo, •Filemón, etcétera, eran de Colosas. Es probable que fuera Epafras, junto con otros, el que inició la predicación en aquellas tres ciudades (Col. 1:7; 4:12–13).

Autor y fecha. Fue escrita por el apóstol Pablo, alrededor del año 62 ó 63 d.C. Algunos piensan que originalmente Pablo escribió algo muy corto y que fue aumentado el texto en tiempos posteriores. Las observaciones surgen del hecho de que en esta epístola se tratan problemas relacionados con ideas gnósticas. El gnosticismo es un fenómeno del siglo II d.C. Pero lo cierto es que ya sus planteamientos básicos se venían manifestando incluso desde antes de la era cristiana.

Circunstancias. Pablo, preso en Roma, predica el evangelio y se convierte Onésimo, un esclavo escapado de Filemón. Ambos decidieron que Onésimo debía arreglar su relación personal con su antiguo amo, por lo cual Pablo le envía con cartas para Filemón, para los hermanos de Colosas y para los de Laodicea. Tíquico acompaña a Onésimo en el viaje. La preocupación que parece estar en la mente de Pablo con respecto a la salud espiritual de la iglesia en Colosas se relacionaba con ciertas enseñanzas erradas que estaban circulando en ella. La evidencia interna del texto de la epístola indica que se trataba de una mezcla de enseñanzas judías y filosofía griega.

En los primeros años de la predicación del evangelio era una tentación permanente para los nuevos creyentes el dejarse influenciar por estas dos corrientes de pensamiento. A veces, y esto fue lo que pasó con los colosenses, se intentaba combinar ambas en el marco de la doctrina cristiana, haciendo un verdadero sincretismo. Las ideas que combate Pablo en la carta eran el germen de lo que más tarde conformaría el gnosticismo.

Las ideas protognósticas o pregnósticas que se habían introducido en esa iglesia incluían los conceptos de que la salvación se obtenía por medio de la “gnosis”, un conocimiento revelado a un círculo de privilegiados; que existía una oposición cosmológica entre el espíritu y la materia, representando el primero al bien y la segunda al mal; que por ser la materia mala, no podía haber sido creada por Dios, sino por un ser intermedio, el demiurgo; que el hombre se encontraba como prisionero en el cuerpo, que es material; que siendo de materia, entonces, no podía tener contacto con la deidad sino a través de seres intermediarios, los ángeles; que por la visión dualista de espíritu-materia, y siendo esta última mala, lo recomendable era una vida de estricto ascetismo que intentara, además, cumplir con las tradiciones judaicas. Contra estas ideas escribe el apóstol.

Introducción. Pablo presenta sus credenciales como “apóstol de Jesucristo” a los hermanos de Colosas, de los cuales había tenido noticias. El evangelio había llegado a ellos (“así como a todo el mundo”), por vía de Epafras. Habiendo oído de su “amor en el Espíritu”, Pablo oraba incesantemente por ellos para que anduvieran “como es digno del Señor” (Col. 1:1–14).

La persona de Cristo. Lo primero que el apóstol quiere poner en claro es que el cosmos ha sido creado por el Señor Jesús, que es “la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas ... todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Col. 1:15–17). Pablo señala insistentemente a la persona del Señor Jesús. Él es “cabeza del cuerpo que es la iglesia”, “el principio”, “el primogénito”, “en él habita toda la plenitud”, “por medio de él” Dios hace la reconciliación, tras lo cual los colosenses serán presentados “santos y sin mancha ... delante de él” (Col. 1:18–23).

La verdadera gnosis. El apóstol menciona “la gloria de este misterio entre los gentiles”. También quiere que los creyentes puedan “conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (gnosis)”. Advierte que hay quienes quieren engañarles “con palabras persuasivas”. Les aclara que la materia (“todas las cosas”) fue creada por Cristo, la cabeza de la iglesia, quien no es un ser intermedio ni un demiurgo (“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”). Con la doctrina de la encarnación, Pablo da respuesta a una de las preocupaciones fundamentales de los colosenses (Col. 2:1–9).

La verdadera circuncisión. Les recuerda que ellos mismos habían sido “reconciliados, en su cuerpo de carne” y, además, “circuncidados con circuncisión no hecha a mano”. Cristo anuló “el acta de los decretos que había contra nosotros” y había triunfado en la cruz sobre los principados y potestades. Por lo cual nadie debía juzgarles “en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo”. El asunto de los ángeles lo trata diciéndoles: “Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto”. Pablo combate la idea del ascetismo judaizante diciendo: “¿Por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos, tales como: No manejes, ni gustes, ni aún toques...” Les explica que esos son mandamientos de hombres, que pueden tener “cierta reputación ... pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” (Col. 2:22–23).

Recomendaciones prácticas. Una vez tratados los puntos doctrinales más controversiales, Pablo enfatiza cuáles deberían ser las cosas que realmente debían preocuparles como personas que habían “resucitado con Cristo”. Les exhorta a hacer morir “lo terrenal” en ellos, dando ejemplos de las cosas que deben abandonar. Deben vestirse “como escogidos de Dios, santos y amados”. Les incita al amor y a perdonarse unos a otros, exhortándose con “la palabra de Cristo” y alabando al Señor en todo. Se dirige a las casadas, a los maridos, a los hijos, a los padres, a los siervos y a los amos, diciéndoles cuál debía ser su actitud cristiana. Incita a todos a la oración y pide que oren por él. Termina con salutaciones personales y les pide que se acuerden de sus prisiones (Col. 3:1 a 4:18).
Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia. (232). Miami: Editorial Unilit.