Diccionario He



        HEBREOS, EPÍSTOLA A LOS Libro que en la colección del NT se coloca después de las epístolas de Pablo. Se considera a H. como uno de los escritos neotestamentarios más difíciles de analizar, en parte porque no se tienen detalles específicos sobre las circunstancias que la motivaron, ni quiénes eran los destinatarios, ni quién la escribió. Es evidente que los destinatarios eran creyentes hebreos, pero no se sabe si vivían en Israel o si pertenecían a la dispersión. El texto no da testimonio directo de la presencia de gentiles entre ellos, aunque los principios que enuncia sean aplicables a todos los cristianos. También es claro que esos creyentes sufrían la tentación de retornar a los rudimentos del AT. La carta se propone demostrarles que el Nuevo Pacto es muy superior al Viejo.

Autor. En ciertos manuscritos aparece con un título o encabezamiento que dice que fue el apóstol Pablo, pero el texto mismo no lo dice. Se nota que era costumbre de Pablo declarar abiertamente su autoría en las cartas que escribía y se duda que escribiera anónimamente. Los eruditos han entendido que el mencionado encabezamiento fue puesto a causa de una tradición que no era unánime en la historia de la Iglesia, pues mientras así se pensaba en el Oriente, los cristianos de Occidente negaron la autoría paulina tan temprano como el Siglo III y IV. Se argumenta que aunque las ideas son parecidas a las de Pablo, el estilo es completamente diferente. De todas maneras, se sabe que Clemente, Policarpo, Justino y otros de los llamados padres de la Iglesia la citaron. Pero Marción no la incluyó en su canon. Tampoco figura en el Fragmento Muratoniano ( •Canon del NT). Algunos sugieren que el autor fue •Bernabé. Otros que fue •Apolos. No hay, entonces, seguridad sobre quién escribió H.

Fecha. La forma en que el autor se refiere a actividades relacionadas con el •templo podría sugerir que cuando se escribió esta carta el mismo todavía existía (He. 8:4, 13; 9:4–9; 10:1–10; 13:10–11). De ser así, se estima que fue escrita alrededor de los años 67 al 69 d.C.

Desarrollo. El autor comienza señalando que Dios se manifestó antes “a los padres por los profetas”, pero que “en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo”, pasando enseguida a explicar que esta última es la suprema revelación de Dios. Cristo es “superior a los ángeles”, dice, probándolo con diversas citas del AT sobre el Señor Jesús como Hijo de Dios, heredero y Rey, que no se puede comparar con los ángeles, que no son más que “espíritus ministradores”. Él ha sido “coronado de gloria y de honra” tras haber gustado la muerte, cosa para la cual se encarnó (He. 1:1 al 2:1–18).

También Cristo, puesto que es Hijo de Dios, es superior a Moisés. Los israelitas que bajo Moisés no hicieron caso a la voz del Espíritu Santo “cayeron en el desierto”, pero el autor espera que los hermanos no tengan semejante “corazón malo de incredulidad”. Deben temer no alcanzar el reposo de Dios y considerar a “Jesús el Hijo de Dios” como sumo sacerdote y acercarse “al trono de la gracia, para alcanzar misericordia” (He. 3:1 al 4:16).

Además Cristo, como sacerdote, es superior a Aarón. Su sacerdocio es “según el orden de Melquisedec”. Los creyentes deben dejar “los rudimentos de la doctrina de Cristo” y adelantarse en la fe, guardando lo básico del evangelio. La promesa de Dios a Abraham fue hecha bajo juramento. Dios promete y jura. Esto representa “un fortísimo consuelo” a los que se agarran de Cristo, la esperanza. Se ofrecen más explicaciones sobre la grandeza de Melquisedec, señalando las implicaciones de la decisión de Dios de hacer a Cristo sacerdote según el orden de este personaje y no por el linaje de Aarón. Esto significa el cambio de un pacto a otro. Enfatiza el rol de Cristo como “ministro del santuario”, pero del verdadero, el de “las cosas celestiales” y declara que “al decir: Nuevo pacto” Dios ha dado “por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer” (He. 5:1 al 8:13).

El autor da detalles sobre el •tabernáculo para reiterar que Cristo es “sumo sacerdote de los bienes venideros”. Declara que “la sangre de los toros y de los machos cabríos” no podían quitar los pecados, pero “la sangre de Cristo” limpiaría sus “conciencias de obras muertas” para que sirvieran a Dios. El sacrificio de Cristo fue hecho “una sola vez para llevar los pecados de muchos”. La ley sólo tenía “la sombra de los bienes venideros”. Por eso los sacrificios había que repetirlos una y otra vez. “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”, por lo cual debían acercarse a él “con corazón sincero”, en pureza y manteniéndose “sin fluctuar”, especialmente después que habían sostenido “gran combate” tras su conversión. Les anima a no perder esa confianza “que tiene grande galardón” (He. 9:1 al 10:39).

Para ello es necesario vivir por la fe. Les pone muchos ejemplos de hombres que sirvieron a Dios mediante ella, animándoles a seguir su ejemplo, “puestos los ojos en el autor y consumador de la fe”, que es Cristo Jesús. En el combate contra el pecado ellos experimentarían la disciplina de Dios, la cual les demuestra que él les trataba como verdaderos hijos “porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina” (He. 11:1 al 12:11).

Exhorta a los hermanos a levantar “las manos caídas”, a andar en lo recto, siguiendo la paz y la hospitalidad, tratando de “alcanzar la gracia de Dios”. Les recuerda la historia de Esaú, que después de menospreciar su primogenitura no tuvo “oportunidad para arrepentimiento”. El caso de los h. era mucho más fuerte. No se habían acercado a un monte físico como el Sinaí, sino “al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles ... a Jesús el Mediador del nuevo pacto...”. Termina con otros consejos prácticos sobre el amor cristiano, la atención a los presos, el matrimonio, el cuidado de los pastores, etcétera (He. 12:12 al 13:25).
Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia. (465). Miami: Editorial Unilit.