Lectura de 1 y 2 Crónicas

Datos de Orientación de 1 y 2 Crónicas
  • Contenido: una historia positiva de los reyes de Judá, después del exilio, con énfasis en el templo y su adoración.
  • Cobertura histórica: una genealogía de apertura que retrocede hasta Adán; la narración misma cubre el reino de Judá desde David (aprox. año 1000 a.C.) hasta el decreto de Ciro (539-538 a.C.).
  • Énfasis: la continuidad del pueblo de Judá (y de otros) en el exilio y después; la lealtad al pacto de David y de Salomón como modelos para el tiempo de la restauración; el papel central del templo y la adoración para la restauración; la verdadera adoración como un asunto del corazón, lleno de gozo y canto; la bendición divina y el reposo por la obediencia y la retribución por la desobediencia. 

Panorama de los Libros 1 y 2 de Crónicas  

    El libro de Crónicas es el último en la Biblia hebrea que toma su lugar al fin de los Escritos. Su lugar actual y su división en dos libros viene de la Biblia griega, donde fue (acertadamente) colocado después del libro de los Reyes y seguido por Esdras y Nehemías. Usando los libros de Samuel y Reyes como su narración básica, el cronista añade otros materiales - genealogías, listas, salmos, discursos - para presentar la historia de Israel (especialmente de Judá) desde Adán hasta el decreto de Ciro, que puso fin oficial al exilio. 

    La historia misma está en tres partes. Empieza con las aburridas genealogías (1 Crón 1-9), que es lo que han hecho de este uno de los libros más descuidados en el AT. Lo que es crucial aquí  es que el cronista traza la línea de ascendencia hasta Adán, aunque se concentra finalmente en Judá y los levitas (que es donde está el interés de su narración). 

    La segunda parte (1 Crón 10 - 2 Crón 9) cuenta la historia de la monarquía unida bajo David y Salomón, una sección que es más larga, en algunas páginas, que todo el resto de la historia, desde Roboam hasta el fin del exilio. Al concentrarse solamente en las dimensiones positivas de sus vidas, el autor también traslapa deliberadamente sus historias. Así Crónicas 10-21 cuenta la historia de David, 1 Crónicas 22-29 introduce a Salomón en la historia de David, al que David prepara para la construcción del templo, y 2 Crónicas 1-9 retoma entonces la historia de Salomón, quien construye el templo. El templo y la adoración correcta es el enfoque obvio en esta sección. Más de la mitad de la historia de David se ocupa de los preparativos (1 Crón 22-26; 28, 29) y más de dos tercios de la historia de Salomón con su construcción y dedicación (2 Crón 2-7).    

    Estos mismos intereses llevan a la tercera parte (2 Crón 10-36), que relata la historia de  Judá durante el periodo de la monarquía dividida. Aquí el lector notará un patrón más detallado: el éxito en la batalla y la prosperidad material están relacionadas directamente con la obediencia a Jehová, mientras que el fracaso se debe a la infidelidad o a la falta de confianza. La historia incluye el exilio, que termina con el edicto de Ciro, rey de Persia, que en cumplimiento de la profecía de Jeremías fue "comisionado" por Jehová "...para que le edifique un templo en Jerusalén..." (2 Crón 36:22, 23) y por consiguiente, invita al pueblo a levantarse. 


Recomendaciones específicas para la Lectura de Los Libros de 1 y 2 de Crónicas

    Al leer los libros de Crónicas será de ayuda el tener en mente los tiempos en los que escribió el cronista. La época fue la de la restauración, un período que empezó débilmente a finales del siglo VI A.C. con el proyecto del templo, pospuesto repetidas veces aunque finalmente terminado ( ver "Recomendaciones específicas de la lectura del  libro de Hageo, Zacarías y Esdras), y que realmente tomó fuerza solamente con las reformas sistemáticas de Esdras y Nehemías a mediados del siglo V. El cronista muy probablemente escribió en algún momento durante este período, un tiempo de crisis de identidad en la provincia persa de Judá. La restauración hasta aquí había estado muy lejos del "glorioso segundo éxodo"  revelado a Isaías (Isa 35:1-10; 40:1-11; 44:1-5). Ciro había inaugurado técnicamente la nueva era, que incluía la señal inicial de la reconstrucción de Jerusalén y del templo (Isa 44:28-45:5, 13). Pero de hecho solamente un puñado relativamente pequeño de judíos había regresado a su "tierra prometida", y el segundo templo no tenía la grandeza del de Salomón (Hag 2:3) ni había logrado todavía su gloria prometida (Hag 2:6-9). Mientras que la misma Jerusalén estaba en decadencia general con solamente unos cuanto habitantes (Neh 1; 11). Así pues, se había establecido un tiempo de malestar espiritual, incluyendo, en forma alarmante, un gran número de matrimonios interraciales (Esd 9, 10; una manera segura de perder la identidad nacional).       

    En este contexto entraron Hageo y Zacarías para exhortar sobre el trabajo de un sacerdote (Josué) y de un gobernador (Zorobabel). Una generación después fue un sacerdote (Esdras) y un gobernador (Nehemías) quienes intervinieron con su movimiento de reforma, y con mejores resultados. Dentro del mismo contexto general anda el cronista, que con un brillante recuento de la historia de Judá intenta darle a la generación de ese tiempo un sentido de continuidad con su pasado y enfocarla en el templo y en su adoración como el lugar donde la comunidad debe ser mantenida.

    Conforme avanza en la lectura, se dará cuenta de que sobresalen varios énfasis: el cronista está interesado en general en la dinastía davídica, y en el reino del norte solamente cuando está en alianza con Judá. En cuanto a Judá, su interés se enfoca en dos asuntos: la dinastía davídica (David y Salomón) y el templo en Jerusalén. Acerca del templo su interés se enfoca particularmente en la naturaleza y pureza de la adoración (más del 60% de la historia). Combinando estos énfasis con el hecho de que el libro termina con el edicto de Ciro para que el templo sera reconstruido, se puede ver dónde el autor piensa que está la esperanza para el futuro: es hacerlo bien esta vez, en cuanto al templo. 

    Pero hacerlo bien, para el cronista, no es solamente un asunto de ritual. Este énfasis se repite al dedicar "vuestro corazón y vuestra alma a buscar a Jehová vuestro Dios" (1 Crón 22:19; 29:17; 2 Crón 6:38; 7:10; 15:12) más un acento en cantar "con alegría" (1 Crón 15:16), que es de donde sale el énfasis de los levitas. El libro abunda en lenguaje de alabanza, acción de gracias y gozo por la bondad y amor de Dios. Note especialmente la triple repetición "porque es bueno; para siempre es su misericordia" (1) cuando el arca es traída a Jerusalén y luego (2) introducida en el templo, y (3) cuando el templo es consagrado (1 Crón 16:34; 2 Crón 5:13; 7:3). La presencia de Dios (desde el éxodo) es renovada de esta manera en Israel.         

    El cronista se concentra en el reino del Sur, sin embargo, no está en contra del Norte como tal. Más bien él cuenta la historia del Norte solamente en términos de su fracaso en adorar en el lugar escogido por Dios, a saber, el templo en Jerusalén. Por ejemplo, el cronista usa regularmente la expresión: "todo Israel", con la cual se refiere al Norte y al Sur unidos en fidelidad a la adoración en el templo en Jerusalén. A este respecto se verá cómo estos dos temas principales (la autenticidad de la dinastía davídica y el templo en Jerusalén) surgen en el discurso de Abdías en 2 Crónicas 13:4-12 como el verdadero punto de condenación contra Jeroboam y sus sucesores. Fíjese específicamente en la invitación de Ezequías al norte (ya no funcionando como una nación) - y la aceptación de algunos - para unirse una vez más en la adoración en Jerusalén, después que hubo purificado el templo (2 Crón 30:1-31:1). 

    Es también en relación a esto que se debe entender la presentación de David y Salomón por parte del cronista . Lo que a algunos puede parecer una especie de encubrimiento en sus vidas se entiende mejor cuando se concentra solamente en aquellas dimensiones de sus historias, que sirven como ideales para el pueblo como un todo (cuando ya no tienen un rey); también para los énfasis apropiados cuando viven para el futuro (adoración apropiada en el templo). El cronista sabe que sus lectores están conscientes de las faltas de estos reyes (Neh 13:26). Su interés está en enfocar la manera en que sus logros positivos pueden inspirar esperanza para un nuevo días. 

    Esta es también la manera en que se debe entender el énfasis en la narración del reino dividido, el que Dios bendice a los que lo obedecen y castiga a los que no lo hacen. Aunque la vida no es tan sencilla, el cronista sabe que ésta es una norma bíblica establecida desde el principio. Por consiguiente, se vuelve a narrar la historia para alentar esa lealtad en una nueva generación que vive en Jerusalén y en los alrededores (1 Crón 9).      

    Finalmente, se debe dar cuenta del interés del cronista en el papel de "las naciones". En medio del sentido actual de insignificancia de sus lectores, él les recuerda que no solamente están más naciones finalmente bajo el control de Jehová (Sisac rey de Egipto, 2 Crón 12:5-9; Ciro rey de Persia, 2 Crón 36:22, 23), sino que al colocar el Salmo 105 en medio de la narración de David (1 Crón 16:8-36) hace hincapié en que la bondad de Dios para con Israel será la fuente para darlo a conocer entre la naciones (recuerde la bendición de Abraham, Gén 12:3). 


Un Recorrido por los Libros 1 y 2 de Crónicas  

 1 Crónicas 1-9Las genealogías  
    Hay varias cosas importantes que notar mientras se examinan estas genealogías. Primera, el hecho de que el cronista empieza su narración de esta manera dice algo acerca de lo que él quiere que entienda la comunidad posterior al exilio: que ellos tiene continuidad con un pasado divinamente ordenado y que finalmente se remonta hasta la creación del mundo. 
    Segunda, fíjese que tanto el enfoque como la mayor cantidad de espacio se dedican a las tribus de Judá, Benjamín y Leví. Estas son las tribus sobrevivientes del reino del Sur que a su vez representan a la dinastía davídica, a Jerusalén y a la adoración apropiada en el templo. Ellas también dirigieron el regreso de Babilonia (Esdras 1:5); por consiguiente, el primer juego de genealogías (1:1-4:23) pasa por los hijos de Israel (2:1, 2) para entonces concentrarse principalmente en Judá (2:3-4:23) con la dinastía como su punto central (3:1-16) e incluyendo la línea real después del exilio (3:17-24), que es el tiempo de nuestro autor.
    Note cómo las genealogías de las tribus restantes (4:24-7:40) tienen a los levitas como su punto central (cap. 6), con énfasis especial en los músicos del templo (31-47). Finalmente, la genealogía de Benjamín se extiende en el capítulo 8 (7:6-12).
    El capítulo 9 no es una genealogía, sino una lista de los exiliados babilónicos que habían regresado, con énfasis especial en los levitas que ministraron en el templo. Fíjese que en 9:35-44 se repite la última parte de la genealogía benjamita (8:29-38) para introducir a Saúl al inicio de la propia narración.   
1 Crónicas  10-21 La monarquía unida, la historia de David
    Los intereses del cronista se hacen presente conforme se desarrolla esta sección, fijándose en su arreglo y énfasis. Empieza (cap. 10) con la muerte del fallido rey (Saúl) para introducir al gran rey (David) por medio del contraste. Luego en los capítulos 11 y 12 escoge y arregla diversos materiales de 2 Samuel (5:1-3, 6-10; 23:8-39) y de otras fuentes para enfatizar que "todo Israel" se unió para hacer rey a David (1 Crónicas 11:1-4; 12:38).
 En la siguiente sección (caps. 13-16) cuenta la historia del transporte del "arca del pacto de Jehová" (15:25) a Jerusalén. Note: 1) la manera en que continúa el tema de "todo Israel" (13:1-4), de aquí en adelante el autor extiende considerablemente 2 Samuel 6 al separar sus dos fases (1 Crón 13:1-14; 15:1-16:6) de modo que, en contraste con la muerte de Uza, puede concentrarse especialmente en el papel de los levitas con sus canciones alegres (15:2-24). 2) La manera en que culmina con un maravilloso collage  de porciones de tres salmos (1 Crón 16:8-36=Sal 105:1-15; 96:1-13; 106:1, 47, 48) que exaltan la grandeza de Dios en toda la tierra y sobre las naciones, y especialmente su bondad hacia su pueblo, y 3) la manera en que el salmo termina con un clamor a Dios de "! líbranos de las naciones!" (1 Crón 16:35, 36), a lo cual todo el pueblo dijo: "Amén" y "alabó a Jehová" (reflejando de esta manera la propia situación del autor). 
    Esto es seguido por el pacto davídico (cap.7) con su énfasis en Salomón como el que construirá "la casa de Dios", que es seguida a su vez (caps. 18-21) por un collage de 2 Samuel 8-12 de las guerras de David. El lector deberá fijarse especialmente en dos puntos aquí: 1) El significado de esta sección para explicar por qué el mismo David no pudo construir el templo - él era un hombre de guerra - (1 Crón 22:8), mientras que su hijo Salomón (cuyo nombre significa "paz") es un "hombre de paz y tranquilidad" (9) y 2) concluye con la única historia negativa de David (21:1-22:1) que era necesario relatar, pues la era de Arauna, que David rehusó como un regalo en vez de una compra, debía ser el sitio del templo (22:1).
1 Crónicas 22-29La monarquía unida: David y Salomón 
    El material en esta sección sirve como material esencial en la transición entre David y Salomón. Los intereses del cronista son enfatizados por la misma estructura. La sección central más grande (caps 23-27)trata de los preparativos de David y los levitas para la adoración en el templo. Estos son enmarcados por tres discursos de David (caps. 22; 28; 29), que llegan al corazón de los intereses del autor. El primero (22:5-16) es dirigido a Salomón mismo y repite la esencia del pacto davídico (17:10b-14), concentrándose especialmente en su llamamiento a construir el templo. El segundo (28:2-10) repite la esencia de esto para todos lo oficiales de Israel, mientras que el tercero (29:1-5) los convoca a seguir el propio ejemplo de David de dar generosamente para el proyecto. Termina así, con una bendición davídica y acción de gracias (10-19). Por lo tanto, el intento general es 1) designar a Salomón como el constructor comisionado divinamente y 2) asegurar el respaldo de "todo Israel" para su reinado y para la construcción del templo. De esta manera concluye con el reconocimiento de Salomón como rey para todo Israel (21-25) y con la muerte de David (26-30)   
2 Crónicas 1-9 La monarquía unida, la historia de Salomón
    Note dos cosas en particular al leer esta sección. Primera, toda la ambigüedad hacia Salomón que se encuentra en el libro 2 de Reyes ha sido quitada, puesto que sirve como ejemplo de devoción a Jehová en un punto esencial: fidelidad al templo como el lugar de verdadera adoración. Segunda, lo fuerte de esta sección y su punto central es (2 Crón 2-7): los preparativos para la construcción y dedicación del templo. Dos adiciones a la narración de 1 Reyes reflejan los intereses del cronista: 1) El tema dos veces repetido del salmo de David (1 Crón 16:34) en 2 Crónicas 5:13 y 7:3 - cuando el arca de la presencia de Dios reposa en el templo que está dedicado a él - realza la bondad de Dios para su pueblo; 2) el pasaje más conocido de este libro - la adicción a la respuesta de Dios a la oración de Salomón (2 Crón 7:13-16) - parece incluido especialmente para el beneficio de los lectores.    
 2 Crónicas 10-36 La monarquía dividida, la dinastía davídica
    El resto de la historia es sobre los reyes que sucedieron a Salomón. Además de continuar todos los temas de la narración hasta este punto ("todo Israel", la dinastía davídica, el lugar central del templo), aquí el cronista da énfasis especial a la intervención directa de Dios para bendecir  y juzgar sobre la base de los reyes "buscando", o "humillándose ante" Jehová, o de su "abandono" o "rechazo" de Jehová.
    Capítulos 10-12. Deben notarse tres cosas en el relato de Roboam que hace el cronista: 1) El reino dividido es una acción de Jehová (11:2-4); 2) a pesar de estar seguido inmediatamente por el tema de todo Israel que viene a Jerusalén a sacrificar (11:5-17); y 3) el nuevo tema del juicio por abandonar a Jehová empieza con Roboam y los líderes de Israel (12:2-5). 
    Capítulo 13. Note la manera en que el autor usa un discurso de  Abdías a Jeroboam e Israel (13:4-12) para adelantar su propio énfasis: Jehová ha dado el reino a David y a sus descendientes para siempre (5),y la verdadera adoración ocurre solamente en Jerusalén en el templo (10-12). Tiempo después las tribus del norte son incluidas cuando se unen a Judá en Jerusalén (15:9-15) o cuando son invitadas a hacerlo así (29:1-21:1). Note también que fue cuando el pueblo clamó a Jehová que "Dios desbarató a Jeroboam" (13:14, 15).
    Capítulos 14-16. En el relato más largo de Asa, observe dos énfasis: 1) que Asa "invocó a Jehová su Dios" (14:11), ante lo cual Dios respondió desbaratando a los cusitas (12), y 2) en respuesta a la palabra profética. Asa instituyó una reforma con respecto al templo y a la adoración apropiada (cap.15). Note también que su largo reinado termina en una nota amarga debido a no depender de Jehová (16:1-9, 11, 12) y a la opresión de algunos del pueblo (16:10).    
    Capítulos 17-20. En el aún más largo relato de Josafat, fíjese en que él es alabado porque en sus primeros años "anduvo en los primeros caminos de se padre David" (17:3-6), que encontró expresión entre los levitas instruyendo al pueblo mediante la ley (17:7-9; 19:4-11). El centro de interés de esta narración es la derrota de Moab y de Amón (20:1-30) que está marcada por un discurso en el templo (4-19) y acción de gracias, canto y alabanza de las tropas (20-26). Pero esta narración está en medio de una alianza impía con Israel (18:1-19:3; 20:31-37), que lo lleva a su caída final.
    Capítulos 21-24. Luego vienen dos reyes malvados, Joram y Ocozías, que se aliaron con Acab (2:1-22:9). Ocozías "hizo lo malo en te los ojos de Jehová" (22:4) por esto "la caída de Ocozías...ocurrió de parte de Dios" (7). Aun así, la dinastía sigue por causa del pacto de Jehová con David (21:7; 23:18). El relato de Joás se concentra en dos temas: el rescate divino de la dinastía davídica (22:10-23:21) y la reparación del templo (24:1-16). Note que los dos destacan el ministerio del sumo sacerdote Joyada, después de cuya muerte Joás queda bajo la influencia de oficiales que habían abandonado a Jehová (24:17-27), al punto de matar al hijo de Joyada. Desafortunadamente, el hijo de Joás sigue estos últimos pasos.
    Capítulos 25-28. Joás es seguido por dos reyes (Amasías y Uzías), hacia los cuales el cronista muestra una ambigüedad considerable.  Ellos a su vez son seguidos por uno que es alabado (Jotam) y otro que es condenado (Acaz).  Note cuán minucioso es el tema aquí en cuanto a bendiciones o juicios basados en la lealtad o deslealtad de los reyes hacia Jehová. Observe especialmente que esta serie termina con Acaz cerrando las puertas del templo de Jehová (28:24). 
    Capítulos 29-32. Llega Ezequías, cuya historia se concentra en la purificación del templo; aquí es donde se encuentran todos los temas señalados antes en la introducción a 2 Crónicas 10-36, reunidos en este buen rey. 
    Capítulos 33-36. Finalmente, después de Manasés, un rey malo que se arrepiente al final y su hijo Amón, que no arrepiente, viene la historia de Josías, en la que el cronista se concentra nuevamente en una gran renovación de la Pascua, llamando la atención especialmente al papel central de los sacerdotes y levitas (35:1-19). Con la muerte de Josías el libro avanza rápidamente por los últimos cuatro reyes hasta la caída de Jerusalén, pero dado el énfasis del cronista, no es de sorprender que las palabras finales en el libro nos recuerdan el decreto de Ciro de que el templo será reconstruido (36:23).  

Libro: "Cómo leer la Biblia libro por libro" por Gordon D. Fee y Douglas Stuart