Esta área le fue dada a Jacob y a su familia cuando se trasladaron a Egipto (Génesis 47:5,6). Se convirtió en la tierra natal de los hebreos durante cuatrocientos años, y permaneció separada de los principales centros egipcios, ya que la cultura egipcia veía con desprecio a los pastores y nómadas. Según pasaron los años, la familia de Jacob creció hasta llegar a ser una gran nación (1:7). 



Pitón y Ramesés. 

    Después de cuatrocientos años, llegó al trono un Faraón que no tuvo respeto alguno por estos descendientes de José y temía su gran número. Los hizo esclavos para oprimirlos y subyugarlos.Como resultado del trabajo de los esclavos, fueron construidas las ciudades de almacenaje de Pitón y Ramesés (1:11).



Madián. 

    Moisés, príncipe egipcio que nació hebreo, mató a un oficial egipcio y huyó para salvar su vida a la tierra de Madián. Ahí se convirtió en pastor y se casó con una mujer llamada Séfora. Fue mientras estuvo allí que Dios lo comisionó para la tarea de sacar al pueblo hebreo de Egipto (2:15-4:31). 



Baal-zefón. La esclavitud no prevelecería, ya que Dios planeó liberar a su pueblo. Después de elegir a Moisés y a Aarón para ser sus voceros ante Faraón, Dios realizó una serie de milagros dramáticos en la tierra de Egipto para convencer a Faraón de que dejara salir a los hebreos (5:1-12:33). Finalmente, cuando fueron liberados, la nación entera salió con las riquezas de Egipto (12:34-36). Una de sus primeras paradas fue en Baal-zefón (14:1), donde Faraón, que había cambiado de parecer, persiguió a los hebreos y los atrapó a orillas del Mar Rojo. Pero Dios partió las aguas y guió al pueblo a través del mar sobre tierra seca. Cuando el ejército de Faraón trató de seguirlos, las aguas se cerraron alrededor de ellos y se ahogaron (14:5-31).    


Mara. 

    Ahora Moisés conduce al pueblo hacia el sur. La larga peregrinación a través del desierto trajó consigo, a causa de las altas temperaturas, gargantas sedientas. En Mara, el agua que encontraron era amarga, pero Dios la endulzó (15:22-25).




Elim. 

    A medida que continuaron su viaje, los hebreos (ahora llamados israelitas) llegaron a Elim, un oasis con doce manantiales (15:27).



Desierto de Sin. 

    Al salir de Elim, el pueblo se dirigió hacia el desierto de Sin. Aquí el pueblo tuvo hambre, así que Dios les dio maná que venía del cielo y cubría toda la tierra cada mañana (16:1, 13-15). El pueblo comió este maná hasta que entraron en la tierra prometida. 



Refidim. 

    Moisés guió al pueblo a Refidim, donde no encontraron agua. Pero Dios milagrosamente se las proporcionó de una roca (17:1,5,6). Aquí los israelitas se toparon con su primera prueba en una batalla: el ejército de Amalec atacó y fue derrotado (17:9-13). El suegro de Moisés, Jetro, llegó a la escena con algunos sabios consejos acerca de la delegación de responsabilidades (18). 



Monte Sinaí. 

    Anteriormente Dios se había aparecido a Moisés en este monte y lo había comisionado para guiar al pueblo de Israel (3:1, 2). Ahora Moisés regresó con el pueblo que Dios le había pedido que guiará. Por casi un año el pueblo acampó al pie del monte Sinaí. Durante este tiempo, Dios dio los Diez Mandamientos así como otras leyes para una vida recta. Además proporcionó el anteproyecto para la construcción del tabernáculo (19-40). Dios estaba formando una nación santa, preparada para vivir y para servirle a Él solamente.

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