Diccionario Sof


        SOFONÍAS. LIBRO DE Noveno de los profetas menores.
Autor y fecha. Se atribuye el libro al personaje que figura en el título. Sus oráculos fueron emitidos “en días de Josías” (640–609 a.C.) y debió de haber sido escrito en esa época.

Circunstancias. El período inmediatamente anterior a S. parece haber sido de un largo silencio profético (probablemente unos cincuenta años). Durante el prolongado reino de •Manasés se había desarrollado una acomodación a la política y la religión de los asirios. El mensaje de S. vino a ser un claro llamado al arrepentimiento ante la inminencia del juicio divino (“el día de Jehová”). S. ataca la idolatría (“Exterminaré ... los restos de Baal” [Sof. 1:4]), la adoración de los astros (Sof. 1:5), el uso de “vestidos extranjeros” (Sof. 1:8), así como otros pecados. Manasés se había distinguido por su política idolátrica (“... volvió a edificar los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a Baal, e hizo una imagen de Asera...” [2 R. 21:3]). También por la práctica de la astrología (“... se dio a observar los tiempos, y fue agorero, e instituyó encantadores y adivinos” [2 R. 21:6]). Cuando reinaba Josías, S. predicó su mensaje y el resultado fue que este rey “quitó a los sacerdotes idólatras”, sacó del •templo “los utensilios que habían sido hechos para Baal, para Asera y para todo el ejército de los cielos”. Además, “quitó ... los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al sol.... [y] derribó ... los altares que estaban sobre la azotea de la sala de Acaz...” (2 R. 23:4–14).

Desarrollo. El profeta comienza anunciando completa destrucción sobre “los hombres y las bestias”. Se trata de un castigo para Jerusalén, que incluye “a los príncipes, y a los hijos del rey”, así como a los comerciantes (“pueblo mercader ... los que traían dinero”). Se trata del “día grande de Jehová.... Día de ira ... día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento, día de trompeta y de algazara sobre las ciudades fortificadas...” (Sof. 1:1–18).

El pueblo debe meditar y arrepentirse. “Los humildes” deben buscar a Jehová, para ver si lograban ser salvos “en el día del enojo de Jehová”. Se anuncia la destrucción de la tierra de los filisteos ( •Gaza, •Ascalón, •Asdod, •Ecrón), así como la de Moab y Amón (“... Moab será como Sodoma, y los hijos de Amón como Gomorra.... por su soberbia”). “También ... los de Etiopía” serán destruidos, así como Asiria (Sof. 2:1–15).

El último capítulo, aunque comienza con un lamento por los pecados de Jerusalén y el juicio que le vendría (“¡Ay de la ciudad rebelde y contaminada y opresora!”), termina con una serie de promesas de perdón y bienaventuranzas para ella. “Sus príncipes ... son leones ... sus jueces son lobos.... Sus profetas son livianos ... sus sacerdotes contaminaron el santuario...” Por lo cual Dios los juzgará. Pero “en aquel tiempo” el Señor devolverá “pureza de labios” a los pueblos para que sirvan a Jehová “de común consentimiento”. Dios dejará un remanente, “un pueblo humilde y pobre, el cual confiará en el nombre de Jehová”. Al final, se ratifica la promesa de que el Señor terminará con el cautiverio y pondrá a su pueblo “para renombre y para alabanza entre todos los pueblos de la tierra” (Sof. 3:1–20).

Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia. (979). Miami: Editorial Unilit.