Diccionario Hch


        HECHOS DE LOS APÓSTOLES, LIBRO DE LOS Libro del NT que narra la historia de los comienzos de la iglesia cristiana.

Autor y fecha. Lucas, el mismo que escribió el tercer Evangelio (“el primer tratado” [Hch. 1:1]). Hay un acuerdo general sobre esto. Ya en el siglo III se reconocía así. Incluso hay una variante textual en un antiguo manuscrito de origen armenio que en Hch. 20:13 en vez de decir: “Nosotros, adelantándonos a embarcarnos...”, se lee: “Pero yo, Lucas, y aquellos que estaban conmigo fuimos a bordo...” El libro termina su narración con la estadía de Pablo como prisionero en Roma. Se sabe que la muerte del apóstol fue en aquella ciudad en los años del gobierno de Nerón (54 al 68 d.C.). Como Lucas habla en forma futura sobre la destrucción de Jerusalén, se piensa que este libro fue escrito probablemente antes del 70 d.C. Si Pablo estuvo dos veces preso en Roma y su primera liberación de la cárcel fue en el año 62 d.C. y su segunda prisión y muerte en el año 65 d.C., entonces este libro pudo haber sido escrito en el intervalo de ambas fechas.

Importancia. La historia de los comienzos del cristianismo hace por sí mismo muy interesante este libro. Pero Lucas no se limitó a darnos un simple relato de aquellas cosas sino que hace una presentación teológica de los acontecimientos, con una clara intención apologética, es decir, para defender la doctrina cristiana de los que la adversaban. Lucas engarza sus narraciones dentro del contexto general de una acción continuada de Dios, que tras revelarse en el AT y luego en la persona de Jesucristo, lo continúa haciendo por medio del Espíritu Santo a través de sus apóstoles.

Desarrollo. Tras hacer una referencia al tratado que había escrito antes, su Evangelio, Lucas comienza su historia a partir de la resurrección del Señor Jesús. Narra como él estuvo con sus discípulos “apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios”, su subida al cielo y la decisión de los apóstoles de escoger un sustituto para Judas. Se elige a Matías, y se completa el número de los apóstoles (Hch. 1:1–26).
El Espíritu Santo desciende sobre los discípulos el día de Pentecostés. Se predica el evangelio en forma tal que los oyentes, siendo de distintas nacionalidades, lo entienden en sus idiomas respectivos. Muchos se convierten. El Espíritu Santo hace milagros en el pueblo. Lucas resume dos sermones de Pedro. Los sacerdotes ponen en prisión a Pedro y Juan. Otro sermón de Pedro. Los gobernantes consultan entre sí y tras amenazar a los apóstoles les sueltan. Más manifestaciones del Espíritu Santo. Los apóstoles continúan dando testimonio de la resurrección del Señor (Hch. 2:1 al 4:31).

Los convertidos eran “de un corazón y un alma”. Venden sus propiedades y “tenían todas las cosas en común”. Un intento de engañar con una actitud falsa al respecto es castigado. Siguen los milagros. “Por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes.... los que creían en el Señor aumentaban...” Eso hace que los de “la secta de los saduceos” se llenen de celos. Los apóstoles son encarcelados de nuevo, pero un ángel del Señor les liberta. Siguen predicando y vuelven a ser apresados. Se resume otro sermón de Pedro, esta vez dicho frente a los gobernantes. Gamaliel, un “doctor de la ley”, venerado de todo el pueblo, recomienda que no se persiga más a los apóstoles. Éstos son azotados y salen de nuevo a predicar (Hch. 4:32 al 5:42).

Se eligen siete personas para dirigir “la distribución diaria”. Uno de ellos, Esteban, se distingue por su fervor y sabiduría. Unos judíos levantan al pueblo en su contra. Esteban es juzgado y pronuncia un discurso elocuentísimo, pero la multitud le apedrea y muere. Un joven llamado Saulo fue uno de los testigos. Se desata una persecución que esparce a los creyentes. Felipe predica el evangelio en Samaria. “Los apóstoles que estaban en Jerusalén” conocen del éxito en Samaria y envían a Pedro. Los creyentes de allí reciben el Espíritu Santo. Dios dirige a Felipe para que le predique a un eunuco etíope, y éste se convierte (Hch. 6:1 al 7:60).

Saulo se convierte. Bernabé lo presenta a los hermanos en Jerusalén. Pedro es enviado a predicarle a Cornelio, un gentil, que se convierte con toda su familia. Cuando Pedro vuelve a Jerusalén explica la conversión de los gentiles a la iglesia. Los creyentes que habían sido esparcidos llevan el evangelio a Fenicia, Chipre, Cirene, Antioquía y otros lugares. Bernabé es enviado a ver los resultados en Antioquía y presenta a Pablo a los hermanos allí. Herodes desata una persecución contra los cristianos. Mata a Jacobo y encarcela a Pedro. Este es librado por un ángel, que le saca de la cárcel. Herodes muere “comido de gusanos” (Hch. 8:1 al 12:25).

Primer viaje misionero. El Espíritu Santo ordena a la iglesia de Antioquía que envíen a Pablo y Bernabé para un viaje de predicación. Se emprende la misión, que en casi todos los lugares que visita, a pesar de las dificultades y persecuciones, deja un núcleo de creyentes. Predican en Salamina. En Pafos se convierte el procónsul Sergio Paulo. Viajan a Antioquía de Pisidia. El autor ofrece aquí un resumen de un sermón de Pablo dado en ese lugar en una sinagoga. Los judíos hacen un escándalo, y Pablo entiende que debe poner más empeño en la predicación a los gentiles. Son expulsados de la ciudad (Hch. 13:1–52).

Predican en Iconio, pero tienen que abandonar la ciudad. Van a Listra y Derbe. Al sanar a un cojo la gente piensa que eran dioses. Judíos de Antioquía e Iconio hacen que se les maltrate. Pablo es apedreado. Constituyen “ancianos en cada iglesia”. Retornan a Antioquía (Hch. 14:1–28).

Cristianos judíos comienzan a enseñar en Antioquía que los gentiles tienen que guardar la ley de Moisés. Se decide consultar a la iglesia en Jerusalén. Se celebra el concilio. En un sermón, Pedro explica que no se debe poner esa carga a los hermanos no judíos. Se escribe una carta con esa decisión, que es llevada por Pablo y Bernabé (Hch. 15:1–34). La decisión de los hermanos puede considerarse como el momento en que se define la separación completa entre cristianismo y judaísmo.

Segundo viaje misionero. Pablo sale acompañado de Silas. Visitan “Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias”. Van a •Derbe y a •Listra, en donde toman a •Timoteo. Pasan por Frigia, Galacia, Misia. Intentan ir a •Bitinia “pero el Espíritu no se lo permitió”. Llegan a Troas. Allí Pablo tiene una visión en la cual un varón macedonio le invita a pasar a Europa. Se embarcan para Filipos. Allí se convierte Lidia, pero se forma un tumulto y son encarcelados. Dios envía un terremoto y salen de la cárcel. Se convierte el carcelero junto con su familia. Tienen que salir de la ciudad, pero dejan atrás un grupo de discípulos (Hch. 16:1–40).

Pasan a Tesalónica, donde se funda otra iglesia. Se forma otro alboroto y tienen que salir. Pasan a Berea, y son bien recibidos. Pablo viaja a Atenas, donde da un sermón cuyo resumen se ofrece en el texto. Después va a Corinto, y funda otra iglesia. Allí se detiene “un año y seis meses”. Después Pablo pasa a Éfeso, y luego viaja a Siria y llega a Cesarea y Antioquía.

Tercer viaje misionero. Vuelve a Galacia y Frigia “confirmando a todos los discípulos”. Apolos, “varón elocuente, poderoso en las Escrituras” llega a Éfeso, donde es discipulado por Aquila y Priscila. De allí pasa a Corinto (Hch. 18:1–28). Pablo viene a Éfeso, donde encuentra “a ciertos discípulos”. Otra iglesia es fundada (“Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús”). “Un platero llamado Demetrio” forma un alboroto al ver que no se vendían los templecillos de Diana. Pablo va a Macedonia y luego a Grecia. Emprende su regreso a Siria por vía de Macedonia. Parte de Filipos hacia Troas. Allí, mientras está predicando, un joven cae de un tercer piso, pero Pablo lo resucita. Va a Mileto y allí manda a buscar a los ancianos de la iglesia de Éfeso, a los cuales exhorta. Viaja a Tiro, pasando antes por diversos lugares. Los discípulos de Tiro le advierten que no debe ir a Jerusalén, pero sale hacia Cesarea, donde se hospeda en casa de Felipe el evangelista. Un profeta llamado Agabo le dice que será hecho preso en Jerusalén. Llega a esa ciudad y da un informe a la iglesia. Estando en el •templo se forma un alboroto y Pablo es arrestado. Pronuncia un discurso ante la multitud. Pero le quieren matar. Los soldados romanos le ponen en la cárcel (Hch. 19:1 al 22:30).

Reunido el concilio de los judíos, Pablo hace su defensa. De nuevo quieren matarle. Los soldados le meten en la fortaleza. Se conoce de un complot para asesinarle y los soldados le trasladan a Cesarea. “Cinco días después” los líderes judíos vienen allí con “un cierto orador llamado Tértulo”. Pablo hace su defensa ante Félix, el gobernador. Éste le deja preso, esperando “que Pablo le diera dinero para que le soltase”. Pasan dos años (Hch. 23:1 al 24:27).

Porcio Festo sucede a Félix en el gobierno. Los judíos insisten en sus acusaciones contra Pablo, que decide apelar al César. El rey Agripa y su esposa Berenice visitan a Festo y Pablo les predica el evangelio (Hch. 25:1 al 26:32).
Se decide enviar a Pablo a Roma. Le acompañan varios hermanos. Llegan a Sidón. Viajan a “Mira, ciudad de Licia”. Se embarcan en “una nave alejandrina que zarpaba para Italia”. Llegan a Buenos Puertos y Pablo dice que la navegación se tornaría peligrosa, pero no le escuchan. Cerca de la isla de Creta encuentran un temporal que dura unos catorce días. Naufragan en la isla de Malta. Allí se convierte Publio, “un hombre principal de la isla”. “Pasados tres meses” se embarcan en otra nave alejandrina. Llegan a Puteoli y después a Roma. A Pablo se le permite “vivir aparte” de los presos, “con un soldado que le custodiase”. Allí convoca a “los principales de los judíos” y les relata su historia. Al rechazar algunos su mensaje, ratifica “que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios”. Permanece en Roma “dos años enteros ... predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo” (Hch. 27:1 al 28:31).
Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia. (468). Miami: Editorial Unilit.