Diccionario Jn


        JUAN, EVANGELIO El cuarto de los Evangelios.

        Autor y fecha. Es casi universal la aceptación de la autoría de Juan el apóstol, hijo de Zebedeo. Aunque algunos especulan sobre la posibilidad de que interviniera un amanuense o un discípulo de Juan en el acto específico de escribir esta obra, nadie duda que detrás de ella está la autoridad de Juan. En el Fragmento Muratoniano (170 d.C. •Canon del NT) aparece este Evangelio, pero con la indicación de que lo hizo con la ayuda de varias personas, porque Juan estaba ya muy viejo. Fue escrito en la última década del primer siglo, probablemente en el año 95 a.C.

Características. Según Clemente de Alejandría, a Juan le pidieron que escribiera este evangelio en vista de que ya existían otros que narraban los eventos de la vida del Señor Jesús y que se necesitaba otro con más énfasis en los aspectos “espirituales”. Dice Eusebio que a Juan le mostraron los otros tres Evangelios y que les dio su aprobación, pero que pensó que los mismos no daban detalles sobre los eventos que antecedieron a la prisión de Juan el Bautista, lo cual contribuyó a la decisión de escribir otro.

En los primeros tres Evangelios los milagros del Señor Jesús son la evidencia de su naturaleza mesiánica. El cuarto Evangelio mezcla los eventos con la interpretación de los mismos. Los milagros son señales que apuntan hacia quién, realmente, es el Señor Jesús y qué vino a hacer en el mundo. Se interpreta lo que significa que el Verbo de Dios haya venido al mundo. El propósito se expresa claramente en las palabras: “Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Jn. 20:31).

También motivó este Evangelio el problema de la infiltración de ciertas doctrinas ajenas al cristianismo que ya venían causando confusión en tiempos de Juan. La tradición señala que el apóstol tenía muy en cuenta las enseñanzas de Cerinto, un hereje que, al parecer, mezclaba especulaciones de los ebionitas, con elementos de lo que luego sería el gnosticismo. Los ebionitas negaban la existencia del Señor Jesús, antes de nacer de María. Por eso Juan registra detalladamente la discusión con los judíos (Jn. 8:46–59), que termina diciendo: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”. El apóstol toma también en consideración la herejía docetista. Ésta alegaba que la humanidad del Señor sólo había sido aparente. Esto explica el énfasis de Juan al hablar de que el “Verbo fue hecho carne” (Jn. 1:14). Hay que notar en este Evangelio el empeño en subrayar la condición del Señor como Hijo del Hombre. Juan desea que sus lectores entiendan que el Hijo de Dios se hizo Hijo del Hombre, pues sólo así era posible obtener una expiación por los pecados del mundo, a través de su verdadera muerte y verdadera resurrección.

Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia. (609). Miami: Editorial Unilit.