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Comentario de Filipenses

Una Carta Misionera

    No es fácil definir el tema de esta epístola. Algunos de los libros de la Biblia tienen temas bien definidos; otros no. Este es uno de estos últimos. Como toda carta, trata de diferentes materias. Sin embargo, ya que fue motivada por la llegada de una ofrenda de dinero de una de las iglesias fundadas por Pablo, para ayudar a su sostenimiento en la obra misionera extranjera,  la llamamos una carta misionera.
    Por lo general, Pablo no quiso recibir pago alguno de su trabajo, sino que se sostenía trabajando en su oficio de fabricante de tiendas, por cuanto había tantos enemigos y falsos maestros que abusarían de su ejemplo o lo tergiversarían. Hasta donde sabemos, la única iglesia de la cual recibió pago fue la Filipos. Cuando menos dos veces le enviaron una ofrenda cuando estuvo en Tesalónica (Fil 4:16); también cuando estuvo en Corinto (2 Cor 11:9), y  ahora que estaba en Roma (Fil 4:18)         

Filipos
    En Macedonia, la parte norteña de lo que ahora llamamos Grecia. Era ciudad importante, sobre la gran carretera del norte entre oriente y occidente, y célebre por sus minas de oro. Fue sobre las llanuras de Filipos que se peleó en el 42 a.C. la batalla en la cual, con la derrota de Bruto y Casio, cayó la república romana y nació el imperio. En señal de aprecio, Augusto César la hizo colonia romana. 

La Iglesia d e Filipos
    Era la primera iglesia que fundó Pablo en Europa, cerca del año 51 d.C.  Léase el relato en Hechos 16, como introducción a la lectura de la Epístola. Lidia y el carcelero se hallaban entre los convertidos. Lucas, el médico amado, fue su pastor durante seis años.  Puede haber sido su hogar permanente, en donde practicaba la medicina. Quizás él haya sido el principal responsable del desarrollo del carácter inmaculado de esta iglesia. Hasta donde sabemos, la de Filipos era la más pura y la más fiel de todas las iglesias novotestamentarias.   

Motivo de la Carta
    Pablo estaba en Roma, 61 - 63 d.C., unos diez años después de haber fundado la iglesia de Filipos, y tres o cuatro después de su última visita a ella. Aparentemente, no había tenido noticias de ellos desde hacía algún tiempo ("ha reflorecido", 4:10) y puede haberse preguntado si ya le habían olvidado, o si acaso algún maestro falso había llegado allá para robarle la iglesia, como tan a menudo les había sucedido a las iglesias de Pablo. Entonces vino Epafrodito con una ofrenda de la lejana Filipos. Pablo fue profundamente conmovido, y lleno de gratitud, pues estaba sumamente necesitado de dinero. Epafrodito casi perdió la vida en servir así a Pablo. Cuando se había restablecido, Pablo lo envió de regreso con esta carta (2:25-30; 4:18).    


Capítulo 1. El Evangelio en Roma


    Timoteo (1) probablemente escribió la carta, dictándole Pablo. Había ayudado a Pablo a fundar la iglesia de Filipos, y ahora Pablo le incluye en el saludo. Timoteo también había colaborado con Pablo cuando escribió 2 Corintios, Colosense, 1 y 2 Tesalonicenses, y Filemón. 

    La Oración de Pablo a su favor (3-11). Así comienza casi todas sus cartas. Compárense las hermosas plegarias de Ef. 1:16-23; 3:14-19; Col 1:9-12. "Vuestra comunión en el Evangelio" (5); alusión a las sumas de dinero que le habían enviado, lo cual les hacía partícipes en las labores de él. Véase además bajo cap. 4:17. "Entrañable amor" (v. 8; 2:1); expresión superior a las "entrañas" de la versión antigua.   

    El Evangelio se Extiende en Roma (12-18). Su llegada a Roma como preso había resultado ser ayuda más bien que impedimento, para dar a conocer a Cristo en la Ciudad Imperial. Le había dado el acceso a los círculos oficiales, de tal manera que tenía algunos convertidos aun en la propia corte de Nerón (4:22). Así como se había regocijado aquella noche en la cárcel de Filipos (Hech 16:25), también ahora se regocijaba en sus cadenas en Roma (18).

    Pablo Desea la Muerte (19-26). Sin duda tendría siempre en su cuerpo maltrecho y lleno de cicatrices, los dolores de repetidas lapidaciones y azotes. Era ya viejo. Sabía que la Iglesia le necesitaba; pero anhelaba al hogar celestial. Pero no importaba. Fuera en la cárcel o en el Paraíso, Cristo era su vida y su gozo. Que se marchara o que se quedara, estaban en las manos de Dios. Esperaba poder volver a Filipos (26; 2:24). 

    Los Padecimientos de los Filipenses. (27-30). Ya habían pasado 10 años, y todavía eran perseguidos. Pablo tenía puesta la mira en el día de la retribución, en al cual se trocarían los papeles y los perseguidores cosecharían los que habían sembrado (28; 2 Tes 1:5-10)


Capítulo 2. La humildad de Cristo


    Un Ejemplo de Humildad (1-11). Hay menos de reprensión en esta epístola, que en la mayoría de los libros del N.T. Pero nos preguntamos, por el contexto en que se coloca esta encantadora exhortación a la humildad, si quizás Epafrodito le haya traído a Pablo intimaciones de que había en el orgullo de algunos dirigentes filipenses, tales como Evodias y Síntique (4:2) la semilla de la discordia. "Cosa a que aferrarse" (6) es traducción muy superior a la de "usurpación" de la antigua Valera. La humildad y los sufrimientos de Cristo a menudo se colocan en contraste con Su exaltación y gloria, tal como en los vs. 8-11. Véanse Heb 2:9-10; 1 Ped 1:11. Mantengamos fijo el pensamiento en aquel día gozoso de la coronación, en el cual toda rodilla se doblara ante El.

    Su Gozo en el Día de Cristo (2:12-18). Pablo contemplaba la amistad terrenal como algo que se reanudaba en la eternidad. Espera que su felicidad alcance un clímax de embeleso al saludar a sus amados amigos en el reino superior, a los pies de Jesús, siendo ellos mismos su propia ofrenda al Señor; salvos para siempre, por cuanto él les había traído a Jesús (16).

    Su Plan de Volver a Filipos (19-30). Esto da la impresión de que él esperaba una rápida terminación de su juicio, especialmente en v. 24. No hay aquí indicio de que pensara seguir hasta España, tal como se había propuesto originalmente (Rom 15:24). Pareciera que el largo encarcelamiento haya hecho cambiar sus planes. La creencia general es que fue absuelto, y que sí visitó nuevamente a Filipos y a otras iglesias del Oriente (1 Tim 1:3). Más tarde arrestado de nuevo, llevado a Roma, y ejecutado, unos 5 años después. 


Capítulo 3. La meta celestial


    Una Sola Cosa (1-21). El fondo del cuadro que se presenta en este capítulo parece haber sido la aparición de judaizantes en Filipos, aun cuando no habían hecho gran progreso. Hacían énfasis en guardar la Ley, y disputaban como riña de perros sobre asuntos no esenciales (2). Pablo mismo había tenido en grado notable la justicia de la ley que ellos  predicaban (4-6). Pero ahora la tenía por mera basura, (8). El dependía tan solamente de Cristo. Su único objetivo era conocerle a Él. Pablo se representa a sí mismo como quien toma parte en una carrera; forzando cada nervio y músculo y empleando hasta la última gota de sis fuerzas, como un corredor, con las venas hinchadas, pero no dejar de llegar a la meta. Aquella meta era alcanzar la resurrección de entre los muertos (11). Este era el secreto de la vida de Pablo. Había tenido un vislumbre de la vida del cielo (2 Cor. 12:4), y estaba decidido a que por la gracia de Cristo +el mismo había de llegar allá, juntamente con cuantos él pudiera persuadir a que fueran. Este capítulo constituye  una de las declaraciones más extensas de Pablo acerca de su propia esperanza personal del cielo. "Ciudadanía" (20) es mejor que "vivienda". Aquí somos extranjeros; nuestra patria es aquella. Nuestro andar es aquí; nuestro corazones están allá.  



Capítulo 4. El Gozo


    Evodias y Síntique (2-3). Dos mujeres prominentes, sea en rango social o como diaconisas, o cuyos hogares albergaban iglesias, y cuyas diferencias personales perturbaban a la iglesia.

    Gozaos, gozaos, gozaos (4-7). El gozo es la nota más prominente de esta epístola. La escribe un preso, quien durante 30 años ha sido víctima de turbas, azotado, apedreado y golpeado lo bastante para dejar atónitos aún a los ángeles. Sin embargo, rebosa de gozo. Las mismas cosas que naturalmente pudieran agriarle, no hacen sino aumentar su gozo. Es sencillamente asombroso lo que Cristo puede hacer en la vida de uno. "El Señor está cerca" (5). Pablo había dicho 10 años antes, en 2 Tes 2, que el Señor no vendría sino después de la apostasía; pero aquella apostasía se propagaba rápidamente en algunas de las iglesias de Pablo, y nunca estuvo del todo ausente de su mente la proximidad cada vez mayor de la venida del Señor. Era uno de los secretos de su perenne gozo. Otro lo era su incesante oración con  hacimientos de gracias (6). La gratitud hacia Dios por lo que ÉL nos da, seguramente Le inclinará a dar lo que aún no tenemos. 

    La Venida de Epafrodito (10-20). Había traído a Pablo una ofrenda de dinero (18). Pablo estaba profundamente agradecido, pues como preso no tenía otro medio de sostenimiento que aquel que la misma cárcel le proporcionaba. El toque más hermoso y de delicadeza exquisita en toda esta epístola es el del v. 17, en donde, al darles las gracias por el dinero, les dice que lo aprecia no tanto porque él lo necesitaba (aun cuando sí lo necesitaba grandemente, 2:25), sino porque esto les daba a ellos una parte en el premio del trabajo de él, "fruto que abunde en vuestra cuenta." Por cuanto ellos le sostenían, la obra suya era la de ellos. En el día final, ellos serían premiados por la multitud de almas que le habían ayudado a salvar. La misma lección se nos aplica a nosotros, en nuestras ofrendas misionera moderna. Cada ofrenda, cada centavo de una ofrenda, no es gran cosa. Pero así como las pequeñas gotas de agua que caen sobre toda la parte central del gran continente sudamericano hacen posible el torrente que desemboca por el río Amazonas, también las pequeñas ofrendas de cientos de miles de cristianos por dondequiera, reunidas constituyen el torrente de fondos que sostiene al gran ejército que soporta para Cristo trabajos que muchos de nosotros jamás soñaremos en llevar, el ejército más noble de hombres y mujeres sobre el cual jamás a brillado el sol. Aquellos que mediante sus ofrendas para las misiones se hacen parte de este movimiento, el más grande de todos los tiempos, tendrán en el día final su parte en el premio. 

    Condición Social de los cristianos del N.T. (v.22), "los de la casa de César," del palacio de Nerón. La mayoría de los cristianos primitivos eran de las clases humildes, y muchos eran esclavos. Pero había entre los convertidos algunas personas prominentes, tales como éstos del palacio del César; el tesorero de Etiopía (Hech 8:27); Cornelio el centurión (10:1); un hermano adoptivo de Herodes (13:1); el procónsul de Chipre (13:12); no pocas mujeres nobles de Tesalónica (17:4); las mujeres griegas distinguidas de Berea (17:12); el tesorero de la ciudad de Corinto (Rom 16:23); y Juana esposa del mayordomo de Herodes (Lucas 8:3)  


(Compendia Manual de la Biblia por Halley p. 552)