Arqueología

2 Tesalonicenses

2 Tesalonicenses 3. "Trabajo y prosperidad en el mundo antiguo"

En el mundo antiguo, habían tres clases de trabajadores: los hombres libres, los esclavos y un grupo intermedio, los siervos, a quienes se les obligaba a trabajar la tierra o a realizar otras tareas serviles en beneficio de algún estado o institución.

Los esclavos y los siervos naturalmente trabajaban bajo la dirección de sus amos, pero a los hombres libres se les obligaba a encontrar los medios para sobrevivir. La mayoría de los hombres aprendían sus oficios de sus padres, así como también la mayoría de las mujeres adquirían las habilidades domésticas de sus madres.

La variedad de ocupaciones a las que un individuo podía dedicarse podían ser tanto trabajo profesional como no profesional. La parábola de Jesús del administrador astuto (Lc 16:1-9) ilustra dos extremos: los administradores (personas educadas que manejaban los asuntos financieros de otros) y aquello que cavaban zanjas y los que incluso mendigaban. Un extraordinario documento egipcio llamado Dua-Khety, o “La sátira de los oficios”, enumera una amplia variedad de posibles oficios: joyeros, carpinteros, barberos, herreros, alfareros, agricultores, zapateros y otros.

Este texto asegura que todos estos empleos eran ocupaciones miserables en comparación con el trabajo de escriba.

El ascenso del Imperio Romano también promovió una clase de ciudadanos que en algún nivel vivían del subsidio público: Durante el periodo de la república romana, los políticos buscaban obtener los votos de las masas al darles periódicamente un suministro de granos, ya fuera gratis o a un precio muy reducido. C. Sempronio Gracco (d. 122 aC.) convirtió esto en una característica regular de la vida romana al establecer una ración mensual de grano a un precio fijo. En 58 a.C. P. Clodio Pulcher hizo gratis esta ración. A inicios del imperio, Augusto reorganizó el sistema de subsidio público. al instituir la tradición de proporcionar “pan y circos” a las masas.

Aparte del sistema de beneficios del estado para los romanos, a los cristianos se les alentaba para que hicieran donaciones a los pobres, especialmente a los hermanos cristianos en necesidad. De dicha generosidad se abusaba, lo cual ocurría regularmente. Ya en 2 Tesalonicenses 3 Pablo consideró necesario reprender a aquellos que se sentían contentos de vivir de la caridad de otros cristianos, y los confrontó con este proverbio: “El que no quiera trabajar que tampoco coma” (v. 10). En Timoteo 5:3-15 Pablo ofreció directrices para proporcionar ayuda a las viudas que verdaderamente estaban necesitadas, en contraste con quienes no deberían vivir de la beneficencia de las iglesias. Tomándolo de la tradición judía, en la cual todo hijo aprendía un oficio, Pablo trabajaba haciendo tiendas de campaña para subsistir (Hch 18:2-3), y esperaba que los demás cristianos también trabajarán para su sustento.

(Biblia de Estudio Arqueológica. Vida. p. 1998-2001)