Estudio Metódico de la Biblia



Existen ciertos postulantes que son la razón fundamental del estudio metódico de la Biblia. No trataremos de probar ninguno de los mismos de modo concluyente, ya que ello por sí solo requeriría uno o más volúmenes. El fin principal aquí es enunciarlos tan clara y concisamente como sea posible. 

La Biblia es digna de ser estudiada. El estudio metódico de las Escrituras conlleva ciertos requisitos. Estos postulados serán considerados a la luz de las características del estudio metódico de la Biblia.


1. El Estudio Inductivo de la Biblia  


Uno de los requisitos necesarios para un enfoque metódico es que el mismo corresponda a la naturaleza de su objetivo, ya que es el medio por el cual podemos alcanzar este objetivo. Así, por ejemplo, el estudio metódico de cómo lanzar una pelota incluiría, entre otras cosas, coger la pelota firmemente con la mano, llevar el brazo hacia atrás, y lanzarla con el movimiento apropiado del brazo. Todo esto es cierto, ya que es parte de la naturaleza misma de cómo lanzar una pelota. Por consiguiente, si queremos que un enfoque particular de las Escrituras sea válido, el mismo deberá tener una semejanza sustancial a las propias Escrituras. 


Ahora bien, las Escrituras son aparte del que las interpreta. Si las verdades de la Biblia existiesen ya en el hombre, no había necesidad de usar la Biblia y este libro, sería superfluo. Pero lo cierto es que la Biblia es una obra objetiva de la literatura que existe porque el hombre necesita conocer ciertas verdades que ignora y que deben llegarle de fuera de él mismo. Consecuentemente, si ha de descubrir, verdades que se encuentran en esta pieza objetiva de literatura, debe utilizar un enfoque que corresponda a la naturaleza de esta pieza, es decir, un enfoque objetivo. 


Hay dos maneras de enfoque al alcance del estudiante de la Biblia. Una es la deducción, que parte de generalidades para llegar, poco a poco, a los particulares. Por su propia naturaleza este método tiende a ser subjetivo y prejuiciado. Tiende a producir dictadores más bien que oidores de las Escrituras. En vista del carácter objetivo de la literatura de las Escrituras, este enfoque no es adecuado a la BIblia y, por ende, tampoco es metódico. Por otra parte, su opuesto, la inducción, es objetivo e imparcial, ya que exige que primero uno examine los detalles de las Escrituras en los cuales se basarán luego las conclusiones. Este enfoque tiene una base firme porque siendo objetivo, corresponde a la naturaleza misma de la Escritura, que es objetiva. Como consecuencia produce individuos que escuchan en lugar de hablar, y la naturaleza de las Escrituras requiere que las escuchemos con oídos atentos. Tenemos entonces que el estudio metódico de la Biblia es inductivo, porque en este caso la inducción es metódica.   


Sin embargo,  hay que tener en cuenta dos cosas respecto a esta ecuación de metodología e inducción. La primera es que la inducción pura no existe por sí misma. Por enfoque inductivo se entiende aquí un acercamiento relativamente inductivo. Ese mismo principio podemos aplicarlo a la deducción. El segundo es consecuencia del primero. Puesto que no existe la inducción pura, tampoco existe la absoluta objetividad. Con sumo acierto dijo Gamaliel Bradford: “Simplemente existen aquellos que se creen imparciales y aquellos otros que saben que no lo son”. Sin embargo, un sistema que recalca la inducción en cuanto sea posible es mucho más probable que produzca intérpretes imparciales y acertados que cualquier otro que pueda ser usado.    


2. Estudio directo e independiente de la Biblia


Habiendo dado por sentado que la inducción es el enfoque metódico de las Escrituras, se nos presenta ahora la cuestión de cuál es la manera exacta de descubrir los hechos particulares en que se basan nuestras conclusiones. 


Parece razonable suponer que la mejor manera de asegurarnos de poder encontrar estos particulares es mediante un estudio directo e independiente de los particulares en sí mismos. Luego, pues, la Biblia misma, y no los libros relacionados con ella, habrá de ser el libro de texto para su estudio. La observación directa capacita al intérprete para familiarizarse con el espíritu de los autores sagrados; es por ello que destacamos su importancia. Permite además tener ideas originales y le brinda una base para poder juzgar válidamente las diversas fuentes secundarias que, muchas veces, son opuestas unas a otras.      


Este énfasis en la importancia del estudio directo no significa que no se recomiende la consulta de comentarios; por el contrario, cuando se hace en su oportunidad tal consulta, se considera parte indisponible de estudio metódico. Con razón apunta Spurgeon que “dos errores opuestos afectan con frecuencia al estudiante de la Biblia: la tendencia a tomarlo todo de segunda mano, proviniendo de otros, o la negativa absoluta a tomar en consideración cualquier cosa que provenga de otros”.


Puesto que existen muchas versiones de la Biblia, tenemos que decidir cuál debemos usar: La elección la determinan los requisitos individuales de cada estudiante, ya que si va a investigar por sí  mismo los particulares, necesitará un instrumento adecuado a su capacidad. Por ello es que, en la mayoría de los casos, una Biblia en la lengua nativa del estudiante es las más adecuada para la fase inicial del estudio inductivo. 


Esto se debe a que el estudiante generalmente no es lo suficientemente experto en los idiomas originales como para usarlos con verdadera autoridad y, además, pues que las traducciones son producto de expertos en la materia, es casi seguro que la mayoría de los estudiantes no sólo serán incapaces de mejorar estas traducciones sino quizás tampoco de igualarlas. Aún más, el individuo piensa siempre en su lengua nativa y, por esta razón, está más capacitado para aprender cuando estudia en su propio idioma. Tenemos también que considerar el hecho de que la lengua nativa permite al individuo usar relaciones muchos más amplias en sus ideas y conceptos que si se estudia en los idiomas originales de la Biblia. Por estas y otras varias razones, todas las exposiciones que haremos más adelante  estarán basadas en la premisa de que el primer paso del estudio metódico de las Escrituras ha de ser un estudio directo e independiente de la edición vernácula. Bajo ningún concepto queremos decir con esto que no reconozcamos la incalculable ayuda que puede obtener del uso de la versión original; pero ocurre además que el uso directo e independiente del idioma nativo muy a menudo realza el interés y conocimiento de la versión original en idioma extranjero.   


3. Estudio literario de la Biblia  


Es estudio literario de la Biblia da por sentado que las Escrituras contienen una gran literatura y que, por ello, están supeditadas a las leyes que rigen todas las obras maestras literarias. Estos hechos hacen de todo punto necesario que el estudiante de las Escrituras esté familiarizado y guiado por las leyes de la literatura. V. Ferm declara: “La Biblia como un todo es obra maestra literatura, y el estudio de la maestría de los libros, de la naturaleza del genio poético y de sus creaciones es, por lo menos, tan necesario para la verdadera comprensión del libro como pueda serlo el adiestramiento del crítico de historia”.


Debemos observar que esta premisa está basada en la convicción de que, aunque las Escrituras son únicas en su contenido y mensaje son, a la vez, semejantes a otras formas literarias, puesto que también son comunicaciones lingüísticas escritas. Si esto es así, entonces la forma literaria tiene las mismas funciones tanto en relación con las ideas bíblicas como en relación con conceptos que no lo sean; es decir, es un medio de comunicación y, consecuentemente, medio de interpretación. Es necesario entonces que tengamos en cuenta las cualidades literarias de las Escrituras si nuestro estudio de las mismas ha de ser metódico.    


4. Estudio sicológico de la Biblia 

La Biblia no es un libro abstracto sobre religión ni tampoco un almanaque de hechos y creencias religiosas. Es una crónica de experiencias vivas y dinámicas. Su naturaleza misma es sicológica. Por esta razón, el intérprete debe acercarse a ella teniendo siempre en cuenta esta experiencia contenida en las Escrituras. V. Ferm antecede la cita mencionada con estas palabras: 


“Gran parte de la BIblia, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, tiene carácter de poesía, y porciones que, aún no siendo poéticas, están saturadas de una emoción tan profunda que poseen a su vez grandeza literaria. Para mí es siempre una satisfacción acercarme a la Biblia pensando que es una gran obra literaria, la cual hay que disfrutarla y no sólo tratar de comprender. O mejor aún, que no puede ser realmente comprendida a menos que uno añada a los elementos externos— que pueden ayudarnos a situar el libro en su ambiente original y propósito inmediato— una percepción interior del corazón y de la mente de su autor, percepción que debe ser no tanto un conocimiento de cosas como un conocimiento directo de persona a persona”. 


5. Estudio constructivo de la Biblia  

Alguien ha escrito: “Estas son épocas en las cuales todo lo que es de incalculable dimensión en las Sagradas Escrituras ha quedado fuera del alcance de nuestra visión, al tiempo que nuestros pobres ojos se concentran en puntos y comas”. Debido a la realidad de esta tendencia y a los daños que emanan de la misma, es totalmente imperativo que los estudiantes de la Biblia se concentren en lo positivo, claro, y obviamente fundamental. Desde luego que existen problemas en la interpretación de las Escrituras, pero no es necesario que ocupen la mayor parte de nuestro tiempo. Porque según ya lo dijo alguien: “No son las partes de la Biblia que no comprendemos las que deben preocuparnos, sino las que entendemos”.      


6. Estudio comprensivo de la Biblia

Sería ideal que el estudio metódico de la Biblia fuese completo en dos aspectos: primero, en los medios — todo medio auxiliar debe ser usado en el estudio de la verdad de las Escrituras; segundo, en alcance — debería existir una total y absoluta comprensión de las Escrituras, teniendo en cuenta todos y cada uno de los libros de la Biblia.


7. Estudio sincero de la Biblia     

Esta característica estuvo ya incluida en la explicación sobre la inducción; pero es tan importante que podemos volver a hablar de ella. Al acercarnos a las Escrituras no debemos poner nada en las mismas, sino más bien obtener todo lo que en ellas hay, evitando que algo que verdaderamente esté  contenido allí quede oculto. En su Introducción a Shakespeare, Harding Craig hace notar que “parecía existir solamente una forma honesta de proceder. Tuve que desbrozar el campo cuando necesité limpieza y lo hice con la fe en que, si con ello podemos escuchar la voz de Shakespeare, entonces no tenemos nada de qué preocuparnos”. 


Es estudiante de la Biblia debe proceder de la misma forma al acercarse a las Escrituras con el propósito de hacer que ellas le hablen y con la confianza de que, si podemos escucharlas, entonces no tenemos nada de qué preocuparnos. L. Gilman dijo acerca de Toscanini: “Inconscientemente nos recuerda Toscanini que solamente son capaces de tocar los resortes emocionales más profundos aquellos artistas que demuestran propósito único, pureza de intención, y sinceridad incorruptible”. 

Sólo aquellos que exhiban estas mismas cualidades podrán funcionar verdaderamente como estudiantes de la Biblia. 


8. Estudio asimilativo de la Biblia

El fin inmediato del estudio bíblico es reproducir en los que en él participan la misma experiencia que originó las Escrituras. El estudiante chino que escribió: “Estoy estudiando ahora la Biblia y viviéndola”, comprendió la importancia de este principio básico. Es esencial que la verdad descubierta en la Biblia sea así incorporada a nuestra vida. Esto es cierto por muchas razones, de las cuales anotaremos solamente dos: 


Primero, la asimilación de la verdad que encontramos en las  Escrituras hace que la Biblia sea digna de ser estudiada. Holbrook Jackson, en su libro titulado La lectura de libros, dice: “ El resultado primordial de la lectura es despertar, no informar… A menos que de alguna manera o alguna vez las  palabras, oraciones, o libros produzcan este efecto beneficioso y creador, no sólo revelandonos la vida sino enseñándonos cómo vivir, la lectura es una pérdida de tiempo”.  Esta declaración es total y completamente cierta en lo que atañe al estudio de la Biblia.


Segundo, cuando nos apropiamos de la verdad de las Escrituras se aumenta nuestra comprensión; de no ser así, caemos en la atrofia espiritual. Jesús dejó esto perfectamente aclarado hablando de sus parábolas: “Si alguno tiene oídos para oír, oiga. Les dijo también:MIrad lo que oís, porque con la medida con que medís os será medido y aun se os añadirá, a vosotros— los que oís. Pues al que tiene se le dará, y al que no tiene, aún lo que tiene se le quitará[ (Mt 4:23-25). 


9. Estudio reverente de la Biblia

La reverencia es necesaria por dos razones: 

Primera, permite la receptividad, la cual es esencial para la compresión de la verdad espiritual. El mismo Jesús enseñó esto en la parábola del sembrador (Mr 4:1-20). Horace Bushnell hizo notar: “Es mi experiencia que la Biblia es poco interesante cuando yo mismo estoy poco interesado en ella. Cuando estoy de verdad atento y me concentro con una oleada de vívidas afinidades, el texto se abre y sus descubrimientos se multiplican, revelando profundidades más rápidamente de lo que yo puedo alcanzar a comprenderlos”.   


La falta de interés en la Biblia se debe a una actitud inadecuada hacia las Escrituras que puede superarse solamente mediante el cultivo de un verdadero respeto hacia las mismas. 


Segundo, conlleva una dependencia devota al Espíritu de Dios, sin el cual uno no puede comprender su Palabra; pues Aquel que inspiró la Palabra es también su supremo intérprete. A sus palabras citadas anteriormente Bushnell añade: “El espíritu mundano nos cierra la Biblia; el Espíritu de Dios la convierte en un fuego que esparce verdades gloriosas y llenas de significado”.     


(Método para el estudio de la Biblia. por: Robert A. Traina. p 9-16)