Arqueología

Eclesiastés

TEXTOS Y ARTEFACTOS ANTIGUOS

Eclesiastés 1. “Música de arpa de la tumba de Neferhotep”

Remontándose a finales del siglo XIV hasta principios del siglo XIII a.C., tres canciones para un banquete fúnebre se han descubierto en las paredes de una tumba cerca de Tebas, Egipto. La tumba pertenecía a un tal Neferhotep, el difunto a quien las canciones honran. Dos de las canciones ofrecen actitudes un poco contradictorias acerca de la muerte y la vida de después de la muerte. En la primera canción el arpista canta acerca de las generaciones pasajeras en las cuales nacen niños, viven y comienzan a dirigirse inexorablemente hacia la tumba. La deidad del sol sale y se pone continuamente, pero la muerte es inevitable. El cantante anima a Neferhotep a que se olvide del malvado pasado y solo recuerde momentos alegres, porque la muerte es el gran nivelador, tomando indiscriminadamente la vida de aquellos con graneros llenos y de aquellos sin nada.

La tercera canción tiene un tono más positivo. Aunque ésta también declara que la muerte es ineludible, asegura que las personas no son iguales después de este acontecimiento. La devoción de Neferhotep hacia los dioses egipcios será recompensada en la vida después de la muerte; él será recordado por su dios y su pueblo, por su religiosidad. Por su piedad, los enemigos de Neferhotep serán eternamente derrotados y su alma declarada justificada. De hecho, él estará más feliz durante la vida después de la muerte de lo que estuvo en la Tierra.

Paralelismos para ambas canciones se pueden encontrar en Eclesiastés. Eclesiastés 1:4-5, habla de generaciones que llegan y se van y del ciclo continuo de la salida y puesta del sol. Sin duda la muerte es inevitable y nos lleva a todos (2:14,16; 9:2-3). Efectivamente, nivela a la humanidad ya que nadie puede llevar sus logros y éxitos consigo cuando muere, y los tienen que dejar para la próxima generación (cf. 2:18-19). En su declaración de resumen, sin embargo, el Maestro concluye que una persona debería de honrar a Dios y obedecer sus órdenes ya que toda acción será juzgada por él (12:13-14). A diferencia de la tercera canción de Neferhotep, el Maestro no sugiere que la religiosidad externa y la piedad de culto serán recompensados: Dios ve las cosas escondidas al igual que las obvias, y vivir una vida de verdadera sabiduría comienza con un entendimiento y temor apropiado del Señor (cf. Pr 1:7).

SITIOS ARQUEOLÓGICOS

Eclesiastés 2. “Tell El-Kheleifeh”

Se creyó durante una época que Tell el-Kheleifeh era el sitio de Ezión Guéber, una ciudad puerto de Salomón. El sitio está ubicado encima de un montecillo en Jordania, aproximadamente a 500 m de la costa norte del Golfo de Aqaba en el Mar Rojo. Pero los eruditos ahora reconocen una falta de evidencia concluyente para identificar a Ten el-Kheleifeh con Ezión Guéber. Antiguas suposiciones de que una operación de fundición a gran escala había tomado lugar allí durante el reinado de Salomón no puede ser sostenida durante más tiempo. Si Tell el-Kheleifeh estuvo deshabitada durante el tiempo de Salomón, no pudo haber sido Ezión Guéber. Aunque algunos fragmentos de cerámica en el sitio atestiguan de ocupación desde el siglo VIII a.C., existe poca evidencia de ocupación más antigua.'

El nivel más antiguo en Tell el-Kheleifeh incluye una casa de cuatro cuartos que medía 12 metros cuadrados, rodeada por una pared casamata de ladrillos de barro, de 41 metros cuadrados. La estructura pudo haber tenido varias funciones, incluso como almacén o como ciudadela. Una fase posterior expandió el sitio con un mulo que abarcaba 54.9 m por cada lado, junto con una puerta de cuatro cámaras en el muro del sur. Aunque más excavaciones de este sitio puedan descubrir un retrato más claro de esta época, de su identidad y función, la escasez actual de evidencia arqueológica severamente limita las conclusiones definitivas. Es importante reconocer que la identificación de Tell eI-Kheleifeh con Ezión Guéber no ha sido refutada; de hecho, algunos arqueólogos creen que tal conexión aún es posible. Pero no hay. evidencia existente de que Tell el-Kheleifeh estuvo ocupado durante la época de Salomón.

Aunque Salomón fue un constructor hábil, muchas de sus obras no se encuentran por ningún lado. Algunos sitios que una vez se creyeron ser salomónicos se han comprobado no serlo. Las grandes obras a las que alude Eclesiastés 2 se han perdido en su mayor parte, simplemente. Tal vez hacemos bien en ver esto como una metáfora que refleja, al menos en cierto sentido, que eran en efecto i«absUrdas»!

TEXTOS Y ARTÍCULOS ANTIGUOS

Eclesiastès 3. “Música de arpa de la tumba del rey Intef”


Una canción tallada en la tumba de intef, un faraón egipcio del Imperio Medio (aprox. 2106-1963 a.C.), ha sido preservada en dos copias posteriores: un manuscrito en papiro y una inscripción en una tumba contemporánea con Amenhotep IV. la música de arpa' muy probablemente se tocaba durante banquetes funerarios para honrar al muerto y alabar a la vida del más allá, pero la canción de Intef es significativa por su actitud escéptica hacia la búsqueda de la inmortalidad. Comienza lamentando el ciclo de las generaciones pasajeras y llorando por el silencio de las tumbas de nobles fallecidos hace mucho tiempo (cf. Ec 1:4,11).2 La canción recomienda el regocijo mientras uno está aún vivo, vestir lino fino y ungirse uno mismo con aceite (cf. 9:7-10). Ya que nadie puede escapar de la muerte o llevarse las posesiones terrenales consigo a la vida eterna, el autor aboga que una persona no puede hacer nada mejor que seguir las inclinaciones de su corazón mientras se encuentra aquí en la Tierra.

Es concebible que el autor de Eclesiastés estaba familiarizado con la canción de intef. El reino de Salomón tenía contactos fuertes con Egipto, y los sabios de esa época hubieran conocido y estudiado las obras maestras de la literatura egipcia. En todo caso, esta similitud refuerza la credibilidad de la autoría salomónica de Eclesiastés (véase 1:1), ya que ninguna otra época en la historia israelita fue tan notable por su fuerte interés en la sabiduría y sus vínculos cercanos con Egipto. Al mismo tiempo, aunque ciertas frases y conceptos de esta canción reflejan sentimientos similares a aquellos encontrados en Eclesiastés, el efecto en general, es diferente. Mientras que la música de Intef aboga por la búsqueda del placer por el placer mismo, el autor de Eclesiastés aprobaba el disfrutar la vida como una expresión de gratitud por los dones de Dios (3:13; 9:7). También, en Eclesiastés, la manera por la cual su pueblo celebra está sujeto al juicio de Dios (11:7-12:1,13-14).

LA VERACIDAD DE LA BIBLIA

Eclesiastés 5. La autoría de Eclesiastés y Cantares”

Pocos temas relacionados con la arqueología bíblica han generado más debate académico que el de la autoría de Eclesiastés y Cantares. Esto es debido en gran parte a la naturaleza inusual del hebreo usado en estos libros. Los dos usan vocabulario similar, sugiriendo un autor en común. Además, varias palabras hebreas bíblicas ocurren solo en estos dos libros, y otras aparecen con más frecuencia en estos libros que en otros. Ninguno usa el nombre personal de Dios, Yahveh, como se hace comúnmente en otros libros.

Aunque Eclesiastés no menciona a Salomón, su descripción del autor como «hijo de David, rey de Jerusalén» (1:1; cf. 1:12) deja poco espacio para otras conclusiones. La asociación con Salomón se fortalece en 12:9, el cual describe al autor como un hombre sabio quien «ponderó, investigó y ordenó muchísimos proverbios» (d. 1R 4:32).

Irónicamente, la alegación en Eclesiastés 1:12, »Yo, el Maestro, reiné en Jerusalén sobre Israel», se ha tomado como evidencia cia contra la autoría salomónica debido al verbo en tiempo pasado que se usa en el versículo. Pero esto puede ser considerado como una declaración retrospectiva y traducida como »Yo he sido rey sobre Israel». La declaración en 1:16, «engrandecido y con más sabiduría que todos mis antecesores en Jerusalén», es significativa cuando recordamos que los reyes jebuseos habían reinado sobre Jerusalén desde los tiempos antiguos.

Otras objeciones a la autoría salomónica han surgido tomando como base el lenguaje. La gran cantidad de palabras arameas en Eclesiastés se ha considerado evidencia para una fecha de escritura postexílica. Se reconoce ahora, sin embargo, que la influencia aramea en el hebreo comenzó bien temprano. Además, el vocabulario identificado como arameo en realidad pudo haber representado un dialecto hebreo del norte o un dialecto coloquial.

En algún momento se alegó que algunas palabras en ambos libros habían sido tomadas prestadas del persa o del griego mu-cho tiempo después de la muerte de Salomón. Ejemplos incluyen A 4 partes («jardín» o «huerto» en 2:5 y Cnt 4:13, respectivamente) y appiryon («carruaje» en Cnt 3:9). En realidad, tales palabras son de un origen muy antiguo, algunas se remontan a la lengua sánscrita original. Los proyectos comerciales de Salomón (véase 1R 5; 9:26-28; 10:22) involucraban varios contactos internacionales, una posible explicación del vocabulario internacional.

La mención de varios tipos de flora y fauna es consistente con el interés de Salomón en la historia natural (1 R 4:33). El vocabulario espectacular de la canción para especias exóticas y otra vegetación, al igual que para el oro, el alabastro y las joyas, sugiere que el libro fue escrito por alguien familiarizado con estas cosas. Es improbable que ambos, Eclesiastés y Cantares, fueron escritos durante el período postexílico, cuando Jerusalén era un pueblo atrasado y pobre entre las naciones del mundo, lo que implica alejado de especias exóticas y piedras preciosas.

La mención de Tirsá en paralelo con Jerusalén en Cantares 6:4, refleja un periodo antes de la elección de Tirsá como la primera capital del reino del norte (aprox. 930 a.C.). En el siglo X a.C., Tirsá era bella y fácilmente, junto con Jerusalén, se pudo haber considerado una de las dos grandes ciudades de Israel. En el período postexílico, cuando muchos alegan que se escribió Cantares, Tirsá ya no existía. También, la mención de lugares en ambos lados, el norte y el sur (p.ej., Jerusalén, Ein Guedi, Hesbón, Carmel, Hermón, y Líbano) sugiere que Cantares precedió el reino dividido.

Finalmente, el paralelismo y las alusiones literarias tanto en Eclesiastés como en Cantares, sugieren una fecha temprana en vez de tardía para sus composiciones. Eclesiastés 9:7-9, por ejemplo, se parece mucho a la tablilla 10, sección 3, de la épica de Gilgamés, donde se insta al héroe a disfrutar de la vida, a vestir ropa limpia y a disfrutar del amor de su esposa. Además, la poesía de amor de Cantares es similar a la poesía egipcia de este género que floreció a finales del segundo milenio a.C. Es probable que Salomón, en el ci-ma del poder en Israel, hubiera conocido de esta literatura, pero muy improbable que escritores oscuros postexílicos hubieran estado familiarizados con ella o que hubieran esperado que sus lectores la apreciaran.

Dados los indicadores internos que apuntan a la autoría salomónica y la falta de evidencia satisfactoria de los contrarios, es apropiado leer Eclesiastés y Cantares como productos literarios del último rey de la monarquía unida.

NOTAS CULTURALES E HISTÓRICAS

Eclesiastés 7. “El sabio”


El epílogo de Eclesiastés identifica al escritor como un sabio (12:9). Sus enseñanzas se consideran parte de «las palabras de los sabios», las cuales son como incentivos. Se dice que aquellos que dominan estas enseñanzas son clavos firmemente incrustados (12:11). Tales ideas representan la perspectiva de la literatura bíblica de sabiduría. Aunque el tema de la sabiduría está presente a través de la Biblia, la mayoría de los eruditos consideran que Job, Proverbios y Eclesiastés son la literatura bíblica de sabiduría en el sentido más estricto. Fuera de la Biblia, tanto en la escritura judía como la pagana, existen muchos textos que podrían ser llamados literatura de sabiduría, un género que se puede reconocer por cómo habla y lo que dice.

    • Los textos de sabiduría frecuentemente asumen la postura de un padre dirigiéndose a un niño. El lector por lo tanto es a menudo referido como «mi hijo» (cf. Pr 1:8,10,15; 2:1; 3:1; 5:1; Ec 12:12).

    • La literatura de sabiduría usa dichos proverbiales y parábolas, al igual que listas mnemónicas (para ayudar a la memoria) o numéricas (p.ej., Pr 1:1; 10:1; 30:15-16,18-19,21-23,29-31; Ec 12:9).

    • La literatura de sabiduría se concentra en temas éticos dentro de los textos de sabiduría, hasta el punto de hablar sobre la conducta del propio Dios (como se hace varias veces en Job).

    • La figura del sabio está en el corazón de la tradición de la sabiduría.

A veces «sabio» es simplemente un adjetivo para connotar que un individuo fue considerado, inteligente, hábil o devoto (Dt 1:13; 1R 2:9). En otras ocasiones, sin embargo, se asumía que una persona sabia era miembro de una clase social de sabios, cuyas funciones incluían aquellas de maestro, consejero gubernamental o escriba.

El sabio era la personificación de la sabiduría, el maestro de la tradición y el maestro de todos aquellos que ansiaban h. enseñanza. El sabio era lo opuesto del necio (Pr 3:35; 10:1; 14:1; Ec 10:12).

La Biblia atestigua, en cierto sentido técnico, la presencia de los sabios en Egipto (Gn 41:8), Babilonia (Dn 2:12-18), Persia (Est 1:13) y el propio Israel (Pr 1:6; 13:20; Ec 12:11).

Ejemplos significativos de literatura de sabiduría se han descubierto a través del antiguo Cercano Oriente. Ejemplos egipcios pueden ser vistos en Las instrucciones de Ptahhotep y Las instrucciones Anii. Ejemplos mesopotámicos se encuentran en textos tales como La sabiduría de Ahiqar, La teodicea babilónica y hasta en aspectos de la épica de Gilgamés. Muchos de estos textos contienen ideas y términos que son similares a lo que se ve en las tradiciones bíblicas de la sabiduría.' Para algunos eruditos el contacto entre la Biblia y otra literatura del antiguo Cercano Oriente parece más cercano en este campo.

La literatura de sabiduría continuó en la literatura judía del período post-bíblico. Textos apócrifos tales como La sabiduría de Sirácida (o Eclesiástico) y La sabiduría de Salomón atestiguan la vitalidad de la tradición.° Después de la destrucción del templo de Herodes en 70 d.C., el judaísmo de los sabios rabínicos se construyó alrededor de la llamada central de la sabiduría, «el temor del Señor es el principio del conocimiento» (Pr 1:7; 22:4; Ec 12:13). La voluminosa producción literaria judía de Mishná, Midrash y Talmud ha llegado a considerarse afectuosamente como «la literatura de los sabios».

LA VERACIDAD DE LA BIBLIA

Eclesiastés 9. “Eclesiastés y la Épica de Gilgamés”

La composición literaria más extensa conocida de Mesopotamia es la Épica de Gilgamés, el relato de la fracasada búsqueda de la inmortalidad de un antiguo rey. Es una obra muy antigua, que se remonta por lo menos hasta 2000 a.C., que sigue las pruebas y las aventuras de Gilgamés, rey de Uruk («Mapa 1 »). La épica de Gilgamés nos ha llegado en más de una versión (hay una versión de la antigua Babilonia y una versión estándar asiria), pero el mensaje es esencialmente el mismo. El consejo que le da el dueño de un taberna al héroe Gilgamés resume el mensaje: A luz de la muerte inminente de toda la humanidad, la tarea de los mortales es vivir a lo máximo: comer, beber, ser alegre, ser limpio, vestirse radiante-mente, disfrutar de los niños y darle felicidad a nuestros cónyuges (versión de la antigua Babilonia, 10.3).

Los eruditos han notado por mucho tiempo la similitud entre esta admonición y la del «Maestro» en Eclesiastés, cuya lucha personal con e el significado de la vida, fugacidad y enigmas lo llevaron a concluir que las personas hacen bien en vivir lo que ofrece el día, encontrando satisfacción en todo lo que Dios da (véase 9:3,7-10;11:7-12:1). El Maestro también concluyó que las obras acumuladas que se han logrado bajo el sol son esencialmente absurdas, «¡es correr tras el viento!» (1:14; 2:11,17,26; 5:10,16; 6:9). Esta perspectiva corresponde cercanamente a una de las declaraciones de Gilgamés: «Solo los dioses [viven] para siempre bajo el sol. En cuanto a la humanidad, sus días están contados; ¡cualquier cosas que lo-gren es como el viento!». Otros paralelos a Eclesiastés encontrados en Gilgamés incluye la mención de una cuerda de tres hebras cuando habla de la amistad (cf. 4:9-12) y el punto de que ningún aspecto de la vida es permanente (1:4,11; 2:16; 3:18-19; 9:5-6).

A luz de estas semejanzas, parece que el autor de Eclesiastés, escribiendo en Israel durante el primer milenio a.C.,' conocía y apreciaba la épica de Gilgamés, una obra mesopotámica completada a principios del segundo milenio a.C. Porque se descubrió un fragmento copiado de la épica, remontándose al siglo XIV a.C., en el norte de Israel, sabemos que el relato de Gilgamés era conocido por lo menos en esa región en tiempos antiguos. Es importante, sin embargo, tener en mente lo siguiente:

    • El uso aparente que le da el Maestro a la épica de Gilgamés no disminuye el estatus canónico del libro. Es común que los textos bíblicos sigan el patrón de los homólogos no bíblicos hasta el punto de citarlos directamente. Por ejemplo, Deuteronomio sigue el patrón de un pacto del antiguo Cercano Oriente, y Pablo citó la descripción de Creta que hizo un poeta (Tit 1:12).3

    • No existe ninguna sugerencia de que Eclesiastés, en su totali-dad, estuviera basado en Gilgamés. Hay grandes diferencias entre los dos. Eclesiastés, por ejemplo, no es un poema épico y no cuenta una historia.

    • Aunque la llamada a la alegría en 9:7-10 encuentra el paralelo antiguo más cercano en la épica de Gilgamés, la redacción no es exacta. Ningún erudito sugiere que Eclesiastés simplemente copió líneas de Gilgamés.

La probabilidad de que el autor de Eclesiastés estuviera familiarizado con Gilgamés en realidad apoya la perspectiva tradicional de la autoría salomónica del libro. Es dudoso que un judío anónimo y postexílico, viviendo en un ambiente culturalmente empobrecido (el Jerusalén de su época), hubiera demostrado una estrecha familiaridad con este texto acadio tan antiguo. Por otra parte, la época de Salomón constituyó el nivel máximo de la historia de Israel, al igual que su época dorada literaria. El acadio aún se usaba ampliamente, y cuneiforme aún se usaba en el tiempo de Salomón

Algunos de los conceptos que se encuentran en Eclesiastés también tienen paralelos fuertes en la literatura egipcia.' Esto sugiere que Eclesiastés no estaba simplemente copiando de Gilgamés, sino usando la literatura de sabiduría de los grandes centros de aprendizaje en el mundo antiguo.

Eclesiastés y la épica de Gilgamés luchan con la misma pregunta humana: ¿De qué manera debemos de vivir cuando la vida aparenta no tener sentido? A pesar del vínculo literario entre los dos, son muy diferente teológicamente. La épica reta a las personas a disfrutar de la vida, pero no presenta ninguna esperanza para el futuro. En Eclesiastés, sin embargo, las enigmas y las penas de la vida se atenúan por la esperanza que perdura cuando un individuo recuerda y teme a Dios (véase 5:7; 8:12; 12:1,13-14).