Comentario de Romanos

La Naturaleza Fundamental de la Obra de Cristo
La Base de la Posición del Hombre ante su Creador 

    Después de los cuatro Evangelios, es el libro más importante de la Biblia, por cuanto es la explicación más completa de Pablo de cómo entendía él la naturaleza del Evangelio, del cual él  fue escogido por Dios para ser su principal expositor.

Difícil de Entender
    Generalmente pensamos de Romanos como de algo difícil de entender. Hay dos razones para ello. Una es el estilo literario de Pablo. Tenía la costumbre de iniciar una frase y luego apartarse más y más del tema principal de tal manera que las cláusulas, en lugar de modificar un complemento inmediato anterior, modifican algo queda muy atrás, lo cual hace difícil ver la interrelación. La otra razón es que la Epístola trata de un problema que para nosotros no es problema alguno, pero sí lo era y de gran actualidad en aquel entonces: si un gentil podía ser cristiano sin hacerse prosélito judío. Nosotros generalmente pensamos en el cristianismo como una religión gentil, por cuanto hay tan pocos judíos cristianos. Pero el cristianismo comenzó como una religión judía, y ciertos dirigentes judíos de mucha influencia estaban resueltos a que así siguiera.      

    El Fondo sobre el cual se destacaba la epístola es el concepto general judío de la ley como expresión final y definitiva de la voluntad de Dios y universalmente obligatoria;  y la insistencia judía en que los gentiles que querían hacerse cristianos debían circuncidarse y guardar la ley de Moisés. Este problema yacía en el fondo de toda mente. La circuncisión era un rito físico que constituía la ceremonia inicial en la naturalización judía. 

    En lo que Pablo más Insiste es en que la justificación del hombre delante de Dios descansa fundamentalmente, no en la ley de Moisés sino en la misericordia de Cristo. No es asunto de la ley de ninguna manera, ya que el hombre a causa de su naturaleza pecaminosa no puede vivir perfecto acuerdo con la ley de Dios, que es expresión de la santidad de Él. Es enteramente por cuanto Cristo, por la bondad de Su corazón, perdona los pecados de los hombres. En último análisis, la posición del hombre delante de Dios depende no de lo que él mismo ha hecho o puede hacer por sí mismo, sino de lo que Cristo ha hechos por él. Y por lo tanto, Cristo es merecedor de la sumisión, lealtad y devoción absolutas y de todo corazón, de todo ser humano. 

    Fecha y Ocasión de la Epístola. El invierno del año 57-58 d.C. Pablo se hallaba en Corinto, hacia el final de su tercer viaje misionero, en víspera de partir para Jerusalén con la ofrenda para los cristianos pobres (15:22-27). Una mujer llamada Febe, de Cencrea, suburbio de Corinto, iba a Roma (16:1-2). Pablo aprovechó la oportunidad para enviar con ella esta carta. No había en el imperio romano servicio postal, salvo para asuntos oficiales. El servicio postal tal como lo conocemos nosotros es de origen reciente. En aquel tiempo las cartas personales debían ser enviadas por medio de amigos o de viajeros fortuitos. Febe llevó esta carta; Tito, 2 Corintios; Tíquico, Efesios y Colosenses; y Onésimo, la de Filemón.  

    Propósito de la Carta. Para avisar a los hermanos de Roma, que él ya venía de camino. También, Dios aún no había dicho a Pablo que le enviaría a Roma (Hech 23:11), y éste todavía no estaba seguro de si saldría vivo de Jerusalén (Rom 15:31), en cuyo caso parecía conveniente que él, al Apóstol de los Gentiles, dejará archivada en la capital del mundo gentil una explicación escrita de cómo entendía él la naturaleza de la obra de Cristo.  

    La Iglesia en Roma. Pablo todavía no había estado en Roma. Llegó allí tres años después de haber escrito esta Epístola. El núcleo de la iglesia probablemente lo habían formado los romanos que estuvieron en Jerusalén en el día de Pentecostés (Hech 2:10). En los 28 años transcurridos desde entonces muchos cristianos de diferentes partes del oriente habían emigrado a la ciudad capital por un motivo o por otro. Algunos de ellos eran convertidos y amigos íntimos de Pablo(véase cap. 16). Pedro no se hallaba allí. No llegó sino después de Pablo. Si estaba allí cuando Pablo escribió esta carta, ! cuán extraño que Pablo no menciona su nombre entre los saludos personales ! El que Pedro haya fundado la iglesia en Roma o que haya sido su obispo durante 25 años, es un mero mito papal, inventado en apoyo de pretensiones poco santas. 


Capítulos 1, 2. La necesidad universal del Evangelio


    La Pecaminosidad Universal del Hombre (1:1-32). La primera frase es bien extensa (1:1-7) y da un resumen de la vida de Pablo: Jesús predicho por los profetas y resucitado de entre los muertos, encomendó a Pablo que Le predicara a todas las naciones. Luego expresa su largo anhelo de visitar Roma (9-15), no realizado por causa de los campos no evangelizados en otras partes (15:20-22). No se avergonzaba del Evangelio, ni aun en Roma, dorada y orgullosa sentina de toda inmundicia. La terrible depravación del hombre, que pinta en los versículos 18-32, había llegado en Roma a lo peor, inclusive a las prácticas sexuales de los versículos 26-27.  
    Incluso los Judíos (2:1-29). El espantoso cuadro divino de la pecaminosidad del hombre incluye a los judíos, aun cuando eran el pueblo de Dios, puesto que practicaban la mayoría de los pecados comunes a la raza humana. "Quienquiera" (1) incluye a cada uno de nosotros. No es que cada uno hace todas las cosas enumeradas en 1:29-31.  Este es un cuadro de la raza como un todo. Cada uno de nosotros es culpable de algunas de las cosas allí enumeradas. "Juzgará lo encubierto de los hombres" (16); en aquel día cada uno será juzgado no según la raza a que pertenece, sino por la naturaleza interior de su corazón.  


Capítulo 3.  Cristo la propiciación por el pecado del hombre


    ¿Para qué los judíos? (1-20). Si éstos, en cuanto a pecaminosidad, se hallan delante de Dios al mismo nivel de las demás naciones, entonces ¿qué necesidad había de que existiera tal nación? La contestación; para que se le confiara los oráculos de Dios y para que preparara el camino para la venida de Cristo. La nación hebrea fue fundada para Dios para que desempeñará un propósito especial en el desarrollo del plan divino de los siglos para la redención humana. Pero esto no significa que ellos mismos fueran intrínsecamente mejores delante de Dios que otras naciones. Uno de los propósitos de la ley era hacerle comprender al hombre que él es pecador (20) y que necesita de un Salvador.

    Cristo nuestras Propiciación (21-31). Por la eterna naturaleza de las cosas, puesto que el pecado es pecado, lo bueno es lo bueno, y Dios es justo, no puede haber misericordia aparte de la justicia. El pecado tiene que ser castigado. Dios, en la persona de Cristo, tomó sobre Sí mismo el castigo del pecado del hombre. Por esto, El puede perdonar el pecado del hombre y contemplar a aquellos que en gratitud aceptan el sacrificio del Salvador, como poseedores de la justicia del Salvador mismo: una justicia que les es atribuida o impuesta.    


Capítulo 4. El caso de Abraham


    Esto lo considera Pablo por cuanto los proponentes de la necesidad de que los gentiles guardaban la ley basaban sus asertos a favor de la circuncisión sobre la promesa hecha a Abraham, de que era a su simiente; que si uno no era de la simiente de Abraham por naturaleza, debía llegar a serlo mediante la circuncisión. Pablo explica que la promesa se hizo a causa de la fe de Abraham cuando aún era incircunciso, y que sus herederos son aquellos que tienen igual fe más bien que aquellos que se circuncidan. Lo importante en la vida de Abraham era su fe y no su circuncisión.   


Capítulo 5. Cristo y Adán


    Pablo basa su argumento a favor de la eficacia de la muerte de Cristo como propiciación por el pecado humano, en la unidad de la raza de Abraham. 
    ¿Cómo, dirá algún polemista, puede uno morir por muchos? Uno podría morir como sustituto de otro; algo de justicia habría en esto. ¿Pero que muera para satisfacer la pena de millones? ! Ridículo ! 
    Contesta Pablo que no se les culpa a los hombres por el hechos de su naturaleza pecaminosa. Así nacen sin tener ellos mismos responsabilidad alguna de ello. Ni aun se les consulta, si quieren existir o no. Sencillamente despiertan y se hallan en un cuerpo con una naturaleza pecaminosa. Pero, dice Pablo, Adán el fundador de nuestra raza no nació así. El no tuvo naturaleza pecaminosa desde el comienzo.
    Pablo explica la doctrina de la propiciación de Cristo por el pecado, contrastándole a El no con cada uno de nosotros individualmente, sino con el fundador de la raza. Adán, la cabeza natural de la raza; Cristo, la cabeza espiritual. Lo que el uno hizo, el otro lo deshizo. El pecado de un solo hombre hundió a la raza en su presente estado. Por lo tanto, la muerte de uno solo basta para hacer posible que los miembros de la raza se libren de aquel estado.      


Capítulo 6. ¿Cuál motivo hay, pues, para vivri rectamente?


    Si Cristo perdona nuestros pecado, y ya no estamos bajo la ley, entonces  ¿por qué no seguir pecando? Sigamos pecando, y que Cristo siga perdonando.
    Pablo contesta que esto ni se piense. Cristo murió para salvarnos del pecado. Su perdón tiene el propósito de hacer que aborrezcamos nuestros pecados.
    No podemos ser siervos del pecado, y siervos de Cristo. Hemos de escoger lo uno o lo otro. NO es posible vivir en el pecado, y agradar a Cristo. 
    Esto no quiere decir que podemos vencer completamente todos nuestros pecados y colocarnos más allá de la necesidad de Su misericordia. Pero sí significa que hay dos maneras de vivir, esencialmente diferentes; el camino de Cristo, y el camino del pecado. Pertenecemos de corazón al uno o al otro, pero no a ambos.
    Cristo, la encarnación perfecta de la Ley de Dios, nos suple el motivo y nos provee del poder para seguir luchando hacia el logro de aquella perfecta santidad que, por Su gracia, algún día será nuestra.


Capítulo 7. ¿Para qué la Ley?


    Si ya no estamos bajo la ley, ¿para qué fue dada? NO se dio como un plan de salvación, sino como medida preparatoria para educar al hombre a que vea su necesidad de un Salvador; para hacer que conozca la diferencia entre lo bueno y lo malo. No es sino cuando nos damos cuenta de nuestra invalidez, que nos viene al anhelo de un Salvador 

    La Lucha entre la Naturaleza Carnal y la Espiritual (14-25). Nos preguntamos si este es un cuadro de la lucha interior de Pablo mismo. En 1 Cor 4:4 dice "De nada tengo mala conciencia." Sin embargo, debe de haber sentido dentro de su propia naturaleza poderosos impulsos contra los cuales habrá tenido que mantener una lucha continua y desesperada. De otra manera, jamás podrá haber escrito estas palabras. Su indecible gratitud hacia Cristo por la liberación de aquello contra lo cual él mismo se sentía impotente, nos recuerda el gozo sin límites de Lutero cuando de pronto se dio cuenta de que Cristo podía hacer por él lo que había luchado en vano por hacer él mismo. Es una ilustración del poder de la ley sobre un alma sincera a la cual deprime su incapacidad para vivir conforme a ella, y el alivio que halla en Cristo. 


Capítulo 8. La Ley del Espíritu


    "El Espíritu que Mora en Vosotros" (1-11). En Cristo tenemos no solamente el perdón de nuestros pecados, sino que también se nos imparte una nueva vida. Es un nuevo nacimiento. Por así decirlo, nuestra vida natural es fecundada por el Espíritu de Dios, y que una criatura espiritual, una naturaleza divina, mediante un proceso algo parecido a aquel otro por el cual nuestros padres dieron comienzo a nuestra vida física, nuestra naturaleza adánica. Nuestra vida natural es de Adán; nuestra vida nueva y divina es de Cristo. Es una realidad dentro de nosotros mismos. Quizás no la sintamos no estemos conscientes de ella; pero allí está. La aceptamos por la fe. Más allá del terreno de nuestro conocimiento consciente hay dentro de nosotros, una vida divina que es hija del Espíritu de Dios. Bajo Su amoroso cuidado, ella obra quieta, incansable e incesantemente, para obtener el control de nuestro ser entero y transformarnos a la imagen de Dios mismo. Esta es la vida que florecerá en gloria inmortal en el día de la resurrección.        
     
Nuestro Deber para con el Espíritu (12-17). Andar conforme al Espíritu significa que al mismo tiempo que dependemos entera e implícitamente de Cristo para nuestra salvación, sin embargo nos esforzamos hasta el máximo para vivir conforme a Su ley. Pablo afirma clara y explícitamente que la gracia de Cristo no nos releva de hacer todo cuanto esté a nuestro alcance para vivir rectamente. Andar conforme a la carne significa entregarnos a la gratificación de nuestros deseos carnales. Nuestro cuerpo es carne, y en la carne hemos de vivir. Algunos deseos carnales son malos. Otros son del todo naturales y necesarios. De aquellos que son malos, hemos de abstenernos del todo. De los demás podemos gozarnos, pero cuidando de mantener nuestros efectos por encima de la línea divisoria.     

    La Creación Doliente (18-25). La creación natural entera, de la cual nosotros mismo somos parte, gime en anhelo de una existencia mejor, la que se revelará en el día de la completa redención divina, en el cual "este cuerpo de muerte" (7) recibirá la liberación de la gloria celestial. Es un concepto grandioso de la obra de Cristo. 
           
    La Interrelación del Espíritu (26-30).  El Espíritu que mora en nosotros es no solamente nuestra garantía de la resurrección y de la gloria futura, sino que mediante Sus plegarias a nuestro favor se nos asegura que Dios hará que todo cuanto nos suceda sobre nuestro bien. Nosotros quizás olvidemos orar; El nunca. El nos cuidará hasta el fin. 

    El Inviolable Amor de Cristo (31-39). El murió por nosotros; nos ha perdonado; El mismo se nos ha dado, en la persona de Su Espíritu. Si somo Suyos, ningún poder de la tierra, del cielo no del infierno puede impedir que nos lleve a Sí mismo en el seno eterno de Dios. 



Capítulos 9 - 10 - 11. El problema de la incredulidad Judía


    Las más grande piedra de tropiezo para la aceptación general del evangelio de Cristo era la incredulidad de los judíos. Aun cuando número considerables de judíos, especialmente en Judea, se habían hecho cristianos, sin embargo la nación como tal era no solamente incrédula sino acerbamente antagónica. Los dirigentes judíos persiguieron a Cristo. A cada oportunidad habían perseguido a la iglesia. Eran los judíos no creyentes los que le habían creado dificultades a el Mesías de sus propias profecías escriturales, ¿cómo es que el pueblo de Dios Le rechazara de esta manera? Estos tres capítulos contienen la respuesta de Pablo.

    Pablo se Duele de Israel (9:1-5). Una manera muy expresiva de decirlo; casi estaría dispuesto a dar su propia alma.      

    La Soberanía de Dios (9:6-24). Aquí Pablo trata de la predestinación de los individuos para ser salvos o condenados, sino que afirma la soberanía, absoluta de Dios en el escogimiento y el uso de las naciones en los asuntos mundiales para así por fin sujetar todo el mundo a Sí mismo. La afirmación resuelta del versículo 16 quizás incluya a individuos. Otros pasajes claramente sí lo incluyen: Hech 2:23; 4:28; 13:48; Rom 8:28-30. No sabemos cómo reconciliar la soberanía de Dios con la libertad de la voluntad humana. Ambas doctrinas se enseñan claramente en la Biblia, y creemos ambas. Pero explicar cómo pueden ser ciertas las dos,  es algo que habremos de dejar para otros.   

    Predicha por las Escrituras (9:25-33). El rechazamiento de Israel y el llamamiento de un pueblo gentil fueron predichos en las Escrituras. Así, pues, en lugar de tropezar a causa de ello, debiéramos haber esperado que así fuera. 

    La Culpa era de los Mismos Judíos (10:1-21). Dios no hizo que los judíos rechazaran a Cristo. Lo hicieron de su propia voluntad. Es sencillamente asunto de oír (8-17). Los judíos oyeron, y desobedecieron voluntariamente (18-21). NO sabemos cómo reconciliar esto con el versículo 9:26. Algunas cosas acerca de la existencia están fuera del alcance de la comprensión finita. Esta es una de ellas.

    La Futura Salvación de Israel (11:1-36). Su rechazamiento es temporal. Dio por resultado la salvación de los gentiles. Pero día vendrá en que todo Israel será salvo (26). Cuándo o cómo será, no se nos dice; ni tampoco si será relación con su regreso a Palestina, sino solamente el hecho desnudo de que así sucederá. Una de las manchas más negras en el panorama de la historia humana es el sufrimiento de este doliente y desobediente pueblo. Pero un día todo terminará. Israel volverá penitente al Señor a quien crucificó. Habrá perdón y gozo; y la creación entera dará gracias a Dios por la insondable sabiduría de Su providencia. 


Capítulos 12, 13,14 La vida transformada


    Pablo invariablemente termina toda discusión teológica con una sincera exhortación a una manera cristiana de vivir. En los capítulos anteriores ha estado insistiendo  en que nuestra posición delante de  Dios depende enteramente de la misericordia de Cristo y no de nuestras propias buenas obras. Pero esa misericordia que tan libremente perdona, es precisamente lo que nos infunde un impulso poderoso e irresistible hacia las buenas obras, y transforma por entero nuestro punto de vista de la vida.     

    El Espíritu Humilde (3-8). Esto se dirige de manera especial a los caudillos de la iglesia. Muy a menudo el puesto elevado, que debería hacernos humildes, nos envanece. También a menudo, quien tiene un talento determinado tiende a despreciar el valor de los talentos e otros. Pablo trata más ampliamente de esto en 1 Corintios 12-14. 

    Cualidades Celestiales (9-21). Amor fraternal. Odio al mal, especialmente al mal dentro de nosotros mismos. Diligencia, gozo, paciencia, oración, hospitalidad, simpatía. Procurando lo bueno, pacíficos, sin resentimientos.   

    La Obediencia a la Ley (13:1-7). Los gobiernos civiles, aun cuando a menudo son administrados por malos hombres, son ordenados de Dios (1) para que refrenan a los elementos criminales de la sociedad humana. Los cristianos han de ser ciudadanos respetuosos de las leyes del gobierno bajo el cual viven.

    Todo se Resume en el Amor (8-10). LO que nos refrena es la debida consideración de los derechos de los demás como si fueran los nuestros propios. Es poner en práctica la Regla de Oro.  

    La Aurora se Acerca (11-14). Esto se refiere a individuos que ya han sido cristianos durante algún tiempo; o a la era cristiana que avanza hacia su consumación. Pablo se regocijaba en anticipación de la cercana aparición del Señor. Véase bajo 1 y 2 de Tesalonicenses.  

    Juzgándose Unos a Otros (14:1-23). El capítulo entero se dedica al problema de la condenación de unos cristianos por otros a causa de cosas como el comer carne y guardar días. La carne de que se trata, aun cuando no se dice específicamente, debe ser carne ofrecida a los ídolos (véase bajo 1 Cor 8). También pudiera significar la carne como alimento con contraste con una dieta vegetariana. En todo caso, era asunto de la conciencia del individuo mismo. En cuanto a días, no se nombra el sábado judaico, pero la referencia ha de ser a la insistencia de los judíos en que los gentiles debían guardar el sábado y las demás fiestas religiosas judaicas. El día del Señor . el primer día de la semana, era el día de los cristianos. SI además de el, alguno quería guardar el sábado u otros días judaicos, podían hacerlo; pero no debían insistir en que lo hicieran los demás.      


Capítulo 15.  El plan de Pablo de visitar Roma


    La Unidad Fraternal (1-14) Siguen las exhortaciones del capítulo anterior. Sospechamos, por el 16:17 y la discusión acerca de carnes de días en el cap. 14, que Pablo había sabido de alguna manera, que ciertos caudillo judíos en Jerusalén trataban de imponerles las costumbres judaicas a los cristianos gentiles.

    Su Propósito de Visitar Roma (15-33). Si Pablo hubiera sido como algunos otros, tan pronto como fue comisionado por Cristo como apóstol especial a los gentiles, habría salido inmediatamente rumbo a Roma, capital del mundo gentil, y  con ella como cuartel principal habría intentado la evangelización del Imperio Romano. Quizás una razón por la cual no lo hizo, haya sido que desde el día de Pentecostés (Hech 2:10) había en Roma una iglesia considerable, y la misión suya era presentar a Cristo en las regiones en donde aún no era conocido (20), Su plan era más bien tomar el terreno tal como le viniera, avanzando gradualmente hacia el occidente. Ahora, después de veinte o treinta años, y luego de haber implantado el Evangelio firmemente en Asia Menor y en Grecia, está listo para proseguir hasta España, y para visitar a Roma de paso (24).  Acerca de si llegó a España o no, véase bajo Hechos 28.   



Capítulo 16. Asuntos personales


    Este es un capítulo de saludos personales. Contiene 26 nombres de caudillos de la iglesia que eran amigos personales de Pablo. 
    Febe (1-2) era portadora de la Epístola. Probablemente iba a Roma en visita de negocios. Cencrea era el puerto oriental de Corinto.
    Priscila y Aquila (3-5) había vivido antes en Roma (Hech 18:2), habían estado con Pablo en Corinto y en Efeso, y ahora habían vuelto a Roma. Una iglesia se reunía en su casa. 
    Epeneto (5), el primer convertido en Asia, ahora estaba en Roma. 
    Maria (v. 6) Nótese cuántas mujeres hay en la lista.
    Andrónico, Junias (7), parientes de Pablo; de edad avanzada, pues habían sido cristianos antes que él, y habían estado con él en la cárcel.
    Amplias, Urbano, Estaquis y Apeles (8-10), amigos de Pablo.
    Las cosas de Aristóbulo y de Narciso (10, 11); probablemente iglesias que se reunían en estos hogares. Herodión, otro pariente de Pablo.
    Trifena, Trifosa y Pérsida (12), nombres de mujeres.
    Rufo (13), probablemente hijo del Simón que llevó la cruz de Jesús (Mar 15:21), y cuya madre había tomado interés maternal en Pablo. Asíncrito (14) y "los hermanos que están con ellos", su congregación. 
    Filólogo (15) y "los santos que están con ellos", su congregación.
    Tercio (22) escribió lo que Pablo dictaba; era su amanuense.
    Gayo (23) en cuyo hogar Pablo estaba hospedado y que era lugar de reunión para los cristianos se Corinto. 
    Erasto (23), como tesorero de la ciudad, debe de haber sido hombre de bastante influencia.