Diccionario Jl


        JOEL, LIBRO DE Segundo de los profetas menores. Fue escrito en ocasión de una terrible plaga de langostas que acosó a la tierra de Israel y que hace pensar al profeta en el inminente juicio de Dios, por lo cual exhorta al arrepentimiento al pueblo y sus líderes.

Autor y fecha. El libro dice que el autor fue •Joel, hijo de Petuel. No se tienen detalles sobre la vida de este personaje. Del texto se desprende que vivió en Judá y que posiblemente profetizó en Jerusalén. En ninguna otra parte del AT se le menciona directamente. Sin embargo, en los escritos de otros profetas hay muchos pasajes que guardan parecido con algunos de este libro. Por ejemplo, las palabras de Am. 1:2 (“Jehová rugirá desde Sion”) son iguales a Jl. 3:16 (“Jehová rugirá desde Sion”). De igual manera Am. 9:13 (“He aquí vienen días, dice Jehová en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente; y los montes destilarán mosto, y todos los collados se derretirán”) se parecen a las de Jl. 3:18 (“Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas...”). Y las de Jl. 1:15 (“¡Ay del día! porque cercano está el día de Jehová, y vendrá como destrucción por el Todopoderoso”) guardan cierto parecido con Is. 13:6 (“Aullad, porque cerca está el día de Jehová; vendrá como asolamiento del Todopoderoso”) y con Sof. 1:14 (“Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy próximo; es amarga la voz del día de Jehová; gritará allí el valiente”). Esto hace pensar a algunos que posiblemente J. es más antiguo que estos otros profetas.

Desarrollo. El profeta señala a los “ancianos y ... todos los moradores de la tierra” la gravedad de la plaga de langostas, cuyos resultados son desoladores (“El campo está asolado, se enlutó la tierra”) al punto que el mismo culto del templo había sido afectado (“... porque quitada es de la casa de vuestro Dios la ofrenda y la libación”). Ante tanta destrucción, Joel grita: “A ti, oh Jehová, clamaré” (Jl. 1:1–20).
Pero esta desgracia hace que el profeta piense en el día del juicio de Dios. Por eso quiere que se emita un toque de alarma, ya que aquel día será “de tinieblas y oscuridad, día de nube y de sombra...” Este juicio viene por medio de “un pueblo grande y fuerte” delante del cual “temblará la tierra”. Llama, por tanto, al arrepentimiento (“Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos...”). Todos son llamados a ello, pero deben estar encabezados por los sacerdotes (“... lloren los sacerdotes ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová...”). Dios perdonaría si hacían esto, y después habría gran gozo y abundancia. Más aún: Dios derramaría su “Espíritu sobre toda carne” (Jl. 2:1–32).
Esto estaría relacionado con el retorno de los esparcidos a la tierra de Israel, pues Dios reuniría “todas las naciones” y haría juicio contra ellas. Los de “Tiro, Sidón y todo el territorio de Filistea” habían hecho incursiones, apresando a judíos que luego vendían a los griegos como esclavos. Pero estaba cercano “el día de Jehová en el valle de la decisión”, cuando “Dios rugirá desde Sion”, destruyendo a los enemigos de Sion y afirmando a ésta en gloria (Jl. 3:1–21).

En el NT. Cuando predicaba su sermón en el día de Pentecostés, Pedro citó de este libro diciendo: “Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu...” (Hch. 2:16; Jl. 2:28–32), certificando de ese modo que lo que los judíos estaban viendo en aquellos momentos, el derramamiento del Espíritu Santo, correspondía a la promesa hecha por Dios al profeta Joel.
Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia. (587). Miami: Editorial Unilit.