COLOSENSES
TEXTO, EXPOSICIÓN Y AYUDAS PRÁCTICAS

I.     INTRODUCCIÓN, 1:1-11

Colosenses es como cualquier otra carta. Está formada por un saludo, un cuerpo y una despedida. El saludo o introducción es bastante largo, algunos inclusive sostienen que esta introducción va hasta 2:5. Así, el comentarista Lohse sostiene que en esta introducción tenemos el saludo (1:1, 2), el buen estado en que se halla la comunidad (1:3–8), una petición con un himno (1:9–20), aplicaciones a la comunidad (1:21–23) y algo acerca del ministerio del Apóstol (1:24–2:5). Por razones de simplificación nosotros hemos dividido esta larga introducción; la trataremos hasta 1:11. De allí en adelante la estudiaremos como parte del cuerpo o el tema de la carta.


    1.     Saludo 1:1, 2

Aquí nos enfrentamos al primer desafío de la carta. Un saludo pastoral que merecería una atención aparte; veremos los puntos fundamentales. Pablo, una personalidad apasionante que invita a un estudio aparte, escribe no como un “hermano de la iglesia”, está escribiendo como un “ministro eclesiástico”, conocido como tal y también por los colaboradores de él, en este caso el hermano Timoteo. Pablo aclara y especifica el derecho que tiene para escribir la carta: Su autoridad radica en que él es apóstol.
Avanzando un poco nos dice que él es apóstol... por la voluntad de Dios, un sentido de vocación y llamado que predominó en Pablo y que ya se está poniendo a un lado en nuestra época de profesionalismo. Pablo siempre estuvo consciente de su llamamiento y bajo esta convicción realizó todo su ministerio. No era apóstol por capacidad, conveniencia o necesidad de empleo o posición, era apóstol por la voluntad de Dios (Rom. 1:1). En el saludo está incluido su discípulo Timoteo, otra personalidad que merece nuestro estudio. Timoteo no es apóstol, es hermano, título diferente pero no menos importante. Hace énfasis en una relación de creyentes, que también tiene con toda la iglesia (v. 2), a quienes posiblemente no había visto antes.
Saludo: "Gracia"
1:2
Gracia es favor, pero no a personas merecedoras, como la madre. Tampoco es favor inmerecido, como el que se hace al pobre mendigo. Gracia es favor más excelso, favor desmerecido, como el que se hace a un malvado que ha dado muerte miserablemente a un ser querido, y que en vez de inferírsele el castigo que se merece, se le otorga perdón y se le colma de bondades. Este es el significado del vocablo excelso —gracia— del saludo que nos recuerda la infinita misericordia de Dios para con nosotros, enemigos de él en malas obras, al perdonar nuestros delitos y pecados, mediante el sacrificio de Cristo en la cruz, en pago de nuestras culpas.

Hay algunos elementos destacables en el v. 2. En Romanos, Filipenses y Colosenses Pablo hace un énfasis mayor en los individuos que en las congregaciones, comparando con las cartas escritas en un tiempo más temprano de su ministerio: Tesalonicenses, Corintios y Gálatas en donde muchas veces es un tanto despersonalizado. La iglesia es de individuos a quienes escribe, pero parece que Pablo se daba cuenta de que ahora las iglesias estaban constituyéndose más en una institución religiosa, perdiendo el significado de la individualidad de cada creyente.
Los colosenses son santos y fieles: dos calificativos que no significaban ninguna característica especial, apenas son sinónimos de creyentes. Santos hace sobresalir la idea de que son apartados para Jesu-cristo, es decir que como creyentes deben vivir de acuerdo con esta santidad; lo mismo se puede decir de fieles: Creyentes que deben manifestar su condición de tales en el mundo. Con este título nos unimos a aquel pueblo fiel descrito en el AT (Exo. 19:5, 6). Pablo dice que este estado no es por nuestro esfuerzo, sino solamente en Cristo.
Su saludo termina uniendo la fórmula griega (gozo = cáiro 5463) que lo ha cristianizado (gracia = cáris 5485), con el saludo hebreo shalom, traducido paz (eiréne 1515). Estas cosas no son subjetivas sino que la gracia se convierte en amistad con Dios, la paz es la tranquilidad, una posesión de los dones divinos. La gracia no es un mero sentimiento de Dios, sino un regalo de Dios por medio de Jesucristo; la paz no es un estado de ánimo, una paz del espíritu, sino paz objetiva, algo que podemos ver y que debemos hacer (Mat. 5:9).
Los siguientes versículos se pueden dividir en dos secciones: la primera en la que Pablo da gracias a Dios (1:3–8), y la segunda en la que Pablo no cesa de orar y pedir (1:9–11); una acción de gracias y una petición.


    2.     Acción de gracias 1:3-8

Estos versículos no son presentados como una serie de conceptos o definiciones, sino que fluyen dependiendo el uno del otro. Son una especie de grada, cada idea se va desarrollando en la siguiente.
Semillero homilético
Preeminencia en las salutaciones
1:1, 2
Introducción: "Entre los griegos, la salutación epistolar que seguía a los hombres y títulos del que escribía, era: ¡alégrate!, fórmula por la cual los paganos no deseaban más que un gozo carnal y terrenal. En lugar de esto, los apóstoles, para quienes todas las relaciones de la vida humana habían vuelto a tomar su profunda verdad, deseaban a sus hermanos la gracia, fuente de todo perdón, de toda salud para las almas que la reciben, y el fruto de esa gracia, la paz, la paz de Dios, la paz del corazón, la paz con todos los hombres" (Bonnet y Schroeder).
I.     Proclamación de la preeminencia en el apostolado cristiano, v. 1.
1.     Es proclamada al declarar que es apóstol de Cristo, v. 1a.
2.     Es proclamada al declarar que es apóstol por la autoridad de Dios, v. 1b.
II.     Proclamación de la preeminencia en la fraternidad cristiana, v. 2.
1.     Es proclamada al declarar que la fraternidad es en Cristo, v. 2.
2.     Es proclamada al hacer votos de gracia y paz de Dios y de Cristo, v. 2b.
Conclusión: Antiguamente era costumbre despedirse con estas palabras: "A Dios te encomiendo", las cuales, por tanto repetirse se redujeron a la frase "A Dios...", que después se convirtió en el sustantivo de despedida "adiós". Nosotros haríamos bien, en los saludos y en las despedidas, de una manera piadosa, sincera y natural, en declarar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Las acciones de gracias van dirigidas al Padre, el autor de la gracia y la paz, el autor de todo, quien nos ha dado todo (1 Cor. 3:7). Pero también no es el Dios que tiene a Jesucristo como “un dios”, sino que Jesucristo, la segunda persona de la trinidad, es el Señor, el dueño de todo. Es a Dios a quien se dirige su oración por medio de Jesucristo el Señor; esta es la “fórmula” de las oraciones en las primeras comunidades cristianas. Esta oración se realiza ya que habían recibido buenos informes de parte de Epafras de lo que estaba sucediendo. Pablo era realista: Hay cosas buenas pero también hay cosas malas y hay que decir las dos sin temor ni vergüenza.
Inmediatamente Pablo considera lo que algunos han llamado las “virtudes teologales” del cristiano: amor, fe y esperanza; aquí las presenta de una manera diferente. Las dos primeras son una unidad y la tercera no se expresa como virtud, sino como la causa para las dos primeras. La fe y el amor están fundamentados en la esperanza (Heb. 6:19).
La fe de los colosenses no era solamente “fe”, sino fe en Cristo Jesús (v. 4a). Esta fe no se limita a lo que uno cree o quiere obedecer y se sujeta, sino que es una forma de vivir. Cristo es la esfera en la que se ejercita la fe; es una unión vital con Cristo. Por eso Pablo no usa la forma común de “creer en (eis) Cristo” o hacia Cristo, sino “creer en (en) Cristo” o dentro de Cristo. La fe en Cristo es una forma de vivir (1 Tes. 1:3). Por eso el segundo elemento de la trilogía que estamos considerando es el amor. La fe solamente actúa en el amor (Gál. 5:6). Tenemos que desterrar de nuestra mente la fe etérea e irreal. La fe verdadera es la que se ve, principalmente en el amor, el amor que se tiene hacia los hermanos. De esta manera se puede decir que el vínculo entre los creyentes no son meros sentimientos o cosas “espirituales”; el vínculo entre los creyentes es el amor que se refleja en hechos. En el v. 4 Pablo ha entrado ya en un primer aspecto de la vida comunitaria de una congregación: el amor objetivo.
Deberes para con el evangelio
1:5–7
1.     Oírlo.
2.     Fructificar en él.
3.     Permitirle que crezca.
4.     Aprender por medio de los siervos del Señor.

La esperanza se halla definida más tarde como Cristo mismo (1:27). Así eliminamos de raíz aquellas nuevas ideas que tratan de definir la esperanza como un optimismo por la vida, o tal vez como un triunfalismo o sencillamente como ciertos eventos que uno quiere que sucedan. Esta esperanza es la salvación que se aguarda y que tenemos reservada en los cielos, definida más ampliamente en Romanos 8:24, 25. Se debe aclarar que esta esperanza no es algo nebuloso que aguardamos sino una certeza: Un reino que ya ha irrumpido en la humanidad por intermedio de la persona, ministerio y obra de Jesucristo, al que ya hemos sido trasladados. Inmediatamente Pablo nos dice que esta esperanza ya ha sido anunciada en el evangelio que es definido como verdad. El evangelio tiene como contenido básico una promesa hecha en el AT, un cumplimiento en Jesucristo y una esperanza en su segunda venida.
El evangelio no puede ser resumido en una frase y Pablo no pretende hacerlo, apenas da ciertas cualidades. Ya hemos dicho que es verdad, en su esencia es verdadero, real, no fantasioso. Luego lo describe diciendo que este evangelio ha llegado a ser parte de los colosenses, que está presente en el interior de cada creyente. Estamos hablando de un evangelio dinámico, tan dinámico que está llevando fruto y creciendo. Debemos pensar aquí que nos está hablando del evangelio, más tarde en el v. 10, donde se usan estas mismas palabras, nos habla de las personas. Primeramente, y antes de pensar en ellas dando fruto y creciendo, debemos pensar que es el evangelio mismo el que da el fruto y crece. No olvidemos que primero es Dios el que actúa y él mismo es el que da el crecimiento.
Pablo nos habla de dos “ambientes” en donde el evangelio ha actuado: en todo el mundo y entre vosotros (v. 6). El primero no es tanto un sitio geográfico; está hablando de este siglo presente en donde Satanás es el que gobierna. Es en este mundo donde ha penetrado el evangelio, que fuera de la iglesia se mueve poderosamente. Otro ámbito de su obra es el grupo de creyentes. El evangelio no es solamente un mensaje para el no creyente, es el mensaje para el creyente en donde crece y lleva fruto.
En los vv. 6 y 7 hay también una progresión: Oísteis... comprendisteis... aprendisteis. No es suficiente recibir sonidos, es indispensable escuchar con atención pero sobre todo hay que penetrar con inteligencia en los conceptos (epiginosco 1921); solamente así podemos decir que hemos aprendido. Al poner en práctica lo que se oye y lo que se comprende estoy viviendo el evangelio. Se cierra el círculo diciendo que la esencia del mensaje del evangelio es la gracia. No hay mérito humano, de allí toda esta gran acción de gracias.
Finalmente llegamos al instrumento humano en la transmisión del evangelio: Epafras. Mucho se ha dicho de él y mucho se discute de su identidad. Podemos decir a ciencia cierta que era compañero de prisión de Pablo (Film. 23), pero sobre todo era un consiervo, título que se le asigna al mismo Pablo (Rom. 1:1) y que los une con los grandes personajes del AT como Moisés (Jos. 1:2) o a los profetas (Amós 3:7). Es también un fiel ministro. No sabemos más de Epafras pero aquí tenemos mucho para imitar.
Esta acción de gracias termina mencionando a la tercera persona de la Trinidad. Los colosenses se aman en el Espíritu (v. 8), el único que puede producir un verdadero amor entre los creyentes (Gál. 5:22). Nuevamente no es un amor basado en simpatía y conocimiento, sino un amor que nace del Espíritu Santo.
Andando como es digno del Señor
1:10
1.     Agradándole en todo.
2.     Llevando fruto en toda buena obra.
3.     Creciendo en el conocimiento de Dios.


    3.     Petición, 1:9-11

Lo primero que llama la atención es la repetición del verbo orar (vv. 3, 9). Pablo oraba, esta es la lección mayor del pasaje. Al recorrer las líneas del pasaje se ve cómo deben ser nuestras oraciones por nuestras iglesias de hoy. Algunos piensan que aquí hay solamente repeticiones de formalismo, pero sin duda estamos frente a un modelo de oración.
En la oración de Pablo hay dos propósitos: ser llenos de la voluntad de Dios y andar como Dios se merece. La primera parte está saturada de términos que parecen abstractos, pero no lo son. Seáis llenos implica un control sobre el individuo (Ef. 5:18). Este control debe ser del conocimiento (epígnosis 1922, “sobreconocimiento”), que es una palabra clave de esta carta, y que se usa en 1:9, 10; 2:2 y 3:10. Este es un conocimiento más profundo y completo en contraste con el simple conocimiento que algunos se habían puesto como meta y propósito de su vida. Este “sobreconocimiento”, que no era un mero discernir conceptual, sino un conocimiento personal de Dios, brota del trato experimental con una persona más que con un concepto (Grossi). Estamos hablando de conocer la voluntad de Dios. Esto es más que hablar y pedir a Dios, es que estemos atentos al mensaje que él tiene para nosotros. Este tema lo desarrolla Pablo en otros pasajes como Romanos 12:1, 2; Efesios 5:17; 6:6; Gálatas 4:12 y 1 Tesalonicenses 4:3; 5:18.
Además, el conocimiento debe estar saturado de sabiduría (sofía 4678). Esta es otra palabra clave de Colosenses: 1:9, 29; 2:3; 3:16 y 4:5). Esta sabiduría se revela en Jesucristo y también la plena comprensión o inteligencia. La voluntad de Dios no es algo místico e inexplicable sino algo que puede ser razonado. Todo esto es espiritual, es decir controlado y guiado por el Espíritu Santo. No se trata de una sabiduría y comprensión humanas, es algo que se origina en el Espíritu Santo (1 Cor. 2:6–16).
El segundo propósito es que andéis como es digno del Señor (v. 10). El tema del andar es prominente en el NT, enseñando que la vida del cristiano no es solamente agradable a Dios en “las cosas de la iglesia”, sino en todo. Nuestra vida en forma completa debe serle agradable; el creyente que anda en la voluntad de Dios lo muestra en su comportamiento en el diario vivir, principalmente fuera de la comunidad cristiana congregada para adorar. Esto es precisamente lo que nos dice a continuación: de manera que produzcáis fruto. Esto no es solamente ganar personas para Cristo, sino sobre todo y antes que nada es hacer toda buena obra. El creyente que está caminando dignamente hace buenas obras y deja ver a las personas que el Espíritu Santo y Jesucristo están obrando en él (Juan 15:1–17; Gál. 5:22), y también está creciendo en el conocimiento de Dios, es decir en una relación personal con él.
Finalmente no nos exige sólo a nosotros, sino que Dios ha hecho ya mucho y nos da las herramientas para salir adelante: fortalecido con todo poder (v. 11), es decir dejando que el poder del Espíritu Santo fluya en nuestra vida (Ef. 1:19–23). Este poder que tenemos opera según su gloria, es decir según la suma de todas las perfecciones divinas (Ef. 3:14–21). Dios nos ha dado toda la capacidad; dependerá de nosotros que produzca perseverancia (upomoné 5281), la capacidad de salir triunfante en los conflictos y paciencia (makrothumía 3115), el espíritu que espera lo mejor aunque esté en conflicto. Y por último vivir con gozo (cará 5479); no nos demanda entonces un sufrimiento estoico.


II.     SALVACION EN CRISTO, 1:12-2:10

Luego de la larga introducción que ha incluido los saludos pertinentes, las acciones de gracias y finalmente las peticiones, el autor comienza a desarrollar el tema de la carta. ¡Qué mejor manera de iniciar la discusión que afirmar la salvación que tenemos en Cristo! De ella nos va a hablar en forma detallada, empezando con una descripción del acto salvífico en sí mismo, en donde encontramos enclavado uno de los himnos cristológicos más importantes del NT. Luego trata sobre su compromiso con la salvación y los salvados para terminar esta sección en 2:6–10 con ciertas implicaciones prácticas de todo el acto salvífico.
Se debe haber notado que nos hemos apartado de la puntuación de RVA y hemos preferido seguir la puntuación del Nuevo Testamento griego de SBU. Hemos incluido la frase con gozo en el v. 11, porque allí se completa la simetría en las cuatro frases preposicionales en el griego, que están modificando a la forma verbal que seáis fortalecidos, a saber: con todo poder, conforme a su gloriosa potencia, para toda perseverancia y paciencia y con gozo.


    1.     El acto salvífico, 1:12-23a

Una nueva forma con un participio inicia este párrafo. Es la misma palabra con que comienza el v. 3, damos gracias. La mejor forma de explicarnos un acto de salvación por gracia y solamente por gracia es empezando con una palabra de gratitud hacia el Padre. Esta gratitud es básica y fundamentalmente porque nos hizo aptos. La palabra usada aquí (ikanóo 2427) sólo aparece además en 2 Corintios 3:6, en donde se traduce nos capacitó, lo que aclara el sentido de este pasaje. La gratitud al Padre es debido a la capacitación que nos ha dado para recibir la herencia. Doble gracia: capacitación para recibir y la herencia misma (note que hemos preferido nos en lugar de os la variante textual que nos ofrece la nota de RVA). La terminología usada aquí tiene un corte veterotestamentario, para referirse a lo que recibimos. Sin duda, esta herencia colectiva hace referencia al ámbito del más allá de la salvación, por la connotación que tiene la palabra luz en el contexto (ver Ef. 1:18).
Semillero homilético
Preeminencia en el principio de la vida cristiana
1:3–14
Introducción: Es indispensable en todo lo que se emprende poner el fundamento de buenos principios, para garantizar un desarrollo normal y exitoso. Los colosenses habían tenido un estupendo principio al colocar a Cristo y sus virtudes como lo preeminente en sus vidas, de modo que el corazón del Apóstol se regocijaba y alababa a Dios por ello.
I.     Acción de gracias por la preeminencia en el principio de la vida cristiana, vv. 3–8.
1.     Por la posesión de las virtudes fundamentales del evangelio: fe, esperanza y amor, vv. 3–5.
2.     Por haber conocido el evangelio y porque había crecido en ellos, vv. 5b, 6.
3.     Por el ministro usado para su desarrollo espiritual, vv. 7, 8.
II.     Intercesión por el desarrollo según la preeminencia, vv. 9–11.
1.     Intercesión para ser llenos del conocimiento de Dios, v. 9.
2.     Intercesión para andar como es digno del Señor, v. 10.
(1)     Agradándole en todo.
(2)     Llevando fruto en toda buena obra.
(3)     Creciendo en el conocimiento de Dios.
3.     Intercesión para ser fortalecidos según el poder de Dios, v. 11.
III.     Acción de gracias por la preeminencia de la herencia que resulta de la redención, vv. 12–14.
1.     Acción de gracias por participar en la herencia de los santos en luz, v. 12.
2.     Acción de gracias por la traslación del reino de las tinieblas al reino de Cristo, v. 13.
3.     Acción de gracias por el perdón de los pecados, v. 14.
Conclusión: En Venezuela murió una dama multimillonaria y dejó como herencia una fortuna a un ciudadano en quien menos se pensaba. Los familiares de la opulenta litigaron para desheredar al extraño ciudadano. No pudieron. Se había testado a favor de él. Quedó inmensamente rico. De la misma manera, aun el más pobre de los hijos de Dios ostentará la herencia más rica que nadie podrá enajenar (1:12). Es necesario empezar en el evangelio haciendo de Cristo y sus virtudes lo preeminente en la vida cristiana, y con una vida de alabanza por haber sido trasladados de la potestad de las tinieblas al reino del amado Hijo de Dios.

Mucho se ha hablado sobre el himno cristológico. El comentarista Bornkamn sostiene que se trata de un himno de acción de gracias que se conocía desde mucho tiempo antes de Pablo y que se cantaba en lo que llamamos la cena del Señor. La mayoría concuerda en que este material no tuvo origen en Pablo, sino que él usó algo que ya tenía la iglesia del primer siglo. No sabemos por cierto si esto fue o no fue así, pero sí podemos confirmar que si no lo conocían antes, después que Pablo escribió a los colosenses este himno fue muy popular entre los creyentes.
Su estructura también ha sido muy debatida. El comentarista Lohmeyr propone una estructura que me parece muy reconciliadora: dos estrofas de siete esticos cada una y una declaración de tres esticos a manera de introducción.
Notamos entonces que el himno tiene una declaración para luego cantar a Jesu-cristo como mediador de la creación, luego otra declaración y un nuevo cántico a Jesu-cristo como mediador de la redención. Este es un himno cristológico-cósmico, es decir que estamos frente a un Cristo que es el redentor pero también a un Cristo que está actuando en el mundo aquí y ahora. Hay un equilibrio perfecto entre los dos conceptos. Pablo, al usarlo aquí, pretende afirmar el valor cosmológico de Cristo frente al sistema que habían levantado los colosenses, poniendo al Salvador a un lado o compartiendo su puesto con alguien o algo más. Este himno constituye el centro de toda la carta y es un reflejo de toda su teología.
Me parece importante seguir en este punto a D. Senior quien ve en el himno cuatro aspectos de la cristología cósmica: El himno da al Cristo resucitado un papel central en toda la creación. La conexión que se establece entre el señorío de Cristo sobre el cosmos y su señorío sobre la iglesia es preponderante. El énfasis está en la reconciliación universal mediante la muerte y la resurrección de Jesús. El señorío cósmico de Cristo conduce no sólo simple o primariamente a una naturaleza renovada, sino también a una humanidad renovada. Podemos afirmar que estos cuatro aspectos abren la puerta para una teología bíblica misionológica de Pablo, que constituye una de las inquietudes de nuestro continente que se despierta a la tarea misionera mundial.
Procedamos a analizar el himno siguiendo la estructura mencionada. La declaración inicial la podemos dividir en tres frases que indican lo que ha hecho Dios por nosotros. La primera frase nos dice que Dios ha hecho un acto de liberación. Estas palabras implican un acto de rescate de una situación muy conflictiva. Esta situación de conflicto se da al estar bajo el poder de las tinieblas. Autoridad aquí se usa como sinónimo de tiranía. Se puede ver esta frase usada en Lucas 22:53 donde está presente la idea de desorden. La terminología de este pasaje nos recuerda que el creyente antes de serlo estaba esclavizado al pecado, que la naturaleza pecaminosa nos tenía cautivos, pero ahora en Cristo Jesús nos ha otorgado libertad de esta situación y nos ha traído a la luz. El grito de victoria es que esta frase y la siguiente declaran que la liberación y el traslado al reino es una acción terminada y pasada.
Esto nos conduce a la segunda frase. La obra del Padre no solamente ha sido la de sacarnos, sino también la de meternos. En el original es fuerte el énfasis con las dos preposiciones opuestas: Nos saca desde adentro (ek) para trasladarnos hacia adentro (eis). La vida del cristiano no es solamente abandonar algo, sino también comprometerse en algo. Regresemos al texto. El traslado que ha sucedido en el creyente es de una tiranía hacia el reino. La figura que se tiene en mente con la palabra “trasladar” es la costumbre que se tenía en los reinos orientales de llevar cautivos a un grupo de personas para que se encontraran más controladas en otro reino.
El reino es posiblemente el tema central del NT. El reino de Dios, descrito ahora como reino de su Hijo amado (v. 13), se refiere aquí al reino de Cristo y no al reino de Dios por el énfasis cristológico de la epístola. No es un reino de ángeles o de sencillas criaturas, es el reino del Hijo. La traducción literal de esta última parte sería “el Hijo de su amor”, es decir en quien ha depositado su amor tan especial.
Aquí debemos hacer un alto para mencionar algo más sobre el reino. Permí-tanos mencionar un concepto desarrollado por René Padilla quien dice que reino es “el poder de Dios en acción entre los hombres por medio de una persona y su ministerio”. Este fue el mensaje anunciado en el AT, fue el contenido del evangelio que llegó en Jesucristo, que se manifestó visiblemente en sus milagros y en sus reprensiones a los demonios como símbolo de que su poder ahora ya está actuando en el mundo. El reino de Dios ha irrumpido en la historia y demanda de nosotros tener un real compromiso que nos traerá conflicto con los valores del mundo. Finalmente nos recalca que este traslado ya sucedió, no debemos esperar solamente un fin escatológico para disfrutar y vivir en el reino. Sí, estamos esperando su cumplimiento pleno, pero ahora ya estamos viviendo en el reino. Como alguien ha dicho, tenemos que vivir el “todavía no” del reino en el “ya” del reino.
La tercera frase de esta primera declaración nos habla en forma concreta de la obra de Cristo. El cómo es que podemos disfrutar del traslado descrito en el v. 13; lo tenemos, es una declaración de certeza, sólo por la obra del Hijo. La figura de cautividad continúa; ya no es un asunto de historia, ahora el énfasis con la redención es el ser filántropo o movido a misericordia. Se ha pagado un rescate para lograr la libertad. El esclavo o cautivo no puede negociar su libertad, de allí que él necesita una intervención externa para solucionar el problema. Esta frase no da ninguna ocasión para discutir sobre la persona a quien se paga el rescate. Entrar en ese punto sería intrascendente, debido a que inmediatamente se dice en qué consiste esta redención por medio del uso de una frase apositiva. La redención, entonces, es el perdón de los pecados, eso es lo céntrico; no queremos decir que son sinónimos, sino que en las dos tenemos la obra de Cristo en beneficio nuestro.
La declaración ha terminado, es el momento de pasar a ver la primera estrofa del himno que nos habla de una exaltación al mediador de la creación. Las dos primeras líneas (v. 15) nos dicen quién es este mediador: El es la imagen y él es el primogénito. Analicemos estas frases.
La primera es un rompimiento del sistema lógico: él es imagen de algo que no se puede ver; lo lógico es que él fuera la imagen de algo que se puede ver. Muchos consideran a Dios como un ser distante, pero Pablo nos dice que se ha acercado a la creación en su imagen: Jesucristo. Esto quiere decir que Jesucristo es la verdadera y máxima revelación del Padre (Juan 1:18); el rostro invisible de Dios se hizo ver a los ojos de los hombres en el rostro de Jesús. El mismo Jesús dijo a Felipe: El que me ha visto, ha visto al Padre (Juan 14:9). Pero el concepto de imagen (eikón 1504) entre los judíos estaba relacionado también con el concepto de sabiduría como una dimensión mediadora que tomaba rasgos personales. Ella se personificaba y era la imagen de Dios. Remitimos al lector a los libros de sabiduría del AT. La expresión imagen es frecuentemente usada para explicar lo que es el lógos (Juan 1:1) en las obras de Filón.
Hay que notar también el uso del tiempo presente él es, no fue, ni será sino es, hablándonos de un Cristo preexistente, un Cristo eterno que ahora ha llegado a la creación.
La siguiente línea nos presenta un problema. Algunos ven aquí a Jesucristo como el primer ser creado, pero no es así. Gramaticalmente no se trata de un genitivo de origen (Col. 1:18) o de posesión, sino de un genitivo de referencia, que se podría traducir así: “Primogénito con referencia a toda la creación.” Pero también para entender esta frase debemos verla a la luz del AT. El primogénito no era necesariamente el primer nacido, sino más bien era un título con ciertos privilegios que se daba a un hijo. El era el representante del padre de familia, el que recibía todo y el responsable de administrar los bienes del padre. Esto se ve muy claramente ilustrado en la historia de Jacob y Esaú, y cómo el segundo perdió su primogenitura o sus privilegios. La palabra primogénito (protótokos 4416) a más de hablarnos de prioridad o de ser el primero, también hace referencia a su soberanía sobre toda la creación. Entonces Jesucristo no es el primer creado, sino el que está sobre toda la creación.
Las líneas siguientes nos dan las dos razones por las que él tiene esta primogenitura de la creación (v. 16a-e). En él (en auto) fueron creadas todas las cosas: significa que todas las leyes y propósitos que guiaron la creación residen en él (Lightfoot). La palabra eterna, aquel que es la imagen, el Cristo, es el punto de reunión de toda la creación. No hay un solo elemento que escape de su soberanía. Si hablamos de cosas que están en nuestro contorno, él es el creador; si hablamos de cosas que están fuera de nuestra realidad presente, él es el creador, de lo que vemos y de lo que no vemos. Luego pone en la lista de lo que ha sido creado “en Cristo” a una jerarquía angélica (ver el uso que se da a estas palabras en pasajes paralelos como Ef. 1:21 y 6:12); también es la interpretación aceptada por la mayoría de los eruditos y además es la terminología seguida en la angelología judía.
No debemos buscar aquí ninguna explicación fantástica sobre lo que es cada uno de estos ángeles. Sólo se reconoce que estos seres espirituales, en quienes parece que los colosenses confiaban, no son potencias metafísicas independientes en el sentido del dualismo. Están destinadas, a priori, a ser sometidas a Cristo.
Declaraciones de la deidad de Cristo
1:15–23
1.     Cristo es la imagen del Dios invisible, v. 15a.
2.     El es el primogénito o principio de la creación, v. 15b.
3.     El es el creador del universo, v. 16.
4.     El es eterno, antes de todo, v. 17a.
5.     El es el sustentador de todas las cosas, v. 17b.
6.     El es la cabeza de la iglesia, v. 18.
7.     El es el primogénito de los muertos, o de la resurrección, origen de la nueva vida, v. 18b.
8.     En él habita toda la plenitud de la Deidad, v. 19 (2:9).
9.     El es el reconciliador de la humanidad consigo mismo, vv. 20, 21.
10.     El es el santificador de la raza pecadora, vv. 22, 23.

La segunda declaración que introduce la segunda estrofa es un cántico a Jesucristo como mediador de la redención. Este derecho a ser llamado como tal, comienza en la afirmación de que todo fue creado por medio de él y para él (v. 16). Una combinación similar se usa en Romanos 11:36. El énfasis que se hace aquí es que él es el alfa y también la omega de la creación, no solamente el principio sino también el final (Apoc. 22:13). Aquí hay una observación interesante. En el comienzo del v. 16 se usó el verbo “crear” en tiempo aoristo, que indica una acción terminada y describe el acto de la creación; ahora, al final del v. 16 se usa el tiempo perfecto, que significa una acción realizada pero que continúa hasta el presente: la creación se sigue relacionando con el Creador.
La siguiente línea de la declaración sigue afirmando más acerca de Jesús. Hay un uso enfático del pronombre con el verbo, acentuando la personalidad y declarando su preexistencia. Finalmente dice que en él todas las cosas subsisten (v. 17), es decir que él es el que pone armonía y unidad a la creación, eso que hace a la creación algo organizado. Ya no se puede decir más. Aquí tenemos una declaración completa de lo que es Jesucristo, lo que origina la segunda estrofa del himno, indicando las implicaciones para el objeto de la redención.
El es el Señor de la iglesia, y esto lo dice con la frase él es la cabeza del cuerpo (v. 18). Nuevamente él es enfático. De una manera muy especial él tiene autoridad sobre la iglesia.
La palabra principio (arcé 746) tiene algunas implicaciones. Primero se debe notar el uso del enfático él es. Este título principio es otra manera de describir la encarnación de Cristo, siempre en la relación que tiene con la iglesia. Hay otros pasajes donde se describe a Jesús con este término: Hechos 3:14; 5:31; 1 Corintios 15:20, 23. Este título es un absoluto que no admite nada antes de él.
Nuevamente se usa el término primogénito (lit. primogénito salido desde los muertos). Esta frase se usa también en Apocalipsis 1:5, en donde se menciona a Jesucristo como el soberano de toda la tierra. La primogenitura de entre los muertos, su resurrección, está vinculada íntimamente con ser la cabeza (Ef. 1:19–23). Su resurrección no tiene paralelo, no porque no ha habido otras resurrecciones, sino que él es el único que resucitó para no volver a morir; de allí que es primogénito.
Esta primogenitura tuvo un propósito, la manifestación histórica de su supremacía. La resurrección es la confirmación dentro del marco histórico de que Jesús es el Mesías. El Señor Jesús es el primero de todo: Señor del universo, Señor de la iglesia, Señor de todo. Cristo es todo lo que el creyente necesita, no hace falta nada más; el “primero” no puede compartir su supremacía con nadie.
La línea siguiente en el poema, v. 19, nos conduce a una nueva cumbre en el cántico, una nueva conclusión. Todo lo que se ha dicho aquí es cierto, y se resume en una nueva frase rica en palabras profundas. Se debe decir que la palabra Padre no se halla en el original, pero es necesario ponerla para dar sentido a lo que se quiere expresar. Jesús es el máximo agrado o complacencia del Padre (Mar. 1:11). Agradó sólo se usa como el buen propósito de Dios, y el propósito del Padre fue que en Jesús habitara la plenitud. El verbo “habitar” (katoikéo 2730) significa morar para siempre, es decir que aquí se niega de raíz que Dios estuvo solamente un tiempo en Jesús. En él estaba, está y estará habitando la plenitud de Dios. Esta última palabra (pleróma 4138), también es un término teológico técnico que implica la totalidad de la divinidad, como también en 2:9. Se ha discutido mucho este término, pero podemos decir, sin temor a equivocarnos, que Pablo lo utilizaba como la plenitud de la naturaleza divina que reside en Cristo de tal modo que nada de la deidad le falta. Siguiendo al comentarista M. Barth, se puede decir que el término hace referencia al concepto bíblico de la presencia de Dios manifiesta en el mundo.
La grandiosidad de Jesús no es que se contentó quedando como la plenitud, sino que siendo tal decidió Dios reconciliar todas cosas (2 Cor. 5:19). Lo que hizo Dios en Jesucristo es cambiar la hostilidad y enemistad por el amor, amistad y obediencia. Lo que estamos afirmando es que no fue Dios el que se reconcilió, siempre es el hombre quien debe ser reconciliado con Dios. Dios sólo es el que toma la iniciativa. El único camino para esto era la sangre de la cruz, no había otra alternativa para hacer la paz. Jesucristo tenía que pagar el precio de la redención para hacernos libres; nuestra esclavitud al pecado es tal que solamente un precio de esta magnitud puede ser el camino de la paz. Con estos versículos vienen muchos conceptos que están involucrados: redención, reconciliación, propiciación, justificación. Todo es obra de Dios, y de Cristo la plenitud de la deidad.
Semillero homilético
Preeminencia como Dios y Salvador
1:15–22
Introducción: Se dice que Marco Aurelio, el emperador filósofo, impresionado por la personalidad admirable de Jesús, colocó en su jardín la estatua de él entre muchas otras de hombres célebres. Allí estaba Cristo, uno entre los grandes. Pero no; él es infinitamente superior. Es preeminente, supremo "Dios manifestado en carne" para ser salvador de la humanidad.
I.     Preeminente porque es idéntico a Dios, vv. 15, 17–19.
1.     Es la imagen del Dios invisible, v. 15a.
2.     Es el primogénito o principal en la creación, v. 15b.
3.     El es eterno como Dios el Padre, vv. 17, 19.
4.     El es lleno de toda la plenitud de Dios, v. 19.
II.     Preeminente porque es el Creador y sustentador del universo, vv. 16, 17.
1.     El es el Creador del universo, vv. 16, 17.
(1)     El ámbito de su poder creador, v. 16.
a.     Creador de las cosas visibles.
b.     Creador de las cosas invisibles.
c.     Creador de las potestades celestiales.
(2)     ¿En qué sentido es creador?, v. 16.
a.     En el sentido de que es la fuente de la creación.
b.     En el sentido de que fue el instrumento divino de la creación.
c.     En el sentido de que es la finalidad de la creación: para él.
2.     El es el sustentador del universo, v. 17b.
III.     Preeminente porque es el Salvador de la humanidad, vv. 18, 20–23.
1.     El es el Salvador porque es la cabeza de la iglesia, v. 18a.
2.     El es el Salvador porque es el único que reconcilia con Dios, vv. 20, 21.
3.     El es el Salvador porque es el único que santifica a los pecadores, vv. 22, 23.
Conclusión:
1.     Cristo es la imagen del Dios invisible.
2.     Cristo es el creador y sustentador del universo.
3.     Cristo es el Señor y Salvador de la humanidad.


El himno termina (siguiendo el orden del texto griego) con una frase que ha despertado grandes polémicas: Tanto sobre la tierra como en los cielos. Algunos han querido ponerla como base para una redención a los ángeles u otros seres no humanos. No creemos que haya suficiente base en este pasaje para afirmar esto, sino que se trata de una metáfora que nos señala que la obra de la cruz tiene un alcance universal sobre la humanidad. Un Dios infinito no puede tener una redención limitada. El triunfo de la cruz es garantizado por Jesús, quien es Dios mismo.
Podríamos resumir este himno con esta frase de Erasmo: “La creación del mundo fue un trabajo de poder pero la redención del mundo fue un trabajo de misericordia.”
Como corolario al himno existe una aplicación muy personal para la iglesia de los colosenses en los vv. 21–23. A veces pensamos que la obra de reconciliación es tan amplia que nos olvidamos que es también muy particular, se aplica a cada individuo. Esta reconciliación implica no sólo una buena noticia sino que también tiene un propósito moral; el evangelio, el mensaje de reconciliación es un llamamiento a una vida diferente. Hay un fuerte énfasis en el uso de las frases en otro tiempo con ahora; apartados y enemigos con ahora os ha reconciliado; malas obras con santos, sin mancha e irreprensibles.
El v. 22 hace hincapié en que toda esta grandiosa bendición de la reconciliación no sucedió en una dimensión etérea, sino que ha sucedido en la historia, en la encarnación de Dios, por medio de la muerte en la cruz. No estamos hablando de apenas emanaciones gnósticas o algo por el estilo, Pablo habla de cuerpo físico para dar énfasis en lo material. Igual nuestra santidad y el ser sin mancha e irreprensibles, no las podemos hacer sencillas características “espirituales”, sino características que se deben dar en el creyente aquí y ahora.
Paz por la deuda pagada
1:21
Era yo muy jovencito. Mucho anhelaba poseer una máquina de escribir, pero era muy pobre. Decidí ir a una casa comercial que vende artículos para oficinas. Allí estaba como empleada una señorita que me conocía.
Le expliqué que anhelaba poseer una má-quina de escribir, pero que debido a la falta de recursos, le agradecería que me recomendara con el gerente a fin de que me la diese al crédito. Así lo hizo y el gerente ordenó se me entregara una.
Empecé a hacer abonos muy cumplidamente; mas perdí mi modesto trabajo y no pude continuar abonando. Bueno, me preocupé, hice diligencias sin poder solucionar mi problema. Procuré venderla y no conseguí quien me la comprara. La cosa transcendió y un buen profesor que yo tenía se dio cuenta de mi necesidad, se dirigió a donde el gerente y canceló toda mi deuda. Cuánta fue mi alegría y paz porque mi deuda fue pagada; cómo agradecí a mi maestro su generosidad.
Así es la paz que viene al pecador cuando por fe descansa en que Cristo pagó la deuda de los pecados mediante su sangre que derramó en la cruz.
Bendito sea el Salvador. Si usted recibe a Jesús como el que pagó por usted, también quedará tranquilo, ahora y cuando sea juzgado, porque la Escritura dice: Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
La razón de que esto sucederá es que sencillamente van a permanecer, no es una condición. RVA es correcta en poner como primera opción de traducción la frase por cuanto, en lugar de a condición (v. 23). No quiere decir que el creyente no deba vigilar su fundamentación, pues es su deber hacerlo si ha experimentado la reconciliación. Pero no todo queda en las bendiciones que tenemos, sino que el pensamiento se orienta a la esperanza del evangelio, esperanza que a los colosenses les dice que debe ser perseverada, y que ya la había hallado en él.
Finalmente, para cerrar el círculo —que se comenzó con la proclamación del reino de su Hijo, se siguió trazando hablándonos de la obra de Cristo en la creación y en la iglesia y se aplicó inmediatamente de una manera personal por medio de la reconciliación en Cristo— termina diciendo que hay una esperanza en este evangelio. Pero como si Pablo no se pudiera detener en un evangelio que permanece encerrado en uno, lanza el desafío misionero, un evangelio abierto para todos.
Todo este pasaje nos ha hablado del señorío cósmico de Jesús, como cabeza y mediador de la creación. En la actualidad esto no es otra cosa que la libertad personal del creyente y el progresivo influjo del reino de Dios en nuestras sociedades.


    2.     Compromiso por la salvación, 1:23b-29

Esta división comienza con una especie de título: Pablo llegó a ser ministro del evangelio. RVA ha tenido que aumentar la palabra evangelio para explicar con precisión a qué se refiere y tratar el v. 23b como una unidad aparte. El Apóstol desea hacer sobresalir el compromiso que él tiene con la tarea de predicar el evangelio. La descripción que se da a sí mismo es de ministro (diákonos 1249), que sería mejor traducir como servidor. Nuevamente Pablo se cuida de quedar como servidor de algo que podríamos decir es etéreo, nada demostrable. Por eso usa inmediatamente en el v. 25 la misma expresión de servidor (ministro), pero ahora de la iglesia pues esto sí se puede ver y de esto precisamente nos va a hablar. El tuvo un compromiso con el mensaje de salvación para la iglesia y para el mundo.
Pablo no se podía atrever a pedir a los colosenses algo que él no podía hacer. Ya en el v. 11 les había dicho que tuvieran perseverancia y paciencia en medio de los conflictos; ahora él puede decir que vive así. No era un gozarse en los padecimientos, sino en que estos padecimientos eran por los colosenses, de ninguna manera era un sufrimiento para la salvación. Pablo jamás podía decir que la expiación de Cristo fue incompleta, que sus sufrimientos no fueron suficientes para traer la salvación; afirmar esto sería ir en contra de las enseñanzas de todo el NT. Para entender este pasaje es necesario ir haciendo algunas aclaraciones aparte de la ya indicada.
Las golondrinas del calvario
1:24
Los siervos de Cristo, en su obra misionera, completan en sus cuerpos las aflicciones de Cristo.
Dicen que cuando Cristo agonizaba,
llegó del occidente en medio de las auras vespertinas,
a posarse en su cruz ensangrentada,
un enjambre de errantes golondrinas.
Y cuando el populacho enfurecido
colmaba al Mártir de escarnios y salivas;
y el sol horrorizado cerró sus ojos y enlutó sus galas,
las aves compasivas, de su sienes divinas,
con sus picos sacaban las espinas y enjugaban la sangre con sus alas.
En memoria de aquello desde entonces
cuando en cruz de dolores clava la humanidad ingrata siempre
a los que por su bien son luchadores,
el Mártir del Calvario les envía consuelos y esperanzas,
cual bandada fugaz de golondrinas
a sacarle del alma las espinas.
Autor desconocido
Es importante pensar en las palabras que se usan. No está hablando de la pasión de Cristo: RVA bien traduce tribulaciones. No está haciendo mención a su muerte expiatoria y vicaria en la cruz. Esto sencillamente se refiere a que Cristo durante su ministerio no experimentó toda clase de sufrimiento, y esto es lógico. Pablo, teniendo un ministerio más extenso en tiempo que el de nuestro Señor Jesucristo, pasó por una mayor cantidad y diversidad de sufrimientos. Es en este sentido, y sólo en este, que Pablo completó las tribulaciones de Cristo (v. 24). Esta idea no es ajena a Pablo, la podemos ver en Romanos 8:17. Aun más: Nosotros estamos llamados a seguir completando estas tribulaciones (2 Cor. 1:6, 7). En ninguna parte de la Biblia hay base para afirmar que ya no vamos a sufrir, todo lo contrario, Pablo decía en Hech. 14:22: Es preciso que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. Tampoco quiere decir que debemos buscar las tribulaciones, ellas vendrán solas si somos fieles a las demandas que nos hace el evangelio y a las demandas que nos impone el vivir bajo el reino de Dios.
Hay otro concepto que debe ser tratado aquí, así tendremos más claro este pasaje: es lo que el comentarista Lohse llama “el servicio vicario”. Es decir, que cuando nos comprometemos con la salvación como lo hizo Pablo, vendrá un deseo de que nuestro trabajo y tribulaciones sean para que otros no pasen por lo mismo y poder consolar así a los creyentes (2 Cor. 1:5–7). Hay un paralelismo entre mi propia carne, el cuerpo de Pablo, y el cuerpo de Cristo. Una vez más Pablo se apropia en su causa, en el aquí y ahora de lo que está pasando con la iglesia. No es solamente una preocupación “espiritual” sino que llegó hasta las últimas consecuencias.
Pablo considera su responsabilidad como sencillamente el cumplimiento de un servicio. Dios le dio una responsabilidad para que fuera un administrador y él lo está cumpliendo. No es un cargo para tener se-ñorío sobre la iglesia, sino que es un siervo. Así se debe considerar cualquier responsabilidad en la congregación: siervo de Dios y en favor de la iglesia. No hay posibilidad de un ministerio sin estas dos caras de la misma moneda. Pero además el compromiso que Pablo tiene es con el propósito de cumplir lo que dice la Palabra de Dios. Sencillamente el trabajo de Pablo era para cumplir la voluntad de Dios. Por otro lado la tarea que debe cumplir está relacionada o es la proclamación de la Palabra de Dios, no tiene otras alternativas. Como les decía a los efesios, Pablo no rehusó predicar todo el consejo de Dios (Hech. 20:27), aunque esto no le trajo muchos admiradores. Pero esta era su mayordomía de servicio para Dios y la iglesia.
En el último párrafo encontramos un énfasis en una proclamación universal, que se va desarrollando poco a poco. Empieza diciendo que su mensaje es un misterio (mustérion 3466), palabra que en primer lugar está en aposición con palabra de Dios. En segundo lugar no quiere decir algo que está reservado sólo para los iniciados como lo entendieron las religiones de misterio, sino que significa que es una verdad que no se conocía antes, pero ahora ya es revelada, una verdad que si no tenía una revelación especial no podía ser conocida. Este misterio es revelado a sus santos (v. 26), es decir a todos los creyentes. Existe un contraste entre había estado oculto y ha sido revelado. Esta última palabra tiene el sentido de “ser manifestado”, es decir que salió a la luz para que se pueda ver. Estamos en la cumbre del mensaje de salvación, es un mensaje universal.
El v. 27 nos da a conocer el contenido del mensaje: primero, es por la voluntad de Dios, no de Pablo ni de nadie; es lo que Dios quiere. Segundo, este mensaje es la riqueza de la gloria, es la presencia de la gloria de Dios entre nosotros, es Emanuel. Tercero, este mensaje de riqueza y gloria no se limita solamente a un grupo de privilegiados, sino que ha roto las separaciones y alcanza a todos; el ser humano tiene la posibilidad de disfrutar de esto y los gentiles están incluidos en el plan de Dios. Cuarto, y último, el contenido de este misterio es Cristo en vosotros (v. 27). Lo fantástico en esta declaración es que Dios no sólo está con los hombres, sino que está en los creyentes y solamente siendo así es que podemos esperar el vivir en gloria aquí y allá. La unión con Cristo es la única garantía.
Semillero homilético
La preeminencia en el ministerio cristiano
1:24–29
Introducción: Es una tragedia que en el ministerio de algunos pastores Cristo brilla por su ausencia. Pero Cristo debe ser preeminente en el ministerio evangélico: en los padecimientos, en el mensaje de esperanza y en la acción de presentar perfectos a los pecadores.
I.     Preeminencia en los padecimientos del ministerio, v. 24.
1.     Gozo en los padecimientos, v. 24a.
2.     Padecimientos por la iglesia, v. 24b.
3.     Padecimientos para completar las aflicciones de Cristo, v. 24c.
II.     Preeminencia en la proclamación del evangelio, vv. 25–27.
1.     Proclamación según la Palabra de Dios, v. 25.
2.     Palabra que contenía el misterio... oculto... manifestado a los santos, v. 26.
3.     Misterio que da a conocer las riquezas de la gloria... entre los gentiles, v. 27a.
4.     Riquezas que consisten en que Cristo es la esperanza de gloria, v. 27b.
III.     Preeminencia en el ministerio de ser presentado perfecto según la imagen de Cristo ante el pecador, vv. 28, 29.
1.     Ministerio de proclamación, amonestación y enseñanza, v. 28a.
2.     Ministerio a fin de presentar perfecto en Cristo a todo hombre, v. 28b.
3.     Ministerio de trabajo y lucha según la potencia de Cristo, v. 29.
Conclusión:
1.     Es un privilegio muy alto padecer como cuerpo de Cristo lo que falta de las tribulaciones de Cristo.
2.     Es una gloria indecible ser ministros de Cristo para anunciar en el mundo que Cristo es "la esperanza de gloria".
3.     No hay ministerio más excelso que presentar perfecto en Cristo a todo hombre.

Inmediatamente de hacernos conocer este mensaje universal, Pablo no quiere conformarse en que se conozca solamente por un pequeño grupo de creyentes, sino que alcance a todos. Nótese la cantidad de veces que se usa la palabra “todo”: Cuatro veces, tres de las cuales modifican a algo. La proclamación de Cristo está formada, según este pasaje, por dos elementos: uno de amonestación (lit. “meter en la mente”), que nos hace pensar en el imperativo bíblico (que también es un don de Dios) del arrepentimiento o cambio de mentalidad; esta sería la parte negativa. Pero también hay una parte positiva que es la instrucción, que debe ser en las cosas de la vida: Cómo vivir, cómo aplicar los principios bíblicos en nuestro concepto. Esto nos recuerda a la fe como respuesta del hombre a la gracia de Dios por lo que él ha hecho. El propósito final es que todo hombre sea perfecto. Hay dos cosas que hay que destacar: Perfectos es estar equipados o preparados, y Dios quiere que estemos listos para enfrentar los problemas que nos plantea la vida; por otro lado, para este propósito no hay excepciones, todos pueden hacerlo. Dentro del cristianismo no es posible una doble ética, todos, los llamados laicos y los no laicos, pueden alcanzar este equipamiento o madurez.
Perfecto en Cristo Jesús
1:28
1.     Su perfección viene de Dios, Salmo 18:32.
2.     La perfección de Dios es su norma, Mateo 5:48.
3.     La Palabra de Dios es la regla, Santiago 1:25; 1 Timoteo 3:16.
4.     El amor es el vínculo de la perfección, Colosenses 3:14.
5.     Se demanda a los siervos del Señor, Génesis 17:1; Deuteronomio 18:13.
6.     La paciencia conduce a la perfección, Santiago 1:4.
7.     El siervo del Señor ha sido puesto para perfeccionar a otros, Efesios 4:12.

El pasaje termina diciendo que “el compromiso por la salvación” no es fácil. Pablo había trabajado hasta el cansancio. La palabra usada aquí (esforzándome, agnízomai 75) significa hasta quedar agotado. La proclamación de Cristo exige todo lo que tenemos, toda nuestra fuerza. De esta palabra se deriva nuestro vocablo “agonía”. Pero no estamos solos en esta tarea, nuestro esfuerzo es posible solamente por el poder que se tiene en Jesucristo. Dios nos ha puesto una meta muy grande: nos exige a todos el trabajo hasta la agonía, pero nos da todo su poder para cumplir la meta.

    

3.     Compromiso por los salvados, 2:1-5

Este pasaje es una fuerte lección que nos da Pablo para que como obreros de Dios nuestro compromiso no solamente sea con el mensaje, sino también con los receptores del mensaje. Es un desafío a comprometerse con personas. Este compromiso Pablo lo ve de tres maneras. Primera, él tiene un gran conflicto por los colosenses y por los de Laodicea, gente a la que él no conoce pero por quienes siente una gran agonía (nuevamente se usa aquí la misma palabra de 1:29, en referencia al compromiso con la tarea de compartir). El conflicto o agonía, la preocupación de Pablo, es en dos direcciones: La obra y las personas, no se puede separar las dos cosas. No podemos aceptar la indiferencia como una manera de vida (Songer). Ser creyente significa preocuparse por lo que está sucediendo con nuestro prójimo, creyentes y no creyentes; el mundo está esperando nuestra preocupación por él.
Además de que las personas que son objeto de su preocupación le son desconocidas, el deseo de Pablo por ellos es que sean reanimados, es decir que tengan ánimo al saber que en un mundo de soledad no se hallan solos: Pablo está con ellos. Además de esta reanimación ellos recibirán estas cuatro cosas: unidad, que lit. quiere decir entretejidos o bien compactados. También están unidos en amor, el vínculo perfecto. Tienen un bien común: Toda la riqueza, que está descrita como la plena certidumbre de entendimiento, frases similares a las que usa en 1 Tesalonicenses 1:5, es decir la certeza que el evangelio, el mensaje que llegó hasta ellos, es ciertísimo. Finalmente tienen un propó-sito único: conocer más de Jesucristo. La tarea que está por delante es conocer más el misterio que había mencionado en 1:26, 27 y también en 1 Timoteo 3:16. No es solamente conocimiento superficial sino profundo (en el original se usa la preposición epi para dar énfasis).
Al final del v. 2 existe un problema textual con once variantes según el texto de SBU, siendo el más acertado el que aparece en RVA, pero sin la palabra “mismo” que es una interpretación de los revisores. El texto es sencillo: el misterio de Dios, Cristo. No hay mayor duda sobre esto. Si en 1:27 se indica que las riquezas son algo que se orienta hacia la eternidad, la esperanza de gloria, ahora se dice que estos tesoros son grandes verdades divinas (conocimiento) pero sobre todo sabiduría, o sea la posibilidad de poder aplicar estos conocimientos a la vida diaria.
Regresemos a los tesoros: Si se decía que el mensaje es para todos (1:28), ese “todos” ahora se refiere al alcance de lo que es y tiene Jesucristo. A él no le hace falta nada. Estos tesoros están ocultos en Cristo, es decir que solamente se puede llegar a ellos en una relación personal e íntima con el Señor. Es algo así como que los tesoros están escondidos para uso de los creyentes. La otra manera como Pablo ve este compromiso es advirtiéndoles que hay gente que querrá engañarles, pero si están cimentados en Cristo podrán salir adelante (2:4).
La carta va llegando ya al tema de “la herejía colosense”. Pablo era consciente de que había muchos lobos que estaban disfrazados de ovejas, personas que procuraban desviar a los creyentes por medio de falsos argumentos. En ninguna parte del NT tenemos base para que no argumentemos, debemos estar listos a dar “razones de nuestra fe”. Sí, tenemos varios llamados a no usar palabras huecas, quedarnos en discusiones de palabras y usar razonamientos falsos (lit. que están a un lado de la lógica). Debemos estar atentos para no caer en razonamientos fuera de lógica que son usados con tanta frecuencia por los grupos sectarios. La última manera como el Apóstol se siente comprometido es por la unión total que existe con ellos, vista de dos maneras. Está ausente físicamente, esto es una certeza, pero con la misma fuerza contrastante él se encuentra en espíritu, es decir mentalmente, sintiendo lo mismo que ellos están sintiendo. Esta presencia en espíritu es su gozo al “ver” que los colosenses, pese a los problemas que enfrentan, tienen características que son dignas de imitar. Por ejemplo, el buen orden que ellos tienen, posiblemente en el desarrollo de su vida; también el conocimiento, el cumplimiento de sus responsabilidades dentro de la comunidad y el fundamento de la fe, una fe que estaba bien cimentada hacia Cristo. No era una fe en las estrellas o las filosofías, era una fe en el Cristo del himno del cap. 1, fe hacia el Cristo como el misterio ahora revelado, fe hacia el Cristo que posee todos los tesoros. Una fe en este evangelio no puede ser consumida pese a los ataques de los grupos que quieren desplazar a Jesús a un segundo plano o que quieren compartir su señorío con otros dioses o cosas.


    4.     Implicaciones prácticas, 2:6-10

Todos los tesoros de la sabiduría
2:3
Maravillosa declaración. Es de lo más admirable contemplar un cofre, una caja, una urna colmada de tesoros, finos metales y piedras preciosas. Pero tesoros de sabiduría son infinitamente más preciados. No tienen punto de comparación. Los tesoros de sabiduría no sólo pueden producir inmensas riquezas materiales, sino evitar terribles males y en cambio alcanzar incomparables beneficios, para placer y comodidades del género humano. Los tesoros de sabiduría pueden poner en posesión del hombre los conocimientos del reino mineral, vegetal y animal; las realidades de las profundidades de la tierra como también las maravillas que existen en el espacio; las misteriosas complejidades del alma humana y las fuerzas de la naturaleza desconocidas por tantos.
Ahora bien, cuando las divinas Escrituras dicen que en Cristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento, podemos imaginar cuánto más abarca esta sabiduría, siendo él el resplandor de la gloria de Dios. Esto incluye lo antes dicho e infinitamente más, el pleno conocimiento de Dios (Mat. 11:27), todo lo que reserva el pasado, el presente y el futuro hasta la eternidad, todo lo existente en el universo, en los cielos de los cielos y en las honduras del Hades; todo lo que esconde las profundidades de la conciencia humana, todos los arcanos de la vida y los secretos que escapan al genio humano para que el pecador obtenga la reconciliación con Dios, mantenga comunicación con él y disfrute plenamente de la beatitud en el tiempo y en la eternidad en armonía con el Creador. Sí, Cristo es la Divina Sabiduría.

La epístola hasta aquí ha sido un trabajo de teología puro, salpicada con una serie de mensajes de consolación y ánimo, pero no nos ha dicho qué es lo que tenemos que hacer cada día. La pregunta que nos planteamos es: ¿Qué tiene que ver que Jesús sea el Cristo y que él tenga señorío sobre todo, además que Pablo se haya comprometido con el mensaje de salvación y con los salvados? La respuesta la tenemos en esta sección, que es introducida por la frase por tanto; es la consecuencia de todo lo que se ha dicho hasta aquí. El párrafo está divido por el uso de dos imperativos: en el v. 6 andad y en el v. 8 mirad.
Tratemos el primer imperativo. El andar o caminar es una forma muy común para señalarnos cómo es nuestro comportamiento y ya se usó en 1:10. Allí se decía que nuestro comportamiento debe ser de acuerdo a lo que es el Señor y con el propósito de agradarle; ahora el énfasis es andad en él. No es simplemente andar “con él” sino rodeado de él. Esto trae algunas implicaciones: La vida cristiana no puede ser estática, en la vida cristiana uno tiene que actuar. En Romanos 6:4 se dice que tenemos que andar en novedad de vida; esta novedad de vida, el andar en Cristo, es comportarse de acuerdo con el poder del Espíritu Santo que actúa en nosotros (Gál. 5:16); nuestro andar es hacer buenas obras (Rom. 2:10), y ser guiados por la luz (Ef. 5:8); andar en Cristo es imitarlo en todo (1 Jn. 2:6).
Cristo es preeminente en sabiduría
2:4
Cuando los alguaciles fueron a aprehender a Jesús, quedaron paralizados por las sabias palabras del Maestro y regresaron diciendo una expresión que cada día se hace más veraz: Nunca ha hablado hombre como este hombre. El apóstol Pedro también exclamó: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
Fue en la universidad de Oxford. Un grupo de celebridades intelectuales estaban reunidas, y se les ocurrió preguntar: “¿Qué pasaría si se aparecieran el Dante Alighieri, William Shakespeare, Molliere (quizá el más famoso escritor de Francia), Goethe, el más grande de los alemanes y don Miguel de Cervantes y Saavedra, padre de las letras castellanas?”
"Bueno, dijeron todos, qué privilegio tan grande, cómo los honraríamos." Pero otro atinó a preguntar: "¿Y si se apareciera Jesús el rabí de Galilea?" Enmudecieron al instante y luego prorrumpieron: "¡Tendríamos que caer prosternados de hinojos, y de rodillas adorarle!" Es que él es el divino Maestro.

En este pasaje el mandato de andar en Cristo tiene tres directrices para poder cumplirlo cabalmente. Aparte del modelo que tenemos en Cristo, debemos recordar el modelo que tenemos para nosotros de nosotros mismos. El ejemplo es cómo recibimos a Cristo. Esto nos traslada a un momento histórico en nuestra vida, aquel momento en que nacimos de nuevo. Lo principal que sucedió (por parte del hombre y por la gracia de Dios) fue el arrepentimiento, y que por fe fuimos abrazados a una relación eterna con Jesucristo, una relación que significó pasar de muerte a vida y a una dependencia total o sujeción al señorío de Cristo. El momento en que nos “convertimos a Dios desde los ídolos”, este mismo momento debe convertirse en un motor para que nuestro cambio de vida siga siendo de la misma magnitud de lo que fue cuando recibimos a Cristo. El término recibido (paralambáno 3880) es un tanto diferente al usado en Juan 1:12 (lambáno 2983), implica tomar más firmemente (por ejemplo en Juan 19:16b).
Es necesario que nos detengamos en los tres nombres que hacen diferentes énfasis en cuanto al Hijo de Dios. El es el Cristo, el Mesías anunciado en el AT, no es alguien que vino en forma intempestiva sino que vino anunciado por mucho tiempo. También es Jesús el Salvador; y finalmente, pero no por esto menos importante, es el Señor. Hemos recibido a Cristo Jesús el Señor en un solo acto. Desterremos la idea de que le hemos invitado para que sea el Salvador y que luego lo invitaremos para que sea el Señor. El es el Señor y Salvador.
La segunda directriz está dada en el griego en forma de tres participios: arraigados (rizóo 4492), es decir que tenemos que echar raíces en lo más profundo, en Cristo con todas las implicaciones que hay en esta figura. Sobreedificados (epoikodoméo 2026), no podemos contentarnos con ser lo que somos, es nuestra responsabilidad edificar sobre el fundamento de Cristo (1 Cor. 3:10–14). Esto último es lo fundamental: Ser arraigado y sobreedificado tiene que ser en Cristo. Si nuestra vida de creyente comenzó en Cristo, el continuar nuestro andar cristiano tiene que seguir siendo en Cristo. Cristo debe ser el centro de nuestra vida. El tercer participio es confirmados (bebaióo 950). Este término significa hacer una cosa sólida, que no se puede mover y firmemente asegurada; la fe, como sugiere Lightfoot, es el cemento de la construcción. La vida del creyente no es solamente un asunto de fe para el momento de recibir a Jesús, sino que debe ser algo de todos los días, nuestros actos deben ser de fe en fe o traduciendo lit. Romanos 1:17: “Saliendo de fe y entrando a la fe”; de allí que uno puede ser inmaduro en la fe (Rom. 14:1), pero también puede crecer en la fe (2 Cor. 10:15), ser firme en la fe (1 Cor. 15:58) y también que todos nuestros actos broten de la fe (Rom. 14:23). Estas enseñanzas no son solamente dadas por Pablo, sino que posiblemente ya Epafras lo había hecho. Pablo estaba confirmando las enseñanzas pastorales.
La tercera directriz es la acción de gracias. En la epístola hay varias declaraciones similares a esta: 1:12; 3:15, 17; 4:2. Una vida de acción de gracias es el fin de la conducta del creyente. Se enfrenta a un Dios soberano e infinitamente grande a quien le ha placido relacionarse con nosotros por medio de lo que hasta aquí se ha descrito: Jesús, su mensaje de salvación y la fe. El hombre no tiene otra alternativa que abundar en acciones de gracias como una actitud de humildad. Hay una variante textual que es comentada por algunos como Dargan o sencillamente la asumen como Lightfoot. Esta variante se leería así: “Abundando en ella con acción de gracias”, refiriéndose “en ella” a la fe, en la cual deben andar; pero por las evidencias internas y externas se prefiere la lectura de RVA como la mejor.
Algo que es interesante notar son los tiempos de los participios griegos, pues esto nos dará a entender en una manera más clara el mensaje de Pablo. Arraigados es un perfecto, es decir una acción que ya sucedió en el pasado pero que tiene sus resultados e implicaciones en el presente; sobreedificados y confirmados son un par de participios presentes, o sea acciones que se realizan en forma continua y progresiva; finalmente abundando en acciones de gracias es también un tiempo presente, señalando con esto que debe ser una actitud permanente.
Llegamos al segundo imperativo de este párrafo (v. 8). Debemos “mirar” con atención lo que está sucediendo alrededor nuestro. La construcción que se usa aquí implica que no se trata de un posible problema, sino que es algo real y peligroso. El uso del indefinido por Pablo no implica una generalización, al contrario. Según la opinión de varios eruditos se dice que Pablo usaba el indefinido (tis) para indicar que él conocía bien a la persona pero no deseaba usar su nombre.
La advertencia es tal que usa una palabra muy gráfica, sulagogéo 4812, lit. significa “que lo lleven como una presa para devorarlo”, o también como un prisionero o botín de guerra para hacerle que trabaje en las cosas más viles sin ninguna posibilidad de reclamo.
Los instrumentos para llevar al creyente como presa, son las filosofías y las vanas sutilezas. Sin duda que aquí no se trata de lo que hoy entendemos por filosofía: el estudio de los principios que rigen la vida o la desvelación cognoscitiva del mundo en el sentido de la tradición griego clásica. En los tiempos de Pablo era un término que se usaba muchas veces para ocultar un sincretismo religioso-mágico-supersticioso, en donde el factor iluminativo de esta “religión” era prominente. De allí que se define a esta filosofía como vanas sutilezas, es decir que aparentemente era algo muy profundo y atractivo, pero en el fondo no era nada, no tenía raíces profundas, luego no se puede edificar nada sólido sobre ella. Al final produce una gran desesperación por estar fundamentada en el vacío, todo lo opuesto a lo descrito en el v. 7.
Semillero homilético
Preeminencia en cuanto a la sabiduría
2:1–10
Introducción: Luz es símbolo de conocimiento, de sabiduría. En la Biblia prolijamente se habla del Mesías como la luz de la humanidad. Isaías profetiza que cuando llegara el Mesías: El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz. A los que habitaban la tierra de sombra de muerte, la luz les resplandeció (Isa. 9:2), cuyo cumplimiento registra Mateo 4:16. Malaquías hermosamente profetiza: ... nacerá el Sol de Justicia, y en sus alas traerá salvación. (Mal. 4:2). Por eso el Maestro declaró: Yo soy la luz del mundo. El que me sigue nunca andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida (Juan 8:12).
I.     Lucha por la preeminencia de la sabiduría, vv. 1, 2.
1.     Declaración de la lucha, v. 1.
2.     Para qué es la lucha, v. 2a.
(1)     Para consolación de los corazones.
(2)     Para unir los corazones en amor.
3.     Hasta cuándo la lucha, v. 2b.
(1)     Hasta alcanzar todas las riquezas de cumplido entendimiento.
(2)     Hasta conocer el misterio de Dios el Padre y de Cristo.
II.     Revelación de la preeminencia de la sabiduría, vv. 3, 9, 10.
1.     En Cristo están todos los tesoros de sabiduría, v. 3.
2.     En Cristo habita la Deidad (Dios es la sabiduría), v. 9.
(1)     Toda la plenitud de la Deidad.
(2)     Toda la plenitud de la Deidad corporalmente.
3.     En Cristo como cabeza (de donde emana la sabiduría) estamos completos, v. 10.
III.     Firmeza en la preeminencia de la sabiduría, v. 4–8.
1.     Expresiones de firmeza: andad, arraigados, sobreedificados, confirmados.
2.     Gozo por la firmeza, frente al error, vv. 4, 5, 8.
(1)     No dejarse engañar por palabras persuasivas, v. 4.
(2)     No dejarse engañar por huecas filosofías, v. 8.
(3)     No dejarse engañar por tradiciones humanas, v. 8.
(4)     No dejarse engañar por los rudimentos del mundo, v. 8.
Conclusión: Al entrar a la famosa catedral de San Pablo en Londres, construida por el arquitecto Christopher Warren, se encuentra una leyenda que dice: "Viandante, si buscas el monumento erigido a la memoria del constructor de esta catedral, mira a tu alrededor." Su propia obra era el mejor monumento. Así es Cristo. El dijo: "Yo soy la luz del mundo." El es para el mundo cultural, moral y espiritual, lo que es el sol para el mundo físico. El trajo al mundo la verdadera religión, transformó la educación, perfeccionó las leyes, estableció la fraternidad de amor en la humanidad, embelleció las bellas artes. El es la luz del mundo, la luz de Dios.

Inmediatamente tenemos las tres razones por las que estas filosofías son huecas y dañinas. La primera es que apenas son tradiciones de hombres, poniendo en contraste fuerte lo expuesto hasta aquí y lo que tratará en el v. 10: enseñanzas de hombres versus enseñanzas de Dios. Conzelmann hace notar que el término tradición (parádosis 3862) no solamente se refiere al entendimiento judío (podríamos decir ahora que es en el mismo sentido del concepto de autoridad eclesiástica basada en la tradición que reclama la iglesia popular), sino que tiene también conceptos de raíces gnósticas, que significaba la mediación de cierta sabiduría secreta de los iniciados acompañado también por la práctica de ciertos cultos. De todas maneras los dos conceptos que son destacados implican que lo que se pretende que sea la norma de los creyentes solamente tiene su origen en los hombres.
La segunda razón por la que debemos tener cuidado es que tienen un orígen demoníaco. Así lo explica Padilla cuando afirma que atrás del materialismo caracterizante de nuestra sociedad de consumo están los poderes de destrucción. El mundo es un sistema en donde el mal se ha organizado para luchar contra el señorío de Cristo. Este mundo o los principios elementales del mundo tienen esta característica, no por el poder que dicen tener en sí mismos, sino por la conexión que Satanás les ha dado. Así Satanás es el dios de esta edad (2 Cor. 4:4; ver Juan 12:31), sus huestes están gobernando el mundo (1 Cor. 2:6 VP) y están luchando aquí y ahora contra los creyentes (Ef. 6:12). Hemos descuidado que esta visión demonológica está muy presente en el mundo, la obra de Jesu-cristo se hace completamente entendible solamente bajo estas consideraciones. Estos principios elementales del mundo esclavizan al hombre a través de las estructuras y sistemas que le oprimen. La idolatría demoníaca es combatida en 1 Corintios 10:20, y según el comentarista Barrett tiene dos causas: primera, quita a Dios la verdadera gloria que le corresponde; segunda, porque el hombre está adorando ídolos-demonios, es decir que busca una relación íntima de dependencia con estos poderes espirituales.
Estos principios elementales adquieren su vigencia en nuestro contexto cuando vemos la idolatría de la sociedad de consumo. El Apóstol está luchando contra las ideologías del mundo, de Satanás que lo está alienando y condiciona su pensamiento y estilo de vida (Padilla). No tenemos que ver al poder de Satanás en experiencias místicas o de “liberación” solamente, sino en otros elementos como ya se han insinuado: un materialismo alienante, una fe ciega en la técnica, un culto a la propiedad privada, un saqueo de los bienes ecológicos para lograr más producción y así el enriquecimiento sin medida de individuos y de empresas, la fiebre del consumo que ha transmitido una imagen de felicidad en el tener, el deseo de los más pobres o menos ricos de alcanzar un nivel que les dé posición e imagen del hombre-mujer “ideal”, una moda que le impulsa al consumismo y exalta el hedonismo. En los finales del siglo XX, esta es la advertencia que Pablo nos hace: ¡Cuidado con estos principios elementales del mundo que nos arrastran!
La última razón es a manera de corolario: No podemos dejarnos llevar cautivos por estas filosofías porque no se fundamentan en Cristo. Los valores de Cristo son diferentes y lo son sencillamente por lo siguiente: El modo como Pablo ve a la herejía colosense resulta de la tentación constante que tenemos que ceder ante la impresión que nos deja el mundo, por su grandeza, por su visibilidad y la aparente eternidad para un hombre finito, pero al que Dios le ha dado la posibilidad de pensar más allá de su finitud.
El primer motivo descansa nuevamente y en forma reiterativa en Jesucristo. Si las “herejías colosenses” dicen que hay que depender de los poderes del mundo, es porque ellos creían que tenían ciertos poderes divinos. Pablo tiene que hacer a un lado esto y decir categóricamente que toda la deidad está solamente en Jesús (v. 9). Nuevamente usa el término plenitud y el verbo “habitar” con toda su fuerza (1:19). En Cristo están todos los atributos divinos, todo lo que hace a Dios está efectiva y esencialmente en Cristo. El uso de la palabra corporalmente hace referencia a la encarnación de Dios. Esta frase correspondería a lo dicho por Juan en su Evangelio: El verbo se hizo carne (Juan 1:14). Se debe fijar con mucha atención el uso de esta expresión corporalmente. No quiere decir de ninguna manera “en el cuerpo” porque a Dios no se le puede limitar a un cuerpo; tampoco dice “en forma de un cuerpo”, que daría la sensación de algo fantasmal, sino que es corporalmente o que se puede ver por medio de un cuerpo; a Dios se lo ve por medio de Jesucristo. Nos hace pensar que no solamente era Dios allá en el cielo, sino que también fue Dios aquí entre los hombres, tomando toda característica de hombre. Jesús es Dios-hombre y hombre-Dios, por lo tanto es el único que puede trazar un vínculo entre Dios y los hombres.
Así es como se llega al v. 10, recalcando primero que Cristo está sobre todo principado y autoridad, haciendo alusión por tercera vez a poderes espirituales y demoníacos que han incursionado en el mundo para pretender desplazar a Cristo. No hay nada en la creación que no dependa directamente de Jesucristo. Teniendo esta aclaración en mente, el texto afirma que este Dios tan grande e infinito, que no acepta compartir su señorío con nadie, está en nosotros y es más, nosotros estamos completos. No nos hace falta nada, todo lo tenemos en Cristo. Se usa aquí una forma de la palabra pleróma (pleróo 4137) mencionada en 1:19 y 2:9. El sentido del tiempo usado en esta frase verbal implica que la experiencia en Cristo es ya un hecho. Hemos sido hechos participantes de la naturaleza divina. Sin una relación con Dios somos incompletos. Dios creó al hombre para ser así y mientras el hombre no haya nacido de nuevo tendrá una espiritualidad incompleta, porque está fuera de una relación adecuada con Dios. Es moralmente incompleto porque su dinámica ética no es la del poder del Espíritu Santo. Es mentalmente incompleto porque no puede entender las cosas espirituales. Só-lo por el milagro de la regeneración llega a ser completo, no perfecto, sino completo para poder ejercer las capacidades que Dios le ha dado.
 


III.     VIDA EN CRISTO, 2:11-4:6

Luego que se ha descrito lo que es la salvación en Cristo, Pablo pasa en la segunda parte del libro a describir lo que es la vida en Cristo. Nuestra posesión en Cristo, nuestra posición en Cristo y las implicaciones.

    

    1.     Nuestras posesiones en Cristo, 2:11-15

La frase dominante nuevamente es en él; veremos tres grandes posesiones que tenemos en Cristo.
Fuimos circuncidados (v. 11). Pablo usa la figura de la circuncisión ya que esta era bastante entendible. Originalmente la circuncisión tenía implicaciones profundas; era quitarse las impurezas corporales y así llegar a una consagración total a Dios. Así lo explica claramente el mismo Pablo en Romanos 2:25–29. La circuncisión colocaba a la persona dentro del pacto de Dios, de allí que tenía una connotación espiritual más que física. Este mensaje no es nuevo. Ya Deuteronomio 10:16 demanda la circuncisión del corazón. En Deuteronomio 30:6 tenemos la esperanza que será Dios el que circuncidará el corazón como medio para restaurar las relaciones con él. El profeta Jeremías toma nuevamente el mensaje y llama incircunciso a Israel pero al mismo tiempo hace un llamamiento: Circuncidaos para Jehovah (Jer. 4:4).
Estos pasajes citados son lo suficientemente claros para que podamos afirmar que Pablo está hablando de una triple posesión que hay en Cristo. La circuncisión de nuestro corazón no fue hecha de manos; pertenece a una dimensión no física, a la dimensión del Espíritu Santo. Mediante esta circuncisión el creyente pasa a ser parte del pacto; la circuncisión del corazón no nos despoja de una parte pequeña del cuerpo, sino que nos despoja del poder del pecado, ya el pecado no se enseñoreará de nosotros. Ya no estamos en esclavitud del pecado. No quiere decir que ya no pecamos o que ha sido quitada la naturaleza de pecado; significa que ahora ya tenemos la victoria de Cristo, que él nos ha liberado.
La circuncisión de los corazones no es impuesta por los hombres o por la ley, es la circuncisión de Cristo y tiene su origen en él. El mismo Cristo que tiene preeminencia es quien nos ha circuncidado el corazón. Debemos ser enfáticos, el hombre no es el que circuncida el corazón; es un don de Dios.
Fuimos resucitados (v. 12). El verbo principal de este versículo es fuisteis resucitados. Pablo no desea hacer mucho énfasis en la sepultura, esto lo explicará más tarde en 2:20–3:4. Aunque la centralidad es la resurrección, por lógica es necesario antes morir. La figura aquí es la de enterrar y desenterrar a un muerto. Pensemos que tanto el v. 11 como este y los siguientes no hablan en forma literal, pues es imposible circuncidar literalmente el corazón; de igual manera el bautismo lit. no nos ha sepultado.
Aquí hay dos posibilidades de interpretación: Que se tome el bautismo en agua con el significado del resto del NT, un simbolismo de que hemos muerto y hemos resucitado, también como simbolismo de una identificación total con Cristo; la otra posibilidad es la de relacionar este bautismo mencionado aquí con el bautismo del Espíritu Santo descrito en 1 Corintios 12:13, como el hecho que ha experimentado todo creyente por medio del cual somos introducidos en el cuerpo de Cristo. Esta última interpretación puede hacer un poco más entendible el pasaje. En el bautismo del Espíritu Santo fue sepultado y fue resucitado con Cristo. De esta manera evitamos caer en la interpretación que sostiene que por el bautismo por agua somos sepultados al pecado y resucitados a una nueva vida, lo que se separa de las enseñanzas neotestamentarias en cuanto a la salvación por la fe y por gracia.
Por medio del bautismo del Espíritu Santo hemos sido sepultados y sobre todo se nos ha resucitado; el pasaje sigue afirmando que este ser sepultados y resucitar solamente se logra por medio de la fe, es decir que nos está hablando del acto salvífico en sí mismo, no del simbolismo del rito bautismal. Esta salvación, seamos enfáticos, es por medio de la fe, no por causa de la fe, ya que ella sirve de vínculo para relacionarnos con él. Literalmente nuestro versículo se debe traducir: “Por medio de la fe del poder de Dios”, destacando lo que ya se ha mencionado, que la salvación es por el poder de Dios. Es por acción de Dios mismo que el hombre tiene fe, es un poder tal que resucitó a Cristo y como dice Efesios 1:19–23 este poder es para los creyentes. Resumamos esta posición en Cristo: Fuimos resucitados, también se nos ha dado fe, poder y todo esto al ser bautizados en el Espíritu Santo y ser parte de la iglesia.
Una última posesión que tenemos en Cristo: Nos ha dado vida juntamente con él (vv. 13–15). El enfoque ahora es un tanto diferente: al cambiar el término “resucitar” con “dar vida con” se quiere indicar algo más que el hecho de una resurrección espiritual, sobre todo en la proyección de disfrutar de una vida abundante que tenemos en Cristo. El verbo “dar vida” ya tiene en el griego la preposición con (sun), e inmediatamente se usa la misma preposición para traducir con él. Este uso doble de con sin duda quiere señalarnos que hemos recibido vida por nuestra identificación con él, pero también que nuestra vida la compartimos con él. Hay dos dones grandes: la vida y Cristo mismo.
Estos dones aparecen como más grandes al leer la frase que antecede a lo explicado: Estabais muertos, lit. erais cadáveres, inútiles e ineficaces espiritualmente; nada podíamos hacer, sin embargo Dios nos dio vida. Se describe esta muerte en dos campos: En las transgresiones o las violaciones de los mandamientos de Dios (delitos); esto es una abierta rebeldía contra él. Y la otra, la incircuncisión de vuestra carne o estar alejados del pacto y las promesas de Dios, un estado de “enajenación de Dios” (Dargan). Posiblemente al usar los términos incircuncisión de vuestra carne nos quiere insinuar el origen gentil de muchos miembros de la iglesia. La misma indicación nos puede dar el uso reiterativo (3 veces) del pronombre “vosotros” en esta primera parte, para retornar a la primera persona en forma inmediata.
Sepultados con la muerte en el bautismo
2:12
Tuve un profesor de Nuevo Testamento aspersionista; yo también lo era pero con mis dudas. Comentando este pasaje decía que no se refería al bautismo en agua, sino que hablaba de la muerte y resurrección espirituales del cristiano. Yo le hice la observación que, aunque el lenguaje fuera espiritual, sin embargo el simbolismo era tomado, sin duda, de la práctica del bautismo como una sepultura en agua, en lo cual se vio precisado a convenir. De manera que de todos modos, este pasaje enseña que la forma legítima del bautismo es la inmersión, un sepultarse en el agua y un levantarse de ella, como emblema de la sepultura y resurrección de Cristo por nosotros para nuestra redención, a fin de que muriésemos al pecado y resucitásemos a la vida eterna.
La práctica del bautismo, tal como el significado del vocablo lo indica, es inmersión; tal como se practicaba en la iglesia cristiana primitiva, introduciendo el cuerpo en el agua y luego levantándolo; tal como lo sugiere el hecho de la necesidad de mucha agua (Juan 3:23) para bautizar y tal como corresponde a su simbolismo de muerte, sepultura y resurrección (Col. 2:12), no puede ser otra que una inmersión del cuerpo en el agua.
El bautismo simboliza la muerte, sepultura y resurrección de Cristo para nuestra salvación; nuestra muerte al pecado y resurrección espiritual a la gloriosa vida en Cristo por identificarnos con su muerte redentora, y finalmente simboliza nuestra muerte física y resurrección de la tumba cuando nuestro Salvador venga con majestad y gloria en su inminente segunda venida.
¡Qué hermoso símbolo se pierde cuando arbitrariamente se cambia la forma del bautismo!

La forma como Dios nos dio vida fue por el perdón de las transgresiones. El no nos dejó muertos, ni nos dio vida quedándonos como éramos, sino que cuando fuimos perdonados entonces nos dio vida. La palabra perdonándonos (carízomai 5483) está relacionada con el término gracia, es decir que se destaca la idea de la gratuidad. También esta palabra conlleva el significado de cancelar una atadura. El creyente antes estaba atado a la muerte por su transgresión pero Dios ha soltado este lazo y ahora está vivo. Implicamos que el perdón alcanza no sólo las transgresiones pasadas sino las que lastimosamente vendrán. La redención es un acto que se realiza de una sola vez y para siempre, siendo la base para un perdón continuo para los hijos de Dios.
En los vv. 14 y 15 encontramos el método para el perdón de las transgresiones: Primero, el anuló el acta que había contra nosotros (v. 14a). Aquí Pablo usa una figura de contabilidad: Cuando una persona contraía una deuda escribía con su puño y letra un acta o un pagaré, por la que estaba atado al prestamista. Era una prueba legal de que la deuda existía; cuando se cancelaba la deuda el acta era anulada o borrada. Esto es exactamente lo que hizo Dios con nosotros. Estábamos endeudados con él pero él mismo ha borrado esta deuda que fue escrita con nuestras transgresiones. Hay un agravante más: No solamente había un acta contra nosotros, sino que los mandatos o las ordenanzas de Dios nos señalan que hemos pecado, además de indicarnos que somos dignos de muerte. Pablo explica más claramente esta situación en el pasaje de Romanos 7:9–13.
Segundo: Dios levantó el acta y la cargó a la cuenta de Cristo (v. 14b). Ahora Pablo nos lleva hasta la cruz. Era costumbre poner en la cruz un acta en la que se exponían las culpas por las que el crucificado estaba muriendo. Es así que Dios tomó el acta con nuestras transgresiones que nos inculpaban —y que debían ir en “nuestra crucifixión por nuestros propios pecados”— y la quitó y la clavó en la cruz de Cristo. La idea es que fue un hecho que se realizó en el pasado pero sus efectos perduran hasta hoy. El Salvador fue clavado en la cruz y juntamente con él nuestras culpas que nos condenan. Estas fueron crucificadas pero no conocen resurrección. El se hizo maldición por nosotros.
Tercero: antes de entrar al texto es necesario hacer una aclaración. En la RVA se ha supuesto que el sujeto de todos los verbos usados aquí es Dios: dio vida, anuló y ha quitado (v. 13). La palabra no aparece en el original, es necesario suplirla. Pero al llegar al v. 15 tenemos que hacer un cambio de sujeto, ya no es “Dios Padre”. Pablo pasa inconscientemente de un sujeto a otro, ahora es Cristo el que hace la acción. Como dice el comentarista Lightfoot, es un cambio enérgico y muy llamativo.
Semillero homilético
Preeminencia de Cristo sobre la ley
2:11–17
Introducción: Pablo, en otros de sus escritos, abunda en conceptos acerca de la misión de la ley. Por ejemplo: (1) La ley revela la santidad, la justicia y la bondad de Dios (ya que la ley viene de Dios), Romanos 7:12. (2) Por la ley es el conocimiento del pecado, Romanos 7:12. (3) Por la ley el pecado llega a ser sobremanera pecaminoso, Romanos 7:13. (4) La ley produce ira y muerte, Romanos 4:15; 7:9, 10. (5) La ley hace reconocer la impotencia del hombre para librarse del pecado. Romanos 7:21, 22. (6) La ley hace sentir la necesidad de un Dios Salvador, Romanos 7:24, 25. (7) La ley como un ayo conduce al pecador a Cristo, Gálatas 3:24. Ahora en esta selección el Apóstol presenta algunos aspectos de la superioridad de Cristo sobre la ley.
I.     Preeminencia al efectuar la verdadera circuncisión, v. 11; Romanos 8–12.
II.     Preeminencia al resucitarnos juntamente con él de la muerte espiritual, vv. 12–15.
III.     Preeminente al hacer posible el perdón de nuestros pecados, v. 13b.
IV.     Preeminente al anular el acta de los decretos contra nosotros y clavarla en la cruz, v. 14.
V.     Preeminente al despojar y exhibir vergonzosamente, en la cruz, a las potestades de las tinieblas, v. 15.
VI.     Preeminente al librarnos de juicios y críticas acerca de ritos y preceptos legales, v. 16.
VII.     Preeminente al encontrar en Cristo el antetipo de la sombra de la ley, v. 17.
Conclusión:
1.     La ley es el fiscal que nos acusa y nos condena; Cristo es el abogado que nos defiende por los méritos de su cruz (1 Jn. 2:1).
2.     La ley es como el espejo que muestra las feas manchas del pecado, sin poder quitarlas; pero la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado (1 Jn. 1:7).
3.     La ley es como la biopsia que revela el horroroso cáncer, mas no lo puede curar; mientras que por las heridas de Jesús nosotros somos sanados (1 Ped. 2:24).
4.     La ley es cual poderoso gigante que nos golpea mortalmente con su justicia; Cristo es gracia tierna y misericordiosa que muere en nuestro lugar y resucita para levantarnos, guardarnos y sobrellevarnos durante el camino de nuestra vida.
5.     La ley señala el camino de la perfección hacia el cielo, pero no nos conduce allá; Cristo es el camino mismo, porque quitó el obstáculo del pecado mediante su sacrificio; además resucitó y ascendió al cielo para conducirnos hasta allá.

El v. 15 es uno de los pasajes más difíciles de traducir por su construcción y terminología especial. Como ya hemos dicho Cristo es el sujeto. El verbo principal es exhibió, modificado por dos participios en el griego: despojó y habiendo triunfado. Intentemos una traducción un tanto más libre para entender la estructura del versículo: “Cristo los exhibió en público, habiendo despojado a los principados y potestades, y habiendo triunfado sobre ellos en la cruz.” Analicemos poco a poco estas frases por separado para luego ver el conjunto. La idea principal es que Cristo ha triunfado, y esto no se hizo como algo secreto sino que su triunfo fue puesto a la vista de todos. La figura es tomada de la vida militar de ese entonces. Cuando un ejército triunfaba sobre otro, se realizaba un desfile victorioso. En él se exhibía a los derrotados, los que eran objeto de burla por la gente que estaba mirando. El vencedor era digno de grandes homenajes y por lo general se le hacía un monumento recordatorio de su triunfo. La victoria de Cristo no es una cosa que se realizó solamente en la dimensión del más allá, tampoco la redención fue una huida fuera del mundo. Es más bien un acto aquí en la tierra, lógicamente con efectos eternos.
El primer modificante a esta acción de triunfo indica que esta exhibición se pudo realizar en virtud de que Cristo ya había despojado a los principados y autoridades (lit. significa quitar los vestidos o quitar el poder que hace daño). Así el evangelio se convierte en la buena noticia del triunfo de Jesús sobre los poderes de este mundo. Cristo despojó de autoridad a los poderes que los colosenses pretendían adorar.
El segundo modificante es lo que ya se ha insinuado: Cristo es un triunfador sobre ellos. Aquí surge otro conflicto en cuanto a la claridad. En el texto griego no se halla la palabra cruz ni la palabra Cristo, solamente se usa el pronombre personal él (este pronombre puede reemplazar a cruz o Cristo, ya que el sustantivo cruz en el griego es de género masculino). Si Dios es el sujeto, lo natural es que en él se refiera a Cristo. Pero si Cristo es el sujeto, lo cual sostenemos, lo más lógico es que se refiera a la cruz (ver nota de RVA). Sea de una u otra manera, después de todo fue en el Cristo crucificado que Dios logró su victoria final.


    2.     Implicaciones prácticas, 2:16-19

Nuevamente tenemos aquí un pasaje conclusivo introducido con las palabras por tanto. Estamos frente a las implicaciones prácticas que se desprenden de lo enseñado en el párrafo anterior sobre nuestras posesiones en Cristo. Por lo que ha hecho Cristo y por lo que tenemos en él, Pablo nos habla de dos privilegios que tienen los creyentes. Notemos que se puede dividir el párrafo en dos partes, cada una de las cuales comienza con la misma palabra: nadie (vv. 16, 18).
La victoria de Cristo a nuestro favor
2:15
El Señor en el calvario obtuvo la más rotunda victoria sobre las potestades infernales, a las cuales humilló exponiéndolas a la vergüenza. Ya nosotros no tenemos que luchar contra Satán en nuestras propias fuerzas, pues ha sido vencido; y nosotros lo que tenemos que hacer es tomar por fe la victoria que Cristo conquistó en la cruz para nosotros.
En la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos de América derrotó a Japón, el que se rindió incondicionalmente. Pero a pesar de la aplastante derrota, en el interior de algunas islas dominadas por Japón todavía persistían grupos americanos luchando contra japoneses ignorando que el Imperio Nipón había sido derrotado.
Así muchos cristianos pareciendo ignorar que las fuerzas satánicas fueron derrotadas vergonzosamente en el Gólgota, continúan luchando en sus propias fuerzas, y a menudo mordiendo el polvo de la derrota innecesariamente. Vengan y tomen el triunfo por fe en Cristo y canten victoria.

El primer privilegio es que nadie nos puede juzgar por cosas meramente externas. Dios ya ha hecho todo, no nos queda a nosotros ningún acto religioso externo para alcanzar la salvación o la santificación. Nosotros, como los colosenses, nos enfrentamos a personas que están prestas a rotularnos negativamente por ciertas cosas que hacemos o que no hacemos. Para ellos son asuntos importantísimos, pero para Dios apenas merecen atención, salvo que sean en función de amor para evitar algún tropiezo (Rom. 14; 1 Cor. 8:1–13; 10:23–11:1). Como creyentes debemos hacer oídos sordos a quienes pretenden ponerse en calidad de jueces.
Pablo pasa a dar una pequeña lista de las cosas más comunes en que algunos creyentes un tanto ascéticos caen en críticas. La divide en dos grupos, comida y bebida. Posiblemente se refiera a reglas ceremoniales relacionadas con la limpieza de los alimentos pensando que eso es lo importante. Igual que ahora, mucha gente pensaba entonces que había alimentos y bebidas más o menos santos. Podemos incluir aquí asuntos tales como el ayuno usado como instrumento de santificación o de presión a Dios para lograr algo. El problema es que muchas veces nos concentramos en pequeñas reglas de asuntos superficiales antes que en lo esencial. Es necesario tratar aquí dos advertencias: Primera, que esto no nos da licencia para ser despreocupados en cuanto al tipo de alimentos y bebidas que podemos consumir. Dios nos ha dado inteligencia para que hagamos un buen uso de las cosas que él mismo ha creado para nuestra vida. Segunda, no estamos llamados a juzgar a quienes participen de ciertas prácticas, como por ejemplo el caso del ayuno ya citado. El no juzgar es de dos vías, tanto para el que lo hace como para el que no lo hace.
El segundo grupo incluye: días de fiesta, lunas nuevas y sábados. Pablo estaba pensando en la importancia que se daba a ciertos días para hacer ciertas celebraciones, o de apartar un día especial para algún servicio pensando que esto es una señal de santidad o como medio para hacerlo. Esto también nos lleva a nuestros días cuando vemos a la cristiandad que se acuerda que es cristiana en días especiales como Navidad, Cuaresma, Semana Santa, etc.; luego nuevamente se olvidan que el cristianismo es un asunto de 365 días al año.
Hay también aquí la necesidad de hacer una observación: el mandato es no ponernos en un pedestal de superioridad frente a quienes hacen esto. Esto no significa que no estamos llamados a enseñar con humildad y amor.
La razón de ser para esto está expuesta en el v. 17 como un corolario a lo que ya se dijo en cuanto a Cristo. Las prácticas relacionadas con el cristianismo genuino no son malas en sí mismas, solamente son incompletas pues apenas son una sombra. Cuando se dice que es de lo porvenir, no nos proyecta necesariamente a un futuro lejano, sino que siguiendo la tónica de la tensión escatológica del reino de Dios nos proyecta a un futuro que ya está presente.
A renglón seguido Pablo hace el contraste: Estas cosas son la sombra, pero el “cuerpo” o la realidad es Cristo mismo. La pregunta que surge es: ¿Para qué hacer las cosas que se relacionan con la sombra, si ya tenemos en Cristo la plenitud de todo? El desafío ético que encontramos en estos versículos es que nuestro comportamiento no puede ser moldeado por el ascetismo o las celebraciones culturales, sino que debe ser moldeado por la presencia de Cristo a quien debemos imitar.
El segundo privilegio nos dice que no hay ninguna persona que tenga el derecho a quitarnos el premio, en virtud de lo que Cristo ha hecho por nosotros. El lenguaje que está usando ahora se relaciona con las competencias atléticas, en las cuales hay un árbitro que está observando que todos cumplan correctamente en su competencia. Había personas que se colocaban a sí mismas como árbitros para pretender descalificar a algunos creyentes. Pablo da tres razones por las que ellos no tienen autoridad para hacerlo. La primera es una traducción difícil, pues tenemos que dar al participio griego usado aquí un significado poco frecuente en el NT: fingiendo humildad (“tomando placer en la humildad”), es decir que ellos se sentían orgullosos de ser humildes, lo cual como sabemos no tiene ningún sentido. Esta falsa humildad se halla relacionada con el culto que daban a los ángeles. Tenemos que recordar que uno de los problemas de los colosenses era adorar a personajes intermedios entre el hombre y Dios. Parece que la razón es que ellos se sentían muy poca cosa para adorar a Dios directamente y veían como piadoso el usar intermediarios, una falsa justificación. Por la obra de Cristo nosotros tenemos libre entrada a Dios.
En la segunda razón tenemos un problema textual, siendo la mejor lectura no incluir la negación, tal como lo tiene RVA. La idea es que estas personas estaban haciendo demasiado énfasis en ciertas visiones que ellos decían que habían tenido, aumentando y exagerando cada vez más sobre el significado de estas visiones.
La tercera razón es que estaban hinchados de nada, creían ser algo sin ser nada, engañándose a sí mismos. Todo su problema radicaba en que su pretendida espiritualidad por la que querían ser jueces se originaba en una mente que todavía era gobernada por el pecado.
El v. 19 explica con detalle la situación descrita. Cristo es la cabeza de la iglesia, él es el Señor de la iglesia, por lo tanto el desplazarlo de nuestra vida y pretender que él no es Señor causa todos estos conflictos. Tenemos que aferrarnos a él para que nuestra vida cristiana sea normal; imitar a Cristo es nuevamente el modelo a seguir. Termina diciendo que la iglesia, como cuerpo de Cristo, estará firme cada uno por separado pero también cada uno dependiendo del otro, siempre y cuando haya una relación de sujeción total al Señor de la iglesia.
Este fortalecimiento individual y corporal de la iglesia redundará en un propósito: el crecimiento que Dios da. Este tiene algunas cualidades: espiritualidad (motivación por el Espíritu Santo), fidelidad (dependencia del texto bíblico en acción) y pertinencia (ser la sal de la tierra). Además este crecimiento debe tener varias dimensiones: numérica, orgánica, conceptual y diagonal (O. Costas).


    3.     Nuestra posición en Cristo, 2:20-3:4

Hay una frase que se repite en esta sección como en ninguna otra parte del NT, a saber: con Cristo (v.20; 3:3) y con él (3:4). En el original la preposición con (sun) en 3:1, se encuentra como parte del verbo y se halla traducida como habéis resucitado con. En Efesios 2:6 se ha traducido el mismo verbo como juntamente con... nos resucitó. La preposición sun se puede traducir también como junto con. Se usa mayormente para personas y está implicando una estrecha relación de compañerismo. Pablo sin duda desea hacer sobresalir lo que tenemos como fruto de nuestra unión con Cristo.
Nuestra posición con Cristo está descrita de dos maneras. En el texto original estas dos maneras (2:20 y 3:1) se hallan expresadas a través de dos oraciones condicionales, que bien se ha traducido en RVA con siendo. Esto hace pensar que el Espíritu Santo por intermedio de Pablo estaba asumiendo la realidad de estas dos premisas: hemos muerto y hemos sido resucitados con Cristo. El resto de la discusión girará alrededor de estas dos declaraciones verdaderas.
Hemos muerto con Cristo (2:20–23). La forma verbal usada aquí implica una acción que ya sucedió en el pasado. No fue un proceso, sino que se realizó en un momento específico; fue un momento de crisis. Pablo no usa nunca, cuando se refiere a la muerte al pecado (Rom. 6:2), a sí mismo (2 Cor. 5:14, 15), a la ley (Rom. 7:6; Gál. 2:19), o al mundo, una forma verbal que indique cambio progresivo, siempre usa la forma puntual. Es importante también notar el uso de la forma compuesta del verbo apócresis 671, que hace énfasis en la separación. Esta realidad de la muerte con Cristo aconteció en el instante de conversión; allí se entra en una unión real con Cristo y se identifica con él en el acto de su cruz. Convertirse en cristiano es morir con Cristo.
Todo esto quiere decir que, como lo explica el mismo Pablo en Romanos 6:1–11, no debemos vivir “una vida sin vida”, sino que hemos pasado a una forma de vivir en donde el poder del pecado ha sido cortado (Rom. 6:11).
Regresando al pasaje de Colosenses, Pablo usa la fuerza de la preposición apo que se ha traducido como separó, para indicar con vigor, que en virtud de nuestra identificación con la muerte de Cristo los principios elementales del mundo, ya no tienen poder sobre nosotros. Estamos separados. No se quiere insinuar que el creyente ya no peca, solamente que el pecado ya no se enseñorea sobre él, ahora estamos bajo otra influencia, estamos viviendo en “la región de lo eterno” (Lightfoot).
Semillero homilético
La preeminencia sobre los falsos cultos
2:18–23
Introducción: En el fondo de este pasaje encontramos el Cristo como preeminente, el premio de gloria eterna, la verdad de la revelación divina, la cabeza del cuerpo místico de la iglesia, la beatísima experiencia de morir a las vanidades del mundo y el poder de Dios para vencer la corrupción de la carne. Entonces el Apóstol con autoridad divina demanda que no permitamos que los falsos cultos nos priven de tan gloriosos bienes que nos otorga la autoridad soberana del Señor supremo, Cristo Jesús.
I.     No privarnos del premio eterno por los falsos cultos, v. 18a.
     No engañarnos con la falsa humildad de rendir culto a seres inferiores al Señor.
II.     No permitir quedar sin la realidad de Cristo por atender a vanas visiones, v. 18b.
III.     No perder la comunión con Cristo, que es la cabeza de la iglesia, por los falsos cultos, v. 19. Así se pierde la nutrición del cuerpo y su crecimiento.
IV.     No cometer la insensatez de cambiar la experiencia de la muerte al mundo, por las inútiles prácticas del ascetismo, vv. 20–22.
V.     No engañarnos con las apariencias de sabiduría, humildad y abnegación de los falsos cultos, v. 23. Tales prácticas son inútiles para el dominio de los apetitos carnales.
Conclusión: Hemos visto cómo el apóstol Pablo demuestra la inutilidad e insensatez de los falsos cultos, y cómo el Cristo preeminente es el único suficiente para hacernos aptos de tributar a Dios el culto digno de él, como lo expresa en estas sus mismas palabras: Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es vuestro culto racional (Rom. 12:1).

Los principios elementales del mundo (v. 20), recordando lo que se dijo bajo 2:8, son según el contexto una serie de enseñanzas que se hallan relacionadas con cosas materiales y externas. Pablo exhorta a no sumergirse nuevamente en la atmósfera donde las cosas materiales gobiernan, sino que vivamos en la atmósfera del Espíritu. El contraste es entre el creyente que ha muerto a los valores del mundo, y el hombre no regenerado que tiene un estilo de vida de acuerdo a estos valores del mundo, estando sometido al control de los poderes espirituales del mundo.
Luego de haber descrito lo que implica estar muerto con Cristo, Pablo hace una pregunta en tono de reclamo. Si se está separado del mundo, ¿cómo es que se actúa como si se fuera del mundo? ¿Cuál es la excusa para haber retrocedido? No se pueden mezclar las dos cosas; esto es inconcebible. No podemos seguir viviendo según los valores que el mundo nos da, por más buenos que parezcan ser. Un grupo de gnósticos había pensado que el mejor camino para vivir en santidad es hacer énfasis en reglas y ritos externos. La palabra ordenanzas (dógma 1378, v. 20), implica una norma legal que hace más énfasis en la norma en sí misma que en ninguna otra cosa. Aquí se incluye lo mencionado en 2:8 y 14. La vida cristiana se había convertido en una de reglas y leyes, en lugar de una vida en la que se goce de la compañía con Cristo (Gál. 4:3, 9). La vida de Jesús está llena de ilustraciones sobre su enseñanza en este aspecto (p. ej., Mat. 15:1–20).
Inmediatamente se dan algunos ejemplos de los “dogmas”. Las enseñanzas rabínicas muestran que Pablo no exagera; él usó no solamente el espíritu de las falsas ense-ñanzas, sino también las formas de estos “dogmas”. No parece que se está haciendo distinción en diferentes mandatos y que se está pensando en mandatos específicos y detallados. Se refiere a prohibiciones relacionadas con el ascetismo, y revelan una creciente severidad. El énfasis que hay está sobre la repetición del negativo.
Inmediatamente Pablo nos quiere dar algunas razones por las que estos preceptos son de poco valor. La primera es que son destinadas a perecer con el uso (v. 22a), apuntan (eis) hacia la destrucción; es decir que dan valor a las cosas que perecerán, a las cosas transitorias, pero no a lo que es eterno. De allí que es inútil hacer de estas cosas que pasarán un principio fundamental de la moralidad. Es el mismo argumento dado por Jesucristo a lo largo de los Evangelios. Se debe indicar que la interpretación de esta frase no es sencilla, hemos dado la más aceptada por los eruditos. La sutileza de la expresión en el original no se puede reproducir en las traducciones.
La segunda razón que tenemos es que apenas son mandamientos y... doctrinas de hombres (v. 22b). Pablo da un fuerte énfasis en esta frase: No se trata de mandamientos dados por Dios, apenas de hombres sin autoridad (2:8). Estos “dogmas” no sólo han sido dados como correctivos de conducta, sino también como enseñanzas doctrinales. Los mandamientos describen la fuente de autoridad y las enseñanzas el medio de comunicación. El comentarista Lightfoot hace una triple comparación de lo que dice Pablo aquí y lo que dice Jesús en Mateo 15:1–20 y Marcos 7:1–23. (1) Los dos argumentan en manera semejante contra fastidiosas ordenanzas relacionadas con el alimento que se corrompe. (2) Los dos insisten sobre lo intrascendente de estas cosas en sí mismas. En Marcos 7:19 se hace énfasis en las palabras del Señor que prácticamente declara limpio todo alimento. (3) Los dos relacionan estas ordenanzas con las prácticas condenadas en la denuncia profética de Isaías 29:13.
Finalmente una tercera razón (v. 23), es que estas cosas no tienen un valor práctico y real. La construcción de la frase tienen reputación de ser sabias, no quiere decir que realmente sirven, sino que “dicen que tiene valor”. Es una frase irónica, pero no es la realidad. Son cosas de muy dudoso buen resultado. Pablo hace un contraste entre lo que se dice que sirve en cuanto a estas reglas y mandatos, y lo que definitivamente no sirve.
Dicen que estos mandatos tienen reputación en algunas cosas: ¿Cuáles son? Veamos nuevamente la ironía del apóstol Pablo: cierta religiosidad, o supuesta religión. Posiblemente el error de los colosenses era cierto culto mistérico o el sincretismo de ideas populares —de religión popular— con el mensaje cristiano. Era ostentación de devoción, observancia religiosa impuesta sobre uno mismo, pero no por Cristo. La humildad es una virtud frecuentemente adulterada (2:18). Finalmente, duro trato del cuerpo, o sea la práctica de una exagerada mortificación del cuerpo: Ayunos, vigilias, flagelación, falso ascetismo, cosas que por lo general causan impresión de piedad. Jesucristo habla de estas cosas en Mateo 6:2, 3 y Pablo en 1 Corintios 13:3. Al tener apariencia de piedad la herejía es más seductora para alguna gente.
En la última parte del versículo Pablo nos da la regla para evaluar las enseñanzas que se quiere imponer: ¿Tiene valor para combatir la sensualidad? ¿Qué de los apetitos de la carne? Por sensualidad (sárx 4562) se entiende aquí la vida del hombre en cuanto no se halla en correcta relación con Dios. La respuesta a estas preguntas es obvia: No, no tiene valor. Hay otra posible interpretación al traducir esta frase: “No tiene valor ninguno, sirve para cebar el amor propio” (Nueva Biblia Española). Esto quiere decir que para lo único que sirve esta serie de dogmas es para despertar los apetitos carnales. Cualquiera de las dos interpretaciones llevan a la misma conclusión: Si los “dogmas” son simplemente ceremonias, sacrificios personales, o cúlticos, restricciones y reglas y más reglas, son moralmente impotentes. Sólo el poder de Cristo resucitado es eficaz contra estos apetitos.
Mandamientos humanos
2:21–23
"No hay fin en cuanto a los hombres se ponen a inventar tiranías para las conciencias; cada día nuevas leyes se añaden a las antiguas, cada día salen nuevos decretos. Y con qué elegancia de lenguaje Pablo nos muestra en esas tradiciones humanas un laberinto donde las conciencias se extravían" (Calvino, citado en Bonnet y Schroeder).

Hemos sido resucitados con Cristo (3:1–4). En esta otra sección Pablo comienza la segunda parte de esta división. Por un lado hemos muerto con Cristo, pero gracias a él, no solamente estamos identificados con su cruz, sino que también estamos identificados con su resurrección.
Recordemos que la frase con que comienza el cap. 3 es una certeza, no se trata solamente de una posibilidad, es una frase paralela a 2:20. La muerte y resurrección nuestra son dos hechos que se realizaron en un punto del pasado, y que se hallan simbolizados en el bautismo. Es importante notar que el pasaje paralelo a este lo tenemos en Romanos 6:4 y 5, y que allí se enfoca más a una resurrección escatológica, mientras que en Colosenses es una realidad presente, nuestra vida eterna ya ha comenzado. La forma del verbo usado en este primer versículo es un pasivo, ya que un muerto no puede resucitar, sino que tiene que ser resucitado. A un muerto en sus pecados solamente Dios lo puede resucitar. Los mandatos que vamos a ver inmediatamente están relacionados con hechos éticos en el estado de resurrección. Esta resurrección que se ha experimentado no solamente debe cambiar la conducta del creyente, sino también los conceptos intelectuales. Ha sido trasladado al reino de Dios (1:13). Hay nuevos valores que dominan al creyente, valores que no están relacionados con los dogmas ascéticos tan discutidos, sino aquellos que no perecen.
En virtud de lo que ha pasado, se debe buscar las cosas de arriba. ¿Se quiere enseñar que el creyente debe andar con la mente en las nubes? No, de ninguna manera. Las cosas de arriba (ta áno 507), no es sino lo que tiene origen en Dios mismo (Mat. 6:20, 33; Fil. 3:14, 20; Gál. 4:26). Esta frase se debe entender a la luz de las prácticas religiosas que se describieron antes, que se oponen a la presencia de un Cristo victorioso, el que está sentado a la diestra de Dios. El contraste es fuerte: por un lado la enseñanza de los hombres y por otro la de Cristo glorificado y exaltado. La expresión tomada del Salmo 110:1 indica la posición que ocupa Jesús por su señorío y por su victoria total. La diestra de Dios es el lugar de santidad, de intercesión y de poder. La figura de Cristo se torna nuevamente central. Se debe cesar nuestra concentración de energías y nuestros pensamientos en ordenanzas mundanas, y concentrarnos en nuestra nueva vida, en la cual Cristo es la estrella polar. Nuestro ejemplo es el Cristo de gloria.
En el v. 2 se repite la expresión de arriba, para dar el énfasis. No solamente hay que buscar lo de arriba, sino que hay que ocupar la mente en ello (Fil. 4:8, 9). La palabra usada aquí implica el pensamiento sobrio y las aspiraciones que determinan las acciones.
El entendimiento correcto de las cosas de Dios demanda que nuestra mente se esté renovando (Rom. 12:2), lo que producirá que las acciones sean relevantes para el aquí y el ahora, y que los mandamientos de Dios no sean cosas frías que se limiten a lo de la tierra, cosas que no trasciendan, religión fría y vana. Buscar lo de arriba no demanda apartarse del mundo; al contrario, tenemos que permanecer para dar sabor al mundo con los valores de arriba. Las cosas de la tierra son los mandamientos de la religión humana que no transforman a nadie.
Finalmente Pablo enseñará dos cosas que se tienen con Cristo, una de ellas en el presente (v. 3) y la otra en el futuro (v. 4).
Lo que tenemos con Cristo ahora, tiene una base en el pasado: habéis muerto. Por un momento nos hace retroceder a 2:20, tenemos que haber muerto para poder resucitar. Hace un cambio brusco y una mezcla extraña: muerte y vida, la paradoja del creyente. El verbo que se ha traducido como está escondido (krúpto 2928) está en tiempo perfecto, lo que significa que el estar escondidos fue una acción que se realizó en el pasado, pero tiene sus resultados en el presente, o sus efectos permanentemente.
Dado que hemos muerto con Cristo, ahora la vida abundante que se puede disfrutar con él está muy segura, en su compañía y dentro de Dios. No hay sitio más seguro y mejor. La vida vieja ha llegado al fin y ahora la vida (en el original se halla el artículo para determinarla mejor) plena y satisfactoria con Cristo se ha manifestado. No se trata de solamente la vida biológica (bíos 979) sino de la vida integral y completa (zoé 2222). La vida en su plenitud está escondida del mundo, no es visible al ojo natural, no es plenamente comprendida por las facultades del intelecto humano.
El cristiano tiene también promesas para el futuro. En el original no hay ninguna conjunción como y o pero, para iniciar el v. 4; sino que entra directamente con cuando, lo que indica el énfasis que Pablo quiere dar haciendo sobresalir una unión muy íntima con lo que antecede. Es un recordatorio para animar al creyente que tiene que vivir en forma diferente porque ha resucitado.
Empezaremos, por facilidad de exposición, indicando que Jesucristo es la vida, no solamente que tenemos vida con él (Juan 1:4; 14:6, 19). El es vida en sí mismo; de allí que nuestra vida no quedará escondida con Cristo en Dios, sino que habrá un momento en que será visible y palpable para todos. Sin duda se está refiriendo a la segunda venida de Cristo, personal y visible, con poder y gran gloria (Mat. 24:30; ver 2 Tes. 2:1–12). Aquí se verá su aparición en majestuosa divinidad. Lo fantástico es que el creyente será parte también de esta manifestación con Cristo (1 Jn. 3:2). Lo cierto es que no se limitará a esta manifestación concreta, sino que será una manifestación eterna en la consumación de todo (Ef. 1:10).
Semillero homilético
Preeminencia en la vida espiritual y moral
3:1–15
Introducción: Nuestro preeminente Señor, como supremo Rey soberano, establece cuatro imperativos de carácter espiritual y moral, mediante cuatro verbos en modo imperativo: Buscad (v. 1), haced morir (v. 5), dejad (v. 8) y vestíos (v. 12). Estas obligaciones no son para salvarnos, porque la salvación es por gracia; pero el cristiano una vez salvado, tiene el privilegio de guardar estas normas para la gloria del Señor, para su propia felicidad y para ser un instrumento de Dios para la salvación de otros.
I.     Buscar las cosas de arriba, vv. 1–4. ¿Por qué razones?
1.     Porque allá está Cristo sentado a la diestra de Dios (exhalado como Rey), vv. 1, 2.
2.     Porque hemos muerto y nuestra "vida está escondida con Cristo en Dios", v. 3.
3.     Porque cuando Cristo se manifieste nosotros seremos manifestados con él en gloria, v. 4.
II.     Hacer morir los pecados de la carne, vv. 5–7.
1.     Descripción de los pecados de la carne, v. 5.
(1)     Inmoralidad sexual.
(2)     Idolatría de la avaricia.
2.     Razones por qué hacerlos morir, vv. 6, 7.
(1)     Porque la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, v. 6.
(2)     Porque pertenecen a la vida pasada, v. 7.
III.     Dejar los pecados del espíritu y la lengua, vv. 8, 9.
1.     Descripción de los pecados del espíritu: ira enojo y malicia, v. 8a (2 Cor. 7:1).
2.     Descripción de los pecados de la lengua: blasfemia, palabras deshonestas y mentiras, vv. 8b, 9.
3.     Razones por qué dejarlas, v. 9.
(1)     Porque pertenecen al viejo hombre.
(2)     Porque fuimos despojados de ellas.
(3)     Porque así la paz de Dios nos guardará.
IV.     Vestirse de las virtudes de Cristo, vv. 10–15.
1.     Las prendas del vestido, vv. 10–15.
(1)     Benignidad.
(2)     Humildad.
(3)     Entrañable misericordia.
(4)     Mansedumbre.
(5)     Paciencia.
(6)     Amor.
2.     Razones por qué vestirse de Cristo, vv. 14, 15.
(1)     Porque debemos manifestar la imagen de Dios.
(2)     Porque es el vestido de los escogidos de Dios.
Conclusión: Este rico pasaje nos ha demostrado dimensiones de una vida cristiana normal:
1.     Es una vida que crece hacia el cielo.
2.     Es una vida libre de la esclavitud de la carne.
3.     Es una vida que profundiza hasta la purificación del espíritu.
4.     Es una vida que se reviste con las perfecciones de Cristo.
Habiendo resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba. El cristiano es como la florecilla llamada girasol, la cual, al despuntar el sol, se despierta, se despereza y comienza a girar su corola buscando el sol, hasta poner su cara hacia él, a fin de disfrutar de las tibias caricias solares. El auténtico cristiano no puede quedarse conformado a este mundo; antes se empeña buscando preferentemente las cosas de "Arriba donde está sentado Cristo a la diestra de Dios".

Los latinoamericanos hemos sido puestos bajo dos extremos en nuestra perspectiva de la vida cristiana. Por un lado, hemos vivido muchos años, desde el comienzo de la conquista, bajo el símbolo de la muerte; se nos ha presentado un Cristo crucificado que no demanda una ética diferente en nuestras vidas. Por otro lado, se nos ha presentado también la imagen de solamente el Cristo resucitado, un cristianismo triunfalista. Este pasaje nos presenta la perspectiva completa. Así como lo cóncavo y convexo en un círculo, así la muerte y la resurrección no se pueden separar. Es necesario que todo creyente pase por la muerte de la cruz antes de llegar a la resurrección. Es indispensable pasar por “nuestro viernes santo” antes de llegar a “nuestro domingo de resurrección”. La resurrección nos enseña la necesidad de identificarnos con la cruz de Cristo. No podemos evitar este camino para disfrutar la gloria de la resurrección.


    4.     Implicaciones morales, 3:5-11

El primer grupo de implicaciones, que hemos llamado morales, son introducidas por las palabras por lo tanto (ver 2:6, 16 y 3:12). Estas implicaciones morales están presentadas de una manera negativa, enumera algunos pecados específicos que deben ser desterrados del creyente. Comienza por estas implicaciones éticas para hacernos pensar que aunque hay libertad en Cristo, también estamos sometidos a preceptos firmes y no cambiables. Dividamos el pasaje en tres partes.
La primera parte (vv. 5 y 6) es un mandato sobre ciertos pecados y la actitud que tiene Dios sobre ellos. El mandato es tajante. En 2:13 nos describía nuestra situación antes de ser creyentes como muertos (nekrós 3498), ahora con ese mismo énfasis nos dice que debemos matar (nekróo 3499) el pecado. Pablo nos lleva desde la muerte a una vida en Cristo en donde tenemos que matar al pecado, siempre desde la perspectiva de estar en Cristo y con Cristo.
Una traducción literal diría así: “Matad los miembros que están sobre la tierra.” Pablo usa el término miembros 3196 como los instrumentos para cometer pecados (Rom. 6:12, 13). Nos dice también a qué clase de miembros debemos matar: Los que están en la tierra o mejor dicho los que se guían por los valores que da este mundo. Hemos sido trasladados al reino de Dios y por lo tanto nuestros valores deben ser diferentes. Se debe insistir que esta lista es sólo a manera de ejemplo y no pretende ser exhaustiva. Trataremos de definir brevemente cada uno de los pecados. Fornicación (pornéia 4202) es inmoralidad sexual, relaciones sexuales fuera de matrimonio; también se aplica a todo acto pornográfico. Impureza (akatharsía 167) añade al pecado anterior un carácter de perversión (Rom. 1:24). Pablo fue más allá del acto exterior, llegó al centro mismo de las acciones. Las siguientes palabras se refieren a sentimientos que no se pueden gobernar (Rom. 1:26, 27), relacionados también con la sexualidad mal usada. Al término deseo (epithumía 1939) añade malos (Juan 8:44), porque la palabra deseo no siempre tiene una connotación mala. Aquí no sólo se refiere a lo sexual, en forma general es todo deseo malo. Finalmente trata la avaricia (pleonexía 4124). Esta palabra significa sencillamente deseo de tener más. Dios ordenó que se debe pedir por las necesidades de cada uno, pero el deseo de tener más allá de nuestras necesidades es pecado, es idolatría (eidodolatría 1495). No podemos servir a Jesucristo y al dios de las posesiones (Mat. 6:24).
Estos pecados están colocados al mismo nivel y debemos “matarlos” con el mismo énfasis: Actos sexuales fuera del matrimonio, deseos desordenados, sentimientos de hacer el mal y el deseo de tener más allá de nuestras necesidades.
Frente a estos pecados Dios actúa de una sola manera: con ira. La ira de Dios (v. 6) no es un cambio de sentimientos de parte de él, pues nuestro Padre no está sujeto a variaciones temperamentales. La ira de Dios no es una perturbación de su espíritu, sino un juicio por el cual se promueve el castigo sobre el pecado (Agustín). Tampoco la ira es contraria al amor, es una forma que toma el amor hacia lo que se opone a Dios. También se debe notar en el texto que la ira está viniendo (se usa el presente), no se trata de un evento futuro, ya está presente.
La frase sobre los rebeldes (v. 6), tiene un problema textual; no hay suficiente evidencia externa para sostener su inclusión. Si se lo omite (respaldado por varias autoridades como Westcott y Hort y Lightfoot entre otros), el v. 7 en su parte final se deberá traducir cuando vivíais en estos (pecados). Esta observación no hace a un lado la enseñanza que aquí se expone, pues en Efesios 5:6 se incluye esta frase sin ningún problema.
La segunda parte (vv. 7 y 8) nos habla del pasado. Por un lado afirma que los colosenses habían ya superado una etapa, antes vivían en esos pecados, antes eso era lo normal. Pablo nos quiere decir que no nos gloriemos al compararnos con aquellos que cometen estos pecados, porque nosotros también éramos así. Pablo usa el enfático ahora para que pensemos en nuestra nueva posesión y posición en Cristo. En esta lista podemos ver una acumulación creciente de pecados que se refieren a nuestra actitud interna.
La ira (orgé 3709) es una actitud de rechazo (se sobreentiende frente a cosas buenas que nos suceden); el enojo (thumós 2372) es una pasión hirviente (Dargan); la malicia (kakía 2549) ya es actuar, es hacer cosas de categoría inferior a lo que Dios nos demanda (Mat. 6:33, 34), es la maldad que existe entre los hombres; la blasfemia (blasfemía 988) significa hacer una cosa injuriosa, se traduce como blasfemia cuando es contra Dios y calumnia cuando es contra los hombres; finalmente las palabras groseras (aiscrología 148), en un lenguaje ofensivo, generalmente se refiere a expresiones en forma deshonesta y vulgar sobre alguna cosa.
La tercera parte (vv. 9–11) nos lleva más directamente al plano de las relaciones. Se ha dicho que la novedad del cristianismo no es el contenido moral diferente en forma exclusiva; la novedad sobre todo es la fundamentación de nuestras exigencias éticas: Jesús. Estamos frente a ciertas demandas dentro de una comunidad de creyentes, el “círculo” (la iglesia) desde donde se plantean las exigencias éticas: esa es la otra novedad.
Haciendo morir la carne
3:5–7
Nuestro texto dice que hay que hacer morir la carne. Si no muere la carne, muere el espíritu.
En cierta ciudad un caballero adinerado tenía en su hogar un hermoso perro, que le había costado un capital. Ese perro tan preciado enfermó de hidrofobia. Tuvo que buscarse al médico veterinario, quien, al examinar al bello animal, dijo: "Aquí no hay más remedio que matar al perro." "¡No, no, imposible!", exclamó el dueño. "Sí, es indispensable matar al perro", insistió el veterinario. "¡Jamás!", protestó el señor de la casa. "El perro es la alegría del hogar, el entretenimiento de los niños", repetía. Entonces, sentenció el médico: "Si el perro no muere, sus niños morirán." No había otra alternativa. Hubo que matar al perro.
Muchos cristianos desean disfrutar una próspera vida espiritual y gozar de bendiciones especiales, pero no quieren crucificar la carne. Si no muere la carne no hay vida espiritual, no hay alegría, no hay paz. Hay que matar la carne. ¿Tiene usted un perro qué matar?

El pasaje empieza con un mandato que no se debe añadir a la lista anterior, donde solamente encajaría con “mentiras”, pero aquí evidentemente cambia de tema. Pablo ordenó que no nos mintamos, que seamos auténticos. Y da dos razones: nos “hemos desnudado” o quitado el ropaje exterior, con todas las cosas desagradables que este ropaje lleva y nos hemos puesto uno nuevo, que no es un trabajo terminado sino que cada día va renovándose nuevamente. Hay dos metas: llegar a una identificación plena con las cosas divinas y que seamos una fiel imagen de nuestro Dios, imagen que ha sido distorsionada con el pecado.
Esto nos conduce a una idea que está flotando: la transformación del creyente es algo interno, tenemos una nueva naturaleza; pero también es algo externo pues debemos tener nuevas prácticas. No solamente tenemos que ser buenos, sino que también parecer buenos.
En una comunidad donde no hay mentira sino que existe una transformación externa e interna, hay una verdadera unidad que reflejará a Cristo mismo quien es todo, además de que Cristo está en todos sin ninguna distinción. La iglesia o el “círculo” desde donde proclamamos las exigencias éticas, se caracteriza porque las divisiones del viejo hombre han sido superadas, no es una esperanza sino un hecho. Padilla afirma que aunque somos de grupos diferentes ahora pertenecemos a una tercera raza (1 Cor. 10:32). La comunión que hay en la iglesia que está aferrada a Cristo como cabeza es mucho más que una comunión espiritual.
En Cristo están unidos los que están separados en el mundo por su raza (griego ni judío); separados por sus prejuicios religiosos (circuncisión ni incircuncisión); separados por el nivel cultural (bárbaro ni escita; los bárbaros eran considerados como gente inculta y los escitas como mucho más incultos y “salvajes”, los dos eran proscritos por la “sociedad culta”); separados por su clase social (esclavo ni libre).


    5.     Implicaciones sociales, 3:12-4:6

Estamos frente al último pasaje que comienza con por tanto, lo que nos indica que es la conclusión de lo que ya se ha dicho. Se ha hablado de la posición y posesiones en Cristo, y en el párrafo anterior de las implicaciones personales llegando a introducirse en las relaciones dentro del cuerpo de Cristo. Ahora presentará lo que sucede cuando el cristiano se relaciona con la sociedad en general.
El ser un creyente no significa aislamiento del mundo; todo lo contrario, debemos proyectarnos hacia el mundo y sus necesidades.
Esta sección se dividirá para su mejor comprensión en tres partes. La primera nos habla de una conducta marcadamente diferente a la conducta anterior. Si en el párrafo anterior se hablaba más en sentido negativo ahora se dice qué es lo que se debe hacer. Antes era: haced morir (3:5), dejad (3:8) y no mintáis (3:9); ahora es vestíos (3:12 y 14). Se debe señalar que el verbo “vestir” no se halla en el original pero es necesario suplirlo en el v. 14 para dar mejor sentido a la redacción.
El primer párrafo que se desarrolla bajo vestíos tiene a su vez dos partes. Podemos decir que una es una lista de las nuevas “prendas” que debemos tener, y esto por una razón especial; y la otra la forma como debemos usar estas “prendas” cuando hay problemas, teniendo un ejemplo digno de imitar.
Comienza el párrafo dándonos una apelación a una conducta diferente. Con escogidos de Dios (v. 12) destaca que la salvación no es por el esfuerzo humano, sino solamente por el acto lleno de gracia de un Dios misericordioso. Ya Pablo había escrito a los tesalonicenses en el mismo sentido (1 Tes. 1:4) y luego les aclara el asunto al decir que ellos fueron elegidos por Dios con un propósito especial: glorificarle (2 Tes. 2:13, 14). Nuestro comportamiento debe ser diferente porque también somos santos, es decir que Dios nos ha apartado para una vida diferente y también somos el objeto del amor de Dios. Estas tres cosas nos deben motivar o ser el motor para que nuestra conducta sea diferente.
La paciencia
3:12
Una de las manifestaciones del fruto del Espíritu es la paciencia (Gál. 5:22). Hay una poesía que no deja de tener valor y se titula:
A un impaciente
Lo que no logres hoy, quizá mañana
lo lograrás, no es tiempo todavía;
nunca en el breve término de un día
madura el fruto ni la espiga grana.
No son jamás en la labor humana
vano el afán ni inútil la porfía;
el que con fe y valor lucha y confía,
los mayores obstáculos allana.
Trabaja y persevera que en el mundo
nada hay estéril ni infecundo
para el poder de Dios y de la idea.
Porque, hasta la estéril y deforme roca
es manantial cuando Moisés la toca
estatua cuando Fidias la golpea.
Anónimo

La lista de nuestro “vestido” empieza con algo muy interno, debemos estar llenos de profunda compasión. Aquí Pablo hace uso de la idea de los antiguos por la que se pensaba que las vísceras eran el asiento de las emociones. Entonces nos dice que debemos tener una compasión (splágcnon 4698) que se origina en el fondo de nuestro ser. Esto es similar a lo que sintió Jesucristo cuando fue movido a misericordia al ver a los hombres como ovejas sin pastor (Mat. 9:35–38).
Benignidad (crestótes 5544) es dulzura, que seamos fáciles de llevar. Humildad (tapeinofrosúne 5012), que sea verdadera, una humildad que comienza en nuestra relación con Dios (1 Ped. 5:6), y que no debe ser falsa como se ha descrito en 2:18 y 23. Mansedumbre (praútes 4340), esa fuerza bajo el control del Espíritu Santo, solamente así puede ser bien utilizada. Paciencia (makrothumía 3115), tener la tolerancia para soportar los problemas mientras seguimos viviendo; no es aguantar por aguantar, sino aguantar luchando.
El v. 13 nos dice cómo es la forma en que debemos llevar las prendas de nuestro nuevo vestido. Aquí se hace énfasis en las relaciones personales. Los valores mencionados no tienen ningún valor si no se los pone en práctica relacionándose con otras personas: los unos a los otros (v. 13a). El soportar significaba estar dispuesto a sufrir por otras personas, pero no en el sentido de buscar que le hagan daño en forma pasiva, sino que debemos estar listos a sufrir por otros mientras procuramos ser de ayuda o estamos tratando de enseñarles algo. No es un mandato para algunos solamente, no hay excepciones. De la mano con esto va el acto mismo de perdonar; no podemos ayudar a otros si no estamos listos a perdonar. El segundo los unos a los otros es una palabra en el original que tiene una connotación más profunda y reflexiva (eautoú 1438) que la primera (allélon 240). Siendo parte de una comunidad de seres humanos, siempre va a ser un problema el relacionarnos, de allí es que debemos estar listos a cumplir lo que se ha descrito.
Sócrates y la calumnia
3:13
Sócrates fue calumniado villanamente. Alguien le preguntó qué haría.
—¿Te harás justicia por tus propias manos?
—No señor.
—¿Llevarás tu causa a los tribunales?
—No señor.
—¿Qué harás? ¿No harás nada?
—Sí. Procuraré vivir tan dignamente que mi conducta desmienta esa falsedad.

Para que no olvidemos la preeminencia de Cristo en nuestras relaciones sociales, Pablo nos recuerda que en él tenemos el ejemplo: así como el Señor (la mejor lectura en el texto original), el dueño de todo, el que está sobre toda la creación nos perdonó, asimismo es nuestra responsabilidad perdonar. Perdón no es estar dispuesto a pasar por alto lo que otros hacen en contra de nosotros. Este está acompa-ñado siempre de “soportarnos” (v. 13a), es decir el enseñar acerca del señorío de Cristo. Nuestro modelo en las relaciones interpersonales en el “aquí” es lo que hizo Dios en el “allá”, en la eternidad y cómo esto se hizo historia en la muerte de Cristo. No es un modelo fácil de seguir, pero es nuestro modelo.
Hay una prenda en nuestra nueva vestimenta que tiene importancia sobre el resto por lo que Pablo la trata aparte: el amor (v. 14). Con esta palabra lo que se quiere indicar es que el vestido del creyente no es solamente una lista de virtudes que están bien almacenadas, es sobre todo y antes que nada un amor con el cual nos vinculamos con los demás. El amor no es estático, el amor es acción, es relacionarse, es hacer. Solamente cuando lo entendamos así podremos decir que es un lazo de unión perfecta.
Como una parte final del párrafo, nos habla ahora de la situación de nuestro fuero interno: la paz (v. 15). En una Amé-rica Latina convulsionada, donde la paz apenas es un lema político o una pantalla para ganar popularidad, es difícil comprender este término en su pleno significado. Lo cierto es que primero es una paz de Cristo, el autor de todo y el que todo lo sustenta; no es la paz de los sepulcros ni la ausencia de guerra, que es lo mejor que el hombre puede ofrecer. La paz de Cristo es un estado del individuo por el cual se puede relacionar con Dios y con los hombres en forma libre. Es la paz que sobrepasa el entendimiento humano (Fil. 4:7), es la paz que solamente Dios puede dar. Por otro lado la paz es declarar la guerra al pecado, a Satanás y toda su nefasta influencia aquí en la tierra. La paz es la certeza de estar en la voluntad de Dios y esto es posible solamente por lo que Cristo hizo en la cruz (Ef. 2:14–22; Col. 1:20). Esta paz que el creyente debe tener o que debe gobernar, la tenemos que ejercitar en la comunidad, convirtiendo así a la iglesia en un ejemplo de paz para el mundo.
El párrafo termina con lo que se ha venido explicando ya antes: nuestra vida debe ser de acción de gracias hacia nuestro Dios por lo que él es, por lo que él ha hecho y por lo que nos ha dado.
Otro gran párrafo de esta división lo encontramos desde 3:16 a 4:1. Estas no son amonestaciones aisladas, sino una parte de la división desde 3:12 a 4:6. Este pasaje es una sola unidad igual que el pasaje paralelo de Efesios 5:18–6:9. Debemos hacer una comparación entre los dos. En Efesios 5:18 el mandato es sed llenos del Espíritu; aquí en Colosenses es la palabra... habite... en vosotros. El resultado de la llenura del Espíritu Santo está expresado en Efesios por cuatro participios griegos: hablando... cantando... dando gracias y sometiéndoos (5:19–21). Aquí en Colosenses también hay participios griegos: enseñándoos y amonestándoos... cantando... dando gracias. Aquí el paralelismo se corta, pues Colosenses no usa un cuarto participio, sino que entra directamente a las aplicaciones de sometiéndoos. Este análisis rápido nos lleva a la conclusión de que los términos sed llenos del Espíritu y la palabra de Cristo habite abundantemente son correspondientes. Podemos inferir también que la llenura del Espíritu Santo, el control de él sobre nuestras vidas, se logra solamente cuando la palabra de Cristo ha hecho su morada en nuestras vidas. Este habitar no es solamente aprenderla de memoria, es mucho más que eso, es que ella y el poder que tiene por sí misma actúe en nosotros produciendo los cuatro resultados aquí mencionados. La llenura del Espíritu Santo no se refleja en cosas extraordinarias y sorprendentes; los dos pasajes nos enseñan que el control del Espíritu Santo y la palabra de Cristo se ven en nuestra manera de hablar, que tiene que estar saturada de sabiduría divina; en ese cántico de alabanza que existe en el corazón de cada creyente por haber sido redimido; en una vida de acción de gracias, que se transforma en hacer las cosas de tal manera que la gente vea a Jesús en todos nuestros actos, pues eso significa hacer las cosas en su nombre; por último es una vida de sujeción unos a otros. No pensemos entonces que los resultados de la morada de la Palabra de Cristo se van a ver en cosas “espirituales”; los resultados se ven en la vida diaria cuando nos estamos relacionando con otros hombres.
Semillero homilético
La preeminencia de la palabra de Cristo
3:16, 17
Introducción: Es la palabra del Verbo, Dios encarnado, el mismo que creó todas las cosas con la palabra de su poder (Heb. 1:3). Palabra que no puede ser más sabia porque viene de él, que es la sabiduría de Dios. Palabra que ha venido a ser la luz del mundo: del individuo, del hogar, de la sociedad, de las naciones, del mundo. Por eso debe tener la preeminencia.
I.     La preeminencia de la palabra en las relaciones fraternales, v. 16
1.     Debe morar su palabra en nosotros, v. 16a.
(1)     Debe morar en abundancia.
(2)     Debe morar para enseñarnos.
(3)     Debe morar para exhortarnos.
2.     Debe su palabra inspirar la alabanza, v. 16b.
(1)     Alabanza al Señor.
(2)     Alabanza con gracia.
(3)     Alabanza con el corazón.
(4)     Alabanza con salmos.
(5)     Alabanza con himnos y cánticos espirituales.
II.     Preeminencia que debe ser acatada, v. 17.
1.     Acatada en la manera de obrar.
2.     Acatada en la manera de hablar.
3.     Acatada con acciones de gracias.
Conclusión: Morar la palabra en el corazón es lo mismo que morar el Espíritu de Dios en el corazón, porque las palabras de Cristo son espíritu y son vida, según su propio decir, y así nuestros corazones vienen a ser morada de Dios en Espíritu (Ef. 2:22) para alabanza de su gloria (Ef. 1:12).

Dentro del contexto señalado tenemos que tratar los versículos que siguen. No son mandamientos separados, son dependientes de lo anterior como ya se explicó. En el libro de Efesios se trata en forma más extensa esta lista de mandamientos. Nos limitaremos a lo esencial.
La “sujeción” es la parte clave que trata el pasaje. Muchos han pensado que esta palabra está fuera de contexto a fines del siglo XX. En este párrafo encontramos una forma literaria un tanto especial que los técnicos llaman “preceptos del hogar”. Esta forma literaria es bastante común en el NT, y se usó como un esfuerzo de la iglesia del primer siglo de establecerse en el contexto de la vida diaria.
Salta a la vista que estos preceptos están dirigidos primero al que está sujeto (esposa antes que esposo, hijos antes que padres, esclavos antes que amos); por lo general se procedía al contrario. Nos da un vuelco radical, se trata al subordinado como una persona aparte, cosa que es totalmente ajena al espíritu del primer siglo. Pablo le da al sujeto subordinado una responsabilidad moral.
Por otro lado la palabra “sujeción” no hace justicia al original upostásso, pues sujeción lleva la idea de “arrojarse y dejarse pasar por encima”; “sumisión” hace énfasis en la pasividad. Quizás “subordinación” explicaría mejor el sentido de aceptar una orden en forma voluntaria. Después que se ha dado este mandamiento de “subordinación”, estos preceptos invierten la relación y llaman ahora a la “autoridad” a otra clase de subordinación (en el pasaje paralelo de Efesios hay un llamado a subordinarse todos, Ef. 5:21); amor, no irritar a los hijos y ser justos. Estos conceptos eran totalmente extraños exigiéndoles a los que se suponía estaban en un nivel superior. Pablo hace énfasis en estos llamados porque los otros se sobreentendían en el primer siglo.
Concluyendo esto decimos que el llamado a sujeción nunca es absoluto, siempre está modificado por ciertos valores fundamentales: en el Señor (vv. 18 y 20) y temiendo a Dios (v. 22). La referencia siempre es Dios y lo que él espera de nosotros. Los llamados a la parte de autoridad también se hallan modificados por ciertas palabras: no os amarguéis contra ellas, no ser violentos, ásperos y amargos (v. 19); para que no se desanimen, el padre debe ser un facilitador de las capacidades de su hijo (v. 21); ser justo, se tiene que cumplir con los elementos básicos de justicia en relación con el empleado, nuevo en ese entonces y totalmente nuevo ahora (4:1).
Semillero homilético
La preeminencia en la vida del hogar
3:18–21
Introducción: Se está diciendo más y más que lo peor de la sociedad no es la delincuencia juvenil, sino la delincuencia paternal; porque si hubiesen menos padres delincuentes habría menos jóvenes delincuentes. Si Napoleón dijo: "Francia lo que necesita es madres", nosotros siguiendo esta misma línea agregamos que lo que más necesita el mundo es hogares realmente cristianos.
I.     Preeminencia de Cristo en las esposas, v. 18.
1.     La autoridad de Cristo ordena a las esposas subordinación a los maridos, v. 18a.
2.     La autoridad de Cristo ordena a las esposas subordinación a sus maridos, como conviene en el Señor, v. 18b.
II.     Preeminencia de Cristo en los maridos, v. 19.
1.     La autoridad de Cristo ordena a los maridos que amen a sus esposas, v. 19a.
2.     La autoridad de Cristo ordena a los maridos a no ser ásperos con sus esposas, v. 19b.
III.     Preeminencia de Cristo en los hijos, v. 20.
1.     La autoridad de Cristo ordena a los hijos que obedezcan a sus padres, v. 20a.
2.     La autoridad de Cristo ordena a los hijos que obedezcan a sus padres en todo, v. 20b.
IV.     Preeminencia de Cristo en los padres, v. 21.
1.     La autoridad de Cristo ordena a los padres no exasperar a sus hijos, v. 21a.
2.     La autoridad de Cristo ordena a los padres que no desalienten a sus hijos, v. 21b.
Conclusión: Hemos dicho que la necesidad más apremiante de la sociedad actualmente es hogares cristianos, pero sin la preeminencia de Cristo en el hogar no puede haber hogar cristiano.

Las relaciones del creyente que está en Cristo y que ha recibido tanto de Cristo son totalmente revolucionarias en un medio donde se impone el más fuerte y el más violento, donde el sueño del mundo es tener poder para poder mandar. Los valores del reino de Dios son totalmente diferentes de los del mundo: es un reino al revés con relación a lo que al mundo le agrada.
El último párrafo de esta división (4:2–6) nos habla de dos cosas: la oración y nuestra forma de conducirnos. Nuestras relaciones sociales están muy relacionadas con estas cosas.
Pablo empezó su carta hablándonos de su oración por los colosenses; ahora, casi al final de la carta, retoma el asunto de la oración como céntrico. Empieza con un mandato: perseverad (4:2), esto es mucho más que un acto repetido, significa hacerlo con agresividad y persistencia. Nuestra oración no debe ser monótona y fría, sino que debe estar llena de motivaciones muy concretas. Así nos dice que debe ser vigilando, es decir que tiene que ser la respuesta a lo que está pasando a nuestro contorno. La oración no puede ser solamente vanas repeticiones llenas de formalismo con la frase “mágica”, “en el nombre de Jesús, amén”. La oración nace de una relación vigilante y viva con nuestro Dios y con nuestro prójimo. Esta relación da como resultado primero el ser grato con Dios, por lo que él nos ha dado. Una de las cosas que él nos ha dado es el privilegio de la oración misma, el privilegio de poder acercarnos de una manera muy especial al trono de su gracia en el nombre de Jesús. Acerquémonos habitualmente a Dios de una manera correcta: Como dice James Crane: Con un corazón sin lealtades divididas y en plena certidumbre de que Dios está allí escuchándonos.
Semillero homilético
La preeminencia en las relaciones laborales
3:22–4:1
Introducción: Hace muchos años la muy prestigiosa revista Puerto Rico Evangélico, con motivo del Día del Trabajador, publicó en su portada un círculo, que representaba a Cristo, y dentro de él un patrón y un obrero dándose la mano amistosamente. Es cierto, Jesús es el círculo donde se pueden encontrar el gerente y el empleado, el patrón y el proletario, el dueño y el arrendatario, el rico y el pobre, para trabajar en plena armonía. Cristo es la solución para los conflictos laborales.
I.     Preeminencia sobre los empleados, v. 22.
1.     Ordena que los empleados sean disciplinados con los patrones, v. 22a.
2.     Ordena que deben trabajar como para el Señor, v. 23–25.
(1)     Una razón es que el Señor los recompensará, v. 24.
(2)     Otra razón, que recibirán castigo por su injusticia, v. 25.
II.     Preeminencia sobre los patrones, 4:1.
1.     Ordena a los patrones tratar a los empleados con justicia, v. 1a.
2.     Ordena tratar con justicia porque ellos también tienen patrón en los cielos, v. 1b.
Conclusión: Si los empleados y patrones reconocen la preeminencia de Cristo sobre ellos, habrá paz laboral y prosperidad.

Las oraciones que encontramos en la Biblia y como condición de que sean un vínculo perfecto entre Dios y nosotros tienen propósitos específicos. El primero es uno que redundará en nuestro beneficio: La oración es un elemento fundamental y básico para lograr un crecimiento normal en nuestra vida como creyentes. Este cambio que podemos obtener a su vez tiene como propósito que nos convirtamos en instrumentos de cambio en beneficio de otros (Crane).
La oración debe ocupar un lugar importante para que exista fruto espiritual permanente en vidas y circunstancias fuera de nosotros mismos. Pablo pide que se hagan oraciones intercesoras. Se pueden citar varios ejemplos de la Biblia como oraciones que algunos hicieron para cambiar las situaciones de terceros (Hech. 12:5–17; 2 Cor. 1:8–11).
Semillero homilético
Preeminencia en la oración y en aspectos de la vida
4:2–6
Introducción: La oración de verdadera comunión con Dios tiene una íntima relación con la conducta práctica. En el cristiano sincero siempre hay el anhelo de una vida de victoria sobre el pecado; pero si no se lleva una vida de comunicación con Dios, ello será imposible.
I.     Preeminencia en la oración, vv. 2–4.
1.     Preeminencia en su perseverancia, v. 2a.
2.     Preeminencia en la oración de vigilancia, v. 2b.
3.     Preeminencia en la oración de acción de gracias, v. 2c.
4.     Preeminencia en la intercesión por los siervos de Dios, v. 2d.
(1)     Para que Dios les abra puertas, v. 3a.
(2)     Para conocer el misterio de Cristo, v. 3b.
(3)     Para ministrar como es debido, v. 4.
II.     Preeminencia en los aspectos de la vida, vv. 5, 6.
1.     Preeminencia para una conducta sabia, v. 5a.
2.     Preeminencia en el empleo debido del tiempo, v. 5b.
3.     Preeminencia para gobernar el lenguaje, v. 6.
(1)     Como un hábito, siempre, v. 6a.
(2)     Hablando con gracia, v. 6b.
(3)     Que sazone como la sal, v. 6c.
(4)     Para saber cómo responder, v. 6d.
Conclusión:
1.     Hagamos a Cristo preeminente con una vida de oración:
(1)     Para que perseveremos en ella.
(2)     Para que constituyan sacrificios de alabanza.
(3)     Para que sean poderosos aliados en la evangelización.
2.     Hagamos a Cristo preeminente en todos los aspectos de nuestra vida:
(1)     Para andar con sabiduría.
(2)     Para utilizar al máximo el tiempo.
(3)     Para ser prudentes y afables en el hablar.

En esta relación viva de la oración se deben hacer peticiones concretas como las que aquí se presentan: Que Dios abra las puertas para llegar con el mensaje de Cristo a sitios y personas que no han experimentado el nuevo nacimiento, a personas que todavía tienen a Cristo como un misterio oculto (4:3). Nuestra tarea misionera debe estar precedida por la oración viva. Aunque hay dificultades como las que Pablo menciona, pues estaba preso por causa del evangelio, es necesario que Dios siga abriendo las puertas para que se continúe con la tarea. La otra petición concreta es orar para que Dios dé la capacidad para poder presentar con claridad el mensaje. La idea que permanece aquí es que podamos llevar el mensaje del evangelio por medio de nuestra voz y por los hechos, de tal manera que la gente pueda ver cómo se ilumina el mensaje y puedan adueñarse de las promesas de nuestro Dios. Nos recuerda la frase de Pablo cuando dijo: Porque me es impuesta necesidad; pues ¡ay de mí si no anuncio el evangelio! (1 Cor. 9:16.) No es algo optativo; para esto se requiere el respaldo de las oraciones.
Sabiduría para con los inconversos
4:5
1.     Sabiduría para no ser partícipes de sus pecados, Efesios 5:7.
2.     Sabiduría para mantener buena manera de vivir entre ellos, 1 Pedro. 2:12.
3.     Sabiduría para tener buen testimonio de ellos, 1 Timoteo 3:7.
4.     Sabiduría para actuar honradamente ante ellos, 1 Tesalonicenses 4:12.
5.     Sabiduría para reprender las obras pecaminosas de ellos, Efesios 5:11.
6.     Sabiduría para responder sus preguntas acerca de nuestra esperanza, 1 Pedro 3:15.
7.     Sabiduría para proclamar la Palabra de Dios a ellos, Hechos 6:10.

Hay luego unas recomendaciones finales (4:5, 6). Estamos aquí para dar testimonio de lo que Cristo ha hecho en nosotros; debemos buscar entonces la manera más sabia para que nuestro testimonio sea realmente impactante. Este quiere decir que el tiempo es corto, por lo cual es necesario que lo usemos como fieles mayordomos, rescatándolo de cosas huecas y vanas para usarlo en cosas que sean realmente provechosas.
Si tenemos esta necesidad de participar con otros, hemos de ser vigilantes para que usemos un vocabulario adecuado, conociendo que Dios nos demandará de toda palabra ociosa que pronunciemos. Si seguimos el mandato de 3:16 y ss., entonces y solamente cuando dependamos del control del Espíritu Santo y la palabra de Cristo habita en nosotros, sabremos responder a cada uno con sabiduría. Solamente así podremos hablar las palabras que son buenas para edificación de los que nos oyen (Ef. 4:29, 30).

IV.     SALUDOS Y DESPEDIDA, 4:7-18

Estos saludos y despedidas muchas veces los consideramos como un mero formalismo, un asunto protocolar y nada más. Nos parece que aquí podemos encontrar algunas ideas que son dignas de ser mencionadas.


    1.     Comunión práctica, 4:7-9

Pablo no solamente quería dar una serie de instrucciones, sino que también quería compartir con los colosenses las cosas que le estaban sucediendo, dando una tónica de carácter personal y humano a la carta. La comunión real y práctica entre los cristianos verdaderos y maduros es la de dar y recibir. Con el propósito de compartir lo que a él le estaba pasando, junto con su grupo misionero, envía a Tíquico, a quien lo califica de tres maneras: hermano amado, que dice cuál es la relación con Pablo; fiel ministro, que nos hace ver la relación con la iglesia; y consiervo (o colaborador) en el Señor, que resalta a un hombre que es humilde pero que trabaja hombro a hombro con Pablo. El Apóstol tenía dos propósitos: información y dar consolación o ánimo (v. 8).
El otro personaje es Onésimo, el esclavo que se había convertido en la prisión y ahora regresaba a donde su amo Filemón, ya no como siervo, sino como hermano. El también es fiel, que habla de su relación con Dios, y amado, que habla de su relación con Pablo. Además es parte de esa congregación. Pablo insiste que ellos serán los que les comunicarán lo que ellos estaban experimentando.


    2.     Un círculo de consuelo, 4:10, 11, 14

Hay cinco personajes en este pasaje, muchos de ellos bastante conocidos. Aristarco era un compañero de todo el trabajo de Pablo y ahora prisionero con él. Marcos, aquel muchacho que en un comienzo no era apto para el trabajo, pero que ahora es recomendado y más tarde será solicitado (2 Tim. 4:11). A Jesús el justo no se lo menciona en otra parte del NT. Ellos también son colaboradores, pero más que nada han sido consuelo y sostén para Pablo. Sus características se deben a que son lo que son “en virtud del reino de Dios” (esta sería una mejor traducción).
En el v. 14 se menciona a Lucas, su compañero de misiones y su apoyo también en la parte física. Finalmente está Demas, de quien nada dice; más tarde Pablo informa a Timoteo que Demas le había abandonado (2 Tim. 4:10). Pablo podía gozar de la comunión con las iglesias y también con personas específicas que traían bendiciones y también conflictos como todos los hombres.
Temores de deslealtad a la preeminencia de Cristo
4:7–18
La preeminencia de Cristo estaba amenazada. Pablo en su calabozo sufría este peligro real. Escribe esta carta para enfrentar el error. Envía consiervos a pastorearlos durante su ausencia. Procura amarrarlos más con los vínculos amorosos de las salutaciones de seres queridos. Comunica la tierna solicitud de quien había sido su amado pastor, y él mismo, haciendo un verdadero esfuerzo, los saluda afectuosamente con su puño y letra: Y todo esto, para que ellos mantuvieran en sus vidas la preeminencia de Jesucristo. Utiliza los siguientes medios para ministrar:
1.     Escritura de correspondencia para mantener la preeminencia, vv. 7, 8, 16.
2.     Envío de la carta con consiervos confiables para preservar la preeminencia, vv. 7–9.
3.     Envío de consiervos a pastorear la iglesia amenazada de deslealtad a la preeminencia, vv. 7–9.
4.     Salutaciones para vincularlos más al Cristo preeminente, vv. 10, 11, 14, 15.
5.     Comunicación del amor del amado pastor para fortalecer la fidelidad hacia el Señor preemi- nente, vv. 12, 13.
6.     Mensaje a un ministro para que ejerza el ministerio del único que es preeminente, v. 17.
7.     Ternura del Apóstol al saludarlos de su propia mano para aferrarlos al amor de su Salvador, que es preeminente sobre todo, v. 18.


    3.     Oración hasta la agonía, 4:12, 13

Epafras, posiblemente el pastor de Colosas, no se limitaba a una vida de exhortación para su iglesia, sino que también tenía una vida de oración. La palabra solícito es agonízomai 75, de la que deriva agonía. La oración de intercesión, en la cual hay un desgaste de energía física y mental. Aquí vemos otro factor preponderante en nuestras oraciones, ellas deben ser intensas y en ellas existen grandes luchas con sus respectivas victorias.
Esta lucha de Epafras, que también era siervo (esclavo) de Cristo, es con el propósito de interceder para que los colosenses, los de Laodicea y los de Hierápolis fueran firmes, alcanzaran madurez y comprobaran cuál era la voluntad de Dios para sus vidas.
... Y Demas
4:14
Es digno de observarse que Pablo elogia a todos y cada uno de los hermanos a quienes menciona en los vv. 7 al 14, menos a Demas, de quien dice a secas "y Demas". Más tarde, estando en la prisión de Roma, vuelve a mencionarlo, pero para referirse a él decepcionado y triste: Porque Demas me ha desamparado, habiendo amado el mundo presente (1 Tim. 4:10). Había ido de mal en peor. Preocupante es cuando de un cristiano no puede decirse nada a su favor; sin duda va cuesta abajo en la vida espiritual, y tendrá el mismo resultado que Demas.


    4.     Compartiendo el mensaje de Dios, 4:15, 16

La iglesia de Colosas no era una iglesia aislada, por ser ellos parte del cuerpo de Cristo debían también compartir juntos con las otras iglesias locales las bendiciones que tenían. Es un llamamiento a que las congregaciones no permanezcan aisladas, que puedan compartir lo que Dios ha dado a cada una y de esta manera se consuelen y animen mutuamente.


    5.     Recomendaciones finales, 4:17, 18

Esta recomendación a Arquipo, de quien poco sabemos (posiblemente es un pastor en Colosas), no es tanto una censura sino como algunos han sugerido un llamamiento solemne por medio de la iglesia para que permanezca fiel al ministerio que Dios le había encomendado. La frase final del v. 17 sería mejor traducirla en el Señor. Es en la esfera de la que se ha hablado en toda la carta que Arquipo debe ser fiel.
El v. 18 es un sello que certifica la autenticidad de la carta. Posiblemente Pablo usó a un secretario (escriba) para que copiara todo el mensaje a los colosenses, pero al final él desea poner un sello personal además de hacer un pedido muy personal. Nos hace ver a un Pablo que necesita consuelo y respaldo: Acordaos de mis prisiones. Es un grito pidiendo oración.
Permítame terminar haciendo una recapitulación del texto parafraseando a José Miguez Bonino. Cuando Colosenses habla de Jesús quiere decir algunas cosas: Cristo murió y resucitó, todos nosotros resucitamos, las potestades y dominios han sido derrotados, Cristo resucitó para nuestra justificación, nosotros hemos resucitado con él, el Señor está presente. Colosenses nos desafía: Vivamos la presencia activa del Señor Jesucristo, el preeminente.