Diccionario Tit


Tito. Desarrollo. Pablo comienza hablando de “la fe de los escogidos de Dios y el conocimiento de la verdad que es según la piedad”. Le dice a Tito que le había dejado en Creta para corregir deficiencias en las iglesias y establecer ancianos. Enseguida enumera los requisitos para estos ancianos, iguales en esencia a los que expuso en 1 Ti. 3:1–13. Explicando ciertos aspectos culturales de los cretenses, Pablo cita a Epiménides, poeta que fue autor de una legislación civil y religiosa para esa isla (“Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos”). Le reitera que los hermanos no deben atender a “fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad” (Tit. 1:1–16).

Tito debe hablar “lo que está de acuerdo con la sana doctrina”. Repite, más o menos, los mismos consejos que dio a Timoteo sobre los ancianos, las ancianas, los jóvenes, los siervos, etcétera. Estos últimos debían sujetarse a sus amos, no ser respondones y no defraudarlos, “sino mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador”. La gracia de Dios se manifestó “enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”. Esto es lo que había que enseñar (Tit. 2:1–15).

Tito debía recordarles a los hermanos que se sometieran “a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra”. Deben ser mansos, “porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados...”. Sólo “cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor para con los hombres” cambiamos, porque él nos salvó. “No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia”. Los que creen en Dios deben procurar “ocuparse en buenas obras”. Pero evitar las “cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley”. Advierte finalmente, que si hay una persona que causa divisiones, debía desecharlo “después de una y otra amonestación”. Después de unas instrucciones personales, le insiste en que “los nuestros deben ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad”. Tras algunos saludos, se despide diciendo: “La gracia sea con todos vosotros. Amén” (Tit. 3:1–15).

Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia. (1024). Miami: Editorial Unilit.