Aplicación

Filipenses

Aplicación de Filipenses

1. ¿Qué ha aprendido de Filipenses en cuanto a sufrir como seguidor de Cristo? ¿De qué modo afectará su manera de afrontar el sufrimiento?

2. ¿Puede afirmar, como Pablo: “Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia?” De no ser así, piense en lo que está ocupando el lugar en su vida que le corresponde sola a Cristo.

3. ¿Qué a aprendido del ejemplo de Cristo, que pueda aplicar a su propia vida? ¿Tiene el mismo sentir de Cristo con respecto a Dios y a los demás? ¿Considera a los demás como superiores a usted mismo (2:3)?

4. ¿Permite que las circunstancias de la vida le roben la paz? ¿Hay algo que le impida disfrutar de la paz de Cristo? De su lectura de Filipenses 4, ¿ha aprendido algo que le ayude a vencer las preocupaciones de la vida?

5. ¿Qué ha aprendido en cuando a lo que usted necesita y en cuanto a la generosidad hacia los necesitados?


Aplicación final de Filipenses

1. ¿Cuáles son las verdades básicas de Filipenses?

2. ¿Cómo se aplican estas verdades a mi vida?

3. ¿En vista de estas verdades, qué cambios deberían hacer en mi vida?

4. ¿Cómo pienso llevar a cabo estos cambios?

5. ¿Cuál será mi oración personal referente a esta verdad, y los cambios que debería efectuar en mi vida?


Aplicación práctica

Filipenses es una de las cartas más personales de Pablo, y como tal, tiene muchas implicaciones personales para los creyentes. Escrita durante su encarcelamiento en Roma, Pablo exhorta a los filipenses a seguir su ejemplo y a “tener ánimo para hablar la palabra de Dios sin temor.” (Filipenses 1:14) durante los tiempos de persecución. Todos los cristianos han experimentado en uno u otro momento, la animosidad de los incrédulos en contra del evangelio de Cristo. Esto es de esperarse. Jesús dijo que si el mundo lo odiaba a Él, también odiaría a sus seguidores (Juan 5:18). Pablo nos exhorta a perseverar ante la persecución, a estar “firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes por la fe del evangelio.” (Filipenses 1:27).

Otra aplicación de Filipenses, es la necesidad de los cristianos de estar unidos en humildad. Estamos unidos con Cristo, y necesitamos luchar para mantenernos unidos unos con otros de la misma manera. Pablo nos recuerda que debemos ser de “del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito” y dejando a un lado la vanagloria y el egoísmo, “que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.” (Filipenses 2:2-4). Habría mucho menos conflictos en las iglesias de hoy, si todos adoptáramos el consejo de Pablo.

Otra aplicación de Filipenses, es el del gozo y el regocijo que se encuentra a través de su carta. Él se regocija de que Cristo estuviera siendo proclamado (Filipenses 1:18); se regocija en su persecución (2:17); exhorta a otros a regocijarse en el Señor (3:1); y se refiere a sus hermanos filipenses como su “gozo y corona” (4:1). Él sintetiza esta exhortación a los creyentes diciéndoles: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocijaos!” (4:4-7). Como creyentes, podemos regocijarnos y experimentar la paz de Dios, llevando todas nuestras preocupaciones ante Él, si es que “mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios.” (4:6). El gozo de Pablo, a pesar de las persecuciones y encarcelamientos, brilla a través de toda esta epístola, y a nosotros se nos promete el mismo gozo que él experimentó cuando centramos nuestros pensamientos en el Señor (Filipenses 4:8).


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