Diccionario Esd


            ESDRAS, LIBRO DE En el •canon hebreo este libro figura entre los “Escritos” (Ketuvim) como una unidad con •Nehemías. Así figura también en la •Septuaginta y en la Vulgata. Algunos eruditos sugieren que la división de E. y Nehemías fue introducida por Orígenes. Lo mismo hizo más tarde Jerónimo, que denominó a los libros “I y II E.”. La Vulgata, por otra parte, incluyó dos libros más con el nombre de E., ambos tenidos hoy como apócrifos, llamándolos “III y IV E.” El texto de E. y Nehemías se ha conservado muy bien. E. fue escrito en hebreo, con algunas porciones en arameo (Esd. 4:8 al 6:18; 7:12–26).  

Autor y fecha. El Talmud reconoce a •Esdras, un sacerdote y escriba, como el autor de E., Nehemías y los libros de Crónicas. Se han señalado varias razones de carácter histórico y literario que sugieren dudas sobre eso. Los libros en sí mismos no dicen específicamente que fueran escritos por Esdras. Por eso algunos exégetas, cuando se refieren al autor de ellos, le llaman “el cronista”, lo cual puede suponer o no que Esdras fuera el responsable de estas obras. En el caso específico de E., sobre todo al observar que los capítulos del 7 al 9 están escritos en primera persona, es difícil contradecir la mencionada tradición judía que lo atribuye a Esdras, el sacerdote-escriba. Desde ese punto de vista, es posible que el libro fuera escrito alrededor del año 400 a. C.

Antecedentes históricos. El imperio caldeo, que había destruido a Jerusalén y llevado muchos cautivos a •Babilonia, había caído en manos de los persas. El triunfo del gran •Ciro sobre los caldeos se produjo en el año 539 a.C. Este rey desarrolló una política de tolerancia religiosa para con los pueblos conquistados. Parte de esa política fue su famoso edicto que dio permiso a los judíos para que retornaran a su tierra si lo deseaban y reconstruyeran su •templo (Esd. 1:2–4; 6:3–5). Dentro de esta política general del reino, fue nombrado •Sesbasar, “príncipe de Judá”, probablemente hijo del último rey judío •Jeconías, para encabezar a los que quisieran retornar a Jerusalén, aunque el que aparece como verdadero líder fue •Zorobabel, nieto de Jeconías y sobrino de Sesbasar. Debe siempre recordarse que los libros de E. y Nehemías no fueron escritos manteniendo una secuencia cronológica. Son, más bien, una colección de apuntes, documentos y narraciones históricas. Eso hace que se presenten algunas dificultades incluso para determinar el orden de los acontecimientos. Algunos llegan a pensar que Nehemías vino a Jerusalén antes que Esdras.

Retorno del remanente. La intervención de Dios en la historia se muestra en la forma en que obró para que Ciro dictara su famoso decreto (“Despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia”). Se entregan “los utensilios de la casa de Jehová” a los exiliados que deseen regresar. Aquellos que se quedaron “ayudaron con plata y oro, con bienes y ganado, y con cosas preciosas” (Esd. 1:1–11). Se establece la genealogía de los que regresan. La lista aparece en dos versiones: Esd. 2:1–70 y Neh. 7:6–73. Algunos son identificados por el nombre de su familia, otros por su lugar de origen. Se especifican los sacerdotes, levitas, cantores y porteros, sirvientes del templo y siervos de Salomón. Hubo un grupo de personas que “buscaron su registro de genealogías, y no fue hallado”, dejándose el asunto para resolverlo en consulta con Dios. Los exiliados se asientan “en sus ciudades; y todo Israel en sus ciudades” (Esd. 2:1–70).

Inicio de los trabajos del templo.Jesúa (o Josué) y Zorobabel “colocaron el altar sobre su base” y “comenzaron a ofrecer holocaustos a Jehová”. “Dieron dinero a los albañiles y carpinteros”, trajeron comida y madera y, “en el año segundo de su venida” echaron los cimientos del templo. El pueblo se alegra. Algunos lloran recordando la gloria del primer templo (Esd. 3:1–13).

Dificultades para los trabajos. “Los enemigos de Judá y de Benjamín” vinieron y se ofrecieron para participar en la obra. Su oferta fue rechazada. Entonces recurrieron a la intimidación. “El pueblo de la tierra intimidó al pueblo de Judá, y lo atemorizó para que no edificara. Sobornaron” a funcionarios del gobierno persa “para frustrar sus propósitos”. Esta oposición se manifiesta de diversas maneras, incluyendo una carta-denuncia ante la corte que es contestada con una orden de que se suspenda la obra (Esd. 4:1–24).

Ministerio de Hageo y Zacarías. Tras pasar unos quince años de inactividad en la reconstrucción, los profetas •Hageo (“¿Es para vosotros tiempo ... de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta?” [Hag. 1:4]) y Zacarías “Yo me he vuelto a Jerusalén con misericordia; en ella será edificada mi casa ... y la plomada será tendida sobre Jerusalén” [Zac. 1:16]) reavivan con sus oráculos el ánimo del pueblo para que continúen. Zorobabel y Jesúa, ayudados por estos profetas, “comenzaron a reedificar la casa de Dios”. Eso produce una investigación de parte de las autoridades persas que resulta en un informe a la corte. Allí se busca en los archivos y se encuentra el edicto de Ciro, y se ordena que se continúen los trabajos. Así, la casa “fue terminada” y se celebró una Pascua solemne (Esd. 5:1–17; 6:1–22).

Llegada de Esdras. Este sacerdote “escriba diligente en la ley de Moisés” arriba a Jerusalén junto con otro grupo de exiliados. Vino con unas credenciales reales. Era, pues funcionario persa con autoridad para poner “jueces y gobernadores que gobiernen a todo el pueblo”. Se da la lista “de aquellos que subieron” con él. Hicieron el viaje sin pedir protección militar al rey. Trajeron más dones reales y de la comunidad exiliada, los cuales entregaron en Jerusalén (Esd. 7:1–28; 8:1–36).

El problema de los matrimonios mixtos. Se informa a Esdras que muchos del remanente habían abandonado a sus mujeres judías, y se habían casado con extranjeras. Esdras se entristece y hace una oración de confesión. El pueblo se reúne y decide romper los matrimonios mixtos. Se nombra una comisión para estudiar el asunto “y terminaron el juicio de todos aquellos que habían tomado mujeres extranjeras”. Se da la lista de los líderes que habían realizado esas uniones (Esd. 9:1–15; 10:1–44). Muchos rabinos identifican a •Malaquías con Esdras, el sacerdote-levita. El problema que enfrentó, entonces, se hizo más complicado porque habían sido desleales a sus esposas israelitas (“Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto.... no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud” [Mal. 2:14–15]).
Lockward, A. (2003). Nuevo diccionario de la Biblia. (362). Miami: Editorial Unilit.