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        FILIPENSES. EPÍSTOLA A LOS Carta escrita a los hermanos de •Filipos, la primera iglesia fundada en Europa.

Autor y fecha. Fue escrita por el apóstol Pablo, desde su prisión en Roma, entre los años 61–63 d.C. Se han planteado otras dos teorías sobre la fecha y el lugar. Unos alegando que la carta fue enviada desde una prisión en •Cesarea y otros desde una prisión en •Éfeso. Según se acepte una u otra, la fecha posible para la redacción de la carta variaría, pero hasta ahora los argumentos se inclinan a favor de la prisión en Roma.

Circunstancias históricas. Desde su misma fundación, la iglesia de Filipos mantuvo una estrecha relación de amor con el apóstol Pablo, apoyándole financieramente en sus empresas misioneras (“... por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora” [Fil. 1:5]). Eso lo hicieron a pesar de su “profunda pobreza” (2 Co. 8:1–3). Cuando estaba en •Tesalónica, le enviaron una ofrenda (Fil. 4:16). Lo mismo cuando estaba en •Corinto (2 Co. 11:9). Cuando supieron que el apóstol estaba preso, le enviaron otra ofrenda por mano de •Epafrodito, que la llevó corriendo muchos riesgos (Fil. 2:25, 30). Así se enteró Pablo del estado de la iglesia, en el cual sobresalían algunas divisiones internas, así como otras dificultades. Por eso decide escribirles una carta de agradecimiento, aprovechando la ocasión para dar consejos pertinentes a la fe y los problemas que enfrentaban.

Características. Sobresale el tono personal de la carta, su cordialidad y las reiteradas menciones de la palabra “gozo” que realiza (unas dieciséis veces, en forma de verbo o sustantivo). Es maravilloso contemplar al apóstol Pablo hablar en esta forma cuando las circunstancias que le rodeaban eran tan negativas. Pero la clave está en la centralización que hace de la persona de Cristo, a quien menciona constantemente. Esto se manifiesta por la continua mención de frases como “en Cristo”, “en él”, o “en el Señor”. Y también por el uso frecuente de la idea de comunión (koinonía) o participación, que aparece en Fil. 1:5, 7; 2:1; 3:10; 4:14–15. Otra palabra que se menciona mucho (siete veces) es “evangelio” (1:5, 7, 12, 27; 2:22; 4:3, 15).

Introducción. La carta es dirigida por Pablo y •Timoteo “a todos los santos ... con los obispos y diáconos”. El saludo incluye una acción de gracias a Dios y el testimonio de que siempre les recuerda en oración, a causa de la “comunión en el evangelio” que han tenido los hermanos, a quienes ama “con el entrañable amor de Jesucristo”. Ora por ellos para que sean “llenos de frutos de justicia” (Fil. 1:1–11).

Las prisiones de Pablo.Han redundado más bien para el progreso del evangelio”, pues “se han hecho patentes” y han animado a otros a predicar. Aunque no todos lo hacen sinceramente, hay quienes actúan por amor y, de todos modos, “Cristo es anunciado”, lo cual es causa de gozo (Fil. 1:12–18).

La disyuntiva. El apóstol espera que todo resultará en su liberación y en que “será magnificado Cristo” en su cuerpo “o por vida o por muerte”. Cualquiera que fuera el resultado, para él “el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”, pero se siente “puesto en estrecho” porque no sabe qué escoger, ya que quiere “partir y estar con Cristo, lo cual es mucho mejor, pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros”. Confía en que se quedará y les anima a estar firmes, sin temor a “los que se oponen” (Fil. 1:19–30).

Exhortación a la unidad. Pablo quiere que los filipenses estén “unánimes, sintiendo una misma cosa”. Para ello es imprescindible que nada se haga “por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad”. Así, pone el ejemplo del Señor Jesús describiendo los siete pasos de su humillación en un pasaje que muchos piensan que era un himno del cristianismo primitivo (Fil. 2:1–11).

Exhortación a la obediencia. El apóstol reconoce que los filipenses siempre han sido obedientes y espera que ahora también lo serán. Que deben ocuparse de su “salvación con temor y temblor”, procurando ser “irreprensibles y sencillos ... en medio de una generación maligna y perversa” (Fil. 2:12–18).

Timoteo y Epafrodito. Pablo quería enviar a Timoteo hacia Filipos y le alaba diciendo “que como hijo a Padre” había servido con él “en el evangelio”, pero debe ver antes cómo irían sus asuntos del juicio. Por eso les devuelve a Epafrodito, quien había estado enfermo, “próximo a la muerte”. Les exhorta a que lo reciban “en el Señor, con todo gozo” (Fil. 2:19–30).

Advertencias sobre los judaizantes. El apóstol llama “perros ... malos obreros ... mutiladores del cuerpo” a los que quieren forzar a los gentiles a circuncidarse. “Los que en espíritu servimos a Dios” son “la circuncisión” “no teniendo confianza en la carne”. Él mismo les recuerda que tendría motivos para gloriarse en sus privilegios como judío, pero todas esas cosas las había “estimado como pérdida por amor de Cristo”, el cual era su suprema vocación (Fil. 3:1–14).

Los enemigos de la cruz. Los filipenses deben seguir el ejemplo de Pablo y cuidarse, porque “por ahí andan muchos”, cuyo fin “será perdición, cuyo Dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal”. Llama su atención a la esperanza bienaventurada del creyente, la venida de Cristo “el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra” (Fil. 3:15–21).

Recomendaciones finales. Pablo llama a la unidad a dos hermanas que aparentemente tenían diferencias. A todos anima a regocijarse en el Señor y a dedicar sus mentes a pensar en “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre...” (Fil. 4:1–9).

Las gracias por la ofrenda. La ayuda que los filipenses le enviaron le produjo gran regocijo, aunque él sabía contentarse en todas las situaciones (“Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia.... Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”). Reitera las gracias por las otras ofrendas que le habían enviado y espera que el Señor suplirá “todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Se despide con unos saludos finales (Fil. 4:10–23).
Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia. (403). Miami: Editorial Unilit.