Lugares clave de 2 Crónicas




Gabaón

Salomón, el hijo de David, se convirtió en rey de Israel. Convocó a los líderes de la nación a una ceremonia en Gabaón. En ese lugar, Dios le dijo a Salomón que pidiera lo que quisiera. Salomón pidió sabiduría e inteligencia para gobernar a Israel (1:1-12).  






Jerusalén

Después de la ceremonia en Gabaón, Salomón regresó a la ciudad capital, Jerusalén. Su reino comenzó una edad de oro para Israel. Salomón puso en práctica los planes para el templo redactados por su padre David. Fue una construcción imponente. Simbolizaba la riqueza y sabiduría de Salomón, las cuales llegaron a ser famosas en todo el mundo (1:13-9:31).





Siquem

Después de la muerte de Salomón, su hijo Roboam estaba listo para ser coronado en Siquem. Sin embargo, su promesa de grandes impuestos y trabajo más pesado para el pueblo originaron una rebelión. Todas menos la tribu de Judá y de Benjamín desertaron y establecieron su propio reino hacia el norte llamado Israel. Roboam regresó a Jerusalén como gobernador sobre el reino del sur llamado Judá (10:1-12:16). El resto de 2 Crónicas registra la historia de Judá.





Monte Efraín

Abías llegó a ser el siguiente rey de Judá, y pronto se desató la guerra entre Israel y Judá. Cuando los ejércitos de ambas naciones llegaron para luchar en los montes de Efraín, Israel tenía el doble de tropas que Judá. Parecía que la derrota de Judá era segura. Pero clamaron a Dios, y Él les dió la victoria sobre Israel. En su historia como naciones separadas, Judá tuvo pocos reyes que siguieron a Dios y que instituyeron reformas y llevaron al pueblo de regreso a Dios. Sin embargo, Israel, sólo tuvo una sucesión de reyes malvados (13:1-22).





Siria

Asa, un rey bueno, retiró todo huella de idolatría de Judá y renovó el pacto del pueblo con Dios en Jerusalén. Pero el rey Baasa de Israel construyó un fuerte para controlar el tráfico hacia Judá. En vez de buscar la guía de Dios, Asa tomó la plata y el oro del templo y se lo envió al rey de Siria para pedir su ayuda en contra del rey Baasa. Como consecuencia, Dios se enojó con Judá (14:1-16:14).





Samaria

A pesar de que Josafat fue un rey bueno, se alió con Acab, el rey más malvado de Israel. LA capital de Acab estaba en Samaria. Acab quería ayudar a pelear por Ramot de Galaad. Josafat quería un consejo, pero en vez de escuchar al profeta de Dios que había prometido derrota, se unió a Acab en la batalla (17:1-18:27).





Ramot de Galaad

La alianza con Israel en contra de Ramot de Galaad terminó con la derrota y la muerte de Acab. Aun cuando fue sacudido por su derrota, Josafat regresó a Jerusalén y a Dios. Pero su hijo Joram fue un rey malvado, como lo fue su hijo Ocozías. Y la historia se repitió. Ocozías formó alianza con el rey Joram de Israel (que tenía el mismo nombre de su hermano) para luchar en contra de los sirios en Ramot de Galaad. Esto llevó a la muerte de ambos reyes (18:28-22:9).





Jerusalén

EL resto de la historia de Judá, registrada en 2 Crónicas se centra en Jerusalén. Algunos reyes ocasionaron que Judá pecara al traer la idolatría a su nación. Otros la limpiaron de ella, volvieron a abrir y a restaurar el templo y, en el caso de Josías, trataron de seguir las leyes de Dios tal como fueron escritas por Moisés. A pesar de las pocas influencias buenas, una serie de reyes malvados enviaron a Judá a una espiral descendente que terminó con la invasión por el Imperio Babilónico. El templo fue quemado, las paredes de la ciudad fueron destruidas y la gente fue deportada a Babilonia.     





La Batalla de Carquemis

En 609 a.C. se gestaba una guerra mundial cuando el Faraón Necao de Egipto salió hacia la ciudad de Carquemis para unirse a los asirios en un intento por derrotar a los babilonios que estaban volviéndose muy poderosos. Necao marchó con sus ejércitos a través de Judá, donde el rey Josías trató de detenerlo en Meguido, pero fue muerto. La batalla comenzó en Carquemis en 605 a.C. y los egipcios y asirios fueron derrotados grandemente, perseguidos hasta Hamat y derrotados otra vez. Babilonia era ahora la nueva potencia mundial.   




Desterrados a Babilonia

A pesar de los pocos reyes buenos de Judá y de las reformas oportunas, el pueblo nunca cambió. Su maldad continuó y finalmente Dios utilizó al Imperio Babilónico, bajo el gobierno de Nabucodonosor, para que conquistara Judá, destruyera Jerusalén y tomara cautivo al pueblo en Babilonia.