Métodos de Estudio Bíblico




El Método Inductivo


El método inductivo no se emplea únicamente para el estudio de las Escrituras; es también muy usado en la investigación de las ciencias experimentales y se basa en tres principios de operación:


  1. La Observación - Descubrir lo existente

  2. La interpretación - Determinar su significado

  3. La Aplicación - Apropiar los resultados


Por observación entendemos el acto de considerar con atención el estudio intenso de algún objeto, asunto o relato; la percepción imparcial de los detalles. Raras veces aplicamos este principio durante la lectura de la Biblia. Vemos, leemos y avanzamos, pero sin observar. La práctica de la observación es indispensable, porque nos permite saturarnos del contenido del pasaje. Por eso debemos formarnos este hábito de tal manera que nunca leamos una frase o pasaje bíblico sin observarlo cuidadosamente. Consta de cuatro partes principales:


a) La observación de  palabras o términos. La Biblia contiene miles de palabras con significado oscuro o desconocido. Otras veces las palabras se usan en un sentido figurado y no quieren decir en el pasaje lo que significan en el uso común. Y es necesario también que separemos las palabras por sus categorías gramaticales, tales como verbos, adjetivos, sustantivos, adverbios, etc.


b) La observación de las relaciones entres las palabras. Cada pasaje está formado por palabras; éstas a su vez se agrupan en distintas unidades gramaticales como cláusulas, frases, oraciones, párrafos, segmentos, etc; a ellos se les llama estructura. Estas son perceptibles o imperceptibles. Las primeras son aquellas en las cuales las palabras revelan una estructura interior obvia, como en el caso de las palabras “sino que” (Ro 2:29), las cuales indican que se encuentra en desarrollo un argumento. Será preciso buscar dónde principio éste y hasta dónde llega. Las estructuras imperceptibles son como el contraste un tanto escondido entre las vidas de David y Saúl en 1 S 9:31.


Las estructuras se relacionan entre sí por medio de las palabras que adoptan la función de “eslabones”. Existen eslabones de tiempo como “entonces”, en Juan 9:25; “cuando” en Mt 26:1; “después” en Lc 5:27, etc. También los hay geográficos, como “donde”; lógicos, como “porque”, “por”, “ya que”, “por tanto”, así entonces”, etc.; de contraste como “pero”, “mucho más”; “sin embargo”, “de otra manera”; de comparación, como “también”, “igual a”; “así también”, etc.; condicional, como “si”; y de énfasis como “de cierto”, “solamente”, etc.


c) La observación de formas literarias generales. Nos interesa fijarnos en la forma literaria que posee el pasaje que estudiamos. Puede ser prosa, poesía, drama, parábola, literatura apocalíptica, etc. La observación de su forma básica para el proceso de interpretación vendrá después.


d) La observación de la atmósfera. Con esto queremos decir el espíritu o énfasis que prevalece a través del pasaje. En la mayoría de los casos no se especifican, pero salta a la vista. Es común que un pasaje posea más de una atmósfera. Puede ser de compasión, tristeza, dolor, amor, alegría, gratitud, humildad, ternura o alguna otra.


El segundo principio de este método es la interpretación. El propósito aquí es determinar el significado de lo que el autor escribió. Pudiéramos decir que es un acto de re-creación, puesto que pretendemos captar de nuevo las actitudes, pensamientos, emociones o propósitos del autor cuando primero escribió el pasaje. En este caso la imaginación se convierte en una valiosa herramienta que nos ayuda a transportarnos a los tiempos bíblicos y sentir, pensar y actuar, como lo hicieron los escritores. Como la imaginación es sumamente volátil, conviene ejercer cautela para no caer en el error de interpretar equivocadamente, como algunos la han hecho. Existen interpretaciones defectuosas; por ejemplo, la fragmentaria, la dogmática, la racionalista, la mitológica, alegórica, literalista, etc. El proceso de la interpretación gira alrededor de tres puntos principales:             


1) La formulación de preguntas interpretativas. Estas son las que surgen durante el proceso anterior de observación, cuando nos preguntamos el significado de las palabras, la estructura en alguna parte del pasaje, su forma literaria, o la atmósfera. Por ejemplo:


Salmo 51:6

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en secreto me has hecho comprender sabiduría.



Preguntas interpretativas:


¿Qué tipo de eslabón es he aquí? ¿Quién es tú? ¿en qué tiempo está el verbo amar? ¿Qué es verdad en lo íntimo? ¿A qué secreto se refería? ¿Qué atmósfera hay aquí? ¿Qué forma literaria?, Etc.  



2) La obtención de las respuestas interpretativas. Es decir, las contestaciones a las preguntas anteriores. Formular preguntas es realmente fácil, lo difícil es contestarlas. Para eso el estudiante debe estar dotado de cuando menos tres cualidades esenciales:   

1) Sentido espiritual - de tal manera que sus respuestas concuerden con la Palabra de Dios. 

2) Sentido común para controlar nuestra imaginación y evitar respuestas exageradas o estrafalarias.  

3) Experiencia. EL autor del pasaje escribió de acuerdo con su experiencia de la vida, y nuestra experiencia nos ayudará para que las  respuestas concuerdan con el propósito original del autor.  



3) El resumen de la interpretación. Es el momento de reunir y organizar el resultado de nuestro trabajo. Esto se puede lograr de varias maneras:

1) Formulando una lista de las enseñanzas descubiertas en el pasaje, las cuales pueden ir por orden de importancia, o por el orden en que 

aparecen.

2) Dando a las diferentes estructuras un título que describa su contenido.

3) Formulando un bosquejo de pasaje.

4) Escribiendo una paráfrasis del texto bíblico.

5) Elaborando un diagrama o esquema que incluya divisiones, títulos y otros datos importantes.



Estamos listos ahora para trabajar en el tercer principio del método inductivo, que es la aplicación. Consiste de dos pasos esenciales:


La evaluación. Este es el proceso por medio del cual establecemos si las enseñanzas del pasaje son de valor contemporáneo o si su importancia corresponde únicamente a la época o al lugar en que fueron escritas. Por ejemplo, el pacto de la circuncisión que Dios estableció con Abraham (Gn 17:10-14), ha quedado abrogado a partir del Nuevo Testamento y ya no tiene valor. Las enseñanzas del apóstol Pablo sobre la carne ofrecida a los ídolos (1 Co 8), es dudoso que pudiera ser de valor para nuestra cultura y así sucesivamente.


a) La aplicación. Apoyado en la evaluación anterior, este paso consiste en adaptar las enseñanzas del pasaje a nuestras circunstancias particulares y en apropiar lo que sea de utilidad a nuestra vida personal. A manera de ejemplo de este método, he aquí un resumen del proceso completo, según el pasaje del Salmo 51: 1, 2.


1. Observación:

a. De palabras o términos:

Piedad, Dios, conforme, misericordia, multitud, piedades, borra, rebeliones, lávame,

                    maldad, límpiame, pecado.


b. Relaciones entre las palabras:

Varias frases y oraciones que forman estructuras perceptibles.

Eslabones de modo: conforme; de cantidad: y.


c. De formas literarias:

Poesía.


d. De la atmósfera:

Remordimiento, arrepentimiento, confesión.


2. Interpretación:

a. Preguntas interpretativas: 

¿Por qué pide perdón David? ¿Qué concepto tenía David de la misericordia de Dios? ¿Cuáles eran sus rebeliones, su maldad y su pecado? ¿Cómo pensaría David que Dios podía lavarlo y limpiarlo?


Respuestas interpretativas:

A través del estudio de 1 y 2 de Samuel , 1 de Crónicas y el libro de los Salmos, donde se narra la vida de David; Podremos dar contestación a las preguntas interpretativas. 


b. Resumen de interpretación:  


1. Responde a la pregunta “qué quiere decir el texto que estoy leyendo?”


2. Más específicamente, trata de descubrir la intención única del escritor de ese pasaje, en ese momento histórico, para esa audiencia en particular, y bajo las circunstancias de ese momento.


3. El enfoque es el pasado, y el contexto del escrito (¿que significó?)


4. Se basa en hacerle preguntas al texto (pero distintas que observación- “Por qué?”. “Qué quiso decir el autor...?”, “Que entendieron los Corintios?


5.  Usas ciertas reglas de “hermenéuticas” aplicadas en orden para lograr la correcta interpretación del pasaje.


3. Aplicación:


a. La evaluación:


Determinar hasta qué punto las enseñanzas obtenidas durante el proceso de la interpretación son aplicables a individuos del siglo veinte.


b. La aplicación:


Dar una aplicación práctica y personal a las enseñanzas obtenidas del pasaje. Por ejemplo, una enseñanza puede ser que David era un pecador, pidió perdón a Dios y Él le perdonó. Aplicación: Yo soy pecador, si pido perdón a Dios, también me perdonará.


El Método Analítico


La palabra analítico tiene su origen en el término griego analysis, que significa “descomposición”. En el estudio de la Biblia quiere decir separar o desmenuzar las partes de un pasaje con el fin de arribar a la médula de su contenido. El método opuesto es el Sintético, en el cual se realiza la labor contraria, esto es, se resume y compendian las enseñanzas para poseer un cuadro general y completo de una determinada porción bíblica.


Para algunos, analizar la Escritura significa estudiar ciertas palabras, frases a pensamientos de un segmento bíblico que les llama la atención. Pero esto no es lo que propiamente se llama método analítico. El análisis de que hablamos principia con una porción entera, que en este caso invariablemente debe ser un párrafo  hasta la frase o pensamiento que nos interesa en particular. No es una investigación de unas cuantas palabras, sino un estudio a fondo de toda la unidad gramatical.


La gran utilidad de este método reside en que el estudiante se ve forzado a analizar el texto bíblico y no los comentarios sobre la Biblia. La tendencia popular es leer el mayor número posible de libros sobre el pasaje que deseamos entender. Pero eso no es estudiar la Biblia, sino tomar de lo que los hombres han escrito de ella. Esta actitud puede ser causada por la simple indolencia mental o por un sentimiento de incapacidad. El mejor remedio para ambos es la determinación inquebrantable de trabajar, tal vez lentamente, pero sin desmayar.  


Tres son los pasos principales del proceso analítico:  

1. El examen estructural - Reorganización del texto bíblico.

2. El bosquejo del contenido - presentación sistemática de los pensamientos del escritor.

3. Las observaciones - Búsqueda de enseñanza pertinentes.  


Merril C. Tenney, ilustra la equivalencia de los tres pasos es esta forma: “El análisis material es como preparar los manjares que han de ser servidos, el bosquejo es como extender la mesa y arreglar los cubiertos; y las observaciones o aplicaciones personales son las tajadas que el comensal selecciona para llenar su plato”. El primer paso consiste entonces, en colocar en orden lógico las declaraciones del escritor, de tal manera que a simple vista podamos tener todo el desarrollo de su pensamiento en forma bien organizada. Para lograr esto, será preciso desgranar los versículos en sus declaraciones principales y cláusulas subordinadas. He aquí un ejemplo:


1 Juan 5:1-5:


1 Todo aquel que cree que Jesús

es el Cristo, es nacido de Dios;

y todo aquel que ama al que engendró,

ama también al que ha sido engendrado por él.


2 En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios,

cuando amamos a Dios,

y guardamos sus mandamientos.


3 Pues este es el amor a Dios,

que guardemos sus mandamientos;

y sus mandamientos

no son gravosos.


4 Porque todo lo que es nacido de Dios

vence al mundo;

y esta es la victoria

que ha vencido al mundo,

nuestra fe.


5 ¿Quién es el que vence al mundo,

sino

el que cree que

Jesús es el hijos de Dios?




Observe que las declaraciones principales, preguntas o instrucciones, se colocan en el extremo izquierdo de la hoja. De todo lo que el autor está diciendo, esto es lo más importante. Después siguen las cláusulas subordinadas, las cuales dependen de una declaración principal anterior. Existen casos como el versículos 1, en que la cláusula subordinada posee otra cláusula que depende de ella: “ama también al que ha sido engendrado por él”. En esta forma, y sin necesariamente ceñirnos a la puntuación del texto según aparezca en la versión que estemos usando, nos dedicamos primero a la reestructuración del  contenido del pasaje, colocando sus declaraciones por orden de importancia y dejando ver la conexión que existe entre las diferentes cláusulas.


El segundo paso de análisis consiste en formar un bosquejo. La tarea es relativamente sencilla, en vista de la organización que ya hemos hechos del material. Este bosquejo debe apegarse al texto lo más posible, de manera que podamos presentar en forma sistemática el pensamiento del escritor. He aquí un bosquejo del párrafo de arriba.


La victoria del creyente


I. El que cree que Jesús es el Cristo

A. Es nacido de Dios


II. El que ama a Dios

A. Ama al que él engendró (Jesús)

1. Si amamos a Dios

a. Guardamos sus mandamientos

b. Sabemos que amamos a los hijos de Dios.

B. El amor de Dios consiste en

1. Que guardemos sus mandamientos

a. Estos no son gravosos

III. El que es nacido de Dios

A. Vence al mundo.

1. ¿Qué vence al mundo?

a. Nuestra fe

2. ¿Quién vence al mundo?

a. El que cree que Jesús es el Hijos de Dios.



Estamos listos para proceder al tercer paso. La observación deberá girar en torno a siete preguntas fundamentales. Las respuestas a estas constituirán el verdadero fruto del estudio analítico. Las preguntas son: ¿Qué?  ¿Cuándo?  ¿Dónde?  ¿Cómo?  ¿Por qué?  ¿Quién? y ¿Por qué? En el caso de la primera debemos formular una lista con los conceptos o ideas que se mencionan. Como respuesta a la segunda pregunta, debemos anotar todas las alusiones al tiempo. La tercera tiene que ver con los lugares mencionados y así sucesivamente. De esta manera contestaremos cada una de las preguntas, almacenando así considerable información sobre el contenido del pasaje, al final del cual estaremos listos para realizar las conclusiones finales que puedan aplicarse a nuestra vida personal.





El Método Sintético


A este sistema de estudio bíblico también se le conoce como “el método del Dr. Gray”, debido a que este célebre siervo de Dios, por muchos años decano del Instituto Bíblico Moody en Chicago, escribió un libro entero cubriendo de Génesis a Apocalipsis, basado en tan singular método. Ya dijimos que el estudio sintético es la labor de compendiar o resumir lo más posible un pasaje, para obtener un cuadro general, pero completo.


El Dr. Gray habla a favor de este tipo de estudio y dice que si, por ejemplo, fuéramos a estudiar geografía, “miraríamos primero un globo o un mapamundi y después de dar una mirada al todo, de manera más inteligente podríamos considerar los hemisferios, continentes y naciones y por último, las sierras, ríos y lagos. Sería absurdo, tedioso y difícil, si fuéramos a principiar al revés y sin embargo, ése es el sistema que muchos emplean en su estudio bíblico”.


La piedra angular de este método es la lectura repetida de un libro de la Biblia a la vez. Se aduce que las Escrituras fueron escritas libro por libro y como tal se deben leer. La división en los versículos, párrafos, y capítulos, con añadiduras posteriores a los manuscritos, y no se deben tomar muy en cuenta. Durante las repetidas lecturas de un libro, se recomienda tener en mente tres distintos aspectos:  


1. El tema central del autor

2. El desenvolvimiento del tema

3. El bosquejo del contenido



1. Trabajaremos en el libro de Job aplicando los pasos anteriores, y observaremos la forma cómo se puede arribar a la comprensión fundamental de su contenido. Las primeras ocasiones que lo leamos, buscaremos su tema central. Tal vez nos parezca que ese tema puede ser el significado de la lucha entre el bien y el mal y sus resultados, bajo el gobierno de un Dios sabio y todopoderoso. La falta de espacio nos impide presentar una lista detallada de los pasajes en que se apoya este tema, pero dos o tres lecturas del libro entero nos mostrarán que así es.  


2. El siguiente paso consiste en leer Job nuevamente, ahora con el tema central en mente observando cómo el autor desenvuelve su argumento. Notaremos que el libro se encuentra escrito tanto en prosa, como en metro poético. También, se inicia con la narración de la tragedia de un hombre dentro del contexto de su hogar. De allí sería fácil avanzar considerando algunos temas secundarios que constituyen, por así decir, el andamiaje del argumento del autor; estos incluyen: La seguridad de los amigos de Job de que su tragedia era resultado directo de su pecado; la enconada defensa que Job hace de su inocencia; la búsqueda de una contestación a la pregunta, ¿Por qué sufre el justo?; la enseñanza de la paciencia de Job; la necesidad de arrepentimiento de parte de aquel a quien Dios aun consideraba justo; y en la penumbra de este gran drama, la obra insidiosa y artera del enemigo de nuestras almas, Satanás.


3. Con el material anterior cuidadosamente anotado, estamos listos para formular un bosquejo. Como se ha podido ver hasta aquí, la organización del material bíblico es siempre un proceso fundamental e imprescindible para el estudio provechoso. El Dr. Gray bosqueja el libro de Job en esta forma:


I.   El prólogo                                                Caps. 1, 2

II.  El diálogo                                        Caps 3-31

III. Las palabras de Eliú                               Caps. 32-37

IV. Las palabras del Todopoderoso            Caps. 38-41

V.  La respuesta de Job                              Caps. 42:1-6

VI. El epílogo                                       Caps. 42:7-17



Para elaborar el bosquejo resulta ser de gran ayuda tomar en cuenta la división de capítulos, párrafos y versículos, ya que el estudiante necesita encontrar las unidades de pensamiento para irlos acomodando en forma organizada. En algunos libros esta es empresa fácil, mientras que en otros pone a prueba nuestra paciencia. Es útil también para la construcción del bosquejo darles un título corto, pero descriptivo, a todos los párrafos del libro. Descubriremos que esto simplifica nuestra labor.   


Sugerencias generales para facilitar el trabajo con este método:


1. Cada vez que se lea el libro, léase completo y de una sola vez, a fin de mantener frescos todos los detalles de su contenido.


2. No haga uso de libros de consulta. Satúrese solo del texto bíblico y luche porque su mente trabaje con diligencia en los descubrimientos necesarios.


3. Cada vez que lea el libro, procure enfocar la mente en un aspecto distinto de la narración - puede ser el histórico, doctrinal, geográfico o biográfico.


4. Al leer, transportarse mentalmente a la época, las circunstancias y el trasfondo del escritor.



EL Método Crítico


La palabra crítico proviene del término griego krino, que quiere decir juzgar. Así entonces, se llama Crítica Bíblica a “la ciencia que busca por medio de una detallada y cuidadosa encuesta, establecer las palabras exactas de los manuscritos originales de la Biblia, por la evidencia externa de manuscritos, versiones y citas, y determinar la composición, fecha, paternidad literaria y valor histórico, según se encuentra juzgado por la evidencia interna”. Se divide en dos clases o ramas principales: la crítica baja y la crítica alta. Estas también reciben los nombres de Histórica y Textual, respectivamente. En vista de que estos últimos dos nombres son más descriptivos, los emplearemos aquí.


Como su nombre lo indica, la crítica textual es la que se encarga de verificar la exactitud del texto bíblico. Nuestra seguridad de que la Biblia es la Palabra de Dios se encuentra basada principalmente en la confianza de que el texto original no ha sufrido alteraciones al copiarse y traducirse. “Sin embargo, no existen dos copias que sean exactamente iguales, y mientras más grande sea el número de copias, mayor será el número de diferencias (o variantes) entre ellas. El problema del erudito, entonces, consiste en escudriñar todo el material, descubrir los errores y tratar de determinar lo que el autor bíblico inspirado realmente escribió. Aun cuando esto se presenta como una labor formidable y una en la cual nunca se podrá obtener seguridad absoluta, el estudio cuidadoso ha conducido a los eruditos a  abrigar un noventa y cinco por ciento de seguridad acerca de cómo leía el texto original”.


Por lo que toca a la crítica histórica, se ocupa de trabajar empleando los resultados de la crítica textual. Aceptando como un hecho que se posee el texto correcto, procede a confirmar las afirmaciones que el texto hace en relación con su paternidad literaria, a la fecha en que se escribió, la veracidad de su mensaje, la unidad de su estructura literaria y declaraciones similares.


Aun cuando con todo derecho se pueden incluir ambos procesos críticos bajo el título de un método para el estudio de la Biblia, en vista de que para trabajar en la crítica textual se necesitan extensos conocimientos de griego, hebreo y arameo, enfocaremos nuestro interés exclusivamente en el aspecto histórico o literario. Para tal efecto es preciso elegir primeramente un libro que constituya la unidad básica de estudio. Luego realizaremos el estudio investigando las siguientes áreas:


1. Paternidad literaria - ¿Quién fue el autor del libro?

2. Destinatario - ¿A quién se escribió?

3. Lugar - ¿En dónde se escribió?

4. Fecha - ¿Cuándo se escribió?

5. Propósito - ¿Cuál era el objetivo del autor?



1. Para establecer la paternidad literaria de un libro de la Biblia, es necesario depender de las evidencias que encontramos dentro y fuera del él. Estas reciben el nombre de evidencias internas y externas. En algunos casos la evidencia sobre quien haya sido el escritor es profunda, mientras que en otros, escasea. Con este fin se debe leer el libro buscando referencias directas o indirectas al escritor. Por lo que toca a las evidencias externas, tendremos que depender del fruto de la investigación bíblica realizada por los eruditos. Con tal fin es conveniente leer obras de introducción bíblica o sobre crítica histórica.  


2. En ocasiones es fácil determinar el destinatario, es decir, la persona o personas a quienes se escribió el libro. Así es el caso de la primera carta de Pablo a los Corintios, ya que lo menciona en su introducción (1 Co 1:2), pero en otros casos es un asunto complejo. Howard F. Vos ilustra este problema: “En el caso de Gálatas, existe la controversia de si fue dirigida a las iglesias del norte o del sur de Galacia; en Efesios se presenta la dificultad textual de la palabra Efesios que no aparece en los más antiguos manuscritos; en Santiago, el lector deberá decidir a quiénes se refiere la expresión: “las doce tribus que están en la dispersión”. Con frecuencia en todo libro no se hace alusión a ningún destinatario en particular, y el estudiante se enfrenta a la necesidad de determinar a quién fue escrito, basándose en el tenor general del libro. Esto lo ilustra especialmente el Evangelio según Mateo”


3. Pocos libros de la Biblia mencionan dónde fueron escritos. Este, afortunadamente, es un asunto de carácter técnico del cual no depende la validez de su contenido. Sin embargo, facilita la comprensión correcta del libro y si no es posible determinarlo al estudiar sus páginas, cuando menos debemos familiarizarnos con las opciones de los eruditos por medio de libros de consulta.


4. Las fechas en que se escribieron los libros de la Biblia sí son de importancia estratégica, ya que con frecuencia se encuentran íntimamente ligadas al problema de la paternidad literaria. Conviene establecer aproximadamente el año en que el autor escribió el libro. No es raro que encontremos alusiones directas e indirectas de tipo cronológico dentro del texto mismo, pero para ello debemos permanecer muy alertas en la lectura. Observemos la manera como el Dr. Walter Dunnett  decide la fecha aproximada en que Pablo escribió la carta a los colosenses: “Después del arresto de Pablo en Jerusalén, al fin de su tercer viaje misionero (Hechos 21:30-36), fue llevado a Cesarea y de allí a Roma. Estando en Roma (Hechos 28:30, 31), Epafras vino a verlo desde Colosas para informarle sobre las condiciones de la iglesia (Col 1:8; 2:4 y sig.). Si la fecha de la prisión en Roma es de los años 60 o 62 d.C., entonces la fecha de esta carta puede fijarse alrededor de los años 60 o 61 d.C.”    


5. Por último, nos interesa descubrir el propósito que el autor haya tenido al escribir su libro. En el caso del Evangelio según Lucas, no es difícil hacerlo ya que su autor claramente menciona su deseo de que “Teófilo” conozca bien la verdad “de las cosas en las cuales has sido instruido” (1:4). Lo mismo pudiéramos decir de la Epístola a los Gálatas, ya que el apóstol principia (1:6) indicándoles  su sorpresa de que tan pronto se hayan alejado de Cristo, etc., queriendo decir con esto que su objetivo era corregir sus desviaciones doctrinales. Otros libros parecen haberse escrito principalmente como un archivo histórico de acontecimientos, con el fin de guardar su memoria para la posteridad.      


Mientras que en otros métodos de estudio bíblico se recomienda con insistencia que el estudiante no recurra al auxilio de los libros de consulta, en el caso del presente método lo consideramos indispensable. La idea no es, claro está, hacer a un lado la Escritura para dedicarse a leer los resultados de la erudición bíblica. Más bien, con la Biblia en la mano, avanzar comparando y verificando los argumentos de los estudiosos de la Biblia, con el firme propósito de formarnos un criterio personal sobre aquello que nos parezca más apagado a la integridad de las Sagradas Escrituras.    



El Método Tipológico


Esta forma de estudiar la Biblia encierra sorpresas insospechadas. Se convierte en una aventura similar a la del viajero que recorriendo un camino montañoso, desde las cumbres de la tierra contempla escenarios maravillosos, todo es el mismo panorama, pero el progreso de la carretera le permite apreciarlo desde diferentes ángulos, a distintas alturas, y bajo variados matices, descubriendo ante su visita rincones que en un principio eran imperceptibles.  


A diferencia de otros métodos que ya se han sugerido, éste no es para los aprendices. No recomendamos su uso cuando apenas se comienza a conocer el contenido de la Biblia. Más bien, para ponerlo en práctica se exige un conocimiento completo de las Escrituras.


Este sistema de estudio no es muy popular en nuestros días, sobre todo debido a los abusos que con él se han cometido. Ya el Dr. Torrey nos advertía, diciendo: “No es necesario decir que en algunos lugares se ha abusado con exageración de este método de estudio. Pero esa no es la razón para que lo descuidemos por completo, especialmente si recordamos que no sólo a Pablo, sino aun a Jesús, le gustaba”. Será conveniente, pues, ejercer un moderación prudente en la práctica de este método.


La palabra típico, proviene del verbo griego typto, que significa golpear; y del término typicos, que quiere decir la marca de un golpe, una impresión, forma o tipo. Terry, en su Hermenéutica Bíblica dice que los tipos “no son, hablando con propiedad, figuras del lenguaje”; y agrega que “ puede definírseles como figuras del pensamiento en las que por medio de objetos materiales, se ofrecen a la mente vívidos conceptos espirituales”. Por lo que toca a las diversas clases de tipos, debemos mencionar seis: de personas, de instrucciones, de oficios, de acontecimientos, de acciones y de cosas.     



Algunas recomendaciones fundamentales que se deben tener en cuenta para este estudio son:


1. Estudiense las reglas de la hermenéutica sobre la tipología.  


2. Princípiese con los tipos más sencillos. Por ejemplo, los que se hallan en Éxodo 12 y 1

   Corintios 5:7, 8.


3. Consérvese discreción y sentido común.


4. Recúrrase a todas las referencias bíblicas que sea posible para respaldar la

   interpretación de un tipo dado.




Para aquellas personas que desee lanzarse de inmediato a poner en práctica este método, le podemos sugerir los siguientes temas donde encontrará abundante material de esta naturaleza: Adán como tipo de Cristo; Abraham como tipo de Dios; el sacrificio de Isaac y el sacrificio expiatoria de Cristo; José y la vida de Cristo. En el libro de Éxodo encontramos multitud de tipos que giran alrededor de Cristo: el Cordero Pascual; el paso del Mar Rojo; el maná, la roca de donde salió el agua, el Tabernáculo, el peregrinaje por el desierto, etc. Elías es el tipo de Juan el Bautista, mientras que el rey David lo es de Cristo. Los sacrificios del Antiguo Testamento apuntan hacia la cruz, le teocracia hacia el reino venidero.   


En fin, la manera como el mismo Señor Jesucristo empleó las Escrituras del Antiguo Testamento para descubrir todo lo que allí se hablaba de él como tipo (Lc 25:27), constituye un irresistible incentivo, para que con las misma destreza nosotros escudriñemos desde Moisés hasta los profetas, en búsqueda de alusiones a nuestro incomparable Redentor.


 (Fuente: "El Estudio de la Biblia en Profundidad". por Daniel E. Lopez)