La historia de Josué comienza con los israelitas acampando en Sitim. Los israelitas bajo el mando de Josué estaban listos para entrar en Canaán y conquistarla. Pero antes de que la nación emprendiera la marcha, Josué recibió instrucciones de Dios (1:1-18).



Río Jordán

    Toda la nación se preparó para cruzar este río, que estaba crecido por las lluvias de primavera. Después de regresar los espías de Jericó con un informe positivo. Josué preparó a los sacerdotes y al pueblo para ver un milagro. Cuando los sacerdotes entraron al Jorán llevando el arca del pacto, el agua se detuvo y toda la nación pasó en seco a la tierra prometida (2:1-4:24).  



Gilgal

    Después de pasar el Jordán, los israelitas acamparon en Gilgal en donde renovaron su compromiso con Dios y celebraron la Pascua, la fiesta solemne que conmemoraba su liberación de Egipto (véase el libro de Éxodo). Mientras Josué hacía planes para el ataque  a Jericó, un ángel se le apareció (5:1-15). 



Jericó

    La ciudad amurallada de Jericó  parecía un enemigo formidable. Pero cuando Josué siguió los planes de Dios, los grandes muros no presentaron ningún obstáculo. La ciudad fue conquistada simplemente con la marcha obediente del pueblo (6:1-27).     




Hai

    La victoria no podía continuar sin la obediencia a Dios. Por eso la desobediencia de un hombre, Acán, causó la derrota de toda la nación en la primera batalla contra Hai. Pero una vez que el pecado fue reconocido y castigado, Dios le dijo a Josué que se animara y atacará de nuevo a Hai. Esta vez tomaron la ciudad (7:1-8:29). 


 

Montes de Ebal y Gerizim.

    Después de derrotar Hai, Josué edificó un altar en el monte Egal. Entonces el pueblo se dividió, una mitad al pie del monte Ebal y la otra mitad al pie del monte Garizim. Los sacerdotes estaban de pie entre los montes llevando el arca del pacto, mientras Josué leía la ley de Dios a todo el pueblo (8:30-35).



Gabaón

    Fue justamente después de que los israelitas hubieron reafirmado su pacto con Dios que sus líderes cometieron un gran error: les engañaron para que celebraran un tratado de paz con la ciudad de Gabaón. Los gabaonitas fingieron haber viajado desde lejos y pidieron celebrar en tratado con los israelitas. Los líderes celebraron el tratado sin consultar a Dios. Poco después se descubrió el engaño, pero como el tratado ya se había formalizado, Israel no podía echarse atrás. Como resultado, los gabaonitas salvaron sus vidas, pero se vieron forzados a convertirse en esclavos de Israel (9:1-27).



Valle de Ajalón

    El rey de Jerusalén se enojó mucho con los líderes de Gabaón por haber celebrado un tratado de paz con los israelitas. El reunió a los ejércitos de otras cuatro ciudades para atacar. Gabaón le pidió ayuda a Josué. Josué actuó de inmediato. Saliendo de Gilgal atacó a la alianza de ejércitos por sorpresa. La batalla siguió y se trasladó al valle de Ajalón, y Josué le pidió a Dios que se detuviera el sol hasta que el enemigo pudiera ser destruido (10:1-43).



Hazor

    Al norte, en Hazor, el rey Jabín movilizó a los reyes de los ciudades circundantes para unirse y derrotar a Israel. Pero Dios dio la victoria a Josué y a Israel (11:1-23).



Silo. 

    Después de conquistar a los ejércitos de Canaán, Israel se reunió en Silo para erigir el tabernáculo. Este edificio portátil había sido el centro de adoración de la nación durante sus años de peregrinación en el desierto. Se les dieron sus porciones a las siete tribus que no habían recibido sus tierras (18:1-19:51).




Siquem

    Antes de morir Josué, llamó a toda la nación a reunirse en Siquem para recordarles que Dios les había dado la tierra y que sólo Dios les ayudaría a conservarla (24:1-33).