Diccionario Jud


        JUDAS, EPÍSTOLA DE Carta escrita por un “hermano de Jacobo”. El autor se llama a sí mismo “siervo de Cristo” (Jud. 1).

Autor y fecha. Desde muy temprano en la historia de la Iglesia se atribuye esta obra a uno de los hermanos del Señor Jesús. Según Mt. 13:55, 56 y Mr. 6:3, éstos se llamaban •Jacobo (Santiago), •José, Simón y Judas". Muchos opinan que el autor de la epístola no dice “hermano del Señor” por humildad. Como tampoco lo hace •Santiago ( •Jacobo). Se piensa que la obra fue escrita entre los años 70 y 80 d C. La expresión “... tened memoria de las palabras que antes fueron dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo...” (Jud. 17) parecen sugerir que el autor no se considera un apóstol. Esto podría confirmar la opinión en cuanto a que no se trata de •Judas Tadeo.

Canonicidad. Clemente de Alejandría (155 al 220 d.C.) escribió un comentario sobre esta epístola. A principios del siglo II, otros autores cristianos la citan, entre ellos Atenágoras y Policarpo. A pesar de esto, muchas iglesias, especialmente en el Oriente, tenían dudas sobre la canonicidad de J. El problema surgía del uso que hace el escritor de varios libros apócrifos, entre ellos I Enoc y La asunción de Moisés. Ya en el siglo IV la epístola quedó como parte del canon. Figura en el famoso fragmento de Muratori (•Apócrifos y pseudoepigráficos del NT. •Canon del NT).

Las citas de los apócrifos. El uso de material sacado de los libros apócrifos hizo que algunos autores, como Clemente de Alejandría y Tertuliano, aceptaran a esas obras como Escritura. Pero con el tiempo los creyentes fueron dándose cuenta de que los apócrifos contienen muchas leyendas y conceptos que contradicen el resto de la Biblia, por lo cual fueron dejados fuera del canon. Así como Pablo utilizó citas de profetas paganos (Hch. 17:28; Tit. 1:12), lo cual no significa que apruebe todo lo que digan las obras citadas, el autor de la epístola toma del texto de libros apócrifos sin por ello otorgarle al resto del mismo la calidad de Sagrada Escritura. También en 2 P. 2:4–5 se hace uso de pasajes de los apócrifos. Muchos comparan esta epístola con 2 P. 2:1–22, encontrando entre ellos cierta similitud. No se ha podido llegar a una conclusión en cuanto a quién escribió primero, si el autor de Judas o el de 2 Pedro.

Desarrollo. La carta no está dirigida de manera general, sino a un grupo específico de creyentes. Hoy no sabemos quiénes eran éstos. Fue escrita para hacer frente a falsas doctrinas, enseñadas por hombres que habían “entrado encubiertamente” entre los hermanos (Jud. 4). El autor dice que tenía la intención de escribirles desde hacía tiempo, pero que ahora lo hacía porque era necesario. “Hombres impíos” estaban enseñando doctrinas de error. Éstas parecían contener elementos de un gnosticismo muy incipiente, que se expresaba en una forma distinta a la que Pablo había combatido en el caso de los colosenses. Los falsos maestros enseñaban:
a) El libertinaje (“... convierten en libertinaje la gracia de Dios” [Jud. 4]).
b) Negación de la deidad y señorío de Cristo (“... niegan a Dios el único soberano y a nuestro Señor Jesucristo” [Jud. 4]).
c) Lujuria (“... mancillan la carne” [Jud. 8])
d) Rebeldía y desorden (“... rechazan la autoridad” [Jud. 8])
e) Irrespeto y blasfemia contra los seres espirituales (“... blasfeman de las potestades superiores” [Jud. 8]).
El autor amonesta a sus lectores sobre la necesidad de contender “ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 3). Para animarles en la fidelidad, pone varios ejemplos:
a) El caso de los israelitas que fueron salvados de Egipto, pero que “después” el Señor “destruyó a los que no creyeron” (Jud. 5). Es una referencia al •éxodo y lo que se narra en el Pentateuco.
b) El caso de Sodoma y Gomorra. Destaca el hecho de que los habitantes de aquellas ciudades habían “fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza”, siendo luego “puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno” (Jud. 7). Alude a lo narrado en Gn. 19:24–25).
c) El caso de la contienda del arcángel Miguel con el diablo (Jud. 9). Destaca el hecho de que ni aun ese arcángel “se atrevió a proferir juicio de maldición contra” Satanás. Por testimonio de Clemente y Orígenes se sabe que este relato, ahora perdido, aparecía en el libro apócrifo La asunción de Moisés.
Pasa enseguida a lamentarse, con un sentido de amenaza (“¡Ay de ellos!”), comparando a los falsos maestros con varios personajes del AT. Dice que “han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré” (Jud. 11).
Lleno de santo celo, el autor continúa lanzando diversos epítetos contra los falsos maestros. Les llama:
a) “Manchas en vuestros ágapes” (Jud. 12).
b) Apacentadores de sí mismos (Jud. 12).
c) “Nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos” (Jud. 12).
d) “Árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados” (Jud. 12).
e) “Fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza” (Jud. 13).
f) “Estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas” (Jud. 13).
g) “Murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos ... adulando...” (Jud. 16).
Dice que “Enoc, séptimo desde Adán”, profetizó sobre estos falsos maestros, diciendo: “He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos...” (Jud. 14–15). Es una cita del libro apócrifo 1 Enoc.
Les recuerda también que los apóstoles habían profetizado que “en el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos.... los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen el Espíritu” (Jud. 17–19). Continúa exhortando a los creyentes, los cuales deben:
a) Edificarse sobre la “santísima fe” (Jud. 20).
b) Orar “en el Espíritu Santo” (Jud. 20).
c) Esperar “la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna” (Jud. 21).
d) Convencer a los que dudan (Jud. 22).
e) Salvar a los que están en peligro de caer, “arrebatándolos del fuego” (Jud. 23).
f) Teniendo misericordia con temor de aquellos que han caído, pero “aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne” (Jud. 23).
Termina con una doxología: “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.” (Jud. 24–25).
Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia. (615). Miami: Editorial Unilit.