Comentario He



Comentario de Hebreos


Último Mensaje de Dios al Judaísmo
Cristo el Autor de un Nuevo Pacto
El destino Glorioso del Hombre



Los Destinatarios
    Tal como la primera epístola de Juan, esta no nombra a las personas a quienes se dirige. Por su estilo, es indudablemente a judíos, ya que trata de la relación de Cristo para con el sacerdocio levítico y los sacrificios del Templo. Cita de continuo el A.T. para confirmar su asertos. La opinión tradicional y generalmente aceptada es la de que era dirigida a los cristianos judíos de Palestina, aun cuando algunos creen que puede haberse escrito a una colonia de judíos en Roma, en Alejandría o en alguna otra parte.

El Autor
    En algunas ediciones de la Biblia se dice que es de Pablo; en otras, que es anónima, por cuanto en los manuscritos más antiguos, descubiertos después de hacerse las traducciones primeras, no aparece nombre del autor. La iglesia oriental la aceptó como de Pablo desde el comienzo; la occidental no la reconoció sino en el siglo cuarto Eusebio consideraba a Pablo como su autor. Tertuliano la llamó epístola de Barnabás. Clemente de Alejandría pensaba que Pablo la había escrito en hebreo, y que Lucas la tradujo al griego (fue escrita en griego excelentísimo). Orígenes dijo que los pensamientos eran los de Pablo, y tenía a éste como su autor más probable, pero agregó "Quién la escribió, solamente Dios lo sabe con certeza." Lutero suponía que Apolos, opinión a cuyo  favor no hay evidencia antigua alguna. Ramsay sugiere a Felipe; Harnak y Rendel Harris, a Prisca. Ferrer Fenton piensa que nadie sino Pablo pudo haberla escrito, y que él la escribió originalmente en hebreo e hizo que uno de sus ayudantes la tradujera al griego. En términos generales, la opinión tradicional, sostenida a través de los siglos y todavía muy comúnmente  sustentada, es que Pablo fue su autor. Pero también, esta la idea de conociendo el carácter de Pablo y su temperamento, la pregunta seria ¿por que no dijo que era Él?. 

Fecha
    Indudablemente fue escrita antes de la destrucción de Jerusalén, que sucedió en el año 70 d.C. Si Pablo la escribió, parece probable que lo haya hecho desde Roma, en el 61-63 d.C. El significado más natural, aun cuando no inevitable, de  "Los de Italia os saludan" (13:24), es que fue escrita desde Italia. Timoteo estaba presente con el escritor (13:23). El había ido con Pablo a Jerusalén (Hechos 20:4), de donde había acompañado a Pablo a Roma (Col 1:1). Acababa de ser puesto en libertad, y Pablo proponía enviarle de nuevo a Oriente (Fil 2:19, 24), y esperaba ir en breve él mismo. Parece también que él y Timoteo intentaban volver a Jerusalén (13:23), en donde, pudiera inferirse del 13:19, los dirigentes a quienes se escribe eran amigos íntimos de Pablo. Esta epístola puede haberse escrito más o menos al mismo tiempo que Filipenses.  
    Sucede que por este mismo tiempo, Santiago el supervisor de la iglesia de Jerusalén fue muerto (62 d.C.). Pablo y Santiago eran íntimos amigos. Pablo había estado en Jerusalén unos 3 años antes. Se piensa que posiblemente, al saber de la muerte de Santiago, Pablo haya escrito esta carta a los principales de la iglesia de Judea, ahora sin pastor, para ayudarles a que afirmaran sus rebaños en previsión del tiempo terrible que se avecinaba. Si esto es cierto, había razón de enviarse la Epístola sin que ostentara el nombre de Pablo, ya que éste no era muy popular en Jerusalén. Aunque los dirigentes sabrían quién la había escrito, la Epístola tendría mejor efecto si se leyera en las iglesias sin el nombre de Pablo.  Las epístolas del N.T. fueron escritas para ser leídas en las iglesias, cosa que muchos predicadores modernos parecen haber pasado por alto. 

Propósito 
    Fue escrita, nos parece, para preparar a los judíos cristianos para la ya cercana caída de Jerusalén. Cerca de una generación antes, Jesús había dado la advertencia de que "No pasará esta generación, sin que todas estas cosas acontezcan" (Mat 24:2, 34). Los Judíos cristianos, después de aceptar a Jesús como su Mesías, continuaban celosos de los ritos y sacrificios del Templo; creyendo, suponemos, que bajo el reinado del Mesías su amada ciudad pronto sería capital del mundo, y el Templo el centro de peregrinaciones de todo e mundo. En lugar de esto, habían de recibir ellos la conmoción más grande de sus vidas. De un solo golpe del ejército romano, había de desaparecer la Ciudad Santa y cesar los ritos del Templo.  
    Esta Epístola fue escrita para explicarles que los sacrificios de animales, a los cuales ellos con tanto celo se apegaban, ya no eran de ningún provecho; que la muerte de una res o de una oveja jamás podía quitar el pecado; que nunca hubo la intención de que estos sacrificios fueran perpetuos, sino que eran propuestos como una especie de cuadro gráfico a través de los siglos, del venidero sacrifico de Cristo; y que ahora que Cristo había venido, aquéllos habían desempeñado su cometido y habían pasado para siempre.  

Contraparte de la Epístola a los Romanos
    Romanos fue dirigida a la capital del mundo gentil; Hebreos, a la nación judía. Dios había fundado y nutrido a la nación judaica a través de largos siglos con el propósito de bendecir, por medio de esta nación, a todas las naciones, mediante un gran Rey que se levantaría en aquella nación y reinaría sobre todas las naciones. Ahora el Rey había venido. Romanos trata de la relación del Rey para con Su reino universal, la base sobre la cual tiene derecho al homenaje de todo ser humano. Hebreos trata de la relación del Rey para con la nación de la cual vino. 

Su Excelencia Literaria
    Sean quien haya sido el autor, como joya literaria es suprema; en su lenguaje, es el Isaías del N.T. Está escrita, no al estilo impremeditado de una carta, como la mayoría de las epístolas del N.T., sino como tratado ordenado y lógico, "en períodos balanceados y resonantes de notable precisión, que culmina en alturas admirables de elocuencia."  


Capítulo 1. La deidad y la finalidad de Cristo

    El Hombre, y no los ángeles, será señor del mundo futuro (5-8). En el v.7 se dice que el hombre fue hecho "un poco menor que los ángeles", aun cuando en cap. 1:14 se dice que éstos son servidores de los herederos de la salvación. Dice l Versión Moderna, al margen del v.7 "por poco de tiempo". En el v. 9 Jesús fue hecho "un poco menor que los ángeles", y evidentemente aquí la intención es, que fue hecho "por un poco de tiempo menor que los ángeles." Sea cual sea la naturaleza angélica, en comparación con la humana, los versículos dan alguna idea de la grandeza final de la redimida creación humana.  

    La Unidad de Cristo con el Hombre (9-18). Para redimir al hombre, Dios no envió a un ángel sino que vino El mismo. Vino, no en forma de ángel sino en forma humana. Dios mismo se hizo hombre,para redimir al hombre. Aceptó la naturaleza humana con sus tentaciones y sufrimientos, aun la muerte misma, para que el hombre pudiera participar de la naturaleza Suya, y compartir en El Su dominio. Cristo y Sus redimidos regirán el universo, aun cuando los emisarios del infierno parecen estar haciendo un esfuerzo desesperado para destronarle.  

    Los Sufrimientos de Cristo (10). Fue "hecho perfecto por aflicciones". Aun cuando era perfecto en carácter y en poder, sin embargo no fue perfeccionado en SU oficio como Redentor sino cuando padeció la tentación humana y la muerte humana. Como ser humano, aun cuando era el Hijo de Dios, tuvo que sufrir para aprender la obediencia (5:8).  


Capítulo 3. Cristo comparado con Moisés

    Moisés el Siervo, Cristo el Hijo. (1-6) Muchos cristianos judíos, en su niñez espiritual (5:11-13), no habían aprendido plenamente la relación de Cristo para con Moisés. Parece que ellos todavía pensaban de Moisés como el Legislador, y de Cristo como un ejecutivo para imponer la ley de Moisés sobre todas las demás naciones: Moisés en primer lugar, y Cristo debajo de él. Pero estaban viendo todo al revés. Cristo es tanto más alto que Moisés, como lo es el heredero y dueño de una casa sobre los siervos de la casa. La "casa" de Dios (6) es Su pueblo.

    Apartándose de Dios (12). Esta advertencia es una de las notas dominantes de le epístola. El peligro debe de haber sido inminente y grave. El escritor les recuerda que los que fueron libertados de Egipto bajo la mano de Moisés perecieron en el desierto antes de llegar a la Tierra Prometida, a causa de su incredulidad (12, 19). Si cayeron ellos por cuanto era desobedientes a la palabra hablada por medio de Moisés, ¿qué esperanza puede haber para quienes desechan la palabra hablada por medio de Cristo? El escritor repite su advertencia con seriedad cada vez mayor 6:4-6, y otra vez en 10:26.29. Debe de haber tenido en mente la destrucción de Jerusalén que ya se avecinaba, la calamidad más espantosa de la historia judía, la cual tentaría a los cristianos judaicos a perder su fe en Cristo como Mesías.  


Capítulo 4 El descanso celestial cristiano

    Canaán como tipo del cielo (1-11). Aquéllos que entraron en la Tierra Prometida bajo Josué hallaron un reposo terrenal, un país de libertad y de abundancia. Pero esto era tan solamente un cuadro del hogar celestial en el eterno más allá del universo de Dios.  

    El Poder de la Palabra de Dios (12-13). Se refiere el ejemplo de la marcha de Israel a través del desierto, tal como se cuenta en Números y Deuteronomio. Este sencillo relato, bajo el poder el Espíritu de Dios, tiene poder para alcanzar las profundidades más recónditas de nuestro corazones y motivos. Se usa como ilustración del poder vivificador de la Palabra de Dios. !Si tan solamente nuestras iglesias se dieron cuenta de ello!  !Cuánto poder ganarían al darle a la Palabra de Dios el lugar debido en sus servicios! 

    La división de "alma y espíritu" (12). En cierto sentido "alma" o ánima es nuestra naturaleza animal aquello que tenemos en común con el reino animal, y "espíritu" significa nuestra naturaleza espiritual, aquello que nos relaciona con Dios. Pero por lo general las dos palabras se usan casi como sinónimos, y el significado aquí parece ser que la palabra de Dios tiene capacidad para distinguir, para dar cada motivo, deseo, propósito y voluntad y apreciarlo en su valor verdadero, cuando nosotros mismos casi no nos damos cuenta de cuáles son nuestros móviles. 

     Cristo nuestro Sumo Sacerdote (14-16). Aquí comienza el tema principal de la epístola, la comparación de Cristo con el sacerdocio levítico, la cual sigue hasta el capítulo 10 y forma la parte principal de la epístola.


Capítulo 5. Cristo comparado con el sacerdocio levítico

    Cristo nuestro Sumo Sacerdote (1-10). Esto eran de la tribu de Leví; Cristo era de Judá. Ellos eran muchos; El era uno. Ellos ofrecían sacrificios de animales; Él se ofreció a Sí mismo. Ellos morirían; El vive para siempre. 

    Tardos para Oír (11-14). Desde aquí hasta 6:12 es un mensaje personal para los destinatarios originales de la epístola. En tiempos anteriores ellos habían sido notablemente celosos en "ministrar a los santos" (6:10), pero ahora habían olvidado aun los "primeros rudimentos" del Evangelio (12).
    Si es correcta la opinión general de que esta epístola se dirigía a la iglesia en Judea, luego este pasaje evidentemente trata de la desaparición del carácter espiritual y hermanable de la iglesia de Jerusalén que se describe en Hechos 4:32-35. La epístola de Santiago, escrita poco antes de esto, implica una iglesia mundana y egoísta. Conforme pasaba el tiempo, muchos miles de judíos habían aceptado a Cristo como s Mesías (Hech 21:20) pero todavía retenían el antiguo concepto materialista del reino mesiánico, de que sería un reino político en el cual la nación judía, bajo su Mesías, dominaría al mundo. Así, pues, su fe cristiana era en gran parte un mero lema político. Después de la muerte de Santiago, esta idea parece haber dominado a la iglesia de Jerusalén a tal punto que en lugar de ser maestros del mundo cristiano, como lo debía haber sido la iglesia madre, como niños pequeños necesitaban que se les enseñase de nuevo los primeros rudimentos del Evangelio.      


Capítulo 6. Advertencia contra la apostasía

    Apostasía Sin Esperanza (4-8). Esto se refiere a la caída de un cristiano; uno había conocido y experimentado el gozo del perdón, la influencia de gracia del Espíritu Santo, las dulces promesas de Dios y le bienaventurada esperanza de vida eterna.
    La "caída" puede ser parcial o total, así como una persona puede desde una altura caer hasta algún saliente o hasta el fondo. Mientras la apostasía sea parcial, puede haber esperanza. Cuando se hace total, la restauración es imposible.
     "Lo imposible no es el perdón de Dios, sino el arrepentimiento del pecador". El pecado es tan diabólico en su manera de obrar, que quienes se entregan a él llegan hasta el extremo de que ya no pueden arrepentirse. Esto puede ser una de las "leyes naturales del mundo espiritual." y también puede ser decreto arbitrario de un Dios airado. Las Escritures hablan una y otra vez de la ira de Dios. Cuando más grande el amor, tanto más grande, quizás, sea el enojo contra quienes lo desprecian.  
    El pecado de que aquí se habla se parece al "pecado imperdonable" de que habla Jesús (Mat. 12:31-32; Mar 3:28-30) en donde se infiere que aquel pecado consistía en atribuirle a Satanás los milagros de Jesús, pecado que en Lucas 12:9-10 se relaciona con el negarle a El.  Podía cometerlo alguno de afuera de la iglesia.  De lo que se habla aquí es de la caída de un cristiano. La esencia del pecado fatal, sea de un cristiano o del no creyente, es el rechazamiento deliberado y definitivo de Cristo. Es como si una persona en el fondo de un pozo, a quien se le baja una cuerda, cortara la cuerda más arriba de conde la puede alcanzar, privándose así de su único medio de escape. Para aquellos que rechazan a Cristo (10:26-31), nunca habrá otro sacrificio por el pecado humano. Tendrán que padecer ellos por su propio pecado.  


Capítulo 7. Melquisedec

    Cristo, Sacerdote según el orden de Melquisedec (1-10). Esto es, que Cristo no era sacerdote levítico, sino que el sacerdocio suyo se parecía más bien al de Melquisedec, personaje del lejano pasado, unos 600 años antes de instaurarse el sacerdocio levítico; sacerdote mucho más grande que los levíticos, y más grande aún que Abraham; a quien éste y los sacerdotes levitas aún por nacer, pagaron los diezmos. El relato de Melquisedec se presenta en Gén 14:17-20. Era "rey de Salem" (Jerusalén) y "sacerdote del Dios Altísimo", rey y sacerdote. Antes del tiempo de Moisés, los sacrificios los ofrecían los cabezas de familia. El sacerdote de cada familia era el padre, el abuelo, bisabuelo o tatarabuelo; el más anciano de la línea paterna. Cuando la familia crecía hasta formar tribu, el que la encabezaba llegaba a ser rey de la tribu a la vez que sacerdote; un rey-sacerdote, o sacerdote-rey.
    En los días de Moisés, cuando el conjunto de las familias del mundo escogido de Dios había llegado a formar una nación, se le organizó como tal. Se señaló un lugar especial para los sacrificios, se prescribió un ritual, y se creó un orden hereditario especial de hombres para ser sacerdotes, de la familia de Leví. Más tarde, otra familia fue designada para que supliera los reyes, la familia de David. El rey regía al pueblo. El sacerdote, como mediador entre Dios y el hombre, ofrecía sacrificios. Una familia proveía los reyes; otra, los sacerdotes. Pero Cristo era ambas cosas, y combinaba como Melquisedec los sacrificios de rey sacerdote.       
    ¿Quién era Melquisedec? Según la tradición hebrea, era Sem, quien aún vivía en los días de Abraham, y hasta donde se sabe, sería el hombre más anciano entonces existente. Algunos creen que haya sido un ángel; otros, que una encarnación de Dios; otros, que el Mesías. Tomando en cuenta que era "rey" una ciudad, parece más probable la tradición de era Sem.
    ¿Qué significa, "sin padre, sin madre, sin linaje, que ni tiene principio de días, ni fin de vida? No que realmente así haya sido, sino que así aparece en la historia. Los sacerdotes levíticos lo eran a título de su genealogía. Pero a Melquisedec se le reconocía como sacerdote aun cuando el origen y el fin de su sacerdocio no se conocían. En cuanto a sacerdocio, hasta donde se sabe, no tenía padre ni madre, principio ni fin. Allí está; figura solitaria y misteriosa, cuadro y tipo en el remoto pasado, del venidero Eterno Sacerdote-Rey.    

    El Sacerdocio Levítico era temporal (7:11-12). Era imperfecto, pues estos sacrificios no bastaban para quitar el pecado (10:4). Era "carnal" (16); eran sacerdotes por una ley de descendencia, solamente porque eran de cierta familia y sin tomar en cuenta los requisitos espirituales. Además, se había predicho que el pacto bajo el cual funcionaban los sacerdotes levíticos sería abrogado a favor de otro pacto con un sacerdocio diferente (6:7-13). 
    Hay aquí una lección para la Iglesia. A los ministros cristianos en ninguna parte del N.T. se les llama "sacerdotes", salvo en el sentido en que todo cristiano lo es en 1 Pedro 2:9; Apo 1:6. Los ministros cristianos con maestros y pastores. Los sacerdotes ofrecían sacrificios de animales. Los sacrificios de animales cesaron con la muerte de Cristo. Los ministros cristianos son predicadores de Cristo. Aplicar el título de "sacerdote" a un ministro cristiano es volver a aquello que en Cristo ha sido abolido. 

    El Sacerdocio de Cristo es Eterno. (13-28). Aquéllos ofrecían sacrificios cada año; Cristo murió una vez para siempre. Los de ellos eran ineficaces; El quitó el pecado para siempre. Cristo sigue viviendo, en el poder de una vida indestructible. El nunca será removido, pues puede salvar hasta lo último y no hace falta otro. Es mediador de un pacto eterno y de una vida sin fin.
    "Eterno" es una de las palabras favoritas de esta Epístola. Salvación eterna (5:9). Juicio eterno (6:2). Redención eterna (9:12). El Espíritu eterno (5:14). Una herencia eterna (9:15). Un pacto (13:2). Es también una de las palabras favoritas del evangelio de Juan.


Capítulo 8. El Nuevo pacto

    El pacto de Cristo era superior (6-13). Había de tomar el lugar del antiguo. Si leemos correctamente entre renglones, los judíos tendían a mirarle al Mesías como un ejecutivo, un comandante general, que impusiera las leyes de Moisés sobre el mundo entero. Pero Cristo es Su propio Legislador, con un sistema propio Suyo que desplaza al mosaico. El sistema mosaico había sido imperfecto, débil, infructuoso, y se anulaba (7:11, 18). Había servido de fin, y ahora debía ceder su sitio a otro sistema mejor. 
    La palabra "mejor" es favorita del escritor. Un mejor pacto (6). Una mejor esperanza (7:19). Una mejor herencia (10:34). Una mejor patria (11:16; el cielo en lugar de Canaán). Una mejor resurrección (11:35; aquéllos volvían a la vida para luego morir otra vez, pero los cristianos, nunca). Alguna cosa mejor (11:40). La sangre que habla mejor de la de Abel (12:24).  


Capítulo 9. El Tabernáculo, figura de cosas celestiales

    Cristo y el Tabernáculo Verdadero (11-28). El Tabernáculo era santuario de este mundo; el verdadero, no hecho con manos, es el cielo (1, 11, 24). El sumo sacerdote entraba "una vez cada año" ; Cristo entró "una vez para siempre" (7, 12). El sumo sacerdote obtenía una redención anual; Cristo, la redención eterna (11; 10:3). El sumo sacerdote ofrecía la sangre de animales; Cristo, Su propia sangre (11; 10:3). Los sacrificios del sumo sacerdote limpiaban la carne; el de Cristo limpia la conciencia (13, 14)  
    "Testamento" (15-22). Aquí se explica que el Nuevo Pacto participa también de la naturaleza de un testamento, un legado o donación a heredero, efectivo solamente después de la muerte del testador. De aquí tenemos los nombres de las dos divisiones de la Biblia: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.  La palabra griega para "pacto" y "testamento" es una misma. El Nuevo Pacto es el testamento que hizo Cristo para Sus herederos, que no podía entrar en vigencia sino cuando mediante Su muerte había espiado los pecados de ellos. Esto fue prefigurado cuando se selló con sangre el Antiguo Pacto (19-20). El uso abundante de Sangre en los ritos del Antiguo Pacto prefigura la necesidad apremiante de algún Gran Sacrificio por el pecado humano (22). 

    Una Vez para Siempre (26-28). Cristo se ofreció a Sí mismo "una sola vez" (7:27). Una sola vez entró en el lugar Santo (9:12). Los cristianos son santificados por la ofrenda de Él; hecha una sola vez (10:10). Ofreció un solo sacrificio para siempre (1:12). Ofrecido una vez, Cristo vendría una segunda vez para Sus herederos que Le esperan (28). Este es el pasaje que habla de la venida futura del Señor como "segunda" venida. 


Capítulo 10. Salvador para siempre

    El Pecado, Quitado para Siempre (1-25). Jamás se nos enrostrará de nuevo. No hace falta más sacrificio. La muerte de Cristo basta del todo, para responder por los pecados del pasado, y por aquellos que por debilidad pudiéramos cometer en la vida diaria. Dios ahora puede perdonar, y efectivamente perdonar, a aquellos que depositan en Cristo su confianza. El "dejar la congregación" (25) se relaciona con el pecado imperdonable del versículo que sigue. "Aquel día se acerca" (25);  es decir, el día de la venida del Señor, día de todos los días, en el cual el tiempo se refunde e la eternidad 

    El Rechazamiento de Cristo (26-31). El pecado que se describe aquí es similar al del capítulo 6:1-8. Allí es el volver atrás de los que habían sido cristianos. Aquí es el rechazamiento definitivo de Cristo sea por un cristiano caído o por algún otro. Lo esencial es, que solamente ha habido un sacrificio por el pecado. Jamás habrá otro. Aquel sacrificio es todo-suficiente para expiar todo pecado humano. El problema se ha atendido una sola vez y para siempre. Nunca jamás, en todas las edades de la eternidad, enviará Dios a ningún otro para que sufra por el pecado humano. Nunca habrá otro Calvario, jamás. Quien no quiera aprovechar de lo que Cristo ha hecho por él sobre la cruz, que se decida a despedirse de Dios para siempre, a seguir su propio camino, y a padecer por su propio pecado.  


Capítulo 11. Los héroes de la fe

    Esté capítulo a veces se llama el "Himno de la Fe", así como 1 Corintios 13 es el "Himno del Amor", y Génesis 1 es el "Himno de la Creación".
    La fe de Abel (4), primer cuadro primitivo del sacrificio futuro del Cordero de Dios (Gén. 4:1-15). La fe de Enoc (5-6); en un mundo apóstata anduvo con Dios, como lo había hecho Adán en el Edén (Gén. 5:21-24). De Noé (7); siguió construyendo el arca cuando nadie creía que habría ocasión de usarla (Gén 6-9). De Abraham (8-10, 17-19); salió sin saber para dónde, para hallar la ciudad de Dios, y estuvo dispuesto aún a sacrificar a Isaac, confiando en que Dios le volvería a la vida (Gén 12:1-7; Hech 7:2-5; Gén 22); otro cuadro del lejano pasado, del venidero sacrificio de Cristo. La fe de Sara (11-12); llegó  a creer aquello de que primeramente se había reído como cosa imposible (Gén 17:19; 18:11-14). La fe de Isaac (20), que predijo lo por venir. La de Jacob (21), de que Dios cumpliría Su promesa. De José (22); quería reposar en el futuro hogar del pueblo de Dios. De Moisés (23-29); veía a Aquel que es invisible (27; Ex 2:2, 10, 11; 12:21, 50; 14:22-29). La fe de Josué (30); cayeron los muros de Jericó (Jos 6:20). La de Rahab (31), que quiso seguir la suerte de Israel (Jos 2:9; 6:23). De Barak (32), subyugó reinos (Jueces 4). De Gedeón (32), hecho fuerte en batalla (Jueces 7:21). De Sansón (32), hecho fuerte en su debilidad (Jueces 15:19; 16:28). De Jefté (32); puso en fuga ejércitos enemigos (Jueces 11-12). De David (32); obtuvo promesas (" Samuel 7:11). De los profetas (32); Daniel tapó la boca de los leones (Dan 6:32); Jeremías fue torturado (Jer 20:2); Elías y Eliseo levantaron muertos (1 Reyes 17; 2 Reyes 4); Zacarías fue apedreado (2 Crón 24:21); Isaías según la tradición, fue aserrado. Todos murieron en la de que había una patria mejor más allá.       


Capítulo 12. El reino inconmovible

    La Carrera Cristiana (1-2). Una metáfora tomada de los juegos olímpicos griegos. Rodeados de una vasta multitud de aquellos que en edades anteriores habían corrido triunfalmente la carrera para Dios, y que ahora contemplaban con interés expectante la lucha inicial de la recién nacida Iglesia, se les exhorta a los corredores a que mantengan los ojos en la meta y se esfuercen hasta lo último para vencer.   
    Sinaí y Sión (18-29). Las manifestaciones teorizantes de la inauguración del Antiguo Pacto se contraponen a la comunión celestial de la Iglesia. Una sola basta fraternidad en la cual los santos sobre la tierra, los espíritus de los redimidos y huestes incontables de ángeles se hallan en dulce mística comunión alrededor del trono de Dios. Un reino que pertenece,  mientras los imperios caen.   


Capítulo 13. Jesús es el mismo para siempre

    Exhortación de Gracia. La Epístola, aunque de carácter polémico, termina con una tierna exhortación a que se siga a Cristo en todos los caminos de la vida. "Hospedaron ángeles" (2) alude a Abraham (Gén 18:3; 19:2). " No tenemos aquí ciudad permanente" (14), puede haber sido una intimación de la próxima caída de Jerusalén . La bendición (20, 21) es una de las más hermosas de las Escrituras.  

    Mensaje Final de Dios al Judaísmo. Así como Malaquías es el último mensaje del A.T  a una nación fundada para traer el Mesías al mundo, la epístola de Hebreos es el mensaje final del N.T a la misma nación después de Su venida. Fue escrita poco antes de la destrucción del judaísmo en la caída de Jerusalén, "uno de los eventos más espantosos de la historia."

     La Destrucción de Jerusalén. Las guerras de los Judíos sublevados contra Roma comenzaron en el 66 d.C.  Tito llegó ante los muros de Jerusalén con su ejército en el día de la Pascua de 70 d.C. El ejército romano era de 30.000 hombres ; el judío de 24.000. Según Tácito, la ciudad albergaba a unos 600.000 visitantes. Había acerbas divisiones y luchas entre los judíos dentro de los muros. Después de cinco meses, los muros fueron derruidos, el Templo incendiado, las últimas defensas demolidas, y la ciudad fue dejada en ruinas. Fueron tomados 95.000 cautivos, y más de 1.000.000 fueron muertos. Dice Eusebio que cuando se presentó el ejército romano, los cristianos, amonestados por alguna advertencia profética, huyeron a Pella.    

Historias Posteriores a Jerusalén. Durante los siguientes 50 años, Jerusalén desapareció de la historia. En 135 d.C. Bar-cocheba, un pretendido mesías, se apoderó de la ciudad e intentó reconstruir el Templo. La sublevación fue dominada por el ejército romano; 580.000 judíos fueron muertos, Judea asolada, y se prohibió bajo pena de muerte que los judíos entraran de nuevo a la ciudad. Donde había estado el Templo, se erigió un templo a Júpiter, y Jerusalén fue convertida en ciudad pagana. Bajo Constantino, en el 326 d.C., se demolió un templo de Astarte sobre el sitio del actual Santo Sepulcro, y se dijo que excavando debajo del él se halló el sitio de la Crucifixión. La ciudad se convirtió en un principal centro cristiano. Se les permitía a los judíos entrar una vez al año. En el 363 d.C. el emperador Juliano al Apóstata dio a los judíos permiso para reconstruir el Templo, pero no llegaron a hacerlo. En el siglo quinto, Jerusalén llegó a ser sede de un Patriarcado independiente. EN 637 d.C. cayó ente los mahometanos, en cuyo poder, salvo unos cien años durante las Cruzadas, quedó hasta 1917, cuando el general británico Allenby arrojo de Palestina a los turcos. Los primeros habitantes de post-guerra fueron principalmente árabes, y uno pocos judíos. Hubo una creciente inmigración judía, especialmente después de la persecución hitlerista en Europa. En 1948 terminó el mandato británico, y se estableció la actual república de Israel, que todavía disputa con los árabes la posesión de la ciudad capital.     



(Compendio Manual de la Biblia por Halley p. 578, 579)




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