La Formación del Nuevo Testamento


   El Canon del N.T. La palabra “canon” significa literalmente una “caña” o vara de medir. En el uso cristiano, vino a significar “la regla escrita de la fe”, es decir la lista de los libros originales y autoritarios que forman la Palabra inspirada de Dios. Los libros “Canónicos” del N.T. son aquellos que llegaron a tener el reconocimiento general de las iglesias, como escritos genuinos y auténticos de autoridad apostólica. 

Las “Escrituras” del A.T. En los días de Cristo había en la literatura de la nación judaica un grupo de escritos, llamados “Las Escrituras” y ahora llamado “el Antiguo Testamento”, que el pueblo comúnmente reconocía como venidos de Dios. Lo llamaban la Palabra de Dios. Jesús mismo así lo reconocía. Se leía y se enseñaba con regularidad en las sinagogas.

Las Iglesias Cristianas, desde el comienzo mismo, aceptaban estas Escrituras Judaicas como la Palabra de Dios, y les daban en sus asambleas el mismo lugar que había tenido en la sinagoga. Conforme aparecían los escritos de los apóstoles, se les añadía a aquellas Escrituras hebreas, y se les tenia en igual veneración sagrada. Cada iglesia quería tener, no solamente aquello que se le había escrito  directamente a ella, sino también copias de los demás escritos dirigidos a otras iglesias.          

 

Comienzos Novotestamentarios del Canon. Dentro del N.T. mismo hay indicaciones de que mientras los apóstoles aún vivían, y bajo la supervisión de ellos mismo, comenzaban a hacerse para las iglesias colecciones de sus escritos, que se colocaban a la par del A.T. como Palabra inspirada de Dios.

  1. Pablo reclamaba tener la inspiración de Dios en sus enseñanzas (1 Cor. 2:7-13; 14:37; Tes. 2:13).
  2. Así también Juan, respecto al Apocalipsis (Apoc. 1:2)
  3. Pablo quiso que sus epístolas se leyeran en las iglesias (Col. 4:16; 1 Tes. 5:27; 2 Tes. 2:15)
  4. Pedro escribió para que “estas cosas” permanecieran en las iglesias “después de su partida” (2 Pedro 1:15; 3:1-2).
  5. Pablo citó como “Escritura” un libro del N.T. en 1 Tim. 5:18, “Digno es el obrero de su salario”, frase que no se halla en ninguna parte de la Biblia sino en Mat. 10:10 y Luc. 10:7; evidencia de uno de éstos ya existía, cuando Pablo escribió 1 Timoteo, y de que se le tenía por “Escritura”
  6. Pedro incluye las epístolas de Pablo con “las otras Escrituras” (2 Ped. 3:15-16) 

 

    Hasta qué punto los apóstoles se dieran cuenta de que sus escritos llegarían a ser parte de la Palabra escrita de Dios para las edades futuras, no lo sabemos. Escribieron ellos muchas cartas, teniendo presentes necesidades del momento y sabiendo poco de su destino posterior. Creemos que Dios mismo veló sobre el asunto, y a Su propia manera determinó cuáles escritos debían preservarse.

 

Los libros del N.T. aparecieron: Mateo, Santiago, Hebreos (?) en Palestina; Juan, Gálatas, Efesios, Colosenses, 1-2 Timoteo, Filemón, 1-2 Pedro, 1-2-3 Juan, Judas y Apocalipsis, en Asia Menor; 1-2 Corintios, Filipenses, 1-2 Tesalonicenses, Lucas (?), en Grecia; Marcos, Hechos, Romanos, en Roma.

Palestina, Asia Menor, Grecia y Roma estaban distantes entre sí. Los libros del A.T. se habían originado dentro de los confines de un país pequeño; los del N.T en países lejanos unos de los otros.

 

Las Primeras Colecciones eran Incompletas. No era un mundo de ferrocarriles, aeroplanos y radios como nuestro mundo de hoy día. Los viajes y los medios de comunicación eran lentos y peligrosos. Lo que ahora es un viaje d  e pocas horas, lo era entonces de meses o de años. La imprenta no se conocía, y el hacer copias a mano era trabajo lento y laborioso, Además, era una época repercusión, en las cual los preciosos escritos cristianos debían mantenerse escondidos. Hasta los días de Constantino, tampoco había concilios o conferencias de iglesias, en las cuales los cristianos de lugares distantes pudieran reunirse y comparar sus informes acerca de cuáles escritos tenían. Así, pues, las primeras colecciones de libros del N.T. variarían de una región a otra, y el proceso de llegar a la unanimidad acerca de cuáles libros realmente pertenecía al N.T era lento.

            Libros “espurios” del N.T. Además de los libros “canónicos” del N.T había muchos más, tanto buenos como fraudulentos, tal como se verá en las páginas que siguen; algunos tan buenos y válidos que por algún tiempo y en algunos lugares, se les tenía como de la Escritura; otros, falsificaciones a todas luces. La gran norma por la cual es juzgaba a un libro antes de aceptarlo, era si tenía procedencia apostólica genuina. Tales investigaciones no siempre eran fáciles, especialmente de los libros menos conocidos y de regiones distantes.

          

TESTIMONIO PRIMITIVO ACERCA DE LOS LIBROS DEL N.T

    Son poco los escritos hoy existentes, de cristianos aun en parte contemporáneos de los apóstoles; tanto por la naturaleza perecedera de los materiales en que escribían, como porque era un tiempo de persecución, en que se destruía los escritos cristianos. Pero aun cuando sean pocos, dan testimonio irrecusable de la existencia, en sus días, de un grupo de escritos autoritativos a los cuales los cristianos consideraban como “las Escrituras”; y abundaban en citas de tales escritos y alusiones a ellos.

         Clemente de Roma, en su epístola a los Corintios (95 D.C.), cita, o hace referencia a, Mateo, Lucas, Romanos, Corintios, Hebreos, 1 Timoteo, 1 Pedro.

          Policarpo, en su carta a los filipenses, cerca del 110 D.C. sita Filipenses y reproduce frases de otras nueve epístolas de Pablo y de 1 Pedro. Dice, “Tengo cartas vuestras, y de Ignacio. Enviaré la vuestra a Siria, y os mando la carta de Ignacio y otras, y la presente mía” Esto indica que en los días de Policarpo las iglesias ya habían comenzado a coleccionar copias de escritos cristianos.               

Ignacio en sus Siete Cartas, escritas cerca del 110 D.C. durante el viaje de Antioquia a Roma para su martirio, cita de Mateo, 1 Pedro, 1  Juan, menciona nueve epístolas de Pablo, y sus catas revelan huellas de los otros tres Evangelios.

Papias (70-155 D.C.), alumno de Juan, escribió una “Explicación de los Discursos del Señor”, en que cita de Juan y relata tradiciones acerca del origen de Mateo y Marcos.

La “Didache”, escrita entre el 80 y el 120 D.C., contiene 22 citas de Mateo y referencias a Lucas, Juan, Hechos, Romanos, Tesalonicenses, 1 Pedro, y habla del “Evangelio” como de un documento escrito.   

La Epístola de Bernabé, escrita entre el 90 y el 120 D.C., cita de Mateo, Juan, Hechos, 2 Pedro, y una expresión, “Escrito esta,” fórmula que suele aplicarse solamente a las Escrituras.   

El Pastor de Hermas, escrito cerca del 100 ó 140 D.C., el “Peregrino” de la Iglesia de antaño, usa Santiago y contiene abundante ecos de otros libros del N.T.

Taciano, cerca del 160 D.C., hizo una Armonía de los Cuatro Evangelios, llamado el “Diatessaron”, demostrando de que las iglesias en general reconocían cuatro Evangelios y solamente cuatro.

Justino Mártir, quien nació cerca del año en que murió Juan en sus “Apologías” escritas alrededor del 140 D.C., mencionó Apocalipsis y muestra conocimientos de Hechos y ocho Epístolas. Llama a los Evangelio las “Memorias de los Apóstoles”, y dice que se leían en las asambleas cristianas alternándose con los “Profetas”.

Basilides, hereje gnóstico que enseñó en Alejandría durante el reinado de Adriano (117-138) y que pretendía tener conocimientos de tradiciones secretas transmitidas por los apóstoles, en sus intentos escritos de torcer las enseñanzas cristianas cita de Mateo, Lucas, Juan, Romanos, 1 Corintios, Efesios y Colosenses como Escrituras cristianas reconocidas.

Marción, otro hereje, cerca del 140 D.C., y para favorecer su herejía, formó un canon propio suyo que constaba de Lucas, Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses y Filemón.   

Ireneo, 130-200 D.C., alumno de Policarpo, cita como “Escrituras” la mayor parte de los libros del N.T., que en su época ya se conocía como “el Evangelio y los Apóstoles” así como los libros del A.T. se denominaban “la Ley de los Profetas”.   

Tertuliano (160-220 D.C.), de Cartago, quien vivía mientras los manuscritos originales de las Epístolas aún existían habla de las Escrituras cristianas como “Nuevo Testamento” (título que aparece por vez primera en los escritos de un autor desconocido de cerca del 193 D.C.). En las obras existentes de Tertuliano hay 1800 citas de los libros del N.T. En su obra “Contra Herejes” dice:

“Si queréis ejercitar vuestra curiosidad con provecho en el asunto de vuestra salvación, visitad las iglesias apostólicas en donde las sillas mismas de los Apóstoles todavía presiden en sus sitios; en las cuales se leen sus propias y auténticas Epístolas, haciendo resonar la voz y representarse el rostro de cada uno de ellos. ¿Os queda cerca Acaya? Tenéis a Corinto. Si podéis ir a Asia, tenéis a Efeso. Si estáis cerca de Italia, tenéis Roma.”  

El Fragmento Muratoriano, hecho en Roma cerca del 170 D.C., contiene una lista de las Escrituras cristianas. Omite Hebreos, 1, 2 de Pedro y Santiago, pero incluye el libro de la Sabiduría y el Apocalipsis de Pedro.

La antigua versión siria, hecha a mediados del segundo siglo D.C., omite Santiago, 1 y 2 de Pedro, 1,2 y3 De Juan, Judas y Apocalipsis.

Orígenes (185-254 D.C.) de Alejandría, erudito cristiano de extensos viajes y de gran saber, dedicó su vida al estudio de las Escrituras. Escribió tan intensamente que una época empleaba a 20 copistas. En sus escritos hoy existentes, puede hallarse en forma de citas dos tercios del N.T. entero. Aceptaba los 27 libros del N.T. tales como los tenemos hoy en día, aun cuando no estaba seguro de quién era el autor de Hebreos y expresaba dudas acerca de Santiago, 2 Pedro y 2 y 3 de Juan.

 

¿Cuáles libros formaban el N.T?  De las citas anteriores y de la de Eusebio (en la página que sigue), se verá que por algún tiempo había pequeñas variantes de opinión acaezca de cuáles libros se consideraban canónicos. Esto se debía sencillamente al hecho de que a causa de las lentas vías de comunicación y la vasta extensión del Imperio Romano, y a causa de trescientos años de persecución incesante e implacable, no hubo una sola oportunidad para que las iglesias hicieran un esfuerzo justo, abierto y razonable para llegar a la unanimidad general acerca de cuáles libros eran de genuina autoridad apostólica, hasta que en el siglo cuatro Constantino emitió su Edicto de Tolerancia.

 


¿QUÉ DE LOS "LIBROS DUDOSOS"? 

No eran “dudosos” en las regiones en donde primeramente habían aparecido. Las circunstancias de la época impidieron por algún tiempo su conocimiento general. El hecho de que era lenta su recepción general es testimonio de lo cautas que eran las iglesias en contra de impostores.

 

Eusebio (264-340 D.C.) obispo de Cesarea e historiador de la iglesia, vivió durante la persecución de los cristianos bajo Diocleciano, esfuerzo último y desesperado de Roma por borrar el nombre de cristiano. Fue encarcelado él mismo. Uno de los objetivos especiales de esta persecución fue la destrucción de las Escrituras cristianas.  Durante diez años los agentes de Roma buscaban las Biblias y las quemaban en las plazas. Para los cristianos, en aquellos días horrendos, el asunto de exactamente cuáles libros formaban sus Escrituras no era cosa de poco monto.

Eusebio vivió hasta el reinado de Constantino, quien aceptó el cristianismo y lo hizo religión de su corte y del Imperio. Eusebio llegó a ser el principal consejero de Constantino en lo religioso. Uno de los primeros actos de Constantino cuando llegó al trono fue ordenar, para las iglesias de Constantinopla, cincuenta Biblias, que debían preparar copistas hábiles bajo la dirección de Eusebio, sobre la vitela más fina. Debían ser llevadas de Cesarea a Constantinopla en carruajes reales. En su orden a Eusebio dice:

“He creído conveniente ordenar a vuestra prudencia que mandes hacer cincuenta ejemplares de las Sagradas Escrituras, cuya provisión y uso sabes es necesarísima para la instrucción de la iglesia; las cuales deberán hacer en pergamino preparado, de manera leíble y en una forma cómoda y portátil, copistas bien versados en su arte…Quedas además autorizado, en virtud de esta carta, para usar para su transporte dos de los carruajes públicos; mediante cuyas disposiciones las copias, una vez terminadas, serán más fácilmente remitidas para mi inspección personal. Puede confiarse este servicio a alguno de los diáconos de tu iglesia, el cual, a su llegada aquí, sabrá de mi liberalidad. Dios te conserve, amado hermanos”

¿Cuáles libros formaban el Nuevo Testamento de Eusebio? Exactamente los mismos que forman ahora el Nuevo Testamento nuestro.

Mediante amplia investigación, Eusebio se informó de cuáles libros habían tenido la acogida general de las Iglesias. En su Historia de la iglesia habla de cuatro clases de libros:        

1.      Los universales aceptados.

2.      Los libros “disputados”: Santiago, 2 Pedro, Judas, 2 y 3 Juan,  de los cuales, aunque incluidos en las Biblias suyas, dudaban algunos.

3.      Los libros “espurios”: entre los cuales cita los Hechos de Pablo, el Pastor de Hermas, el Apocalipsis de Pedro, la Epístola de Bernabé y el Didache.

4.      Las “falsificaciones de herejes”; Evangelio de Pedro, el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Matías, los Hechos de Andrés y los Hechos de Juan.

 

El Concilio de Cartago (397 D.C.) dios su ratificación formal a los 27 libros del N.T tal como nosotros los conocemos. No hizo el canon del N.T., sino solamente expreso lo que ya entonces había llegado a ser el criterio unánime de las iglesias, y aceptó para sí mismo el Libro que estaba destinado a ser la herencia más preciosa del hombre.

 

 

LA CRÍTICA MODERNA


            La Biblia, con 27 libros canónicos del N.T., tal como fue aceptada por los porteros padres cristianos y por fin ratificada por el Concilio de Cartago, se hizo sin más titubeos la Biblia del cristianismo durante mil años.

            Con el surgimiento del espíritu crítico moderno vino una investigación renovada del origen y la autenticidad de los libros de la Biblia, así como también de todo libro antiguo.

            La “crítica”,  es su aplicación a la Biblia, es un término un tanto infortunado, aun cuando para muchos irreverentes, sabihondos ha sido precisamente eso, hasta tal extremo que la palabra es ahora vista muy generalmente como nombre del moderno esfuerzo intelectual de socavar la divina autoridad de la Biblia. Hasta donde la palabra significa el examen crítico y justo de hechos, o de supuestos hechos, en una búsqueda honrada de la verdad histórica, es cosa natural, razonable y legítima, y aumenta nuestro conocimiento de las Escrituras.   

 

            La Crítica Histórica. Esta tiene que ver con la legitimidad de los libros de la Biblia; es decir, ¿quién escribió cada libro, y cundo? Y si el libro es histórico o no.      

 En relación con los libros del N.T., esto es meramente abrir de nuevo la discusión ellas. Los críticos modernos no han hecho ningún esfuerzo más decidido ni más erudito para averiguar la legitimidad de los libros del N.T., que el realizado por las generaciones en las cuales el los libros se publicaron por primera vez. En verdad, aquéllos estaban mucho mejor situados para determinar la naturaleza de aquellos libros, que los críticos posteriores. No es fácil descarrilar un tren de ferrocarril cuando ya hace  mucho tiempo pasó. Que un libro se histórico o novelesco se reconoce tan luego como se publique. Si yo escribiese una historia de la guerra de la Independencia Norteamericana, y firmarse con el nombre de Jorge Washington, ¿podría lograr que alguien creyera que lo escribió Washington?

Uno de los rasgos desafortunados de los críticos, quienes han desechado el punto de vista tradicional del origen de los libro de la Biblia, es su engreimiento en arrogarse a sí mismos un monopolio de la “erudición.” La opinión de ellos es “la opinión unánime de la erudición.” ¿Serán de mentalidad tan estrecha como para creer que solamente quienes sostienen las teorías de ellos son eruditos? ¿O tan ignorantes como para no saber que muchos de los eruditos más profundos del mundo son conservadores? El querido Libro antiguo es yunque que ha desgastado ya muchos martillos, y mucho después de que los críticos hayan sido olvidados, seguirá adelante, siendo amado y reverenciado por millones. ¡Precioso Libro!

 

          La Crítica Textual. Esta es la comparación de diferentes manuscritos para averiguar el texto exacto original de que se copiaron. Ha dado por resultado el hebreo masorético del A.T. y el texto griego de Wascott y Hort del N.T, los cuales son en términos generales, las palabras exactas y originales de la Biblia. La imprenta terminó con los peligros de los errores de texto.

 

 

LIBROS APÓCRIFOS DEL NUEVO TESTAMENTO

 

          Estos son legendarios y espúreos Evangélicos, Libros de Hechos y Epístolas, que comenzaron a aparecer en el siglo segundo. Fueron en su mayor parte falsificaciones, y se les reconocía como tales desde el comienzo. “Están tan llenos de historietas absurdas e imágenes de Cristo y de los Apóstoles, que nunca han sido considerados divinos ni encuadernados en nuestras Biblia.” Son intentos deliberados de llenar los vacíos del N.T. referente a Jesús a fin de favorecer pretensiones heréticas mediante asertos falsos.”

          Se sabe que había cerca de 50 de los “evangelios” espurios, además de muchos “hechos” y “epístolas.” El cúmulo de escritos falsificados hizo muy importante para la iglesia primitiva el distinguir entre lo falso y lo verdadero.

          Se dice que Mahoma derivó su concepto del Cristianismo en gran parte de estos libros. Son el origen de algunos de los dogmas de la Iglesia Católica Romana.

          No deben confundirse con los escritos de los “Padres Apostólicos”.   

 

Estos son algunos de los libros Apócrifos  más conocidos:

  • El Evangelio de Nicodemo. Incluye los “Actos de Pilato”, supuesto informe oficial de éste al emperador Tiberio sobre el juicio de Jesús. Es enteramente imaginario, y escrito en el siglo 2º  o en el 5º.

  • Protoevangelio de Santiago. Un relato desde el nacimiento de María hasta la matanza de los niños por Herodes. Son historias que comenzaron a circular en el siglo 2º, completadas en el 5º.

  • La Asunción de María. Lleno de milagros absurdos, culmina con la remoción de su “inmaculado y precioso cuerpo” al Paraíso. Escrito en el siglo 4º, cuando surgía la adoración a la Virgen. 

 

  • El Evangelio según los Hebreos. Añadiduras a los Evangelios canónicos, juntamente con supuestos dichos de Jesús. Cerca del año 100 D.C.

 

  • El Evangelio de los Ebionitas. Compuesto de los Evangelios sinópticos. Para favorecer doctrinas ebionitas. Entre los siglos 2º  y  el 4º.   

 

  •  El Evangelio de los Egipcios. Conversaciones imaginarias entre Jesús y Salomé. Del 130 al 150 d.C. Lo usaban los sabelianos.

 

  •  El Evangelio de Pedro. Basado en los Evangelio canónicos. Escrito a mediados del siglo 2º para favorecer doctrinas docetas anti-judaicas.

 

  •  El Evangelio Seudo-Mateo. Una traducción falsificada de Mateo, del siglo 5º, repleto de milagros de la niñez de Jesús.

 

  •  Evangelio de Tomás. Del siglo 2º. La vida de Jesús, de los 5 a los 12 años. Le hace obrador de milagros para satisfacer antojos de niño.

 

  •  La Natividad de María. Una falsificación  deliberada del siglo 6º para promover el culto a María. Historias de visitas diarias de ángeles a María. Con el surgimiento del Papado se hizo sumamente popular.

 

  •  El Evangelio Arabe de la Niñez. Del siglo 7º. Historias de milagros durante la estancia en Egipto. Sumamente fantástico.

 

  •  Evangelio de José el Carpintero. Del siglo 4º. Se originó en Egipto. Dedicado a la glorificación de José.

 

  •  Apocalipsis de Pedro. Supuestas visiones del cielo y del infierno, concedidos a Pedro. Eusebio lo llamas “espúreo”.

 

  •  Hechos de Pablo. Mediados del siglo 2º. Una romanza para inculcar la continencia. Contiene la supuesta epístola perdida de los Corintios.

 

  •  Hechos de Juan. Fines del siglo 2º. Relato de un viaje a Roma, completamente imaginario. Da un cuadro repugnante de sensualidad.

 

  •    Hechos de Andrés. Relato de cómo Andrés persuade a Maximilla a que se abstenga de relaciones con su esposo, de donde viene el martirio de él.

 

  •    Carta de Pedro a Santiago. Fines del siglo 2º. Un ataque violento contra Pablo. Pura invención, a favor de los ebionitas.

 

  •    La Epístola de Laodicea. Profesa ser la mencionada en Col. 4:16. Una alienación de frases tomadas de Pablo.  

 

  •    Cartas de  Pablo a Séneca, con cartas de Séneca a Pablo. Falsificación del siglo 4º; o para recomendar el cristianismo a los seguidores de Séneca, o para recomendar a Séneca entre los cristianos.

En rasgo principal de todos estos escritos es que son ficciones presentadas como si fueran historia. En su mayor parte son tan completamente absurdas que su falsedad es evidencia sola.

 

   Las Cartas de Abgaro. Estas pueden tener alguna base real. Así pensaba Eusebio. Cuenta que estando enfermo Abgaro rey de Edesa, oyó del poder de Jesús y escribió una carta en que Le rogaba que fuera y le sanara; a lo cual Jesús contestó, “Es necesario que aquellas cosas para las cuales vine se cumplan, después de lo cual seré recibido arriba por Aquél que me envió. Cuando, pues, haya sido recibido al cielo enviaré a uno de mis discípulos, quién te sanará.” Se dice que en cumplimiento de esto fue enviado Tadeo, a quien fueron mostradas las cartas en los archivos de Edesa. Posiblemente Jesús haya enviado verbalmente tal mensaje, que luego se haya registrado por escrito.    

  

 

 

 

ESCRITOS DE LOS PADRES APOSTÓLICOS


            Estos no deben confundirse con los libros falsos enumerados anteriormente, cuyos autores se dieron los nombres de los Apóstoles para dar fe a sus relatos legendarios.

            Los Padres Apostólicos (o más correctamente, sub-apostólicos) fueron contemporáneos parciales de la generación apostólica. Sus escritos hoy existentes son pocos (¡como quisiéramos que hubiera más!), debido a la naturaleza perecedera de los materiales en que escribieron, y a las persecuciones de la época.

            Aun cuando sean pocos, son sumamente valiosos por cuanto forman el eslabón de unión entre los Apóstoles y la historia posterior de la Iglesia. Algunos de ellos se tuvieron en tan alta estima que en años lugares y por algún tiempo, se consideraban parte de la Escritura.

 

 

Epístola de Clemente a los Corintios. 95 d.C. Clemente fue obispo de Roma, 91-100 d.C., compañero de Pablo y Pedro, y debe de haber conocido a Juan. Escribió esta epístola en el año en que Juan fue desterrado a Patmos. Se dice que fue condenado a las minas, y que padeció el martirio en el año tercero de Trajano. Se cree que posiblemente sea el Clemente de Fil. 4:3.      

 

Fue ocasión de esta carta una división en la iglesia de Corinto, en la cual algunos ancianos habían sido excluidos por hombres mundanos más jóvenes. Fue escrita en nombre de la Iglesia en Roma. Está llena de hermosas exhortaciones a la humildad, y trata largamente de la resurrección. Se estimaba tan altamente, que hasta el siglo 4º era leída públicamente en muchas iglesias. Fue hallada al final del N.T. en el manuscrito alejandrino de la Biblia.

 

Epistola de Policarpo a los Filipenses. Cerca del 110 d.C. Policarpo, discípulo de Juan y obispo de Esmirna, escribió muchas cartas, pero solamente esta existe hoy día. Fue escrita en contestación a una carta de los filipenses, en que pedían sus consejos. Se parece bastante a las epístolas de Pablo, las cuales encomienda el cuidadoso estudio de ellos.    

 

La Epístola de Ignacio, cerca del 110 d.C. Ignacio fue alumno de Juan, y obispo de Antioquia. Padeció el martirio en Roma en el 110 d.C. De camino de Antioquía a Roma, atravesando el Asia Menor, escribió siete epístolas: a los Efesios, Magnesios, Tralios, Filedelfios, a Esmirna, a Roma y a Policarpo. Pablo había escrito a dos de éstos, y Juan a tres (en Apocalipsis). Estas epístolas de Ignacio abundan en tierna exhortaciones, y respiran un espíritu de gozo ante la perspectiva de su cercano martirio. Subrayan el mal de la herejía y de la  división, y aconsejan la sumisión a los ancianos de la iglesia.

 

La Epístola de Bernabé. Escrita entre el 90 y el 120 d.C. Algunos creen que haya sido el Bernabé del N.T., pero otros lo dudan. Es una epístola general, dirigida a todos los cristianos, y contiene una especie de bosquejo de interpretación de toda la Escritura, que advierte especialmente contra el recaer en el judaísmo. Fue hallada en el manuscrito sinaítico de la Biblia, al final del N.T., lo cual indica la alta estima en que se le tenía.  

 

Los Fragmentos de Papias. Este era alumno y obispo de Hierápolis. Padeció el martirio por el mismo tiempo que Policarpo. Escribió una “Explicación de los Discursos del Señor,” que existía hasta el siglo 13. Hoy día solamente existen fragmentos en citas hechas por Ireneo, Eusebio y otros.

 

La Didache, o Enseñanza de los Doce; o más extensamente, La Enseñanza del Señor, por medio de los Doce Apóstoles, a los Gentiles. Fue escrito del 80 al 120 d.C. y probablemente alrededor del año 100. No es obra genuina de los Apóstoles, sino una declaración, por algún autor desconocido, de lo que él entendía ser las enseñanzas de ellos. Se parece a la epístola de Santiago. Los escritores primitivos negaban su canonicidad, pero la tenían en alta estima. Abunda en citas de los libros del N.T.   

 

El Pastor de Hermas. Escrito alrededor del 100 o del 140 d.C. Es el ejemplo más antiguo de la alegoría cristiana; el “Peregrino” de la Iglesia primitiva, y en su día, tan popular como éste. El escritor era intensamente religioso, vio visiones que escribió en este libro, haciendo énfasis en el arrepentimiento, la vida espiritual y la inminente venida del Señor. El libro se leía en muchas iglesias hasta los días de Jerónimo. Aparece en el manuscrito de la Biblia, al final del N.T. Que el autor haya sido el mismo Hermas de Romanos 16:14 es mera suposición.

 

 La Apología de Arístides. Filósofo de Atenas. Escribió una “Defensa del Cristianismo” a Adriano en el 125 d.C., y a Antonio en el 137 d.C., pidiendo la protección de los cristianos contra la persecución. Dijo, “Bienaventurada es la raza de los cristianos más que todos los hombres, por su verdadero y noble credo, y sus vidas puras y benévolas.” Es al más antiguo tributo literario de un filósofo al cristianismo, que se conoce. Es de Atenas, cuna de la filosofía.

 

Justino Mártir, 100-167 d.C. Un filósofo que después de haber probado las filosofías estoica, peripatética, pitagórica y platónica, halló la satisfacción en el cristianismo. Escribió “apologías” dirigidas al emperador Antonio, en defensa del Cristianismo, y protestó contra le ejecución de tres cristianos sin proceso de juicio. También escribió un “Dialogo con Trifón”, discusión con un judío acerca del mesianismo de Jesús.         

 

Segunda Epístola de Clemente. Entre el 120 y el 140 d.C. Es un sermón. No se sabe si es del mismo Clemente anterior. NO se le tiene en igual estima.

 

La Epístola de Diogneto. Una vindicación del cristianismo, por algún autor que reclama ser “discípulo de los apóstoles-“

 

 

 

MANUSCRITOS


            Hasta donde se sabe, los manuscritos originales de todos los libros del N.T. se han perdido. Desde el comenzó mismo ya se hacían copias de estos preciosos escritos, para otras iglesias, y Lugo copias de las copias, generación tras generación, conforme las más antiguas se desgastaron con el uso.

El material más comúnmente usado para escribir era el papiro. Se hacía de láminas del tallo de una planta acuática de Egipto. Una capa vertical y otra horizontal se comprimían juntas y luego se pulimentaban. La tinta se hacía de carbón, goma y agua. Para escritos de breves se usaban hojas sueltas. Para obras más extensas se unían las láminas, una al lado de otra, hasta formar rollos. El rollo era generalmente de unos 9 m. de largo y de 22 o 25 cms. De alto. En el siglo segundo se comenzó a encuadernarse los libros del N.T. en forma de “códice” o se como los libros modernos, en cuya forma puede juntarse en un solo tomo cualquier número de hojas, con páginas numeradas. Esto hizo posible reunir en un solo tomo colecciones más extensas de los libros del N.T., de lo que podía hacerse en forma de rollo.

          El   papiro no era muy duradero, con el tiempo se volvía quebradizo, o se pudría por la humedad, y pronto se desgastaba, salvo en Egipto en donde el clima seco y las arenas han preservado para nuestros propios tiempo un cúmulo sorprendente de documentos antiguos.

          En el siglo cuarto desplazó la vitela al papiro como medio principal de la escritura. La vitela era un pergamino muy fino hecho de pieles de animales y mucho más duradera. Se hacía en forma de libro y no en rollos.

          Hasta el descubrimiento reciente de los papiros egipcios,  todos los ejemplares conocidos de la Biblia eran de vitela.

 

          Con el invento de la imprenta en el siglo 15, cesó la producción de Biblias escritas a mano.

          Quedan ahora en existencia unos 4.000 manuscritos conocidos de la Biblia o de partes de ella, hechos del siglo 2 al 15. Esto nos parecerá poco, pero es muchísimo más que lo existente de cualquier otro escrito antiguo. No existe ningún ejemplar completo de Homero anterior al 1300 d.C., ni de Herodoto de antes del 1000 d.C.

          Los manuscritos en vitela hoy existentes fueron hechos entre los siglos 4 y 15. Se les divide en “unciales”  y “cursivos.”  Los unciales fueron escritos en grandes letras mayúsculas. Hay unos 160 de ellos, hechos del siglo 4 al 10. Los cursivos se hicieron en letras minúsculas entrelazadas, y se hicieron del siglo 10 al 15. Siendo los unciales mas antiguos, son mucho más valiosos.

          Loa tres manuscritos; o como se les dice, “códices”,  más antiguos, más completos, mejor conocidos y más valiosos son el Sinaítico, el Vaticano y el Alejandrino, los cuales eran originalmente Biblias completas.

 

          El Manuscrito Sinaítico, o “Códice Sinaíticus” fue hallado por el erudito alemán Tischendorf, en el año 1844, en el convento de Santa Catalina sobre el monte Sinaí. Notó en un canasto de papeles viejos que se habían apartado para ser quemados, paginas en vitela escritas en griego. Al examinarlas más de cerca, resultaron ser parte de un antiguo manuscrito de versión Septuaginta del A.T. Había 43 hojas. Busco largamente, pero no pudo hallar más. En el 1853 volvió al convento para proseguir la búsqueda, pero sin hallar nada. En 1859 volvió de nuevo. Mientras conversaba con el mayordomo acerca de la Septuaginta, esté dijo que tenia un ejemplar antiguo, el que trajo envuelta en una servilleta de papel. Era el resto del manuscrito de que Tischendorf  había visto 43 hojas 15 años antes. Al examinar sus páginas, se dio cuenta de que tenía en sus manos el más valioso de cuantos escritos existen. Después de largas negociaciones internacionales, por fin lo obtuvo la Biblioteca Imperial de San Petersburgo (Leningrado) en donde permaneció hasta 1933, cuando fue vendido al Museo Británico por cien libras esterlinas. Contiene 199 hojas del A.T. y todo el Nuevo Testamento, juntamente con la Epístola de Bernabé y parte del Pastor de Hermas, en 148 hojas, o sean por todas 347 hojas de 38 x 34.5 cms., de la mejor vitela y escritas en letra hermosa. Fue hecho durante la primera mitad del siglo cuarto. Es el único manuscrito antiguo que contiene el N.T. entero. Las 43 hojas que obtuvo Tischendorf en su primera visita se hallan en la Universidad de Leipsig.

          EL Manuscrito Vaticano. Hechos en el siglo cuarto; en la biblioteca de l Vaticano desde 1481. Faltan algunos fragmentos del N.T. Este y el Sinaítico son los dos más antiguos y más valiosos. Tischendorf pensaba que posiblemente hayan sido hechos por una misma persona, y que puede haber sido de los 50 que mando hacer Constantino.

          EL Alejandrino. Hechos en Alejandría en el siglo quinto; en el Museo Británico desde 1627. Es la Biblia entera, faltándole algunos fragmentos, más las Epístolas de Clemente y los Salmos de Salomón.

          Otros. El “Códice Efraem”, del siglo quinto, ahora en París; cerca de la mitad del N.T. El “Beza”, del siglo quinto, ahora en al Universidad de Cambridge; los evangelios y Hechos. El “Washington,” siglo cuarto, hallado en Egipto en 1906 y ahora en la Biblioteca Smithsoniana de Washington; los Evangelios.       


                                                            (Compendio Manual de la Biblia. por Henry H Halley)